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| Francesc Badia "… después me dijo
un arriero
Una vez finalizada la celebración en Barcelona del primer Forum Universal de las Culturas, se hace necesario un ejercicio de análisis que ayude a empezar a comprender, de manera más lúcida y ecuánime de lo que ha sido posible hasta ahora, la verdadera naturaleza, dimensión, impacto y trascendencia del acontecimiento. Más allá de los comentarios apresurados de la prensa diaria, cuya prioridad es informar sobre la actualidad -a menudo mezclando información con opinión, como ha ocurrido en el caso del Forum- y estar siempre atenta a la noticia -o a convertir la anécdota en noticia, como también ha sido el caso-; superadas algunas valoraciones rápidas de los responsables políticos de uno y otro signo, cuya finalidad es defender las posiciones propias o poner continuamente en jaque al adversario, se va haciendo imperativa una mirada de mayor calado y un ejercicio de análisis crítico que, desde una mínima distancia, ponga en perspectiva el significado real del Forum Barcelona 2004. Esto pudiera muy bien hacerse a través de un ejercicio de deconstrucción del Forum, deconstrucción en el sentido que le daba su inventor Jacques Derrida al término, esto es: pensar la imposibilidad de una sociedad, de una cultura o de una institución, y hacerlo superando esta metodología hegemónica tan occidental que impone la oposición binaria de los términos, buscando por el contrario profundizar en la complejidad de lo analizado a través del análisis del contexto. Si algo imposible (como desde luego lo era el Forum) se acaba materializando, vale la pena buscar su lógica a través de la deconstrucción del contexto en que se produce. Deconstruir, decía el filósofo recientemente desaparecido, significa fijarse en la producción del discurso político de la sociedad. Y es que si no empezamos ahora, pasado el año del Forum, el panorama cultural español evolucionará rápidamente hacia otras cuestiones menos controvertidas, hacia algo tan relativamente banal, por ejemplo, como el cuarto centenario del Quijote, y nos quedaremos sin saber lo que pasó. Corremos así el riesgo de que el Forum, víctima de las urgencias de la actualidad, sufra un "blackout" informativo, se diluya en la nebulosa del pasado y no obtenga el seguimiento que merece. Sería, pues, importante abrir un debate sobre algunos aspectos de este Forum, deconstruyéndolo para producir discurso productivo, antes que su onda expansiva se diluya irremediablemente y nada aprendamos de sus aciertos y de sus errores. Deconstruyamos, pues, el Forum, tratando de valorar especialmente la dimensión de la importante herencia que nos deja. La situación actual se parece bastante a aquella irónica descripción cervantina del ambiente que se respiraba en casa de don Quijote, una vez que, redactado finalmente el testamento, enfrentaba el caballero andante sus últimos desmayos: "Andaba la casa alborotada; pero, con todo, comía la sobrina, brindaba el ama, y se regocijaba Sancho Panza; que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto". Con esta sensación en el ambiente (cebada la sobrina, con alguna copa de más el ama y satisfecho de sí mismo el propio Sancho), transcurrido escasamente un mes desde la clausura del evento, el propósito del presente escrito no es tanto narrar o hacer balance del transcurso del acontecimiento, cosa que ya harán en su día los encargados de redactar la memoria de actividades, sino más bien poner en perspectiva algunos aspectos generales y, sobre todo, reflexionar sobre las posibles vías que se abren para administrar mejor esta compleja herencia.
