| Francesc Bonamusa
Joven padre caído con la flor en
el pecho,
con la flor en el pecho de la luz catalana,
con el clavel mojado de sangre inextinguible,
con la amapola viva sobre la luz quebrada,
tu frente ha recibido la eternidad del hombre,
entre los enterrados corazones de España.
Pablo Neruda. “Tercera Residencia”
Versos dedicados a Lluís Companys y a su asesinato.
Inicio esta conferencia con unas ideas sobre la Historia
de este país
que eran las dominantes entre los dirigentes del régimen militarista
y fascista. Un concepto que podemos calificar con toda precisión,
como veremos, de concepto celtibérico y que es el que recibimos
los que pudimos disfrutar de Escuela, Instituto y Universidad.
José Luís Arrese "Secretario General del Movimiento" para
conmemorar el milenario de Castilla, en Burgos, el septiembre de 1943 (en
plena Guerra mundial), hace una disquisición que es todo un compendio
celtibérico sobre la historia, cuando afirma: "La historia
de España empieza en la conjunción de la celtiberia con el
cristianismo. Es entonces cuando encuentra su camino, cuando ve su ser
pletórico y viril, y desde entonces vive en defensa siempre de su
razón de ser. Logra primero la unidad, convirtiendo a romanos y
godos y expulsando a moros y judíos; emprende la labor de llevar
esa unidad de destino en lo universal bautizando a América, luchando
por la fe en Lepanto y defendiendo la pureza católica en Trento,
y cuando la herejía amenaza con destruir a Europa, España
quiere evitar la decadencia de Occidente; pero cae derrotada en la Paz
de Westfalia y Europa se entrega a Lutero, y después a Rousseau,
y después a Marx. Hasta que viene el 18 de julio, porque el 18 de
julio fue para lograr la unidad de destino en el universo".
Evidentemente, según estos fascistas, para llegar a superar todos
estos errores hacía falta una guerra. Lo proclamaba ya Onésimo
Redondo cuando escribe en una postilla del periódico “Libertad” (¡qué ironía!)
en enero de 1932: “Para evitar el regreso de España al salvajismo,
frente a las hordas sanguinarias y capitaneadas por los invasores rojos,
no hay más que un camino: la guerra. ¡VIVA LA GUERRA!”
Así el gobernador civil de Barcelona, Wenceslao González
Oliveros, en agosto de 1939, podía afirmar: "Nuestro formidable
ejército, creación asombrosa del Caudillo, vino aquí en
marcha triunfal a salvar a los buenos españoles y a vencer, pero
no a convencer, a los enemigos de España. Que no se imaginen, pues,
que nos urja adoptar una indigna actitud depreciatoria, para tratar de
convencerlos".
No olvidemos los catalanes que ganaron la guerra,
entre ellos, José Fontana
Tarrats, comerciante e industrial del aceite, de Reus, que también
utilizó la historia y calificó al presidente Companys de "Robespierre
de Cataluña" y a Lluís Mestres, comisario del Gobierno
de la Generalitat en Tarragona, de “Robespierre de Tarragona”.
Se podría esperar que el malvado fuera Stalin, pues no, es Robespierre.
Siempre con la vista atrás. El mal ya viene de hace siglos. Ya lo
dijo Franco en Barcelona el 26 de enero de 1942, tres años exactamente
de la entrada del ejército rebelde a la ciudad condal, cuando afirmó: "Sois
una de las regiones más activas de la gran España que durmió en
tres siglos de decadencia".
Vamos pues por el “Robespierre de Catalunya”, sentenciado
antes de su secuestro y sin posibilidades de sobrevivir como se puede deducir
de las ideas y conceptos expuestos por Arrese, Onésimo Redondo,
González Oliveros, Franco.
