la factoria n.2

Un viaje a través del tiempo

 

Josep Maria Carreté Nadal

 

Paulatinamente, en nuestro país está variando la relación y el concepto respecto al patrimonio, ya sea cultural o natural. No obstante, aun estamos bastante distantes del concepto y de la función que tanto a nivel cultural como socioeconómico hay en otros países.

Los juegos olímpicos celebrados en Barcelona, con subsede en algunas de las ciudades de su Área Metropolitana, fueron la culminación en nuestro país de un fenómeno que hacía años se gestaba. Durante la década de los ochenta, el deporte llenó nuestro tiempo de ocio, lo consumimos en la televisión, en la prensa. Lo hemos practicado e incluso ha generado muchos lugares de trabajo. El deporte, en definitiva se ha convertido en una actividad normal dentro de nuestra sociedad.

Hace unos veinte años, en nuestros pueblos y ciudades se empezaron a edificar los primeros polideportivos y piscinas. Entre las ciudades vecinas había una auténtica rivalidad; se ganaba o perdía midiendo quien tenía las instalaciones deportivas mas completas y monumentales. Lo sucedido en esos primeros momentos podemos entenderlo, en muchos casos, como operaciones de prestigio social y político de una población. Son pues acciones aún alejadas de lo que podríamos denominar como la prestación de un servicio. Poco a poco, estas instalaciones fueron llenándose de contenido y de gente, pasaron de ser un objeto lúdico de prestigio a ser instalaciones con vocación de servicio. Los usuarios empezaron a cambiar. Por poner un ejemplo, podríamos hablar de las piscinas municipales: al principio muchas de ellas eran descubiertas, pero, en poco tiempo, se empezó a reclamar su cubrimiento. La piscina estaba dejando de ser una actividad lúdica relacionada con el buen tiempo, que fue convirtiéndose en un lugar donde practicar deporte durante todo el año, un sitio donde la gente va por recomendación del médico, donde las escuelas llevan a los niños para aprender a nadar como una asignatura más, un sitio, en definitiva, asociado a un aumento de la calidad de vida. En este momento, cualquier formación política se plantea los equipamientos deportivos como un servicio más que hay que ofrecer a los habitantes de su población.

Este proceso hay que realizarlo de la misma manera dentro del sector del patrimonio cultural y natural. Ahora, si reflexionamos un poco sobre el panorama actual, estamos justo en el momento de las grandes edificaciones, los grandes teatros, los grandes museos, los grandes archivos, etc..., no sería arriesgado decir que nos encontramos en la etapa del prestigio. Aún nos falta saber llenar de servicios y de contenido estos, por lo general excelentes, equipamientos para que la gente realmente los perciba como herramientas y los utilice como un complemento más dentro de su formación cultural.

 

Una ojeada al exterior

Desde finales del siglo XVIII las potencias europeas, que disponían de colonias en el exterior, empezaron a realizar las primeras intervenciones en el patrimonio. Básicamente consistían en la búsqueda de materiales de gran valor artístico y histórico que una vez localizados eran trasladados a ciudades importantes del país colonizador. Estas primeras adquisiciones de antigüedades, de materiales etnográficos e incluso de plantas y animales despertaron una gran curiosidad entre el público de esos países. Con esas incipientes colecciones se construyeron los primeros museos, jardines botánicos, asociaciones que organizaban y financiaban expediciones a tierras desconocidas, campañas de excavaciones arqueológicas y paleontológicas, etc. Tal estadio inicial, abrió un proceso en todas estas naciones, que les ha llevado a que en la actualidad estén unos pasos por delante de nosotros en cuanto a la gestión de recursos naturales y culturales. Ese fenómeno, curiosamente, no se dió en España a pesar de sus conquistas de ultramar. La respuesta a este fenómeno es difícil y habría que analizarla con calma, lo que escapa a este sencillo artículo.