El Forum como acontecimiento Sabemos que a este lado del primer mundo, en esta sociedad de principios del Siglo XXI que ha venido en llamarse Sociedad de la Información y del Conocimiento, importa más la percepción que se genera de la realidad, que la realidad misma. Esto lo ha ido aprendiendo, a base de más de un disgusto, la clase política en los últimos años, y deberían irlo aprendiendo también no sólo los economistas y otros científicos sociales, sino los gestores de grandes proyectos públicos: lo que importa en nuestros días es más lo que dicen que és una cosa, que lo que esa cosa realmente és. Ello no quiere decir que la realidad no sea relevante, sino que el entramado político-mediático-empresarial tiende naturalmente a diluirla en función de sus intereses del momento, conscientes de que la historia la escriben los vencedores. De ahí que las principales batallas últimamente se libren más en los medios de comunicación que en los despachos del poder, por más que desde éstos se quiera -y a veces se consiga- imponer a la opinión pública una determinada versión de la realidad, por lo menos en el corto plazo. Pero existen casos recientes en que la percepción de la opinión pública coincide con la realidad que se quiere ocultar a través de la propaganda oficial, y entonces la situación se vuelve dramática. Lo hemos visto recientemente en el caso de las mentiras sobre Irak -ahí queda para la historia el botecito de cristal que blandía Colin Powell en el Consejo de Seguridad como prueba de la existencia en Irak de armas de destrucción masiva-, y recientemente en España durante la crisis de los atentados del 11 M. Mucho menos dramático es el caso del Forum, claro está, si bien se ha visto sometido en parte a esta dinámica, aunque en el signo contrario. En este caso, seguramente se haya producido una percepción que no coincide con la realidad misma, una realidad que ha sido en parte víctima de su falta de referentes y probablemente también de su propia propaganda. Siendo, como ha sido, un acontecimiento fundamentalmente político y, por ende, esencialmente mediático, en el Forum ha pesado más la percepción que se ha generado sobre él que su propia realidad, tanto en lo que tiene de transformación física del espacio como en lo que tiene de programa cultural y reflexivo, que ha interesado a una gran mayoría de aquellos que han participado en él, recibiendo en general una valoración muy positiva. De ahí el convencimiento generalizado de que algo ha fallado en el diseño y la comunicación del evento. El destino del Forum dependerá así, en gran medida, de cómo evolucione esta percepción, no sólo en su nivel local y en su entorno inmediato, sino también en su, hoy por hoy, todavía muy débil proyección internacional. Observar el Forum como un evento plenamente insertado en la Sociedad de la Información puede ayudar a comprender en parte su naturaleza y a mejorar algunos aspectos de su percepción en el post Forum. Gestionar con verdadera eficacia tanto su interiorización por parte de la ciudad de Barcelona como la transición hacia la segunda edición en la ciudad mexicana de Monterrey es una responsabilidad que habrá que asumir, capitalizando aciertos, ciertamente, pero también identificando errores, sobre todo después de haber invertido en su lanzamiento tan importante capital humano, político y financiero. Efectivamente, el Forum reúne características que pueden definirse como estructurales en productos típicos de la Sociedad de la Información como pueden ser: la complejidad sistémica de los proyectos de innovación sometidos a un entorno informacional permanentemente interconectado; la incertidumbre de un entorno siempre volátil, y un frágil estado de equilibrio en la organización, tiranizada por los medios de comunicación y obligada a sortear una crisis tras otra. Además de vivir siempre al borde del caos, los fenómenos complejos tienen la peculiaridad de tener una cualidad emergente, esto es, que son algo distinto que la suma de sus partes y que no son comprensibles hasta que se han materializado del todo. Así pues, a las dificultades de visualización del proyecto en cuanto a su contenido, y a la preocupación por estar controlando permanentemente el riesgo (cuando sabemos que el riesgo no se controla, sino que se asume), viene a sumarse una multiplicidad de contradicciones hijas del entorno histórico y sociopolítico en que nace, un entorno que es capaz de imaginar nuevos y brillantes proyectos, pero que encuentra dificultades para gestionarlos de manera lo suficientemente creativa, abierta y horizontal como para hacerse eficaz, no sólo en su plano operativo y técnico (que no reviste mayor dificultad que una buena planificación y recursos suficientes), sino en el plano de los intangibles, que es siempre el más importante, pero en el que intervienen muchas más variables de las que soporta la tecnocracia. Cuando a un tecnócrata se la habla del peso de los intangibles, su pregunta, instalada en una lógica binaria aplastante, es siempre la misma: Si son intangibles ¿cómo pueden pesar? Como todo proyecto nuevo y ambicioso, para hacerse posible, el Forum necesitaba generar grandes expectativas que concitasen las múltiples adhesiones necesarias. Sólo un pez gordo podía atraer a otros peces gordos e implicarlos en la aventura. De ahí su propósito declarado de ser masivo, su pretensión de ser “universal” en el mensaje, y de alcanzar a tener un impacto internacional creíble en lo político y duradero en el tiempo. Se trataba, ni más ni menos, de inventar un nuevo tipo de acontecimiento internacional, legitimarlo y, al mismo tiempo, conseguir lanzarlo como algo popular, consiguiendo además provocar el entusiasmo de todos los públicos a los que iba dirigido. Así enunciado, se hace evidente que la ambición del proyecto era realmente desbordante. Además, los proyectos que contienen altas dosis de innovación, para ser viables y concitar adhesiones, tienen que ser necesariamente permeables, suficientemente indefinidos y con gran capacidad de adaptación, lo que viene a sumarles factores de incertidumbre añadida, si no se gestionan con mucha creatividad. Los "partners" invitados han de sentir que pueden influir, participar y modular su participación en el evento. Todo el mundo debía sentirse lo suficientemente cómodo como para identificarse de alguna manera con el Forum, si bien ello comportaría un elevado desgaste de coordinación, puesto que es difícil poner a cada ego, a cada multinacional o a cada político en su sitio, cuando resulta que este sitio está necesariamente poco definido. Por el contrario, un proyecto cerrado y definido a priori difícilmente podría alcanzar una gran envergadura, si no es que viniese avalado por experiencias previas que sólo tratara de mejorar, como sucede con los Juegos Olímpicos. Así, la idea de realizar un encuentro internacional de larga duración con formato de evento cultural que combina artes escénicas, exposiciones y congresos demostró ser, a pesar de su dificultad de concreción, una idea potente, puesto que consiguió finalmente aunar las suficientes voluntades políticas, económicas, intelectuales y ejecutivas, y acabar haciéndose realidad en el período relativamente corto de tiempo que va desde el primer borrador en 1996, hasta su materialización 8 años después.
