Más y mejor empleo:

el caso Embalajes y Cajas, S.A.

 

Cesc Castellana

 

La nueva realidad socio-económica de las economías capitalistas y los retos sindicales y políticos que de ella se desprenden, hacen que la práctica sindical, y en general la práctica política realizada desde el ámbito de la izquierda, haya de ser repensada. Las recetas y los esquemas clásicos han de ser revisados a la luz de los nuevos problemas. Es en este sentido que se hace necesario actualizar el contenido de la propuesta sindical, entendiéndose como el fundamento en que se apoyará la renovación de la acción sindical.

Una propuesta sindical renovada debe situar como prioridad la centralidad del empleo, teniendo en cuenta sus actuales especificidades. Un sindicalismo renovado que huya de la tentación del sindicalismo resistencialista, el cual circunscribe su práctica en la lucha por el empleo a un discurso sobre su mantenimiento, que sólo es virtualmente verosímil enredado en las variables del cuadro macroeconómico. Una posición resistencial que no dudamos en calificar de trasnochada e inútil frente a la necesidad de soluciones concretas a los problemas concretos que tienen planteados los trabajadores.

En lo que respecta al terreno macroeconómico, y en la fase actual de globalización económica y financiera del sistema capitalista, ningún movimiento de variables macroeconómicas es perceptiblemente relevante, excepto el control de la inflación y los ajustes de la moneda en tanto que garantía de competitividad en el intercambio comercial y financiero que se produce en el seno del mercado global.

El cambio de mentalidad y de políticas que es necesario en un entorno socio-económico de características globales tienen una respuesta recurrente desde las tesis neoliberales (tesis hoy muy en boga en el mundo empresarial y financiero): la desregulación laboral y el desmantelamiento del Estado del Bienestar.

Desde el interés de los asalariados estas nuevas-viejas tesis plantean la necesidad imperiosa de contar con un sindicalismo con capacidad de combinar propuesta y reivindicación para enfrentar positivamente el cambio que se está produciendo en las estructuras socioeconómicas. Un sindicalismo más imaginativo, a la par que más creíble, capaz de lograr que en los procesos de reestructuración que se producen en la industria y en los servicios no disminuya el empleo neto.

Un sindicalismo que actúe como agente facilitador de más y mejores empleos, apegado a la realidad y tutelador de los derechos realmente ejercibles por los trabajadores. Unos derechos que solo son tales si se ejercen universalmente y eso solo sucede considerando una hipótesis de pleno empleo. En una sociedad con altos niveles de desempleo estos derechos son simplemente nominales, transformándose en privilegio para algunos, siendo para otros un obstáculo que dificulta sus oportunidades de empleo.

Un sindicalismo transformador que se enfrente a políticas económicas y decisiones empresariales despilfarradoras de capital humano. Una acción sindical que priorice la potenciación de los recursos humanos como factor clave de la estructura productiva.

Una acción sindical inmersa en una estrategia de transformación y de cambio en las relaciones de producción, opuesta a un sindicalismo de resistencia, tacticista y con miras a corto plazo, que en un proceso de reestructuración empresarial o sectorial quizá consiguiera mejores indemnizaciones por el despido de los excedentes laborales, pero que al fin y al cabo no fuera capaz de detectar el fondo del problema: la continuidad de la actividad económica en un entorno competitivo y la conservación/creación de empleo.

 

Una experienciade la acción sindical transformadora:

la reestructuración de Papelera Española

Para ilustrar nuestra propuesta de sindicalismo transformador nos referiremos a una experiencia de lucha sindical por la defensa de los puestos de trabajo: la realizada por los trabajadores de Papelera Española.

Papelera Española realizaba su actividad en el sector de las Artes Gráficas. Esta empresa estaba ubicada en el municipio del Prat del Llobregat, comarca del Baix Llobregat.

En la actualidad los trabajadores a los que nos referimos ya no trabajan en Papelera Española, durante el proceso de crisis y reconversión de la empresa perdieron su puesto de trabajo en ella, pero una acción sindical transformadora les posibilitó mantener su empleo en unas nuevas empresas emergidas de la propia crisis.

La estrategia de la acción sindical se basó en un posicionamiento resistencial al inicio del conflicto que fue evolucionando hacia una acción sindical con propuestas positivas, manteniendo el tono de firmeza en la negociación, en el momento que la empresa nodriza propone eliminar por no competitivos parte de sus puestos de trabajo.