Desclasado y republicano
Companys, nacido hace 123 años en El Tarròs (Pla d’Urgell)
es un personaje incómodo. Nació en una familia acomodada
y numerosa (4 hermanos y 3 hermanas). Estudió en el Liceo Políglota
de Barcelona donde inició su amistad con Francesc Layret, que siguió durante
sus estudios de Derecho (1898-1904) en la Universidad de Barcelona. Un
Layret que le marcó también sus primeras actividades políticas
con la Asociación Escolar Republicana e iniciando su tarea periodística
al fundar “La Aurora” (1906).
Fue un político desclasado y republicano y, como he dicho, también
un personaje incómodo y no solamente para los fascistas. Y se observa
en las acusaciones, críticas veladas, omisiones queridas, reticencias,
comentarios que, de todo y más, se produjeron en el momento de valorar
su gestión política, en los años 30 y posteriormente,
incluso hoy en día.
Fundamentalmente hacen referencia a dos cuestiones,
aun cuando también
aparecen a veces sus relaciones con el sexo femenino. Las dos cuestiones
son: 1) su catalanidad. Si tenía o no suficiente tradición
o pedigrí de político catalanista para ser presidente de
la Generalitat de Catalunya. Y 2) si sus relaciones con el mundo obrero,
las organizaciones obreras, y más concretamente con el movimiento
anarcosindicalista, podían afectar o habían afectado a sus
decisiones de gobierno durante la República y, sobre todo, durante
la guerra.
De rabasaires y sindicalistas
Desclasado,
como he dicho, porque muy pronto empezó a colaborar
no con los grandes propietarios de la tierra, sino, precisamente,
con los que tenían empleados: los rabasaires.
Con ellos mantendrá una estrecha relación: 1) al convertirse
en un elemento básico y fundamental de la creación de la
Unión de Rabasaires, entre 1921 y 1922 y como director de su portavoz
de prensa “La Terra”, mientras era reelegido diputado
por Sabadell, y 2) durante la República en particular los años
1931 y 1934.
Además se relacionó con el movimiento sindicalista junto
con Francesc Layret y mantuvo, a través de Salvador Seguí,
el “Noi del Sucre”, entonces secretario de la Confederación
Regional de la CNT en Catalunya, una estrecha relación con el mundo
anarcosindicalista. Son los años posteriores a la Primera Guerra
Mundial, cuando llegó la crisis económica y social, sobre
todo al amplio sector de la industria textil. Son años de huelgas,
como la huelga general de “La Canadiense” (1919), del papel
capital de Salvador Seguí, del “lock-out” empresarial,
del endurecimiento de la Patronal organizada, de Martínez Anido
en el gobierno civil, de la detención de Companys y Layret,
del pistolerismo patronal y sindical, de los asesinatos de Layret,
de Salvador Seguí, del dirigente sindicalista Evelio Boal, del jefe
del gobierno Eduardo Dato, etc.
En cualquier caso, no es correcto todo aquello que
en algún momento
alguien planteó y que todavía a veces se comenta: que Companys
había facilitado durante la Guerra Civil el Gobierno de Catalunya
a los de la FAI porque él había sido abogado de la FAI. Es
absolutamente mentira. Primero porque cuando él está en relación
con el mundo anarco-sindicalista, que son los años posteriores a
la Primera Guerra Mundial, la FAI no existía, y además sus
relaciones eran con los sindicalistas y no con los grupos anarquistas,
como también lo fueron las de otro dirigente posterior de Esquerra
Republicana de Catalunya (ERC), Joan Casanovas.
Republicano y catalanista
Respecto a su
actividad republicana y catalanista, Companys pasó por
varios movimientos republicanos. Hay que decir que el movimiento
republicano en aquellos momentos estaba bastante desorganizado. Por el
1911 ingresó en
la Unión Federal Nacionalista Republicana y presidió sus
Juventudes. Después pasó al Partido Reformista, promovido
por Melquíades Álvarez, y que se le recordará posteriormente
como actitud no catalanista; pero sí que hace falta decir que Companys
deja la UFNR cuando esta se alió con los lerrouxistas. Siguió su
actividad periodística en “La Publicidad “, primero,
y participando con Layret en la fundación de “La Lucha“,
con quien también había fundado el Bloque Republicano Autonomista
y más tarde el Partido Republicano Catalán por el que había
sido elegido diputado por Sabadell ocupando el escaño que había
dejado Layret, asesinado en 1920 .
