Lluís Companys i Jover

Francesc Bonamusa

Joven padre caído con la flor  en el pecho,
con la flor en el pecho de la luz catalana,
con el clavel mojado de sangre inextinguible,
con la amapola viva sobre la luz quebrada,
tu frente ha recibido la eternidad del hombre,
entre los enterrados corazones de España.

Pablo Neruda. “Tercera Residencia”
Versos dedicados a Lluís Companys y a su asesinato.

 

Inicio esta conferencia con unas ideas sobre la Historia de este país que eran las dominantes entre los dirigentes del régimen militarista y fascista. Un concepto que podemos calificar con toda precisión, como veremos, de concepto celtibérico y que es el que recibimos los que pudimos disfrutar de Escuela, Instituto y Universidad.

José Luís Arrese "Secretario General del Movimiento" para conmemorar el milenario de Castilla, en Burgos, el septiembre de 1943 (en plena Guerra mundial), hace una disquisición que es todo un compendio celtibérico sobre la historia, cuando afirma: "La historia de España empieza en la conjunción de la celtiberia con el cristianismo. Es entonces cuando encuentra su camino, cuando ve su ser pletórico y viril, y desde entonces vive en defensa siempre de su razón de ser. Logra primero la unidad, convirtiendo a romanos y godos y expulsando a moros y judíos; emprende la labor de llevar esa unidad de destino en lo universal bautizando a América, luchando por la fe en Lepanto y defendiendo la pureza católica en Trento, y cuando la herejía amenaza con destruir a Europa, España quiere evitar la decadencia de Occidente; pero cae derrotada en la Paz de Westfalia y Europa se entrega a Lutero, y después a Rousseau, y después a Marx. Hasta que viene el 18 de julio, porque el 18 de julio fue para lograr la unidad de destino en el universo".

Evidentemente, según estos fascistas, para llegar a superar todos estos errores hacía falta una guerra. Lo proclamaba ya Onésimo Redondo cuando escribe en una postilla del periódico “Libertad” (¡qué ironía!) en enero de 1932: “Para evitar el regreso de España al salvajismo, frente a las hordas sanguinarias y capitaneadas por los invasores rojos, no hay más que un camino: la guerra. ¡VIVA LA GUERRA!”

Así el gobernador civil de Barcelona, Wenceslao González Oliveros, en agosto de 1939, podía afirmar: "Nuestro formidable ejército, creación asombrosa del Caudillo, vino aquí en marcha triunfal a salvar a los buenos españoles y a vencer, pero no a convencer, a los enemigos de España. Que no se imaginen, pues, que nos urja adoptar una indigna actitud depreciatoria, para tratar de convencerlos".

No olvidemos los catalanes que ganaron la guerra, entre ellos, José Fontana Tarrats, comerciante e industrial del aceite, de Reus, que también utilizó la historia y calificó al presidente Companys de "Robespierre de Cataluña" y a Lluís Mestres, comisario del Gobierno de la Generalitat en Tarragona, de “Robespierre de Tarragona”. Se podría esperar que el malvado fuera Stalin, pues no, es Robespierre. Siempre con la vista atrás. El mal ya viene de hace siglos. Ya lo dijo Franco en Barcelona el 26 de enero de 1942, tres años exactamente de la entrada del ejército rebelde a la ciudad condal, cuando afirmó: "Sois una de las regiones más activas de la gran España que durmió en tres siglos de decadencia".

Vamos pues por el “Robespierre de Catalunya”, sentenciado antes de su secuestro y sin posibilidades de sobrevivir como se puede deducir de las ideas y conceptos expuestos por Arrese, Onésimo Redondo, González Oliveros, Franco.

 

Desclasado y republicano

Companys, nacido hace 123 años en El  Tarròs (Pla d’Urgell) es un personaje incómodo. Nació en una familia acomodada y numerosa (4 hermanos y 3 hermanas). Estudió en el Liceo Políglota de Barcelona donde inició su amistad con Francesc Layret, que siguió durante sus estudios de Derecho (1898-1904) en la Universidad de Barcelona. Un Layret que le marcó también sus primeras actividades políticas con la Asociación Escolar Republicana e iniciando su tarea periodística al fundar “La Aurora” (1906).