A pesar de que la salida de la crisis implicó una reducción de plantilla (mediante jubilaciones anticipadas pactadas) podemos considerar que, de manera global, la acción sindical de los trabajadores, en una perspectiva positiva y transformadora, ha logrado generar más empleo que el existente en la etapa anterior: a la conservación de la mayoría de los puestos de trabajo en el seno de las nuevas empresas ha de añadirse el empleo generado por una actividad empresarial más competitiva.

Tal planteamiento obedecía a una estrategia de acción sindical basada en realizar una resistencia inicial y una acción sindical propositiva en el momento que la empresa nodriza había decidido eliminar por no competitivos parte de sus puestos de trabajo.

 

Las causas de la crisis de La Papelera Española en los años 70

Cuando una gran empresa como Papelera Española empieza a fusionarse o a depender del capital financiero se producen, como mínimo, dos efectos :

- una mayor carga financiera sobre la cuenta de resultados.

- una mayor exigencia de dividendos/acción en el reparto de beneficios que habitualmente se sitúan por encima de la reinversión industrial.

La relación o fusión del capital industrial y el capital financiero está vinculado al proceso de maduración del desarrollo empresarial de las grandes empresas, dada la necesidad de replantearse las características de su actividad industrial para situarla en relación con las nuevas necesidades y estrategias del capital en el mercado.

A la introducción del capital financiero en Papelera Española hemos de añadir, como un factor de no menor relevancia, el incremento de los costes de producción como consecuencia de la crisis energética de los años 70 y el consiguiente encarecimiento de la materia prima. Por circunstancias exógenas y endógenas, la empresa estaba abocada a un proceso de reestructuración, dado que su viabilidad estaba cuestionada.

Dada la naturaleza de este artículo, no entraremos en como se conformó la decisión empresarial ni la analizaremos con exahustividad y por tanto, aun a riesgo de esquematizar, haremos una exposición sintética. Nuestra aportación tiene al empleo como elemento central, una mayor exahustividad en la información no modificará nuestra tesis de forma sustancial.

Los elementos centrales de la propuesta que Papelera Española planteó a la representación sindical para la reestructuración en su factoría del Prat de Llobregat fueron :

Reducir el empleo.

Eliminar una parte de la actividad, la elaboración de embalajes y cajas, centrandose en la elaboración del cartoncillo.

Finalmente, atomizar el grupo empresarial Central en distintas denominaciones y titularidades mercantiles

 

El entorno de la crisis

En el momento en que Papelera Española presenta el expediente de regulación de empleo (ERE), el Gobierno Central estaba presidido por Adolfo Suárez. Por consiguiente, la característica de la situación política era que la Autoridad Laboral actuante en el proceso de Papelera lo hacia en el marco legal y político administrado por los Gobiernos de la UCD.

Las posibilidades de emprender una reestructuración a fondo de la totalidad del grupo empresarial eran mínimas en el País Vasco, territorio donde se ubicaba la sede empresarial y la mayoría de sus factorías industriales, esta voluntad la expresaba muy bien las palabras dichas por un representante de la empresa en los momentos álgidos de la movilización de resistencia de la plantilla del Prat: en condiciones normales seriamos sensibles a las propuestas que se nos hacen en la mesa catalana pero sucede que en las mesas vascas se oye un ruido metálico (entorno de ETA), que ensordece vuestra movilización.

Cuando estalla la crisis de Papelera Española, la comarca del Baix Llobregat se encuentra en una crisis empresarial salvaje (decimos salvaje en contraposición a la denominación usual para los procesos de reestructuración ordenados: reconversión industrial).

La crisis empresarial tuvo tal magnitud que en el período de 1976 a 1984 la comarca cambió su piel empresarial en tal forma y manera que ya nada fue como antes.

El Baix Llobregat acumuló un número de parados que eran insostenibles para el equilibrio social. Parados procedentes tanto de la presión demográfica, al ser la comarca con la población más joven de Catalunya, como de la presión ejercida por las personas que perdían su empleo a causa de la crisis económica y, finalmente, por la escasez de creación de nuevos puestos de trabajo.

La expresión más contundente de la crisis social se expresa en la tasa de paro, que llegó a situarse en el 30% de población activa. No hará falta, pues, insistir en que los problemas de cohesión social que el paro evidenciaba se sumaban a los producidos por un importante déficit en infraestructuras, herencia de la época del desarrollismo salvaje (1960/1970) que había precedido en el tiempo a la crisis del año 1.975.

Todo ello, crisis económica, ruptura social y déficits históricos, acabó representando una amenaza muy seria para la convivencia en la experiencia democrática recién iniciada en el país.