Después, ya es suficientemente conocido, que en marzo de 1931 fue
un elemento clave en la fundación de Esquerra Republicana de Catalunya,
en la que convergen los sectores procedentes del nacionalismo más
radical, Estat Català, con Macià al frente y Ventura Gassol,
Dencàs, etc., con los cuales tuvo alguna diferencia más tarde;
los del grupo surgido en torno al periódico “L’Opinió”,
un sector algo más acomodado, republicano y catalanista con Lluhí i
Vallescà, etc.; el sector que era de obediencia republicana como
Companys o Marcel·lí Domingo, por ejemplo, que venía
del Partido Radical Socialista; y, cuarto, un conglomerado de gente de
comarcas (Albert Torres por Lleida, J. Andreu Abelló por las comarcas
tarraconenses o Josep Irla, que después será presidente
de la Generalitat en el exilio, por las comarcas gerundenses.
Fue un hombre de acción y pienso que lo más importante es
que tras las elecciones, como hombre de acción, se lanzó y
proclamó la República. Macià proclama la República
Catalana, por la tarde. Pero, ¿quien fue en España el primero
que se lanzó, que subió al balcón del Ayuntamiento
de una ciudad importante (Barcelona) y le dijo al alcalde monárquico
que proclamaba la República?. Fue Lluís Companys y esto pone
entre la espada y la pared al Comité Provisional de la República
de Madrid (Alcalá Zamora, Azaña, Lerroux, Miguel Maura....)
y a los republicanos de todo España, porque resulta ser que una
ciudad del peso de Barcelona había proclamado la República
al mediodía del 14 de abril mientras que el régimen monárquico,
con el Rey al frente, todavía se mantenía.
De inmediato Companys pasó a ser alcalde y poco después
gobernador civil de Barcelona, diputado y líder de la minoría
parlamentaria catalana en las Cortes republicanas de Madrid. Como líder
de la minoría parlamentaria intervino en un conjunto de temas fundamentales
como el debate sobre la Constitución, la discusión sobre
el Estatuto de Catalunya, sobre la Ley de congregaciones religiosas y sobre
la Ley de Reforma Agraria, entre otras. Es elegido diputado, vicepresidente
y presidente del Parlamento de Catalunya cuando este se constituye, de
acuerdo con el Estatuto. También ocupó la cartera ministerial
de Marina durante unos meses, en el marco de los acuerdos entre republicanos
y socialistas. Precisamente, cuanto le preguntaban por su catalanidad,
respondía: "Soy más catalán que marinero y he
sido ministro de Marina".
Presidente de la Generalitat de Catalunya
Y
llegamos a la muerte de Macià por la Navidad de 1933. Tras alguna
discusión sobre su idoneidad como Presidente, de acuerdo con las
cuestiones planteadas anteriormente, Companys fue elegido presidente de
la Generalitat el 31diciembre de 1933 y se encontró con dos problemas
importantes.
Uno fue la parálisis que se produjo con los traspasos de servicios,
a raíz del triunfo de la Confederación Española de
Derechas Autónomas (CEDA) y del Partido Republicano Radical (PRR)
en las elecciones legislativas en España un mes antes. Aun
cuando la CEDA había obtenido más votos, el presidente de
la República, Alcalá Zamora, no encargó Gobierno a
Gil Robles, debido a sus declaraciones manifiestamente antirrepublicanas,
sino que lo encarga a Lerroux, del PRR. Así pues, si bien los primeros
gobiernos del Partido Radical son sin la CEDA, a partir de aquel
momento, se frenan los traspasos de servicios. Es un momento grave, con
el que se encuentra Companys.