Fue un político desclasado y republicano y, como he dicho, también un personaje incómodo y no solamente para los fascistas. Y se observa en las acusaciones, críticas veladas, omisiones queridas, reticencias, comentarios que, de todo y más, se produjeron en el momento de valorar su gestión política, en los años 30 y posteriormente, incluso hoy en día.

Fundamentalmente hacen referencia a dos cuestiones, aun cuando también aparecen a veces sus relaciones con el sexo femenino. Las dos cuestiones son: 1) su catalanidad. Si tenía o no suficiente tradición o pedigrí de político catalanista para ser presidente de la Generalitat de Catalunya. Y 2) si sus relaciones con el mundo obrero, las organizaciones obreras, y más concretamente con el movimiento anarcosindicalista, podían afectar o habían afectado a sus decisiones de gobierno durante la República y, sobre todo, durante la guerra.

 

De rabasaires y sindicalistas

Desclasado, como he dicho, porque muy pronto empezó a colaborar no con los grandes propietarios de la tierra, sino, precisamente, con los que tenían empleados: los rabasaires.

Con ellos mantendrá una estrecha relación: 1) al convertirse en un elemento básico y fundamental de la creación de la Unión de Rabasaires, entre 1921 y 1922 y como director de su portavoz de prensa “La Terra”, mientras era  reelegido diputado por Sabadell, y 2) durante la República en particular los años 1931 y 1934.

Además se relacionó con el movimiento sindicalista junto con Francesc Layret y mantuvo, a través de Salvador Seguí, el “Noi del Sucre”, entonces secretario de la Confederación Regional de la CNT en Catalunya, una estrecha relación con el mundo anarcosindicalista. Son los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando llegó la crisis económica y social, sobre todo al amplio sector de la industria textil. Son años de huelgas, como la huelga general de “La Canadiense” (1919), del papel capital de Salvador Seguí, del “lock-out” empresarial, del endurecimiento de la Patronal organizada, de Martínez Anido en el gobierno civil, de la detención de Companys y  Layret, del pistolerismo patronal y sindical, de los  asesinatos de Layret, de Salvador Seguí, del dirigente sindicalista Evelio Boal, del jefe del gobierno Eduardo Dato, etc.

En cualquier caso, no es correcto todo aquello que en algún momento alguien planteó y que todavía a veces se comenta: que Companys había facilitado durante la Guerra Civil el Gobierno de Catalunya a los de la FAI porque él había sido abogado de la FAI. Es absolutamente mentira. Primero porque cuando él está en relación con el mundo anarco-sindicalista, que son los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, la FAI no existía, y además sus relaciones eran con los sindicalistas y no con los grupos anarquistas, como también lo fueron las de otro dirigente posterior de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Joan Casanovas.

 

Republicano y catalanista

Respecto a su actividad republicana y catalanista, Companys pasó por varios movimientos republicanos. Hay que decir que el movimiento republicano en aquellos momentos estaba bastante desorganizado. Por el 1911 ingresó en la Unión Federal Nacionalista Republicana y presidió sus Juventudes. Después pasó al Partido Reformista, promovido por Melquíades Álvarez, y que se le recordará posteriormente como actitud no catalanista; pero sí que hace falta decir que Companys deja la UFNR cuando esta se alió con los lerrouxistas. Siguió su actividad periodística en “La Publicidad “, primero, y participando con Layret en la fundación de “La Lucha“, con quien también había fundado el Bloque Republicano Autonomista y más tarde el Partido Republicano Catalán por el que había sido elegido diputado por Sabadell ocupando el escaño que había dejado Layret, asesinado en 1920 .

Después, ya es suficientemente conocido, que en marzo de 1931 fue un elemento clave en la fundación de Esquerra Republicana de Catalunya, en la que convergen los sectores procedentes del nacionalismo más radical, Estat Català, con Macià al frente y Ventura Gassol, Dencàs, etc., con los cuales tuvo alguna diferencia más tarde; los del grupo surgido en torno al periódico “L’Opinió”, un sector algo más acomodado, republicano y catalanista con Lluhí i Vallescà, etc.; el sector que era de obediencia republicana como Companys o Marcel·lí Domingo, por ejemplo, que venía del Partido Radical Socialista; y, cuarto, un conglomerado de gente de comarcas (Albert Torres por Lleida, J. Andreu Abelló por las comarcas tarraconenses o Josep Irla, que después será presidente de la Generalitat en el exilio, por las comarcas gerundenses.

