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| Cecilia Castaño
Uno de los aspectos más importantes en la sociedad de la información es la transformación del trabajo, objetivo de este artículo. La actitud de los ciudadanos ante el cambio tecnológico y social suele ser de cautela, una mezcla de miedo y esperanza, porque, en general, el progreso y las innovaciones abren enormes posibilidades de cambio. Pueden resolver muchos problemas, pero al mismo tiempo siempre hay sectores o grupos sociales que quedan al margen, que tienen dificultades para incorporarse y adaptarse. De ahí que los beneficios potenciales de las innovaciones no se alcancen. Esta consideración es especialmente importante en la perspectiva de la sociedad actual, la sociedad de la información, que es una sociedad en cambio permanente. A lo largo del siglo XX, en España se ha pasado de la sociedad industrial, en la cual la población ha tenido acceso a bienes generados por otros -automóviles, electrodomésticos, automóviles, etc.-, a la sociedad postindustrial, por medio de la cual la población ha accedido, de forma también masiva, a servicios producidos por otros -turismo, servicios de ocio, todos los servicios relacionados con los medios de comunicación, etc-. Hoy día estamos en un proceso de transición hacia la sociedad de la información, mediante la cual también accedemos de forma masiva a información generada por otros, y además casi con carácter ilimitado. Cada una de estas transiciones ha significado, por una parte, el auge de ciertas actividades económicas y de los empleos relacionados con ellas, y por otra, el declive de determinadas actividades y empleos. Se impone una reflexión acerca de este último proceso de cambio que estamos experimentando al inicio del siglo XXI, partiendo de la idea de que la tecnología no tiene que ser excluyente si la voluntad humana no lo es. Es decir, los factores de exclusión, más que tecnológicos, suelen ser de carácter social o político. No es fácil definir la sociedad de la información, debido a la amplitud y complejidad de los fenómenos que genera y porque afecta a la mayor parte de las actividades que realizan los individuos, las empresas, los gobiernos y las instituciones. Hay una dimensión muy importante de la sociedad de la información: el conocimiento define las relaciones; el conocimiento y la información están contribuyendo a cambiar las relaciones, no solamente entre las empresas, sino también entre las personas. El profesor Manuel Castells define la sociedad de la información como un nuevo sistema tecnológico, económico y social; como una nueva fase, una nueva forma, del capitalismo reestructurado.
La principal característica de la sociedad de la información es, en primer lugar, la difusión generalizada de las tecnologías de la información. El conocimiento y la información son las bases del crecimiento económico, del aumento de la productividad y de la competitividad.
Producción y organización En segundo lugar, asistimos al establecimiento de nuevas y complejas formas de producción y organización, de las cuales vamos a citar algunos aspectos: * Globalización, nuevo sistema económico mundial interdependiente. Funciona en tiempo real y favorece la intensificación de la competencia. Los mercados financieros están globalizados y funcionan sin interrupción; la producción de bienes y servicios está organizada, con mayor frecuencia, a nivel planetario. Se recibe información de las ventas, se detectan las preferencias de los consumidores y, a partir de ahí, se reprograma la producción, consiguiendo que el producto esté en el mercado en tres días o en una semana. * Empresa red. En una economía que funciona de esa manera, las empresas tienen que cambiar su estructura y su funcionamiento para ser más flexibles a la hora de adaptarse a los cambios en el mercado. El nuevo modelo de empresa es la empresa red; pueden ser redes entre partes de una misma empresa, cada una con su autonomía y su proyecto propio; pueden ser también redes de pequeñas empresas que funcionan para grandes multinacionales, o incluso pueden ser las grandísimas multinacionales que establecen alianzas de colaboración para determinados proyectos clave. La estructura de la empresa se hace más plana, versátil, flexible y adaptable. Lo importante no es el tamaño de la empresa, a pesar de que cada vez son más grandes, sino, como dice Castells, la mentalidad de la empresa. * Internet. Es la infraestructura que ha hecho posible la sociedad de la información. La base son las tecnologías de la información, pero la organización es Internet. Sin Internet no sería posible programar y controlar procesos de producción a nivel planetario. Los aspectos señalados implican cambios de situación muy importantes desde el punto de vista del empleo y del trabajo, como: * Asistimos a un aumento del poder del capital frente al trabajador, de las empresas frente a los trabajadores. El empleo se hace más pequeño, más individual; se individualizan y se diversifican las relaciones y las condiciones de trabajo, pero también aparecen nuevos participantes, y entre ellos, las mujeres. Está aumentando el fenómeno de la incorporación masiva de las mujeres al empleo remunerado, por supuesto con discriminación, porque la sociedad de la información contribuye a superar algunas discriminaciones. Sin embargo, otras no son superadas tan fácilmente. * Los cambios que experimenta el papel económico del Estado. La intervención del Estado, en lugar de ser una intervención reguladora, dirigida a compensar los resultados del mercado por la vía de las acciones del Estado de bienestar, se convierte en una intervención desreguladora, orientada a desmantelar, en parte, el Estado de bienestar. Como consecuencia, en la sociedad de la información hay desigualdades económicas muy importantes, acentuándose el desarrollo desigual y las desigualdades en general, no tanto porque empeoren las condiciones de los más desfavorecidos, sino sobre todo porque mejoran mucho las condiciones de los mejor colocados, y, principalmente, porque todos aquellos que quedan fuera del conocimiento y de la información permanecen excluidos del sistema.