La otra cuestión importante fue la Ley de Contratos de Cultivo.
Companys conoce el mundo agrario a través de la Unió de Rabasaires
(UR), que es una de las bases electorales importantes de ERC. El
tema del la Ley de Contratos de Cultivo es complicado.
En los años 30, en los momentos de la Reforma Agraria en toda España,
aquí se plantea la revisión de los contratos de cultivo a
todos aquellos labradores que piensan que se les ha hecho un contrato abusivo.
A partir de ese momento se produce un gran movimiento de petición
de revisión de contratos de cultivo que las instancias judiciales
empiezan a denegar, con lo cual se abre una agitación rabasaire
importante. De hecho, a finales de 1931, el presidente Macià; el
gobernador civil; Amadeu Aragay, de ERC y de la UR, y el mismo Companys
pueden trampearlo. Pero los rabasaires son una base electoral de ERC, que
es el partido del Gobierno y del Ayuntamiento de Barcelona -el más
importante- y de muchos más ayuntamientos catalanes. Por lo tanto,
ERC debe distribuirse entre Madrid (minoría parlamentaria), el Ayuntamiento
de Barcelona, la Generalitat, y por otros ayuntamientos. Un partido que
hacía un mes que se había creado y que, por todo este conjunto
de cosas, recogía mucha militancia de aluvión, dónde
se encontraban buenos militantes, pero también algún indeseable.
La no dependencia, pero sí necesaria correspondencia con los rabasaires,
les llevó a considerar una nueva ley que regulara el tema de la
contratación y la propiedad de la tierra en Catalunya, que fue la
Ley de Contratos de Cultivo. Era una ley moderada. Pensamos que desde el
punto de vista social ERC se movía entre sectores liberales y socialdemócratas.
En la ley se planteó la posibilidad del acceso de los labradores,
de los rabasaires, a la propiedad de la tierra, a largo plazo y con indemnización
al propietario. La ley fue aprobada por el Parlamento de Catalunya y presentada
al gobierno de Madrid. Pero, en las elecciones legislativas a las Cortes
de Madrid había ganado la derecha en España y, por lo tanto,
la minoría catalana en Madrid estaba en manos de la Lliga, mientras
que el Parlamento y el gobierno de la Generalitat de Catalunya y la mayoría
de los ayuntamientos eran de izquierdas. Así, pues, cuando el gobierno
catalán envió la Ley de Contratos de Cultivo a Madrid, se
encontró con la oposición no solamente de la mayoría
parlamentaria española, sino también de la minoría
catalana, que además eran propietarios de tierra y estaban relacionados
con el Instituto Catalán Agrícola de San Isidro. Así las
cosas, lo primero que plantearon fue que la Generalitat no tenía
atribuciones legislativas sobre la política social agrícola
y el Tribunal Constitucional, al que se apeló, dictaminó lo
mismo.
Octubre del 34
Con todo este proceso llegamos
prácticamente al octubre del 34
con el conflicto rabasaire abierto y la incorporación de elementos
de la CEDA en el gobierno de Madrid, que hizo estallar al mundo obrero
y la huelga general, fundamentalmente en Catalunya y en Asturias.
Con una diferencia: en Asturias la CNT se incorporó a la lucha;
pero en Catalunya, donde era la central sindical mayoritaria, no.
Por lo tanto en Catalunya la huelga general, un poco coja sin la
CNT, fue organizada fundamentalmente por el Bloc Obrer i Camperol (BOC)
dirigido por Joaquim
Maurín, la Esquerra Comunista de Andreu Nin y la gente de la Unió Socialista
de Catalunya. Ante esta situación es cuando Companys planteó la
proclamación del “Estat Català dins de la República
Federal Española”. Institucionalmente era un acto no constitucional.
