Retos para un sindicalismo Europeo

Jean Lapeyre

Renault relanzó, presumo que sin querer, el debate sobre la Europa social. ¡Esto es demasiado!, reaccionaron los trabajadores de Vilvorde y sus compañeros franceses y españoles. Este relanzamiento del debate sobre la imperiosa necesidad de una dimensión social de la Unión europea reveló, al mismo tiempo algunas bonitas hipocresías. No pueden indignarse a nivel gubernamental, inclusive el gobierno belga, por falta de los medios dados a los trabajadores, para oponerse a prácticas patronales brutales e indignas de relaciones sociales civilizadas y olvidar que, en 1991, la Comisión europea había propuesto una revisión de la legislación sobre los despidos colectivos, cuyo artículo 5 bis decía: Los Estados miembros velarán para que los representantes de los trabajadores dispongan de procedimientos jurisdiccionales a fin de ejecutar las obligaciónes previstas por la presente directiva, en particular, las concernientes a procedimientos de anulación de despidos colectivos, independientemente de la posibilidad de recurrir a otros procedimientos.

La proposición fue rechazada por una gran mayoría, inclusive el ministro belga de la época (actualmente vigente), y por el consejo de ministros de asuntos sociales. La argumentación era que la Comisión se excedía en sus derechos en tal proposición. Triste ironía de la historia.

Este propósito introductivo subraya que el asunto Renault, más allá de que "no hay Europa social", reveló que las legislaciones europeas existían y que las coordinaciones sindicales ya estaban establecidas, que el Comité del Grupo Europeo era una realidad, ejerciendo una responsabilidad y gozando de la capacidad de llevar una queja.

Los juicios de Bruselas y de Nanterre, que condenaron a la dirección de Renault, se apoyaron en las disposiciones legislativas comunitarias existentes y en la Carta Comunitaria de los derechos sociales fundamentales de los trabajadores.

 

Más Europa para más solidaridad

La Europa social no parte de cero, pero su insuficiencia es manifiesta, teniendo en cuenta la marcha forzada y comprometida en la integración económica y monetaria. El desfase hace la situación insoportable y afecta a la credibilidad de la Unión Europea, no solamente ante los trabajadores, sino también ante los ciudadanos que no se reconocen en los objetivos limitados a la creación de la moneda única. Esperan que en una próxima etapa se encarguen también de sus problemas, y en primer lugar, del empleo y los derechos sociales.

A pesar de sus defectos y sus insuficiencias, la construcción europea nos parece, no solamente una apuesta fundamental, sino la única respuesta posible a los desafíos que nos imponen las evoluciones tecnológicas e industriales,la evolución demográfica y la mundialización de la economía.

Esta respuesta común, ¿puede construirse fuera del cuadro del modelo social del desarrollo europeo? El modelo de Europa, a través de sus aspectos fundamentales de la protección social, y en contra de aquellos que se nos oponen, americanos o japoneses, está fundado sobre el principio de la solidaridad entre los ciudadanos. Este principio debe continuar siendo el objetivo de la construcción europea.

Algunos hechos para explicar nuestro rechazo al "ejemplo" americano: El coste de la salud en Estados Unidos representa el 13,5% del PIB en contraste al, aproximadamente, 9,5% en Francia, pero para lograr como resultado excluir a 37 millones de americanos (de los cuales 12 millones son niños) de un sistema general de protección social, cuando está individualizado, ¡tanto peor para aquellos que no pueden pagar!.

Muy cerca de nosotros, la vía seguida hasta ahora por la Gran Bretaña, en una perspectiva ultra-liberal, no es ciertamente envidiable para la cohesión social, ni de un pais, ni de Europa. Entre 1979 y 1992, las rentas más bajas cayeron en un 17%, mientras que las más altas aumentaban al 62%. En el mismo período, las familias que vivían en el umbral de la pobreza, pasaron de 5 a 14 millones. Este fenómeno afecta a uno de cada tres niños, es decir, unos 4,1 millones en contraste al 1,4 en 1979.

Una Europa que asegure una cohesión económica y social, y que preserve sus capacidades de solidaridad, debe ser nuestro futuro.

Antes de abordar las prioridades sindicales de hoy, recordemos qué es la CES. Representamos a 57 millones de miembros, que provienen de 62 Confederaciones sindicales nacionales en 28 países de Europa, incluso Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Hungria, Bulgaria y Rumania. El horizonte no se limita pues a los países de la Unión Europea. La CES representa también a 14 Federaciones sindicales europeas de diferentes ramas y sectores económicos.