Viajando por los países mencionados, podemos comprobar que para ellos es habitual celebrar happenings dentro de castillos y otros yacimientos arqueológicos y que abundan las reproducciones y restituciones de casas, las recreaciones históricas, etc. Hay que destacar el elevado grado de desarrollo al que ha llegado la industria del patrimonio en países como el Reino Unido, donde ya han superado las fases iniciales de musealización de castillos, parques naturales y yacimientos arqueológicos, para dedicarse ahora a la difusión de su patrimonio etnológico. Ya hace unos años que Robin Hood y sus compañeros han vuelto a las andadas en los bosques de Sherwood, donde los visitantes pagan por el placer de verles fuera de la pequeña pantalla o del cine y si llegan a hacerse amigos de los habitantes del bosque se les entrega un diploma que les acredita como integrantes de la temible banda de tan noble bandido. Otro buen ejemplo es el gran centro de interpretación construido en el lago Ness. Nessi, pequeño monstruo de plástico que nada suavemente en un lago artificial construido expresamente al lado del gran lago Ness, recibe cada año miles de visitantes que salen encantados al conocer la vida de una criatura que nunca nadie ha podido contemplar y que muy probablemente nunca existió.

Aquí, en nuestro país, de momento nos encontramos en la fase de construcción de las grandes infraestructuras de prestigio, recordemos el símil hecho al inicio con el mundo del deporte. Ahora se empieza a hablar de los grandes museos, de los parques arqueológicos o naturales. El concepto que aún impera es que el patrimonio es caro. No existe la convicción de que el patrimonio puede generar recursos. Se piensa que sólo invierten en patrimonio los países ricos. Y nada más lejos de esa idea. Por poner dos ejemplos, citar Irlanda dentro de la UE e Israel en el cercano oriente. Los dos están haciendo grandes inversiones en conjuntos patrimoniales para completar su oferta turística. Como vemos, son dos países, que podrían argumentar la falta de dinero para no invertir, pero ya han llegado al convencimiento de que las inversiones en patrimonio no son a fondo perdido, sino que pronto se amortizan y que fácilmente pueden generar recursos de todo tipo que compensan la inversión inicial.

 

Potencialidades del patrimonio

Vista de forma breve como está la situación en el exterior, quisiera hacer una serie de reflexiones que nos pueden servir para poder analizar casos concretos y también puedan servir, a quienes les parezcan correctas, como pautas de actuación.

Las inversiones en patrimonio pueden ser favorables desde muchos puntos de vista. Podemos entender o hablar del patrimonio cultural o natural como de un ámbito que genera una serie de recursos sociales, culturales, científicos y económicos en cantidades suficientes como para compensar las inversiones iniciales que se hayan destinado a su dinamización y para generar un aumento de la calidad de vida significativo. Para que esto ocurra, hace falta olvidar antiguos sistemas de gestión basados en fórmulas exclusivamente cientifistas o de recuperación arquitectónica, que frecuentemente quedaban paralizados por su poca rentabilidad social, para pasar a técnicas de gestión modernas, que den un tratamiento integral al patrimonio.

No obstante, hace falta señalar una necesidad previa a las intervenciones en patrimonio. Me refiero a la obligación de tener un buen conocimiento científico de los bienes culturales o naturales en los que se quiera trabajar. Existen dos razones que lo justifican. La primera: es necesario que el tratamiento dado, sea, al máximo, respetuoso con las características propias de cada conjunto monumental o natural. La segunda: es absolutamente necesario que la difusión que se haga sea científicamente correcta y llegue al gran público sin ningún error. Además, las inversiones en patrimonio pueden ayudar a solucionar los problemas de financiación de los estudios científicos produciéndose de esta manera una simbiosis que favorece tanto al estamento científico como al resto de la sociedad que de esta manera puede rentabilizar el trabajo de los primeros de una forma rápida y correcta.

Este último hecho, nos relaciona el mundo de la investigación con el de la conservación. Hace falta partir de la base de que esos bienes patrimoniales siempre necesitan de una cierta inversión que, como mínimo, permitan su preservación y mantenimiento, cuestión que puede parecer obvia pero nada fácil de ejecutar dado que los recursos destinados a estos temas por lo general son escasos y difíciles de conseguir, y más aún de mantener.

Es necesario pensar en fórmulas que sirvan para dinamizar estos bienes culturales o naturales y que permitan extraer el rendimiento social y cultural indispensable para que, como mínimo, se puedan conocer o mantener tal como los hemos heredado de nuestros antepasados o de la naturaleza.