Finalmente, y en relación al entorno en que se produce la crisis de Papelera, decir que las primeras elecciones municipales se celebraron en fecha reciente al estallido de esta crisis (1.979) . Elecciones que hicieron que el Ayuntamiento del Prat de Llobregat fuera gobernado por el PSUC. El Gobierno municipal jugó un papel muy secundario, dada su temprana experiencia gubernamental, aunque su actitud política fue claramente solidaria con la acción de los trabajadores.

 

El debate entre las fórmulas sindicales resistenciales y las transformadoras

El sindicalismo ha nacido y se ha desarrollado fundamentalmente para la protección y consecución de más y mejores derechos para los trabajadores. El sindicalismo es, en definitiva, el ejercicio de la acción colectiva frente al contrato leonino o la indefensión individual en las relaciones laborales.

La crisis económica de finales de los 70 cogió por sorpresa a los sindicatos democráticos después de su legalización. La lucha antifranquista en el desarrollo de un sindicalismo movimentista, heroicamente resistencial, había dejado la huella de un no excesivo realismo en las posibilidades de reivindicación y de lucha del movimiento sindical.

La metodología seguida en la resolución del conflicto social consistía en la movilización de los trabajadores de la empresa hasta la extenuación, en aras a conseguir una movilización lo más amplia y general posible (huelgas generales o sectoriales solidarias...). Esta metodología ponía al nivel de solidaridad alcanzado como la mejor expresión de la correlación de fuerzas en favor de los trabajadores.

Las heroicas experiencias en la lucha antifranquista de las empresas Elsa, Solvay y Laforsa, representaron grandes pasos en el movimiento sindical: se realizaron en la comarca dos huelgas generales aplicando el método comentado. Sin duda, estas experiencias de lucha permitieron una maduración del movimiento sindical del Baix Llobregat que le hizo alcanzar una elevada notoriedad en toda España.

Después de la reinstauración democrática, coincidente en el tiempo con una generalización de la crisis económica, se abrió en el seno de las incipientes organizaciones sindicales y en el conjunto del movimiento obrero un fuerte debate sindical, sobre como hacer frente a la crisis parcial o total del empleo en una empresa.

Esquemáticamente, el debate se realizaba entre dos posiciones: la una, el o todos o ninguno. Se refería a una lucha sindical a por todas, con la finalidad de salvar toda la empresa y todos los puestos de trabajo. Y, la segunda, negociar la viabilidad futura de la empresa salvando el máximo de puestos de trabajo posibles. Una posición donde las posibilidades reales de continuidad de la empresa y la viabilidad de los puestos de trabajo jugaban una parte importante en la estrategia sindical y por tanto en las alternativas concretas por las que se luchaba.

Este debate se cerró con rapidez en el Baix Llobregat, pero, en sus inicios supuso un importante debilitamiento de la credibilidad sindical. Aunque reforzó al sindicalismo cuando acabó en una nueva síntesis que fue la posición de negociar la viabilidad futura de la empresa con el máximo de empleos posibles a la vez que impulsar un sindicalismo en el territorio que con su acción supusiera favorecer la creación de empleo y una acción activa en la búsqueda del mismo para los que lo hubieran perdido.

 

La acción sindical durante la crisis

El entorno sindical y sociopolítico comentado y los incipientes nuevos planteamientos sindicales posibilitaron una acción que, más allá de la acción sindical resistencial (huelga general en El Prat), forjara un sindicalismo de propuestas en la búsqueda de difíciles y complejas alternativas.

Estas propuestas se concretaron formalmente en el Laudo dictado por la Autoridad Laboral, donde se recogieron aspectos de la propuesta empresarial y de las propuestas sindicales.

Al Laudo se sometieron las partes sin oposición. El Laudo fue un pacto de hecho, no reconocido formalmente. En síntesis, éste supuso:

La desaparición de Papelera Española y la creación de dos empresas:

Prat Cartón S.A.

Embalajes Y Cajas S.A.

Y la jubilación anticipada para los trabajadores mayores de 60 años.

 

El nacimiento de una nueva empresa

Prat Cartón, S.A. fue la hija mayor de la antigua Papelera Española. Esta empresa nació aligerada de peso laboral, con una menor plantilla, fruto de las jubilaciones anticipadas y de la segregación de parte de ella en Embalajes y Cajas. Su continuidad como empresa en la actividad del cartoncillo, según pretensión inicial de Papelera, es hoy una expresión de los efectos positivos de la reestructuración aceptada. Su consolidación como empresa, dentro del colectivo de las PYMEs de la comarca, es la mejor expresión de lo acertado de un sindicalismo tenaz y flexible en su lucha por la consolidación del empleo.