 

Tres objetivos sindicales y uno más para Europa

La Conferencia Intergubernamental sobre la revisión del Tratado, se desarrolla en un período en que la Unión Europea atraviesa una grave crisis de credibilidad, incluso ante sus más ardientes defensores. El movimiento sindical de Europa siempre ha defendido la construcción europea, hasta en los momentos en que esto no era fácil: Una Europa pacífica - la barbarie nunca está lejos-, un lugar de progreso económico y social, un espacio democrático.

Hoy, la duda se establece frente a los desequilibrios que se agravan, el monetarismo que intenta imponerse, y las relaciones intergubernamentales que frenan el funcionamiento de la Unión. Pero a pesar de todo, se enfrenta a las dificultades, por no decir a la incapacidad de los Estados miembros y de la Unión a desarrollar una verdadera estrategia de crecimiento y de empleo. Oficialmente, más de dieciocho millones de parados viven los dramas de la exclusión y de la marginación, y muchos, la pobreza y/o extrema pobreza. La desregularización social se desarrolla en detrimento de una regulación necesaria.

La situación de paro es dramática para quienes la viven; es peligrosa para nuestras democracias, favoreciendo las manipulaciones de la extrema derecha y el alza del racismo y la xenofobia.

Sería verdaderamente trágico que esta duda que aumenta, y que vence a nuestros sindicatos, se transforme en una réplica nacionalista y corporativista. La Confederación europea de los sindicatos quiere combatir con todas sus fuerzas, con numerosos partidarios, para equilibrar de nuevo la construcción europea, volver a dar una dinámica y razones a los trabajadores y ciudadanos, para creer en esta Europa. A fin de que sepan y que sientan que esta Europa es para ellos y para sus hijos, no para los bancos centrales donde el único provecho es de las empresas.

La CES persigue tres objetivos para la revisión del tratado: el empleo, los derechos sociales fundamentales y la democratización. Un cuarto objetivo, que podríamos ignorar, está ligado al porvenir de la Unión Europea: es el de su ampliación y el de la solidaridad externa a la Unión.

 

El empleo

Un crecimiento más cualitativo y que cree empleos es indispensable, pero ya no será suficiente. La reducción y la reorganización del tiempo en el trabajo son elementos complementarios esenciales para un mejor reparto del empleo, para una mejor conciliación entre la vida profesional y la vida familiar, para un mejor reparto de responsabilidades entre los hombres y las mujeres. La formación profesional es también fundamental, integrándola, pues, en el tiempo de trabajo a lo largo de la vida activa. El Libro Verde de la Comisión europea sobre la sociedad de la información, publicado recientemente, revela que en los próximos diez años, un 80% de las tecnologías habrán sido renovadas, mientras que en el mismo período, el 80% de los asalariados tendrán una formación obtenida más de diez años atrás.

La CES ha contribuido enormemente en el empeño de los partidarios sociales en la elaboración de un pacto europeo de confianza para el empleo, debido a la iniciativa del presidente Santer. Este pacto europeo deberá ampliarse a nivel nacional, territorial y local.

En esta acción para el empleo, subrayamos la importancia del papel de los servicios públicos y del interés general, para asegurar los elementos de cohesión económica y social de la Unión.

Una política de empleo basada en los objetivos del Libro Blanco de Jacques Delors "Crecimiento, Competitividad, Empleo" y en los cinco objetivos retenidos en el Consejo europeo de Essen, debe ser, por lo tanto, una finalidad del tratado mediante un capítulo específico.

Se trata de fijar los procedimientos y los instrumentos de puesta en marcha y control de esta política coordinada de empleo.

¿Por qué el empleo no depe suscitar igual interés, por no decir más, que el tema monetario? Aunque la CES es también favorable a la moneda única: La Unión monetaria puede ofrecer un cuadro de estabilidad y de crecimiento para el empleo. Pero el dominio de una verdadera estrategia económica es fundamental para inscribir la Unión monetaria en el cuadro del modelo del desarrollo económico y social europeo. No podemos aceptar que la convergencia monetaria se tenga por precio la divergencia social.

 

Los derechos sociales fundamentales

La CES pide una primera fase de integración de los derechos sociales fundamentales, y en particular del derecho a una renta mínima, del derecho de asociación, de negociación y de acción, e incluso transfronterizo. Este punto lo hemos visto bien en el conflicto Renault. El desequilibrio es patente entre el derecho a la libre circulación de los capitales y la ausencia de la libertad y de la acción sindical transeuropea.