Desde un punto de vista político, el presidente, que era un hombre
con intuición política -y con la proclamación de la
República lo había demostrado- parece quizá, que ahora
le había fallado una CNT muy penetrada y dominada por la FAI. No
obstante, ante la situación a la que se había llegado no
tenía demasiadas salidas, pues detrás la Ley de Contratos
de Cultivo estaban los rabasaires y lo que significaban política
y electoralmente para la ERC.
El presidente Companys, el gobierno de la Generalitat,
el Ayuntamiento de Barcelona, decenas de regidores y alcaldes y miles
de labradores serían
detenidos en toda Catalunya. Los barcos anclados en los puertos de Barcelona
y de Tarragona, se llenaron de detenidos. Por lo tanto, una movilización
importante sí que lo fue. Es en este momento que él dice
con sorna a algunos de Estado Catalán que “ahora no podréis
decir que no soy catalán”. Pero no tuvo tiempo para decírselo
al consejero de Gobernación, uno de los hombres representativos
del catalanismo más radical, Josep Dencàs, que huyó por
las cloacas del mismo Palacio y fue a parar a la Italia de Mussolini. En
cambio, Companys y centenares de labradores fueron encarcelados. Companys,
tras rendirse al general jefe de la División de Catalunya, Domènec
Batet, y recomendar por radio la rendición, fue encarcelado, primero
en el barco Uruguay, y después condenado a 30 años en el
presidio del Puerto de Santa Maria
La represión en Catalunya fue muy dura, pero no sangrienta como
en Asturias (donde hubo un número muy elevado de muertes), entre
otras razones porque el general Batet, consiguió imponer el orden
militar solamente con algún muerto de Estat Català Proletari
en las Ramblas de Barcelona. En cambio, en Asturias, el coronel Yagüe
con la Legión hizo estragos en las cuencas mineras, todo bajo la
dirección del Estado Mayor, en el que destacaba el general Franco.
De hecho, Catalunya perdió su autonomía hasta el febrero
del 36 con las nuevas elecciones legislativas que ganaron las izquierdas,
esta vez formando un frente político que, en el caso catalán,
iba desde ERC hasta el POUM; desde Companys hasta Maurín. Este coalición
conocida en Catalunya com Front d’Esquerres y en España como
Frente Popular triunfó y se recuperó el Estatuto, se reconstituyó la
Generalitat con su Parlamento y su Gobierno; se proclamó la amnistía
política y se liberó a todas las personas que todavía
seguían en la cárcel, entre ellasel president Companys y
el gobierno de la Generalitat.
La guerra civil
El 19 de julio Catalunya
se despertó con el levantamiento militar
que habían iniciado Franco y el ejército africanista en Marruecos
y Mola en el Norte peninsular con fuerzas militares y carlistas.
El presidente Companys, como hombre de acción responsable, se plantó en
la consejería de Gobernación y junto el consejero Josep Maria
España- los dos únicos miembros del gobierno de la Generalitat
que el 19 de julio estuvieron dónde tenían que estar desde
el principio- hacen frente a los primeros momentos del golpe militar organizando,
con el Comisario de Orden Público, Escofet, las fuerzas de los cuerpos
de Investigación y Vigilancia, de Seguridad y Asalto, de Mozos de
Escuadra y esperando la actitud de la Guardia Civil que, bajo las órdenes
del general Aranguren y el coronel Escobar, se puso finalmente a las órdenes
del poder constituido democráticamente. Pronto llegó Tarradellas,
que se había separado de ERC, creando, con otros exmilitantes de
ERC, el Partit Catalanista Republicà. El Parlamento estaba cerrado
por vacaciones y los diputados, unos estaban de vacaciones y otras respondían
que no podían salir de casa porque había disparos en la calle.
Los que no estaban de vacaciones eran algunos militantes de ERC, los comités
de defensa de los partidos y los sindicatos obreros, en particular de la
CNT-FAI, del POUM, del Partit Català Proletari y la Unió Socialista
de Catalunya (estos dos últimos, pocos días después
se unían y fundaban el Partit Socialista Unificat de Catalunya
(PSUC).