La otra empresa, Embalajes y Cajas S.A. , considerada en la propuesta sindical, fue fruto del compromiso de las partes y nacía con los siguientes condicionantes:

- Un Laudo que impone su nacimiento y impulso, responsabilizando a la antigua Papelera Española.

- Un mercado, el de embalajes y cajas, en recesión fruto de su alta vinculación al consumo y la caída de éste en esa coyuntura.

- Una plantilla desmotivada por lo traumático del ERE y con una desconfianza en el futuro de la empresa (al ser una imposición...).

- Unas infraestructuras: el edificio y la maquinaria (en precario y dentro del recinto empresarial de Prat Cartón).

- Un equipo directivo profesional formado, de una parte, por personas procedentes de la propuesta empresarial de rescisión de contratos, y de otra, por personal de nueva contratación.

La necesidad de empleo y el reto de demostrar la posible continuidad de la empresa acabó siendo el principal activo de la nueva sociedad. Probablemente sin el respeto por parte de Papelera Española del Laudo dictado por la Autoridad Laboral tampoco podría la nueva sociedad haber empezado su actividad con los mínimos imprescindibles para el éxito.

 

El proceso de consolidación

La consolidación de la empresa requería de un proceso que tuviera en cuenta, como factores básicos, el incremento de la competitividad de la empresa y la recuperación de los derechos sindicales (representatividad sindical y capacidad de negociación colectiva), todo ello en aras a recobrar la confianza en las posibilidades colectivas de futuro, en lo que respecta a la continuidad de la empresa y a la consolidación del empleo.

El proceso de consolidación implicó:

- La celebración de elecciones a delegados sindicales.

- La consolidación del núcleo directivo.

- El afianzamiento en el mercado.

- El diseño e implementación de una estrategia de consolidación empresarial.

En un principio, los trabajadores veían como sus derechos laborales como trabajadores de la empresa Papelera Española habían desaparecido. Las palabras Convenio Colectivo y Comité de Empresa no tenían una concreción real en su nueva situación laboral.

Por parte del accionariado, se pensaba en el cumplimiento de lo que indicaba el Laudo y que con eso ya se cubría con el compromiso laboral.

El núcleo dirigente de la empresa ejercía de salvador, para ello necesitaba de sacrificios por la parte de los trabajadores cuando no lograba la confianza del accionariado.

Se trataba, para todas las partes, de una nueva fase en las relaciones laborales que no era fruto de su voluntad, sino que había sido forzada por la Autoridad Laboral. Los trabajadores eran conscientes de que mediante su lucha sindical y su capacidad de realización de propuestas concretas de viabilidad se consiguió que la resolución la Autoridad Laboral no fuera la rescisión de contratos, tal y como pretendía inicialmente Papelera Española, sino que el Laudo dictado supusiera una oportunidad para abordar una nueva experiencia empresarial que implicara una continuidad en el empleo.

Desde una perspectiva sindical, la conformación de las relaciones laborales en Embalajes y Cajas habían de comenzar de cero. Era necesario establecer un nuevo Convenio Colectivo y mantener la reivindicación de consolidación del empleo. Garantizar el empleo y aumentar su calidad solo era posible si, a través de la consolidación de la empresa, éste aumentaba.

La consolidación de la dirección ejecutiva de la nueva empresa, el cumplimiento de las condiciones establecidas por el accionista, la renovación del discurso sindical, la consolidación de las nuevas reivindicaciones laborales, ... todos estos factores influyeron en el proceso de maduración de la empresa, haciendo de ella una empresa competitiva en el sector del embalaje.

 

Viejos y nuevos problemas sindicales emergentes durante la crisis

Por parte del sindicalismo resistencialista las respuestas a las posiciones empresariales se planteaban de manera recurrente e inercial, con falta de flexibilidad y de propuestas imaginativas. Se trataba de aplicar las recetas tradicionales del sindicalismo a las acciones empresariales de corte reaccionario o neoliberal, llevando la acción sindical y la lucha de los trabajadores a un callejón sin salida.

Por otro lado, la dirección de Papelera Española no brilló por su agudeza. En algunas ocasiones cayó de hecho en actitudes propias de un capitalismo primitivo:

- Negar la existencia de un marco contractual propio: el Convenio Colectivo de referencia.

- Intentar un cambalache entre el incremento salarial y el aumento de la jornada laboral.

- Reducir las condiciones laborales de los trabajadores recortando prestaciones extrasalariales.