Internet y el automóvil El elemento más importante de la sociedad de la información es Internet. ¿Qué significa Internet desde nuestro punto de vista, como trabajadores o como ciudadanos? La creación del ciberespacio que nos permite múltiples, variadísimas y diversas oportunidades de interacción desde el nivel local hasta el planetario. Esto quiere decir que se ha creado una comunidad virtual electrónica en la que millones de personas comparten ideas, información, se organizan y se movilizan en una escala y a una velocidad hasta ahora desconocidas. Por eso se puede decir que Internet está haciendo con las tecnologías de la información lo que Henry Ford hizo con el automóvil: convertir lo que era un lujo para unos pocos en una herramienta relativamente simple y barata a la que puede acceder casi la mayoría de la población. Un elemento fundamental a la hora de valorar las consecuencias que tiene Internet sobre el trabajo y sobre la vida cotidiana es que el tiempo ya no determina la proximidad. En este sentido, las transacciones electrónicas en general reducen la importancia del tiempo y aceleran enormemente los ciclos de producción. Podemos comunicarnos y hacer transacciones -no sólo compraventas, sino intercambios de información- en cualquier momento, en cualquier lugar y prácticamente con cualquier interlocutor. Siguiendo en esta misma línea, hay una cuestión obvia que en varios sectores económicos se aprecia con facilidad: es muchísimo más barato mantener un cibermostrador abierto al público que mantener un mostrador físico, porque está siempre abierto, es global y tiene menos costes. En conjunto, podemos decir que sobre todo mejora mucho la gestión de las órdenes de producción y de servicio, las relaciones con el cliente y el servicio posventa. Esta economía que ha surgido en torno a Internet, lo que llamamos la nueva economía, es tan importante que estamos en un nuevo ciclo económico. Hemos pasado de un ciclo determinado por la coyuntura en los sectores de la vivienda y el automóvil -cuando se vendían muchas casas y muchos coches significaba que la economía iba a ir bien-, a un nuevo ciclo que está dominado por los sectores de la economía del conocimiento y de la información. Es decir, por las ventas de ordenadores personales, de teléfonos móviles, de servicios relacionados con la televisión por cable, por las transacciones que se hacen en Internet y por todo lo que es la industria de digitalización de la información. Por ejemplo, en el año 1997, en EE UU la renta disponible de las familias aumentó un 6%. Normalmente, ese aumento se habría dirigido hacia el consumo de bienes típicos de la vieja economía: automóviles, ropa, muebles... Sin embargo, en ese año las ventas de esos bienes aumentaron muy poco: las ventas de coches lo hicieron un 0,3%: las de muebles, un 1,1%; y las de ropa, sólo el 2,3%. Los consumidores dirigieron sus demandas hacia los bienes típicos de la nueva economía: los servicios telefónicos aumentaron sus ventas un 9%; los servicios recreativos, un 12%; los servicios financieros, el 16%; y las ventas de ordenadores domésticos aumentaron un 18%.