Aquí encontramos otro elemento discutido de la actitud política
de Companys. Algunos sectores dicen que Companys entregó el gobierno
a la CNT-FAI. Esto es tanto poco riguroso como hablar de revolución
y contrarrevolución durante la Guerra Civil. En Catalunya no hubo
revolución, pues si hablamos de revolución el poder se toma
o no. De poco sirve tomar partes de poder y menos si no se dispone de la
forma de financiación que permita la supervivencia cotidiana de
las clases populares. Y aquí llegamos al callejón sin salida.
Una parte de los calificados como revolucionarios por algún sector
de la historiografía no articulan la base primaria de todo movimiento,
la subsistencia material, o posibilidad de que de inmediato los obreros
siguieran obteniendo su salario, necesario para su supervivencia. El 19
julio es domingo y los enfrentamientos durarán como mínimo
tres o cuatro días con lo cual se llegaba al fin de semana con los
Bancos y Cajas cerrados y, además, los sindicatos, la CNT en particular
por ser la más numerosa no se había preocupado de pensar
en disponer de recursos económicos para cubrir las necesidades más
inmediatas de las familias obreras. Así pues ¿cómo
y cuando podrían cobrar los trabajadores? . ¿Quienes crearon
los medios para poder recibir los salarios semanales (la mayoría)?
Pues fue el gobierno de la Generalitat quien lo resolvió con toda
la precariedad que se quiera, estableciendo unos horarios para la apertura
de Bancos i Cajas en toda Catalunya sólo para que los empresarios
o propietarios pudieran recoger el dinero necesario para pagar las nóminas
de sus trabajadores.
El gobierno de la Generalitat se rompió los días 19 y 20
de julio debido a la rebelión militar y fascista; a la carencia
de recursos institucionales, al no disponer ni de fábricas de armas,
ni de atribuciones sobre Defensa. La movilización de las fuerzas
populares y obreras que participaron activamente y de forma conjunta con
las fuerzas de orden público en la lucha contra los rebeldes provocó un
cambio de condiciones políticas que comportó un inicial pacto
en algunas cuestiones entre estas fuerzas armadas de sindicatos y partidos
y la Generalitat con sus fuerzas de orden público que se traduce
en la formación de un Comité Central de Milicias Antifascistas
(CCMA) que fue disuelto a los dos meses. La tarea fundamental que se impuso
el CCMA fue levantar columnas de milicias voluntarias organizadas en torno
a los diversos partidos y sindicatos (Durruti, Ortiz, Del Barrio,
Rovira, Macià-Companys, etc.), que en pocos días se desplegaron
por el frente de Aragón.
Precisamente porque Companys mantenía buenas relaciones con algún
sector de la CNT hubo la facilidad del pacto indicado, y hace falta decir
también del tan mencionado organismo revolucionario Comité de
Milicias Antifascistas, que el texto de base de su creación fue
elaborado por un político prudente y moderado como Claudi Ametlla,
de Acció Catalana. Y fue Tarradellas, de ERC, quien presidió y
más tarde disolvió el CCMA, el septiembre del 36, cuando
como consejero primero consiguió, bajo la dirección de Companys,
formar un gobierno con todas las fuerzas antifascistas, incluida
la CNT-FAI (AC, ERC, PSUC, UGT, POUM, CNT-FAI),
Por lo tanto, no es riguroso afirmar que la Generalitat
había perdido
el poder. Lo que quizá perdió fue el control del orden público
en los primeros meses. El Gobierno dispuso de todas las fuerzas de Seguridad;
pero la mayoría de estas fuerzas tuvieron que marchar al frente,
pues eran de las pocas entrenadas militarmente y, por lo tanto, las Patrullas
de control -con la participación de todos los partidos y sindicatos-
dispusieron de bastante autonomía para bien y para mal. No obstante,
las funciones que asume el CCMA no contemplan las relacionadas con las
Finanzas. Significativamente el primer folleto que publicó la FAI
en Barcelona no salió hasta el día 26 de julio, una semana
despues de la derrota de los militares rebeldes, y si bien comenta la necesidad
de aplastar el fascismo, no hay ninguna referencia de tipo económico.