La respuesta desde el sindicalismo transformador planteaba:

- La exigencia de un Convenio de Empresa.

- Impedir los recortes salariales.

- Incrementar el empleo.

- Suprimir las horas extras.

- Incrementos salariales con respecto al IPC.

Las características del conflicto y los derroteros que estaba tomando imponían un planteamiento de síntesis, el cual se recogería formalmente en acuerdos de fondo y de forma, como la salida más realista para los intereses de las partes, accionistas y trabajadores. Acuerdos que recogían:

- Incremento de la productividad.

- Transformación tecnológica de la empresa.

- Convenio de Empresa.

- Mejora del empleo.

 

La salida de la crisis

Alcanzado el objetivo de sanear la empresa y de hacerla competitiva en el mercado, una nueva etapa se abrió camino con el objetivo de consolidar una estrategia de competitividad a medio plazo.

Para consolidar el empleo en una perspectiva de futuro ya se habían agotado, o no eran garantía suficiente, las fuerzas iniciales: las condiciones del Laudo y el impulso de la necesidad laboral. Estos factores habían sido esenciales para abordar la viabilidad empresarial en el medio plazo. Habiendo transcurrido ya entre 12 y 14 años se hacía necesario plantear el futuro de la empresa incorporando nueva savia y nuevas ideas: nuevas inversiones y un accionista con voluntad estratégica de permanencia en el sector de actividad.

El hecho de haber alcanzado una cuota de mercado interesante y la historia laboral reciente de Embalajes y Cajas permiten que un grupo importante, Sarrió, se interese por la empresa y sus posibilidades.

En el proceso de negociación para la entrada en la empresa, surgió la demanda del comprador de realización de un ajuste de plantilla.

La edad promedio de la plantilla y su dificultad de adaptación profesional a los nuevos requerimientos tecnológicos del proceso productivo, hace que se planteé un segundo expediente de rescisión de contratos, afectando a los trabajadores con más de 60 años, a los que se les propone, y aceptan, un sistema de jubilaciones anticipadas a cargo del accionista vendedor. El proceso de ajuste es supervisado sindicalmente, dadas las características de edad de la plantilla estas rescisiones/jubilaciones anticipadas no tienen un efecto excesivamente traumático.

 

El futuro

Embalajes y Cajas es en la actualidad una empresa con una buena situación patrimonial y con una saneada cuenta de resultados .

Los puntos fuertes de la empresa son: una fuerte inversión tecnológica, una plantilla joven y una cualificación profesional en permanente mejora para la adaptación de la plantilla a las nuevas técnicas y métodos.

La viabilidad de la empresa y la consolidación del empleo y de las condiciones laborales de los trabajadores son la más clara expresión de la victoria de una acción sindical que levanta y defiende propuestas positivas y de futuro al servicio de los trabajadores en su realidad concreta.

La actualidad empresarial de Embalajes y Cajas es similar a la de cualquier PYME saneada de la comarca.

En la defensa del futuro de la empresa y de sus puestos de trabajo el sindicalismo transformador tiene un reto: en base a la corresponsabilidad laboral ejercida, reivindicar la presencia sindical en la dirección de la empresa, pelear para que esta asunción de responsabilidades sea reconocida como un valor estratégico de la compañía.

 

A modo de conclusión

Un proceso de reconversión industrial no es intrínsecamente perverso, a pesar de generar incomodidad, frustración e incluso cambios de vida que impliquen una difícil adaptación. El sindicalismo es hoy capaz de analizar la viabilidad de la propuestas empresariales y el carácter de las mismas y en este sentido las propuestas y las características de la acción sindical.

En relación al empleo, la verdadera capacidad del sindicalismo como instrumento de lucha y de transformación social no se mide con respecto de la capacidad de conseguir indemnizaciones para los trabajadores que pierden su empleo, sino que se mide con respecto a su capacidad para realizar políticas sindicales e impulsar dinámicas para el mantenimiento y la creación de empleo.

La coyuntura económica del sistema capitalista, de marcado sesgo neoliberal y las facilidades que ofrece la globalización económica para las transacciones económico-financieras y comerciales y para los flujos de la fuerza laboral, reclaman un sindicalismo que no sea fedatario, en su desesperada lucha resistencialista, de la pérdida de empleos, convirtiéndose en involuntario aliado de una concepción reaccionaria de la función empresarial.

Los trabajadores precisan de un sindicalismo que sea ofensivamente constructivo y que capitalice la lucha de los trabajadores aprovechando y impulsando dinámicas que posibiliten la generación de más y mejor empleo.

 

Cesc Castellana

Afiliado Sindical

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