Fue un hombre de acción y pienso que lo más importante es que tras las elecciones, como hombre de acción, se lanzó y proclamó la República. Macià proclama la República Catalana, por la tarde. Pero, ¿quien fue en España el primero que se lanzó, que subió al balcón del Ayuntamiento de una ciudad importante (Barcelona) y le dijo al alcalde monárquico que proclamaba la República?. Fue Lluís Companys y esto pone entre la espada y la pared al Comité Provisional de la República de Madrid (Alcalá Zamora, Azaña, Lerroux, Miguel Maura....) y a los republicanos de todo España, porque resulta ser que una ciudad del peso de Barcelona había proclamado la República al mediodía del 14 de abril mientras que el régimen monárquico, con el Rey al frente, todavía se mantenía.

De inmediato Companys pasó a ser alcalde y poco después gobernador civil de Barcelona, diputado y líder de la minoría parlamentaria catalana en las Cortes republicanas de Madrid. Como  líder de la minoría parlamentaria intervino en un conjunto de temas fundamentales como el debate sobre la Constitución, la discusión sobre el Estatuto de Catalunya, sobre la Ley de congregaciones religiosas y sobre la Ley de Reforma Agraria, entre otras. Es elegido diputado, vicepresidente y presidente del Parlamento de Catalunya cuando este se constituye, de acuerdo con el Estatuto. También ocupó la cartera ministerial de Marina durante unos meses, en el marco de los acuerdos entre republicanos y socialistas. Precisamente, cuanto le preguntaban por su catalanidad, respondía: "Soy más catalán que marinero y he sido ministro de Marina".

 

Presidente de la Generalitat de Catalunya

Y llegamos a la muerte de Macià por la Navidad de 1933. Tras alguna discusión sobre su idoneidad como Presidente, de acuerdo con las cuestiones planteadas anteriormente, Companys fue elegido presidente de la Generalitat el 31diciembre de 1933 y se encontró con dos problemas importantes.

Uno fue la parálisis que se produjo con los traspasos de servicios, a raíz del triunfo de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) y del Partido Republicano Radical (PRR) en las elecciones legislativas en España  un mes antes. Aun cuando la CEDA había obtenido más votos, el presidente de la República, Alcalá Zamora, no encargó Gobierno a Gil Robles, debido a sus declaraciones manifiestamente antirrepublicanas, sino que lo encarga a Lerroux, del PRR. Así pues, si bien los primeros gobiernos del Partido Radical son sin la CEDA, a partir de aquel momento, se frenan los traspasos de servicios. Es un momento grave, con el que se encuentra Companys.

La otra cuestión importante fue la Ley de Contratos de Cultivo. Companys conoce el mundo agrario a través de la Unió de Rabasaires (UR), que es una de las bases electorales importantes de ERC. El tema del la Ley de Contratos de Cultivo es complicado.

En los años 30, en los momentos de la Reforma Agraria en toda España, aquí se plantea la revisión de los contratos de cultivo a todos aquellos labradores que piensan que se les ha hecho un contrato abusivo. A partir de ese momento se produce un gran movimiento de petición de revisión de contratos de cultivo que las instancias judiciales empiezan a denegar, con lo cual se abre una agitación rabasaire importante. De hecho, a finales de 1931, el presidente Macià; el gobernador civil; Amadeu Aragay, de ERC y de la UR, y el mismo Companys pueden trampearlo. Pero los rabasaires son una base electoral de ERC, que es el partido del Gobierno y del Ayuntamiento de Barcelona -el más importante- y de muchos más ayuntamientos catalanes. Por lo tanto, ERC debe distribuirse entre Madrid (minoría parlamentaria), el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat, y por otros ayuntamientos. Un partido que hacía un mes que se había creado y que, por todo este conjunto de cosas, recogía mucha militancia de aluvión, dónde se encontraban buenos militantes, pero también algún indeseable. La no dependencia, pero sí necesaria correspondencia con los rabasaires, les llevó a considerar una nueva ley que regulara el tema de la contratación y la propiedad de la tierra en Catalunya, que fue la Ley de Contratos de Cultivo. Era una ley moderada. Pensamos que desde el punto de vista social ERC se movía entre sectores liberales y socialdemócratas. En la ley se planteó la posibilidad del acceso de los labradores, de los rabasaires, a la propiedad de la tierra, a largo plazo y con indemnización al propietario. La ley fue aprobada por el Parlamento de Catalunya y presentada al gobierno de Madrid. Pero, en las elecciones legislativas a las Cortes de Madrid había ganado la derecha en España y, por lo tanto, la minoría catalana en Madrid estaba en manos de la Lliga, mientras que el Parlamento y el gobierno de la Generalitat de Catalunya y la mayoría de los ayuntamientos eran de izquierdas. Así, pues, cuando el gobierno catalán envió la Ley de Contratos de Cultivo a Madrid, se encontró con la oposición no solamente de la mayoría parlamentaria española, sino también de la minoría catalana, que además eran propietarios de tierra y estaban relacionados con el Instituto Catalán Agrícola de San Isidro. Así las cosas, lo primero que plantearon fue que la Generalitat no tenía atribuciones legislativas sobre la política social agrícola y el Tribunal Constitucional, al que se apeló, dictaminó lo mismo.