La determinante influencia del contexto Como sea que los proyectos no nacen en el vacío, sino que acostumbran a ser hijos de su tiempo, importa situar la idea en el contexto histórico de la ciudad de Barcelona en el que nace, para comprenderlo mejor. El modelo de gran acontecimiento internacional como estrategia de transformación urbana y recuperación de espacios para la ciudadanía, estrategia ligada a la de la promoción internacional de la ciudad, había funcionado con éxito evidente en el pasado. Tanto las Exposiciones Universales de 1888 y de 1929, como los Juegos Olímpicos de 1992, tuvieron impactos tangibles para la ciudad. Pero éstos eran formatos difícilmente repetibles. El modelo de las "expos" es hijo de una sociedad industrial que pertenece a siglos pasados, mientras que los Juegos Olímpicos -que con su dinámica de competición entre naciones-estado presenta últimamente algunos problemas conceptuales frente al desbordamiento del estado-nación por arriba y por abajo (¿cuántas medallas para la UE, cuántas para Euskadi o Escocia?)- se juegan en el plano de un espectáculo deportivo de emotividad intensa, cada vez más concebido para la televisión y financiado en buena parte por los derechos de antena, esto es, por el precio de la publicidad en el “prime time”. Lo verdaderamente relevante es que en la ciudad en que nace el Forum existiera una tradición y una experiencia positiva en cuanto a la capacidad dinamizadora de los grandes acontecimientos y el convencimiento de que el modelo funciona en su doble objetivo de acelerador de la reforma urbanística y de dinamizador de la conectividad internacional. Además, existía la certeza de que Barcelona, apostando de lleno por convertirse en un polo de conocimiento superando así su pasado industrial, contaba con el capital humano necesario para asegurar el éxito organizativo, con una sociedad civil robusta y madura, con un sector cultural creativo, con una clase política local habituada al consenso y a la gestión de grandes proyectos y con un tejido empresarial capaz de comprometer recursos económicos en la iniciativa y de proveerla de servicios de calidad. Otro factor importante, pero más largo y complejo de analizar, es el impacto del contexto político y social, tanto en sus aspectos locales como en su dimensión internacional. Sobre este punto tan sólo recordar que durante la gestación del proyecto hubo desde un cambio de mayoría en el Gobierno del Estado en el 96, un triunfo por la mínima (en diputados, aunque no en votos) de los nacionalistas conservadores en la Generalitat en el 99, precedido de una mayoría absoluta del actual alcalde en Barcelona, y seguido por una mayoría absoluta de los populares en España en el 2000. Hasta que todo este panorama no se despeja, la organización avanza con lentitud para construir el consenso, asegurar el apoyo de la UNESCO de Federico Mayor, fijar un presupuesto y conseguir los recursos necesarios para empezar a trabajar. Además, en estos primeros cuatro años se produce el boom de Internet y la burbuja de las "puntocom", la resaca de las guerras de los Balcanes en Europa (con un cierto papel protagonista de Barcelona en la cooperación con Sarajevo), la aceleración de los procesos de la globalización económica con las consiguientes crisis financieras en Asia y luego en Rusia, y el surgimiento de los movimientos antiglobalización en Seattle primero, catalizando después la emergencia de una Sociedad Civil Global en el primer Foro Social de Porto Alegre, en el 2000. Pero el 2001 es el año clave para el proyecto del Forum, puesto que, mientras que en lo local se entraba en un período de calma