Nuevos hábitos Lo mismo ocurrió con la generalización del uso de la electricidad, del teléfono o del automóvil. Nuestra forma de actuar y nuestra vida cotidiana, es decir, nuestra forma de trabajar, de comprar, de viajar e incluso el lugar en el que vivimos, se modifican. Los valores y las actitudes sociales están cambiando, la sociedad entera está cambiando más deprisa que antes. Si la electricidad tardó 46 años en difundirse hasta el 30% de la población norteamericana, el teléfono ya sólo tardó 38 años; la televisión, 17; e Internet sólo ha tardado siete años. Existen estudios realizados en Estados Unidos que ponen de manifiesto que las mujeres -en mayor medida- y los hombres están utilizando cada vez más Internet para mejorar sus relaciones familiares con personas que viven muy lejos. A través del correo electrónico se mandan fotos de familia, recetas de cocina... e incluso existen personas que crean una página web de la familia con fotos de los antepasados, de la tierra en la que habían nacido... A pesar de que pueda parecer que cada vez hay relaciones más individuales, la realidad es que las personas tendemos a aprovechar las herramientas muchas veces de forma distinta a lo programado por los que las fabricaron. La forma de producir en la sociedad de la información cambia, porque lo que la caracteriza es que la productividad y el crecimiento económico ya no dependen ni de la fuerza o esfuerzo físico de las personas ni tampoco de aportar mayores cantidades de factores -más recursos, más materias primas, más energía, más mano de obra-, sino que dependen, fundamentalmente, de lograr combinaciones más eficientes de factores basados en la ciencia y la tecnología, en la cualificación de la mano de obra y la inversión en capital humano, en la calidad de la información y en la eficiencia de la gestión. Es importante señalar, aunque sea brevemente, las tendencias más generales del empleo en los países de la OCDE. En primer lugar, se reducen los empleos directos, que son sustituidos o desplazados, y aumentan mucho los empleos indirectos, ya que la mayor parte del empleo tiende a concentrarse en actividades de manejo de información -actividades indirectas-, tanto en la industria como en los servicios. Este paso de la manipulación material del empleo directo a la manipulación de información es cada vez más importante, incluso en las fábricas. En segundo lugar, aumentan considerablemente las ocupaciones de directivos, profesionales y técnicos. Sin embargo, también aumentan, aunque sea en menor medida, las ocupaciones menos cualificadas de los servicios, porque no todas las ocupaciones que se crean son empleos informacionales. Se crean empleos no cualificados que no utilizan tecnologías de la información o que las utilizan de forma esporádica. Por ejemplo, en sanidad, servicios sociales y educación. Y, en cambio, se crean empleos más poco cualificados aunque utilicen tecnologías de la información. Ejemplos típicos son los puestos en la caja de supermercados o los de vigilantes jurados. Las categorías laborales que más crecen son los empleos temporales, los empleos a tiempo parcial y el auto-empleo (los autónomos.
Baja cualificación El comportamiento del empleo en la industria y en los servicios es distinto. En la industria, aunque el empleo total se reduce, aumentan mucho los de alta cualificación, tanto directos como indirectos. En cambio en los servicios, donde el crecimiento del empleo es fuerte, consistente, aumentan tanto los indirectos de baja cualificación -por ejemplo en la hostelería, servicios personales y comercio-, como los indirectos de alta cualificación -por ejemplo empleos de servicios a empresas o en servicios sociales-. Lo que se produce es un incremento simultáneo de los extremos alto y bajo de la estructura ocupacional, generando polarización. El segmento inferior es mucho más amplio y, aunque crece poco, su aumento es muy importante y el segmento superior es muy cualificado y, aunque crezca mucho, todavía su importancia relativa es menor. Sin embargo, los segmentos más alto y más bajo de las categorías ocupacionales se van aproximando en tamaño. A pesar de todos estos cambios, la mayor parte de los empleos, entre dos tercios y tres cuartos -incluso en la OCDE-, siguen siendo de baja cualificación. En los países desarrollados estamos asistiendo a un cambio muy importante del modelo laboral tradicional, que afecta de manera desigual a hombres y mujeres. Aumenta el empleo femenino en las actividades de servicios y, en cambio, se reduce el empleo masculino industrial. El prototipo del obrero industrial, que sostenía a su familia porque tenía un empleo estable y bien pagado, está en proceso de desaparición. Ahora se crean empleos mucho más inestables y se experimenta un doble proceso de feminización. Por una parte, aumenta el empleo femenino; por otra, las condiciones -que siempre son peores- se están extendiendo al conjunto de los empleos. En EE UU se están reduciendo las diferencias salariales entre hombres y mujeres, pero no porque estén aumentando los salarios de las mujeres, sino porque se están reduciendo los salarios de los hombres. En España, más del 50% de las mujeres están trabajando en condiciones de flexitrabajo y su antigüedad en el empleo es inferior a cuatro años. Se tiende cada vez más a utilizar proveedores del sector informal -es decir, de la economía sumergida-, a utilizar mano de obra inmigrante, a deslocalizar actividades intensivas en trabajo hacia países en desarrollo donde los salarios sean más bajos. El nuevo modelo laboral podemos denominarlo como flexitrabajo. Consiste en múltiples formas de relación laboral: empleos temporales, empleos a tiempo parcial, trabajadores autónomos... Lo importante es que hoy día los trabajadores van rotando por todas esas formas de relación laboral a lo largo de su vida profesional.