 

Octubre del 34

Con todo este proceso llegamos prácticamente al octubre del 34 con el conflicto rabasaire abierto y la incorporación de elementos de la CEDA en el gobierno de Madrid, que hizo estallar al mundo obrero y la huelga general, fundamentalmente en Catalunya y en Asturias. Con una diferencia: en Asturias la CNT se incorporó a la lucha; pero en Catalunya, donde era la central sindical mayoritaria, no. Por lo tanto en Catalunya la huelga general, un poco coja sin la CNT, fue organizada fundamentalmente por el Bloc Obrer i Camperol (BOC) dirigido por Joaquim
Maurín, la Esquerra Comunista de Andreu Nin y la gente de la Unió Socialista de Catalunya. Ante esta situación es cuando Companys planteó la proclamación del “Estat Català dins de la República Federal Española”. Institucionalmente era un acto no constitucional. Desde un punto de vista político, el presidente, que era un hombre con intuición política -y con la proclamación de la República lo había demostrado- parece quizá, que ahora le había fallado una CNT muy penetrada y dominada por la FAI. No obstante, ante la situación a la que se había llegado no tenía demasiadas salidas, pues detrás la Ley de Contratos de Cultivo estaban los rabasaires y lo que significaban política y electoralmente para la ERC.

El presidente Companys, el gobierno de la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona, decenas de regidores y alcaldes y miles de labradores serían detenidos en toda Catalunya. Los barcos anclados en los puertos de Barcelona y de Tarragona, se llenaron de detenidos. Por lo tanto, una movilización importante sí que lo fue. Es en este momento que él dice con sorna a algunos de Estado Catalán que “ahora no podréis decir que no soy catalán”. Pero no tuvo tiempo para decírselo al consejero de Gobernación, uno de los hombres representativos del catalanismo más radical, Josep Dencàs, que huyó por las cloacas del mismo Palacio y fue a parar a la Italia de Mussolini. En cambio, Companys y centenares de labradores fueron encarcelados. Companys, tras rendirse al general jefe de la División de Catalunya, Domènec Batet, y recomendar por radio la rendición, fue encarcelado, primero en el barco Uruguay, y después condenado a 30 años en el presidio del Puerto de Santa Maria

La represión en Catalunya fue muy dura, pero no sangrienta como en Asturias (donde hubo un número muy elevado de muertes), entre otras razones porque el general Batet, consiguió imponer el orden militar solamente con algún muerto de Estat Català Proletari en las Ramblas de Barcelona. En cambio, en Asturias, el coronel Yagüe con la Legión hizo estragos en las cuencas mineras, todo bajo la dirección del Estado Mayor, en el que destacaba el general Franco. De hecho, Catalunya perdió su autonomía hasta el febrero del 36 con las nuevas elecciones legislativas que ganaron las izquierdas, esta vez formando un frente político que, en el caso catalán, iba desde ERC hasta el POUM; desde Companys hasta Maurín. Este coalición conocida en Catalunya com Front d’Esquerres y en España como Frente Popular triunfó y se recuperó el Estatuto, se reconstituyó la Generalitat con su Parlamento y su Gobierno; se proclamó la amnistía política y se liberó a todas las personas que todavía seguían en la cárcel, entre ellasel president Companys y el gobierno de la Generalitat.