El papel del diálogo social, es decir, entre las organizaciones de los trabajadores y de los empleados europeos, es esencial para la construcción legislativa y contractual de un espacio social europeo. Integrar en el tratado el protocolo y el acuerdo social- Acuerdo de Maastricht del cual se excluyeron los Británicos aunque ya no por mucho más tiempo...-, conducirá inevitablemente a un refuerzo de la autonomía de los representantes sociales.

El diálogo social europeo está en plena evolución. Conocemos las dificultades que hay, pero se ha enriquecido, profundizado y mejorado cualitativamente al filo de los años. Estamos profundamente endeudados con Jacques Delors, ya que este diálogo ha podido constituir el terreno de una verdadera confrontación con la patronal a nivel europeo. El acuerdo concluido el 31 de octubre de 1991 por la CES, la UNICE y el Comité europeo de la empresa pública fue revisado, unas semanas después, por los jefes de Estado y de gobierno en Maastricht, dando así un verdadero poder de acción a los representantes sociales europeos en la elaboración de normas sociales comunitarias.

Hemos concluido el primer acuerdo -cuadro europeo sobre los permisos de paternidad en 1995-, realizando en cuatro meses lo que el consejo no había podido cumplir en doce años. Éste había discutido una proposición directiva sobre los permisos paternales desde 1982 a 1994, sin resultados. Del 15 de julio de 1995 al 6 de noviembre de 1995, los representantes sociales negociaron un acuerdo mejorando el primer proyecto legislativo: Por el proceso del Acuerdo social del Tratado, fue transformado tal cual en directiva por el consejo de asuntos sociales en junio de 1996, bajo la presidencia italiana.

El espacio contractual se convierte entonces, poco a poco, en una realidad: una negociación está abierta, extremadamente importante pero mucho más difícil, sobre el trabajo a tiempo parcial.

A pesar de las vicisitudes, este diálogo representa un elemento fundamental de la construcción europea. Es necesario desarrollarlo entre los representantes sociales, pero también, seguramente, unificar un diálogo con la sociedad civil. Las convergencias son reales sobre los derechos sociales fundamentales con las asociaciones y organizaciones no gubernamentales humanitarias y sociales (ONG). La CES tiene la intención de trabajar más con la plataforma de las ONG a nivel europeo. Debido a un encuentro reciente, organizó durante los días 3 y 4 de junio, una gran conferencia común del movimiento sindical y de las ONG sobre los derechos sociales fundamentales.

 

La democratización de la construcción de la Unión Europea

La apuesta es democratizar y también politizar en el buen sentido del término la construcción europea, asociando mejor a los ciudadanos en esta construcción. Para su ejecución, el refuerzo del papel del Parlamento Europeo es necesario, pero también lo es una implicación más activa de los parlamentos nacionales. Si estos últimos se quedaran al margen del proceso de construcción, no serían tenidos en cuenta hasta que surjieran problemas. El tema europeo debe ser un tema permanente de la actividad parlamentaria.

Claro está, que todos estos objetivos sobre el empleo, los derechos sociales fundamentales, la democratización, no se alcanzarán por la única virtud de nuestras proposiciones. También la CES tiene la intención de aumentar la presión. El 28 de mayo de 1997 se organizó una gran jornada europea de acciones, así como manifestaciones en cada país de la Unión, y más allá, para defender nuestros objetivos.

 

El ensanchamiento de la unión y su solidaridad externa

En dirección a los países de la Europa central y oriental, la CES ya ha creado comisiones para preparar la integración a la Unión Europea. La dimensión social será un dato esencial de esta integración. Pero se trata también de reflexionar sobre el funcionamiento democrático de una Unión de 20, o más países, en la financiación de los fondos estructurales, etc. Para quienes rechazaron la imagen de una Europa fortaleza, la solidaridad externa de la Unión es fundamental. Vivimos un período en que las desigualdades crecen, tanto en el seno de nuestros países, como entre los ricos y en desarrollo. Un informe reciente del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo muestra dramáticamente, que en ciertos paises, la renta por habitante es hoy mas baja que hace 15 años, es decir, que 1,6 millares de personas viven peor que a principios de los años 80.

Si la Unión Europea debe ser ejemplar en sus cooperaciones con terceros países, no puede faltar el perseguir un debate sobre la cláusula social en el seno de la organización mundial del comercio. Esta cláusula social será, en resumidas cuentas, un elemento de progreso económico y social para países en desarrollo.

Los retos de este período son inmensos y a veces desestabilizadores: son, sin embargo, una posibilidad de construir una Europa mejor para todos, para los europeos y para los demás.

 

Jean Lapeyre

Secretario general adjunto de la Confederación Europea de Sindicatos
Este artículo ha sido publicado en la revista Projet del mes de junio de 1997.