en cuanto a las citas electorales, en lo global se produce el cambio de mayoría en EE.UU., y la crisis de Génova, en julio, con la violencia desatada por la represión de los movimientos antiglobalización en torno a la cumbre del G8. El año 2001 también conoce una crisis de crecimiento en la dirección del Forum, con el interregno veraniego de Josep Caminal, quien, aunque fue nombrado consejero delegado, no llegó a tomar posesión al poner en cuestión algunos aspectos centrales del proyecto (su pretensión conceptual, su excesiva dotación económica, su extendida duración, su incertidumbre política). La contribución de Caminal, con su dimisión anunciada el primero de setiembre, pretendía poner en crisis el proyecto, abriendo así un verdadero debate público en los medios y entre los creadores de opinión, con vistas a redefinir el Forum. El debate se abrió efectivamente en la prensa y en los pasillos del poder, pero fue fulminado literalmente por la caída de las torres gemelas diez días después. La crisis del Forum se convirtió en una anécdota insignificante ante la magnitud de la tragedia neoyorkina, que abrió un período de convulsión e incertidumbre que todavía dura en el mundo. En ese período el Ayuntamiento de la Barcelona, viendo que el tiempo se le echaba encima, decidió seguir adelante con el proyecto a pesar de las dificultades y consiguió, en un plazo de 6 meses, definir el núcleo duro de la organización que finalmente se encargaría de llevar adelante el proyecto. En marzo del 2002, ya en plena crisis Argentina, Barcelona vivió, además, una importante movilización (250.000 manifestantes) contra la cumbre de la Unión Europea que consiguió por otra parte abortar una reunión del Banco Mundial prevista en la ciudad, movilización que fue seguida por otras en contra de la guerra de Irak que desembocaron en la gran marcha de febrero del 2003, que dio la vuelta al mundo y fue portada del "New York Times". En el nivel global, este período 2001-2004 puede ser resumido como el de una agudización de las tensiones de la globalización, donde el panorama geopolítico viene marcado por la guerra de Afganistán primero, y la de Irak después, que provoca una grave factura de la legalidad internacional y pone en jaque a la ONU, mientras que la evolución de la antiglobalización hacia la denominada alterglobalización o globalización democrática, los movimientos antibelicistas en el mundo, la consolidación del Foro Social de Porto Alegre y la Cumbre de la Tierra en Johannesburgo, marcan la agenda de la sociedad civil global para estos años. En el panorama europeo, se consolida el Euro, que entra en vigor el 1 de enero del 2002, y se culmina una importante ampliación de la Unión, tras un tenso período de división provocado por posiciones divergentes en torno a Irak. En el nivel local, un periodo de bonanza económica se ve distorsionado por un boom inmobiliario en toda España, al que viene a sumarse la eclosión de las presiones migratorias y un frenético calendario electoral que acaba situando mayorías de izquierda en las tres administraciones implicadas. Como se aprecia, la complejidad y turbulencia del contexto sociopolítico en que nace y crece el Forum no es negligible a la hora de situarlo en su perspectiva histórica y comprender, tanto las dificultades que ha conocido, como la determinación con que ha sido llevado a cabo. Un Forum que se quería universal y atento a las vicisitudes de la agenda global, y en cuyo consejo de administración sólo se sentaban representantes políticos, no podía menos que verse afectado seriamente en su liderazgo y prioridades por las turbulencias descritas.