De hecho, los anarcosindicalistas -involucrados en
la acción inmediata-
dejan a un lado mecanismos de Estado, como los financieros, porque no perciben
su valor estratégico o porque esta acción entra en contradicción
con sus principios básicos. La fiebre revolucionaria, mezclada con
un fuerte ideario anticapitalista, trajo a algunas organizaciones obreras,
en particular a la CNT-FAI, a considerar secundario el poder de las instituciones
financieras. Seducidas por el principio político de la apropiación
inmediata, su acción se centró en la expropiación
de la propiedad inmobiliaria y en una actitud hostil al clero y a sus instituciones.
Fue más bien una revuelta contra los propietarios y sus aliados
ideológicos, que una revolución. Por su parte, el Gobierno
de la Generalitat, presidido por Companys, conservó la gestión
de las finanzas, el control de la radiodifusión, las relaciones
políticas y económicas con el gobierno de la República
y las referencias internacionales, entre otras. Con altos y bajos, hasta
el otoño de 1937, el Gobierno asumió competencias no contempladas
por la Constitución ni por el Estatuto de autonomía y relativas
a Finanzas, Defensa, Justicia y Seguridad interior, entre otras.
Fue el periodo en que Catalunya ha gozado de mayor autonomia en su historia
En igual sentido, Companys otorgó a los Comisarios de la Generalitat
en Lleida, Girona y Tarragona la presidencia de los Comités antifascistas
en estos territorios. De este modo se intentó intervenir en estos
comités -formados por los diversos partidos y sindicatos- con hombres
de ERC y de confianza del presidente, como lo indica el nombramiento -el
mismo 20 de julio- de Lluís Mestres para la Comisaría de
Tarragona, la más compleja porque estaba abierta al frente de guerra.
Por último, se creó también la nueva figura del Comisario
de Defensa de la Generalitat (Lluís Prunés), poco después
Departamento de Defensa, con cargo al teniente coronel Díaz Sandino.
Se asumieron funciones de intervención y control sobre la banca
privada, las instituciones de ahorro y las compañías de seguros
que operaban en Catalunya. Se facilitaron créditos para regularizar,
como he comentado, el pago de salarios, para descontar letras comerciales
y atender las necesidades derivadas de las colectivizaciones agrarias.
Se dictaron normas para evitar el atesoramiento de monedas, de lingotes
de oro y plata, de divisas, de valores extranjeros y de billetes
para facilitar la liquidez bancaria y el abastecimiento de materias primeras.
La Generalitat asumió funciones no estatutarias al emitir billetes
de 2,5, 5 y 10 pts de curso obligatorio en Catalunya a partir de septiembre
de 1936 y hasta su retirada por el gobierno de la República, el
febrero de 1938. De hecho, el departamento de Finanzas jugó un papel
fundamental. Flexibilizó la normativa de las haciendas municipales
y, en esa misma línea, ocupó, requisó y asumió el
control de todas las delegaciones del Banco de España (Barcelona,
Tarragona, Reus, Tortosa, Lleida y Girona) y todas las delegaciones de
Hacienda. Por último, el consejero de Finanzas, Tarradellas desde
octubre del 36, consiguió facultades excepcionales en el orden fiscal,
financiero y administrativo para realizar la política de intervención.
Se podrían citar otros hechos, como el nombramiento de jefes militares,
la organización de las Industrias de Guerra, la creación
de Tribunales Populares, con la destitución y nombramiento de funcionarios
judiciales. Incluso el presidente Companys asumió la capacidad de
conmutar las penas de muerte, atribución que la Constitución
republicana reservaba exclusivamente al presidente de la República.