 

El valor añadido

Superados estos aspectos tan básicos, pero importantes, como pueden ser la investigación y la conservación, pasa a otros temas que podríamos considerar el valor añadido de una correcta gestión del patrimonio. Me refiero a los lógicos beneficios que desde un punto de vista cultural y social se pueden extraer de las inversiones en patrimonio. Una gestión correcta permite dar referentes históricos y geográficos a los habitantes residentes en la zona de influencia de un conjunto patrimonial. En consecuencia, puede actuar como aglutinador de sociedades jóvenes como la americana o que hayan sufrido fuertes procesos de desvertebración debido a fenómenos migratorios o de otro tipo, ejemplos de este último caso los podemos encontrar de forma muy clara en el Área Metropolitana de Barcelona y en muchas de la ciudades y pueblos del Baix Llobregat. Podemos decir que el patrimonio es un elemento altamente eficaz, desde un punto de vista pedagógico, para hacer lo que podríamos denominar pedagogía del territorio.

Otros beneficios más mundanos, pero no menos importantes, están relacionados con el mundo de la economía. Como veíamos con anterioridad, hay numerosos ejemplos en que la dinamización de este patrimonio ha sido dirigida a obtener recursos económicos procedentes del turismo cultural. En este sentido, no hay que hablar exclusivamente de los recursos que se obtienen directamente de un museo, de un parque arqueológico o de un parque natural, en tales casos podemos darnos por satisfechos si somos capaces de llegar a la autofinanciación. Hay que hablar de las economías multiplicativas que se generan alrededor de estas infraestructuras. Normalmente surgen productos relacionados con la temática tratada en el conjunto, se abren nuevos negocios en el mundo de la restauración, tiendas de recuerdos, etc. Por lo tanto podemos hablar del patrimonio como un elemento capaz de generar sinergias importantes dentro de la economía de una población y, por extensión, de un país con un enorme valor añadido, que, con seguridad, tendrá una clara repercusión en los habitantes de la ciudad y en su calidad de vida.

 

Un entorno favorable

Pienso que si hablamos de la comarca del Baix Llobregat como una de las más activas, dinámicas e innovadoras de Catalunya no se nos puede acusar de estar exagerando. Esta comarca, como la mayoría de los territorios que han sido receptores de un importante volumen de personas llegadas de enclaves geográficos distintos, es una de las más dinámicas de Catalunya.

A lo largo de su historia, han llegado romanos, árabes, occitanos. Durante el siglo XVII, gentes procedentes de otras comarcas catalanas, y, para finalizar, este continuo ir y venir ha tenido su eclosión durante la segunda década del siglo XX momento en que se registra el mayor flujo migratorio de la historia. El Baix ha sido una de les comarcas catalanas que ha sufrido un mayor y más rápido incremento de población desde finales de los años 50 y principios de los años 60 debido a la llegada de gente procedente de todos los rincones del Estado. Haciendo un rápido repaso de la historia de nuestra comarca, uno se da cuenta de que en muchos momentos de la historia, este enclave geográfico ha sido un territorio fronterizo y cambiante, con constantes abatares que han propiciado este constante trasiego de gentes.

Lógicamente, tales movimientos siempre han ido dejando sus influencias en su substrato cultural. Podríamos decir que la historia ha sido generosa con nosotros y que nos ha dejado unos ricos testimonios patrimoniales que nos hablan del pasado y presente histórico.

Esta dinámica de cambio constante tiene aspectos positivos y negativos. Para analizarlos de una forma clara hemos de trasladarnos a nuestro siglo, donde la magnitud del gran alud migratorio nos sirve para presentar de forma clara las consecuencias de este hecho y su relación con el mundo del patrimonio.

Empezaremos por las evidencias negativas. El gran número de nuevos residentes en las diferentes poblaciones del Baix provocó en su día una gran desvertebración social y cultural. El urbanismo, los servicios y el tejido asociativo de poblaciones pequeñas, normalmente ligadas a la agricultura o en algunos casos a una incipiente industria, no pudieron aguantar el embite de una numerosa población joven, en cierta medida desarraigada, con multitud de necesidades por cubrir y entre las que, lo que primaba era sobrevivir.

Este hecho hizo entrar en crisis una sociedad que en aquellos momentos se encontraba saliendo de los problemas de la postguerra y que se veía condenada a ser poco más que un espectador de todo lo que estaba ocurriendo. Barraquismo, construcción de las primeras casas baratas, instalación de industrias nuevas, resurgimiento de los movimientos obreros y sindicales, que hacían temer a los más cautos un recrudecimiento de las represión de la dictadura, etc...