Buenas intenciones en un nuevo formato En resumen, importa señalar que tanto el contexto histórico de la ciudad en su tradición centenaria como el contexto sociopolítico de estos últimos años suponían que el Forum nacía contando con una experiencias previa, una memoria y un “know how”, y, a pesar de una agenda política complicada, contaba con una posición propia en su relación con los acontecimientos internacionales. Pero éstas eran condiciones necesarias pero no suficientes, puesto que la invención de un nuevo tipo de acontecimiento, que además tenga la capacidad de insertarse en la agenda internacional con alguna posibilidad de sobrevivir en el tiempo, tenía que sumar varias características específicas que lo hicieran caminar. Intentar inventar cuando todo está inventado es un acto de atrevimiento que no se entiende si no se le suma al contexto descrito una determinante voluntad política de llevarlo adelante, sumada a un fuerte dinamismo local expresado en una lluvia de propuestas proporcional al abultado presupuesto asignado. Entre las características innovadoras figuraba el hecho de que el invento no debía convocar naciones -y esta fue una premisa que dejó clara UNESCO a la hora de avalar el proyecto barcelonés- sino ciudadanos, tanto a nivel individual, como en tanto que integrantes de la sociedad civil organizada. Debía, además, hacerlo en nombre de valores que no fuesen ya los de la sociedad industrial, sino los propios de la sociedad global post industrial, informacional y del conocimiento, unos valores abiertos al siglo XXI. El "mainstream" señalaba además que estos valores podían resumirse pivotando sobre las virtudes del diálogo intercultural, de la sostenibilidad y de la paz. La convocatoria debía hacerse, además, con propuestas muy creativas, pero a la vez asequibles al gran público, además de situarse en un espacio de nueva construcción. Finalmente, se trataba de poner el acento, a través de los diálogos, en la necesidad de encontrar nuevos caminos de entendimiento entre la comunidad internacional y las culturas del “mundo mundial”, convocando a muy distintos agentes sociales a sentarse en una misma mesa, lo que suponía un reto tan ambicioso que imprimía al proyecto un fuerte carácter utópico que, aunque necesario para convencer de corazón a los bien intencionados, hacía que el Forum, precisamente por utópico, no resultase inquietante para los principales actores del régimen establecido. En una sociedad atrapada por fuertes contradicciones, la proposición de buenas intenciones para un mundo mejor siempre acaba siendo escuchada, ni que sea para relajar la mala conciencia de tantos y tantos que declaran defender unos valores, pero actúan sistemáticamente en sentido contrario. Digámoslo claro: proponer cambiar el sistema desde el propio sistema es una actitud reformista, cuya vertiente pragmática y posibilista choca al final con la de aquellos que perciben como dramática la urgencia de los cambios, y que por ello exigen acciones radicales y rupturas. Pero la necesidad de abordar, a principios del siglo XXI, temas como la preservación de la diversidad cultural, la construcción de las condiciones de la paz o las apuestas por un desarrollo sostenible encuentra, por sí misma, muy pocos adversarios declarados, sobre todo si apela como marco de referencia la Declaración Universal de los Derechos Humanos, viene avalada por el sistema de Naciones Unidas, particularmente UNESCO, y está liderada, finalmente, por una autoridad local que, por pequeña, goza de un margen de maniobra que los estados no tienen.
Las piedras y las ideas Con la premisa de que los propósitos de la organización eran buenos en sí mismos y por lo tanto encarnaban valores indiscutibles, se avanzó en la idea de diseñar un acontecimiento pionero, que tuviese la suficiente capacidad de innovación como para proponer un proyecto original. Pero el anclaje conceptual en lo teórico, que reclamaba por lo demás una mínima legitimidad en lo social, no seria suficiente si no adquiría una dimensión tangible en lo físico, puesto que se trataba de ubicar la idea en lo que había sido, hasta entonces, una zona degradada y marginal de la ciudad de Barcelona, y utilizarla de palanca o punto de apoyo para su transformación. Esta cualidad del proyecto como acelerador para la regeneración urbanística y para su integración en el tejido urbano a través del desarrollo y la modernización de infraestructuras y la construcción de espacio público de calidad, blindaba el Forum y se convertía, en definitiva, en la aportación tangible que muy pocos discutirían. El debate sobre qué fue primero, si la necesidad de integrar la depuradora del Besós y ordenar ese espacio degradado para completar el crecimiento ordenado de la ciudad hacia levante, o la idea de celebrar un Forum de las Culturas para mejorar el mundo, se parece al debate sobre qué fue primero, el huevo, o la gallina. La respuesta científica es conocida: quien puso el primer huevo no fue exactamente una gallina, sino más bien un gallináceo. Pero el gallináceo que puso el primer huevo de gallina tiene a priori más mérito que la gallina que puso el siguiente huevo, es decir, que sin la necesidad de completar el frente litoral y de ordenar la ciudad por levante no hubiese nacido el huevo del Forum, pero el Forum ha sido la gallina que ha puesto el huevo del segundo Forum, y el mérito no es poco. En definitiva, la proporción presupuestaria de diez a uno entre piedras e ideas (más de 3.000 millones de euros para infraestructuras y transformación urbanística; 342 millones en el acontecimiento) nos da la verdadera dimensión de lo que estamos hablando. Si la estrategia barcelonesa de fondo se enmarca, siguiendo la terminología de Manuel Castells, en cómo el espacio de los lugares se conecta con el espacio de los flujos, o en cómo lo local inventa protocolos para incidir en lo global, transformar el territorio del Besós no bastaba en sí mismo si no se conectaba el mundo de las piedras con el mundo de las ideas.