 

La guerra civil

El 19 de julio Catalunya se despertó con el levantamiento militar que habían iniciado Franco y el ejército africanista en Marruecos y Mola en el Norte peninsular  con fuerzas militares y carlistas. El presidente Companys, como hombre de acción responsable, se plantó en la consejería de Gobernación y junto el consejero Josep Maria España- los dos únicos miembros del gobierno de la Generalitat que el 19 de julio estuvieron dónde tenían que estar desde el principio- hacen frente a los primeros momentos del golpe militar organizando, con el Comisario de Orden Público, Escofet, las fuerzas de los cuerpos de Investigación y Vigilancia, de Seguridad y Asalto, de Mozos de Escuadra y esperando la actitud de la Guardia Civil que, bajo las órdenes del general Aranguren y el coronel Escobar, se puso finalmente a las órdenes del poder constituido democráticamente. Pronto llegó Tarradellas, que se había separado de ERC, creando, con otros exmilitantes de ERC, el Partit Catalanista Republicà. El Parlamento estaba cerrado por vacaciones y los diputados, unos estaban de vacaciones y otras respondían que no podían salir de casa porque había disparos en la calle. Los que no estaban de vacaciones eran algunos militantes de ERC, los comités de defensa de los partidos y los sindicatos obreros, en particular de la CNT-FAI, del POUM, del Partit Català Proletari y la Unió Socialista de Catalunya (estos dos últimos, pocos días después se unían y fundaban el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC).

Aquí encontramos otro elemento discutido de la actitud política de Companys. Algunos sectores dicen que Companys entregó el gobierno a la CNT-FAI. Esto es tanto poco riguroso como hablar de revolución y contrarrevolución durante la Guerra Civil. En Catalunya no hubo revolución, pues si hablamos de revolución el poder se toma o no. De poco sirve tomar partes de poder y menos si no se dispone de la forma de financiación que permita la supervivencia cotidiana de las clases populares. Y aquí llegamos al callejón sin salida. Una parte de los calificados como revolucionarios por algún sector de la historiografía no articulan la base primaria de todo movimiento, la subsistencia material, o posibilidad de que de inmediato los obreros siguieran obteniendo su salario, necesario para su supervivencia. El 19 julio es domingo y los enfrentamientos durarán como mínimo tres o cuatro días con lo cual se llegaba al fin de semana con los Bancos y Cajas cerrados y, además, los sindicatos, la CNT en particular por ser la más numerosa no se había preocupado de pensar en disponer de recursos económicos para cubrir las necesidades más inmediatas de las familias obreras. Así pues ¿cómo y cuando podrían cobrar los trabajadores? . ¿Quienes crearon los medios para poder recibir los salarios semanales (la mayoría)? Pues fue el gobierno de la Generalitat quien lo resolvió con toda la precariedad que se quiera, estableciendo unos horarios para la apertura de Bancos i Cajas en toda Catalunya sólo para que los empresarios o propietarios pudieran recoger el dinero necesario para pagar las nóminas de sus trabajadores.

El gobierno de la Generalitat se rompió los días 19 y 20 de julio debido a la rebelión militar y fascista; a la carencia de recursos institucionales, al no disponer ni de fábricas de armas, ni de atribuciones sobre Defensa. La movilización de las fuerzas populares y obreras que participaron activamente y de forma conjunta con las fuerzas de orden público en la lucha contra los rebeldes provocó un cambio de condiciones políticas que comportó un inicial pacto en algunas cuestiones entre estas fuerzas armadas de sindicatos y partidos y la Generalitat con sus fuerzas de orden público que se traduce en la formación de un Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA) que fue disuelto a los dos meses. La tarea fundamental que se impuso el CCMA fue levantar columnas de milicias voluntarias organizadas en torno a los diversos partidos y sindicatos (Durruti, Ortiz,  Del Barrio, Rovira, Macià-Companys, etc.), que en pocos días se desplegaron por el frente de Aragón.