Máquinas por operarios También cambian las tareas, el espacio y el tiempo de trabajo. A los trabajadores se les da más autonomía individual de decisión, pero en el fondo eso significa que se les está pidiendo más responsabilidad. La relación con el colectivo, con los compañeros de trabajo, tiende a establecerse a través de redes. Se difuminan las jerarquías -aunque todavía son muy importantes- y se trabaja en equipos compartiendo responsabilidades. Cada vez es más frecuente el trabajo a distancia. A pesar de todo esto, los menos cualificados siguen trabajando en cadena y son candidatos a ser sustituidos por máquinas. La jornada de trabajo se alarga, sobre todo porque se trabaja no sólo desde la oficina, sino desde cualquier parte -el teletrabajo no es trabajar desde casa, sino desde cualquier lugar-. Sin embargo, el tiempo personal también se puede alargar, contraer o cambiar, dejando y recibiendo mensajes según nos convenga, lo que significa que el comportamiento social en su conjunto se hará cada vez más asincrónico, con un ritmo menos fijo y con más carencia personal que hoy. La oficina de hoy es un concepto anticuado: esas hileras de mesas reproducen las hileras de puestos de trabajo de los talleres anteriores a la cadena de montaje móvil. El espacio de trabajo se deslocaliza y la oficina cada vez más es un lugar para reuniones. ¿Cuál es el futuro? Los empleados son una especie de nómadas a los que, cuando llegan a la empresa, un conserje les asigna un teléfono, mesa y ordenador, y desde allí realizan su trabajo. Para los muy cualificados hay formas de remuneración fantásticas, pero cada vez más ejecutivos piden una reducción del tiempo de trabajo. Sin embargo, para los no cualificados existe lo de siempre: precariedad, bajos salarios, intento de evadir las cargas sociales, etc. Lo importante es que las retribuciones se individualizan y cada vez más están ligadas al cumplimiento de objetivos en lugar de a una categoría laboral concreta. Como decía Manuel Castells, tenemos dos polos de trabajo: un polo autoprogramable -el de los muy cualificados, que deciden sus propias combinaciones profesionales, cambian con frecuencia de empresa y cada vez consiguen mejores condiciones- y otro polo de carácter genérico -trabajo poco cualificado, candidato a la automatización y a la deslocalización-.
Tiempo de trabajo Todos estos cambios implican nuevos problemas para los trabajadores y para las empresas. El problema más importante es la vulnerabilidad del trabajador frente al empresario. Hoy día, la posición de un solo individuo en la empresa es mucho más frágil que antes. En general se les defiende menos, entre otras cosas porque cada vez las condiciones laborales se negocian individualmente. También están cambiando las enfermedades laborales. Frente a las enfermedades laborales anteriores, que eran de caràcter físico, aparecen ahora las de carácter psíquico, relacionadas con la situación en el puesto de trabajo. Otro problema fundamental para los trabajadores es el aumento del tiempo de trabajo, con muchas vertientes que merece la pena citar: * Se espera que los trabajadores estén disponibles o localizables durante períodos de tiempo cada vez más largos. * Las instalaciones productivas trabajan 24 horas y la economía global funciona constantemente. Por lo tanto, cada vez se demanda más trabajo a turnos para mantener el sistema funcionando más allá de lo que se consideraban las horas normales de trabajo, que pautaban un poco la vida de las familias. Todo esto también genera problemas para las empresas y sus ejecutivos, tales como: * Las empresas tienen que hacer un esfuerzo de información que es caro y que requiere movilizar recursos financieros importantes; y una vez hecho, corren el riesgo de perder a los trabajadores más cualificados. * Aparece una nueva fragilidad del directivo: la gestión que hacen es más transparente, está cada vez más sometida al escrutinio de los accionistas y propietarios de la empresa. Vivimos en una sociedad mediática en la que hay que estar constantemente haciendo declaraciones, que influyen enormemente en las expectativas de la empresa. * En todas las empresas la gestión del tiempo es esencial para que la conducta sea eficiente, pero hoy día los requerimientos del funcionamiento de la empresa actual determinan que se acorte el ciclo de producción, aproximándose a los cambios en el mercado, lo que significa que se dispone de mucha información, pero hay que tomar decisiones a una velocidad tremenda. Lo más importante hoy día es que la adaptación de la mano de obra a estas condiciones depende fundamentalmente de la educación. Esto refuerza el papel del Estado, porque la educación tiene que ser flexible, tiene que permitir a las personas poder reprogramarse varias veces a lo largo de la vida. Persiste el problema de quién financia la educación. Las empresas pueden financiar una parte, pero al final tendrá que ser un sistema educativo general el que dé una formación, de manera que los individuos puedan abordar sucesivas reconversiones profesionales a lo largo de su vida.
Cecilia Castaño.
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