Deconstruyendo el Forum: Con el escenario así armado, en cuestión de tres años se puso en marcha una maquinaria de alto rendimiento que transformó espectacularmente y con criterios de sostenibilidad el territorio implicado y convocó a dos millones y medio de personas, consiguiéndose atraer hasta tres millones trescientas mil visitas a un lugar donde, entre otras cosas, siguen yendo a parar las aguas residuales y ciertamente apestosas de una parte importante de la población del país. Indudablemente, la innovación produjo tensiones importantes que se pueden señalar (más bien deconstruir, si respetamos la metodología apuntada al principio) brevemente, pero cuya descripción y análisis responsable en profundidad es prematuro realizar, no existiendo aún suficiente perspectiva histórica para ver con claridad. Para resumirlo sintéticamente, y dejando claro que no se trata de oposiciones binarias excluyentes, diríamos que las tensiones se presentan fundamentalmente entre lo cuantitativo y lo cualitativo, entre el continente y el contenido, entre lo mercantil y lo simbólico, entre lo diseñado y lo auténtico y, finalmente, entre lo local y lo global. Como es sabido, no todas las tensiones se resuelven en uno u otro sentido, y a veces encuentran soluciones intermedias o simplemente optan por terceras vías. Pero para el propósito de nuestra deconstrucción, plantear el análisis en términos de tensiones sujetas al contexto es muy útil. Bajando un peldaño más, de entre las tensiones más graves y de impacto más difícil de gestionar se puede señalar la polarización inevitable, dentro de la organización, entre los promotores de la dimensión verdaderamente política, social y cultural de la idea del Forum y los encargados de planificar el producto, financiarlo y ejecutarlo de manera eficiente. Esta tensión se explicita en varios conflictos notables y que han sido objeto de discusión y de polémica en distintos círculos locales, cenáculos y medios de comunicación. Señalaremos sólo aquellos que parecen más evidentes, sin entrar en el detalle ni en la justificación de uno u otro lado. Por una parte afecta a la estrategia de comunicación, donde la tensión se sitúa entre vender una idea por seducción cualitativa (contenido valórico) y colocar un producto por imposición cuantitativa (contenido mediático). Entre la construcción de deseo y el marketing agresivo, ganó este último, como era lógico que sucediese si la prioridad no era simplemente atraer a millones de personas a un evento cultural sin precedentes, sino venderles físicamente una entrada a un recinto cerrado, fuera del circuito establecido y lejos de cualquier referente conocido. En el momento en que el objetivo declarado de la organización se confesó cuantitativo (alcanzar a toda costa los famosos cinco millones de visitantes al recinto) algunos de los elementos cualitativos sufrieron una estandarización que les hizo perder buena parte de su sentido primero, como es el caso conspicuo de la oferta de alimentación o la presencia del "licensing", mientras que los contenidos de mayor calado pasaron a un triste segundo plano, como fue el caso de los diálogos. Es entonces cuando las cantidades y los nombres de los VIP'S más famosos pasan por delante de las propuestas y los contenidos consiguiendo, eso sí, el resultado notable de haber "asegurado" un millón de visitas antes de abrir las puertas. Por otro lado, la tensión afecta claramente al equilibrio entre la obligación de cubrir unos determinados objetivos financieros de esponsorización (criterio fundamentalmente cuantitativo) y la necesidad de conseguir la implicación sincera de la sociedad civil organizada, llamada en principio a ser protagonista (cualitativa) del evento. La tensión se resuelve evidentemente en favor de los primeros, mientras que en la sociedad civil se produce un intenso debate alrededor de las contradicciones conceptuales del evento, que abarcan desde el simple hecho de que por un lado se convoca "a todos los ciudadanos" en nombre de los valores universales, pero por otro se los discrimina en función de sus recursos, puesto que sólo tienen acceso aquellos ciudadanos que pueden y quieren pagar un precio por ello. Se suscitan también cuestiones más complejas, como la obligada convivencia con determinadas empresas señaladas por sus acciones contrarias a los principios que el Forum declara defender, acciones objeto de denuncia continuada y que son, en algunos casos, la verdadera "raison d'être" de determinados colectivos de la sociedad civil local a la que se busca atraer. Esta tensión, además, se ve acentuada simbólicamente por la sospecha sistemática que levanta la administración pública en general, y los políticos en particular, sobre todo cuando incorporan a su agenda elementos destacados del discurso surgido de la sociedad civil. Algunos actores ven en este intento una forma de apropiación, un peligro de manipulación o de cooptación, a la vez que