Precisamente porque Companys mantenía buenas relaciones con algún sector de la CNT hubo la facilidad del pacto indicado, y hace falta decir también del tan mencionado organismo revolucionario Comité de Milicias Antifascistas, que el texto de base de su creación fue elaborado por un político prudente y moderado como Claudi Ametlla, de Acció Catalana. Y fue Tarradellas, de ERC, quien presidió y más tarde disolvió el CCMA, el septiembre del 36, cuando como consejero primero consiguió, bajo la dirección de Companys, formar un gobierno con todas las fuerzas antifascistas, incluida la CNT-FAI (AC, ERC, PSUC, UGT, POUM, CNT-FAI),

Por lo tanto, no es riguroso afirmar que la Generalitat había perdido el poder. Lo que quizá perdió fue el control del orden público en los primeros meses. El Gobierno dispuso de todas las fuerzas de Seguridad; pero la mayoría de estas fuerzas tuvieron que marchar al frente, pues eran de las pocas entrenadas militarmente y, por lo tanto, las Patrullas de control -con la participación de todos los partidos y sindicatos- dispusieron de bastante autonomía para bien y para mal. No obstante, las funciones que asume el CCMA no contemplan las relacionadas con las Finanzas. Significativamente el primer folleto que publicó la FAI en Barcelona no salió hasta el día 26 de julio, una semana despues de la derrota de los militares rebeldes, y si bien comenta la necesidad de aplastar el fascismo, no hay ninguna referencia de tipo económico.

De hecho, los anarcosindicalistas -involucrados en la acción inmediata- dejan a un lado mecanismos de Estado, como los financieros, porque no perciben su valor estratégico o porque esta acción entra en contradicción con sus principios básicos. La fiebre revolucionaria, mezclada con un fuerte ideario anticapitalista, trajo a algunas organizaciones obreras, en particular a la CNT-FAI, a considerar secundario el poder de las instituciones financieras. Seducidas por el principio político de la apropiación inmediata, su acción se centró en la expropiación de la propiedad inmobiliaria y en una actitud hostil al clero y a sus instituciones. Fue más bien una revuelta contra los propietarios y sus aliados ideológicos, que una revolución. Por su parte, el Gobierno de la Generalitat, presidido por Companys, conservó la gestión de las finanzas, el control de la radiodifusión, las relaciones políticas y económicas con el gobierno de la República y las referencias internacionales, entre otras. Con altos y bajos, hasta el otoño de 1937, el Gobierno asumió competencias no contempladas por la Constitución ni por el Estatuto de autonomía y relativas a Finanzas, Defensa, Justicia y Seguridad interior, entre otras. Fue el periodo en que Catalunya ha gozado de mayor autonomia en su historia

En igual sentido, Companys otorgó a los Comisarios de la Generalitat en Lleida, Girona y Tarragona la presidencia de los Comités antifascistas en estos territorios. De este modo se intentó intervenir en estos comités -formados por los diversos partidos y sindicatos- con hombres de ERC y de confianza del presidente, como lo indica el nombramiento -el mismo 20 de julio- de Lluís Mestres para la Comisaría de Tarragona, la más compleja porque estaba abierta al frente de guerra. Por último, se creó también la nueva figura del Comisario de Defensa de la Generalitat (Lluís Prunés), poco después Departamento de Defensa, con cargo al teniente coronel Díaz Sandino.

Se asumieron funciones de intervención y control sobre la banca privada, las instituciones de ahorro y las compañías de seguros que operaban en Catalunya. Se facilitaron créditos para regularizar, como he comentado, el pago de salarios, para descontar letras comerciales y atender las necesidades derivadas de las colectivizaciones agrarias. Se dictaron normas para evitar el atesoramiento de monedas, de lingotes de oro y plata, de divisas, de valores extranjeros y de billetes para facilitar la liquidez bancaria y el abastecimiento de materias primeras.