Así, durante un cierto periodo de tiempo Catalunya disfrutó de
los más altos niveles de autodeterminación. La asunción
de estas facultades, que constitucionalmente no le correspondían,
se manifestará incluso en su sentencia de muerte.
Esta
soberanía comportó malas relaciones con el gobierno
de la República; con problemas con Largo Caballero cuando
es jefe del gobierno y con muchos más problemas con Juan
Negrín. Después, con los Sucesos de Mayo del 37 y
la posterior llegada del gobierno de la República a Barcelona,
empezó la retirada de todas estas atribuciones. En estos
momentos Companys se desesperó, envió varias cartas
a Indalecio Prieto, intentó negociar con Negrín,
etc. Pero no consiguió nada. El gobierno de la República
era una máquina que estaba herida, y estamos hablando de
finales del 37 y principios del 38, y ya empieza a estar muy tocada
por el avance de las fuerzas rebeldes. Con todo eso se llegó a
la batalla del Ebro y la Generalitat ya no tenía prácticamente
atribuciones. La que todavía le quedaba era enviar a los
chicos de 17 y 18 años al frente de guerra. Al perder la
dura batalla del Ebro, a partir de Navidad del 38, Catalunya se
vio abocada al hundimiento.
Exiliado,
secuestrado y asesinado
Es suficientemente conocida la marcha del gobierno
de la Generalitat y que en Francia, Companys intentó seguir la pista de su hijo enfermo
mental que venia de Suiza y se había perdido durante la entrada
de los alemanes . Companys dice que se quedó por su hijo y porque
mientras hubiera tanta gente en los campos de concentración, en
los campos de trabajo, él quería estar en Francia. Fue detenido
por la policía militar alemana y entregado a la policía española
por medio del policía Urraca, bajo el mando del Director General
de Seguridad del nuevo régimen fascista, Escrivá de Romaní,
Conde de Mayalde, años después ganadero de toros bravos y
alcalde de Madrid. Companys fue llevado a Madrid y después de ser
torturado, llegó a Barcelona. Le montaron un juicio sumarísimo,
aun cuando ya estaba condenado antes de hacer el juicio. Incluso hicieron
desfilar a un grupo de testigos para facilitar la apariencia de un juicio.
Sin embargo, estos testigos eran jefes de Falange como Carles Trias de
Bes; chusma incalificable como Bravo Montero, hijo de Bravo Portillo, que
había sido espía alemán durante la Primera Guerra
Mundial y cabeza de la Policía de Barcelona, conocido por sus torturas
en los años 20, hasta que se lo cargaron. Al lado de este había
otros testigos no conocidos que serían posteriormente muy bien recompensados,
como el funcionario de la Generalitat Fernández Argüelles y
otros. Resultado: el que ya estaba decidido desde su detención:
el presidente Companys fue fusilado la madrugada del 15 de octubre
de 1940 en los fosos del castillo de Montjuic, de Barcelona.
Acabo con unos versos del poema “Lluís Companys” de
Josep Carner.
Era el moment de les tenebres
quan llum no vèieu ni camí
i amagaven la cara els àngels
d’amargues menes de morir
Els grans Traïdors de la terra
varen lliurar-lo al més roí.
(...)
El van jutjar quatre fantasmes
de l’eterna Espanya dorment,
amb llurs espases de per riure
i llur orgull, boira en el vent.
Fins que un matí sent la porta:
heus ací la mort, president.
(...)
Josep Carner: “Lluís Companys”.
Nova Era, Mèxic, 1944.
Francesc Bonamusa.
Catedrático de Historia Contemporánea.
Universidad Autónoma de Barcelona.
Texto de la conferencia realizada en la sede del PSC
(Partit dels Socialistes de Catalunya) el 17 de octubre de 2005 con motivo
del aniversario de su fusilamiento, traducido del catalán al castellano
por esta revista.
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