temen perder la exclusiva en la defensa de determinados valores o posiciones, de las que se sienten protagonistas únicos y legítimos. Esto vale también para un buen número de intelectuales y creadores de opinión locales, cuya oposición frontal al acontecimiento tiene quizás mucho que ver con la ostentación en exclusiva de determinadas ideas o saberes, observando con sospecha todo discurso que no sea el propio, despreciando con arrogancia la iniciativa pública por no haber sido reconocidos como los líderes intelectuales del proyecto. Otra de las tensiones latentes ha sido la existente entre aquellos que apostaban por lo lúdico, superficial y masivo, por esa "gran fiesta que durará 141 días", y aquellos más preocupados por los aspectos serios y reflexivos y por poner el acento en lo pedagógico, lo divulgativo y lo interactivo, quizá pensando que lo serio no puede ser divertido, o que lo pedagógico no puede ser emocionante. Finalmente, importa mencionar la tensión que resulta de la preocupación por implicar de manera exhaustiva al conjunto del entorno local, invirtiendo importantes recursos para conseguirlo, frente al débil impulso de la dimensión internacional del acontecimiento, tensión resuelta claramente en favor de lo local, más allá de asegurarse, en el plano internacional, la continuidad del evento en el extranjero y algunas aportaciones de los diálogos. Capítulo aparte merecería la valoración de las tensiones existentes entre la organización y los medios de comunicación, más allá de la reflexión sobre la importancia de tener en cuenta que la percepción generada tiende a superar la realidad contrastada, fenómeno clave de la sociedad de la información que hemos analizado más arriba.
Oportunidad de la Fundación Forum: Con todo, resulta imprescindible reconocer que el resultado del Forum es sorprendente y su importancia se irá evidenciando a medida que el acontecimiento se aleje en el tiempo. Vistas las presiones contextuales descritas, enmarcadas en un entorno de intenso cambio político y ajustes mediáticos, sumadas a cambios históricos en el entorno internacional y a las tensiones de una organización abocada a la acción compulsiva sin apenas tiempo para aprender de sus propios errores, lo que más sorprende, visto lo visto, es que el Forum resultase una realidad de alto rendimiento y de indudable calidad. Así lo vieron los, finalmente, millones de personas que se acercaron a conocerlo en directo y que apreciaron el esfuerzo realizado en medio de tantas contradicciones. Importará, sin embargo, seguir deconstruyendo el Forum y confeccionar la lista de las "lecciones aprendidas" para poder encarar con el rigor debido su continuidad en el tiempo, garantizando que la ciudad consiga capitalizar el evento y que las ediciones sucesivas sólo hagan que mejorar la edición fundacional de Barcelona. Para ello, se nos ocurren unas reflexiones finales acerca de la Fundación que hereda el Forum, puesto que la otra herencia, la de la transformación urbanística, parecería de más fácil administración, si bien también en este caso será necesaria una gestión integral, que culmine su contenido social y complete el programa urbanístico del entorno (núcleo universitario, área residencial), redundando en una influencia positiva en los barrios vecinos, especialmente en lo que se refiere a la costura definitiva del barrio de La Mina a la ciudad. Si, como hemos visto, buena parte de la problemática surgida en torno al Forum tiene su raíz en el peso excesivo (aunque quizá inevitable al tratarse de una primera edición) de las urgencias de la "operación" y la gestión "tecnocrática" sobre los "contenidos" y su calado "político", sacrificando demasiadas veces los objetivos cualitativos a los cuantitativos, primando siempre la táctica de regate corto sobre la estrategia a medio plazo, una vez superada la presión de abrir cada día las puertas del recinto y recibir el escrutinio cotidianos de los medios, llega el momento de asentar el capital de conocimiento acumulado, antes de que se volatilice tan rápidamente como lo hiciera el humo pirotécnico de los fuegos la noche de su clausura. Se trata de cultivar el capital de las ideas, de las redes y de las importantes propuestas o proyectos que con tanto esfuerzo, y a pesar de todo, han nacido en el 2004. Y la mejor estrategia para cultivar un capital acumulado es reinvertirlo y hacerlo crecer asegurando que la Fundación realiza una gestión productiva de los contenidos generados y de las redes sociales que se han dado cita en Barcelona a lo largo de este largo verano. Sólo una operación bien diseñada de seguimiento y profundización, que combine calado político y solvencia intelectual y técnica, puede apuntalar algunos de los logros del Forum, como son la continuidad del evento en la agenda internacional, y la potenciación de Barcelona como capital mediterránea del encuentro, del diálogo y del conocimiento en los años por venir. Además