La Generalitat asumió funciones no estatutarias al emitir billetes de 2,5, 5 y 10 pts de curso obligatorio en Catalunya a partir de septiembre de 1936 y hasta su retirada por el gobierno de la República, el febrero de 1938. De hecho, el departamento de Finanzas jugó un papel fundamental. Flexibilizó la normativa de las haciendas municipales y, en esa misma línea, ocupó, requisó y asumió el control de todas las delegaciones del Banco de España (Barcelona, Tarragona, Reus, Tortosa, Lleida y Girona) y todas las delegaciones de Hacienda. Por último, el consejero de Finanzas, Tarradellas desde octubre del 36, consiguió facultades excepcionales en el orden fiscal, financiero y administrativo para realizar la política de intervención. Se podrían citar otros hechos, como el nombramiento de jefes militares, la organización de las Industrias de Guerra, la creación de Tribunales Populares, con la destitución y nombramiento de funcionarios judiciales. Incluso el presidente Companys asumió la capacidad de conmutar las penas de muerte, atribución que la Constitución republicana reservaba exclusivamente al presidente de la República. Así, durante un cierto periodo de tiempo Catalunya disfrutó de los más altos niveles de autodeterminación. La asunción de estas facultades, que constitucionalmente no le correspondían, se manifestará incluso en su sentencia de muerte.
            Esta soberanía comportó malas relaciones con el gobierno de la República; con problemas con Largo Caballero cuando es jefe del gobierno y con muchos más problemas con Juan Negrín. Después, con los Sucesos de Mayo del 37 y la posterior llegada del gobierno de la República a Barcelona, empezó la retirada de todas estas atribuciones. En estos momentos Companys se desesperó, envió varias cartas a Indalecio Prieto, intentó negociar con Negrín, etc. Pero no consiguió nada. El gobierno de la República era una máquina que estaba herida, y estamos hablando de finales del 37 y principios del 38, y ya empieza a estar muy tocada por el avance de las fuerzas rebeldes. Con todo eso  se llegó a la batalla del Ebro y la Generalitat ya no tenía prácticamente atribuciones. La que todavía le quedaba era enviar a los chicos de 17 y 18 años al frente de guerra. Al perder la dura batalla del Ebro, a partir de Navidad del 38, Catalunya se vio abocada al hundimiento.

 

Exiliado, secuestrado y asesinado

Es suficientemente conocida la marcha del gobierno de la Generalitat y que en Francia, Companys intentó seguir la pista de su hijo enfermo mental que venia de Suiza y se había perdido durante la entrada de los alemanes . Companys dice que se quedó por su hijo y porque mientras hubiera tanta gente en los campos de concentración, en los campos de trabajo, él quería estar en Francia. Fue detenido por la policía militar alemana y entregado a la policía española por medio del policía Urraca, bajo el mando del Director General de Seguridad del nuevo régimen fascista, Escrivá de Romaní, Conde de Mayalde, años después ganadero de toros bravos y alcalde de Madrid. Companys fue llevado a Madrid y después de ser torturado, llegó a Barcelona. Le montaron un juicio sumarísimo, aun cuando ya estaba condenado antes de hacer el juicio. Incluso hicieron desfilar a un grupo de testigos para facilitar la apariencia de un juicio. Sin embargo, estos testigos eran jefes de Falange como Carles Trias de Bes; chusma incalificable como Bravo Montero, hijo de Bravo Portillo, que había sido espía alemán durante la Primera Guerra Mundial y cabeza de la Policía de Barcelona, conocido por sus torturas en los años 20, hasta que se lo cargaron. Al lado de este había otros testigos no conocidos que serían posteriormente muy bien recompensados, como el funcionario de la Generalitat Fernández Argüelles y otros. Resultado: el que ya estaba decidido desde su detención: el presidente Companys fue fusilado la madrugada del 15 de octubre de 1940 en los fosos del castillo de Montjuic, de Barcelona.

Acabo con unos versos del poema “Lluís Companys” de Josep Carner.

Era el moment de les tenebres
quan llum no vèieu ni camí
i amagaven la cara els àngels
d’amargues menes de morir
Els grans Traïdors de la terra
varen lliurar-lo al  més roí.
(...)
El van jutjar quatre fantasmes
de l’eterna Espanya dorment,
amb llurs espases de per riure
i llur orgull, boira en el vent.
Fins que un matí sent la porta:
heus ací la mort, president.
(...)

Josep Carner: “Lluís Companys”.
Nova Era, Mèxic, 1944.

Francesc Bonamusa.
Catedrático de Historia Contemporánea.
Universidad Autónoma de Barcelona.

Texto de la conferencia realizada en la sede del PSC (Partit dels Socialistes de Catalunya) el 17 de octubre de 2005 con motivo del aniversario de su fusilamiento, traducido del catalán al castellano por esta revista.