 

La vertebración cultural

Podíamos decir que durante los primeros momentos hay dos sociedades, dos modelos sociales, que conviven, sin conflicto, pero que tienen escasa relación. Como es de esperar, en estas ocasiones el grupo más dinámico y joven fue absorbiendo algunas de las peculiaridades de los habitantes de zona que se mezclaron con las suyas y que han dado como resultado una sociedad joven, abierta, emprendedora y que paulatinamente se ha ido identificando con su nuevo lugar de residencia. No obstante, no podemos olvidar que este proceso no está exento de los conflictos y de los fenómenos propios de los grandes cinturones industriales y zonas periféricas de las grandes ciudades. A lo dicho, hay que añadir que esta dinámica imprime una elevada velocidad de cambio en la sociedad y que, a su vez, origina que los componentes de ese grupo social pierdan en cierta medida los puntos de referencia históricos y sociales que les han de permitir entender su pasado y el paisaje que les rodea.

Ese panorama, que en principio puede parecer negativo, y ahora empezaremos con las cuestiones positivas, aunque parezca increíble puede generar un entorno muy positivo para el desarrollo de nuevas ideas y de nuevas actividades culturales. Estas son estrictamente necesarias para finalizar el proceso de integración de estos grupos sociales, a la vez que pueden servir para elevar su calidad de vida. Paralelos a este fenómeno, podemos encontrarlos fácilmente en la mayoría de áreas metropolitanas y zonas urbanas de las grandes metrópolis europeas.

Este tipo de sociedades, debido a que no arrastran lo que podríamos denominar lastre cultural, suelen ser muy receptivas y muy asequibles a propuestas culturales innovadoras que en otros territorios o ciudades mucho más conservadoras serían vistas como demasiado arriesgadas. Ese factor actúa como catalizador positivo en cuanto que facilita y estimula a los agentes culturales a hacer propuestas que, como decíamos, en otros lugares serían desechadas.

 

¿Qué hacer en una comarca metropolitana?

Como se desprende de los apartados anteriores, es evidente que las potencialidades del patrimonio pueden encontrar su máxima expresión y desarrollo dentro de este territorio. La comarca del Baix Llobregat ofrece una inmensa cantidad de posibilidades de intervención en patrimonio, ya sea cultural o natural, debido tanto a sus características sociales como a la importancia de sus conjuntos patrimoniales y a su patrimonio etnológico. El pasado agrícola, la revolución industrial, los movimientos obreros, la represión, el fenómeno migratorio, etc... son fenómenos de los que no hemos hablado casi hasta el momento, pero que también hay que tenerlos muy presentes cuando hablamos de dinamizar el patrimonio de la comarca.

Estas condiciones favorables, pueden ocasionar una excesiva proliferación de museos o de centros patrimoniales, que con toda seguridad, entrarían en competencia y acabarían anulándose los unos a los otros. En este sentido, es necesario que exista una planificación que impida que esto ocurra, que racionalice la creación de estos centros y que facilite que todos tengan el mismo público potencial, que, por descontado, no tiene porque reducirse sólo al ámbito comarcal.

La comarca es suficientemente rica para que, llevándolo a las últimas consecuencias, cada población pueda presentar aquello que la individualiza, que la hace singular, ya sea un castillo, unas termas, unas minas, una fábrica cuna del movimiento obrero. No obstante es necesario, para rentabilizar las inversiones, tanto a nivel cultural como socioeconómico, que el interés de los elementos seleccionados sea el más elevado posible, sino es así puede acabar siendo muy gravoso y constituyéndose en lastre para los impulsores del proyecto.

La estructura de la comarca ofrece la posibilidad de montar una red temática de museos y centros de interpretación del patrimonio cultural y natural como casi ninguna en Catalunya. Existe la necesidad, existe el público potencial, existen los recursos, creo que incluso existe la voluntad, sólo necesitamos ponerse de acuerdo. Mediante la especialización en pequeños centros se podría mostrar lo más relevante de la historia natural y cultural, la del paisaje en definitiva. Esto favorecería el intercambio de público entre las ciudades del Baix y que las que tienen la suerte de tener algo realmente significativo lo puedan mostrar dentro de una concepción global del patrimonio.

Para concluir decir que existe una gran oportunidad y que es preciso organizarse para aprovecharla.

 

Josep Maria Carreté Nadal

Director del Museu de Gavà

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