de proponer abrir a un debate en mayor profundidad para aprender las lecciones del Forum, a modo de "lluvia de ideas" relacionamos algunas de las posibles acciones que debería emprender con fuerza la nueva Fundación para consolidar el acontecimiento. Con este objetivo, serían necesarias acciones que consigan prestigiar la marca "Forum" desvinculándola hasta donde sea posible de su excesiva mercantilización durante la operación y reforzando sus elementos más legitimadores -conexión con el sistema de Naciones Unidas, interacción con la sociedad civil, agenda de contactos-, a través, por ejemplo, de la convocatoria de seminarios y encuentros de evaluación y seguimiento de algunos temas-estrella bien escogidos, o del potencial establecimiento de algún sistema de "Becas Forum" para enviar a personas a realizar "internships" en instituciones emblemáticas o trabajos de investigación sobre temas relevantes para la organización. Otra asignatura obligatoria sería el seguimiento intensivo de los contenidos del proyecto "Forum Monterrey 2007", con el objetivo no de fiscalizar nada, sino de realizar un verdadero "coaching", que incluya rigor en el control de calidad, elaborando, si es oportuno, unos "términos de referencia" que permitan una selección conjunta de contenidos e iniciativas siguiendo criterios básicos de solvencia, transparencia y coherencia con los valores, principios y objetivos estratégicos del Forum, sin abandonar los ejes temáticos referenciales de la sostenibilidad, la diversidad cultural y el diálogo hacia la paz. Un Forum sobre el conocimiento en abstracto, sin atributos, podría decantar la balanza más hacia el sector privado, la innovación empresarial o la exhibición de la tecnología que hacia el sector público y la sociedad civil con su rol en la profundización de la producción equitativa y democratización de los contenidos. Si el conocimiento es contenido en su contexto, será relevante pensar las variables que jugarán en el contexto regiomontano. También la nueva Fundación, para asegurar la continuidad del Forum y poder presentar a la vez resultados en el corto plazo, debería quizás concentrar esfuerzos en hacer las veces de "comadrona" de las iniciativas y propuestas nacidas durante el 2004, facilitando su consolidación, participando en sus órganos y promoviendo actividades conjuntas bajo la marca de la "Fundación Forum" para apuntalar la emergente creación de capital social que produjeron los diálogos. Habría que evitar sobre todo encontrarnos al final del camino con otra Fundación al uso, entre tantas existentes y que tan fácilmente se burocratizan y encuadran, intentando por el contrario crear un dinámico centro de generación de diálogo y un polo de innovación orientado al impulso de iniciativas y a la creación de oportunidades, concebido como "vivero" de ideas vinculadas tanto a la celebración de los distintos Forum cada 4 años, como al mantenimiento de un Forum permanente en Barcelona, que complemente las actividades de las principales instituciones ya existentes (i.e. CIDOB, Casa Asia, IeMed, potencialmente Ciudades Unidas), y a la vez se abra hacia otras instituciones vinculadas a la innovación en áreas como la biomedicina. la tecnología o las industrias culturales. Idealmente, la Fundación tendría asimismo, como actividad continuada, una función de lobby permanente para seguir atrayendo a la ciudad y al país, no sólo reuniones y seminarios, sino acaso la sede o subsede de alguna gran ONG internacional o de algún organismo multilateral, con el objetivo último de alcanzar en pocos años la masa crítica de "comunidad internacional" suficiente para consolidar a Barcelona y Catalunya como "hub" de conocimiento, como atractor y productor de ideas y como verdadero "motor de diálogo" para los próximos años, empezando por el eje Euromediterráneo y el relanzamiento del "Proceso de Barcelona", y acabando por un foro permanente Oriente-Occidente, ya apuntado en el Forum por Casa Asia el pasado julio. Para conseguir conectar finalmente el espacio de los lugares barceloneses al espacio de los flujos globales, no quedará más remedio que seguir innovando. Pero para que éstas y otras ideas fructifiquen y sean de verdad posibles habrá que seguir deconstruyendo el Forum por un tiempo, para conseguir así dilucidar serenamente si el Forum ha significado el fastuoso final de una larga etapa, o el potente y ambicioso inicio de una nueva época. Empecemos, pues, por deconstruir el Forum, puesto que del resultado de esta deconstrucción colectiva dependerá, en buena parte, la construcción de su discurso futuro y con él el de nuestra sociedad para los próximos lustros. Como apunta la cita de la canción mexicana que encabeza este escrito, y que cantaron los mariachis el pasado 26 de septiembre, procuremos que la obsesión del Forum por "llegar primero" no le impida ahora un consistente "saber llegar".
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