Sí al Tratado constitucional

Joan Clos, Annika Billström, Bertrand Delanoë, Mickaël Häupl, Ken Livingstone, Walter Veltroni y Klaus Wowereit

 

Decimos sí porque este Tratado hace avanzar los valores de democracia que unen nuestros pueblos. Por primera vez en la historia de Europa, los jefes de Estado y de gobierno de los países miembros se han puesto de acuerdo para dotar a la Unión de un Tratado constitucional que permite clarificar los mecanismos de decisión y reducir un déficit democrático que nuestros conciudadanos han criticado a menudo. Así, la democracia participativa, a la que damos la máxima importancia en nuestras ciudades, se ve fortalecida de forma significativa, especialmente por el reconocimiento del diálogo con la sociedad civil. Gracias a la creación de un derecho de iniciativa ciudadana, los pueblos podrán ser consultados a partir de ahora y participar en la toma de decisiones.
Consideramos este Tratado como el acto fundacional de la Europa política. Este texto sienta los fundamentos de una verdadera democracia europea y afirma el estatuto del ciudadano europeo, cuyos derechos figuran por primera vez en la Carta de derechos fundamentales. Fortalece de forma clara los poderes del Parlamento, que emana directamente de los pueblos. Además, el Presidente de la Comisión saldrá a partir de ahora de la mayoría política que resulte del sufragio universal europeo.
Sí porque este Tratado representa una etapa decisiva en la construcción de l’Europa social:

  • Señala a la Unión objetivos claros y ambiciosos que tienen que ver con la justicia y el progreso social, la plena ocupación, la lucha contra las exclusiones y las discriminaciones, pero también con el desarrollo sostenible, la igualdad entre las mujeres y los hombres o la cohesión social y territorial.
  • “Constitucionaliza” los derechos sociales para todos y cada uno de los ciudadanos europeos, a través de la Carta de derechos fundamentales: es el caso del derecho de huelga y a la negociación colectiva, a la educación gratuita, al acceso a los servicios públicos y a una ayuda social, que adquirirán fuerza a partir de ahora al ser exigibles por los ciudadanos.
  • Fortalece los mecanismos de la Unión para la aplicación de estos objetivos y derechos sociales. Así, la Unión tiene competencias para desarrollar una estrategia de pleno empleo, para actuar al servicio de la salud y de la seguridad de los trabajadores, para protegerlos mejor contra los despidos o para luchar contra la exclusión social. Todas las políticas de la Unión tendrán que contemplar estas exigencias sociales, presentes a partir de ahora en sus objetivos y valores.
  • Afirma el carácter fundamental de los servicios públicos y define un marco de diálogo social europeo. Concede así una base jurídica a los servicios de interés económico general fortaleciendo el diálogo social y el papel de los agentes sociales europeos.

 

Reconocimiento de ciudades y regiones

Si apoyamos este Tratado es también porque, por primera vez, se refiere a la autonomía local y regional, uniéndose así al combate de los electos de proximidad por el reconocimiento de las autoridades locales en el seno de las instancias internacionales. Las ciudades y las regiones son finalmente reconocidas como socios de pleno derecho. La cohesión territorial se convierte en uno de los objetivos de la Unión.
Por otro lado, nos felicitamos de que los derechos constitucionales europeos, políticos, sociales y ambientales sean, en este Tratado, más amplios y más modernos que en la gran mayoría de las Constituciones nacionales. Estos avances son incontestables. Representan una etapa esencial en la construcción de la Europa política, democrática y progresista que siempre hemos defendido.
Por esto decimos sí. Un sí claro a este texto progresista. Ciertamente nuevos avances son posibles y deseables; pero ¿podríamos por este motivo ignorar los considerables progresos que ya están inscritos en este proyecto? Al contrario, porque nuestro horizonte común es Europa, queremos hoy hacer un acto de confianza, de exigencia y de esperanza, en aras a nuestras convicciones. Con este espíritu invitamos a nuestros conciudadanos y conciudadanas a seguirnos en este camino: el de la Europa del progreso.

Joan Clos.
Alcalde de Barcelona.

Annika Billström.
Alcaldesa de Estocolmo.

Bertrand Delanoë.
Alcalde de París.

Mickaël Häupl.
Alcalde, gobernador de Viena.

Ken Livingstone.
Alcalde de Londres.

Walter Veltroni.
Alcalde de Roma.

Klaus Wowereit.
Alcalde de Berlín.

Artículo publicado en el diario “Le Monde” el 13 de octubre de 2004.