Por qué voto Giscard

Daniel Cohn-Bendit

El debate sobre la Constitución europea se está convirtiendo en algo sinceramente barroco. Evidentemente, puede decirse que el texto concitado por el presidente Giscard d’Estaing no va suficientemente lejos si, como muchos socialistas franceses, se quiere una Europa más federal. También se puede afirmar que no va suficientemente lejos si se quiere que Europa contribuya más a la organización de las protecciones sociales. Se puede defender que no refuerza ni las regularizaciones ni las solidaridades en el ámbito del mercado único. Y es cierto que la ausencia de harmonía fiscal permite una competencia aberrante. Muchas críticas están, pues, fundamentadas. Pero ello no autoriza a decir cualquier cosa. Si lo que se pretende es discutir seriamente es preciso leer el texto y no contentarse con los eslóganes.

De este modo, en referencia a los servicios públicos, se nos dice que el texto no habla de ellos o que, peor aún, prepara su desmantelamiento. ¡Es falso! No sólo los servicios públicos están defendidos, sino que, además, esta Constitución da a Europa -por vez primera- el derecho a legislar a favor de lo que denomina servicios de interés general, o sea, los servicios públicos. La aplicación de esta posibilidad dependerá de la voluntad política en el seno del Consejo y del Parlamento europeo.

Del mismo modo, no es exacto decir que esta Constitución consagra la definición liberal del mercado único, ya que si retoma todos los tratados anteriores, también define objetivos que ponen en tela de juicio la dimensión únicamente liberal de Europa. Si se dice que el comercio internacional debe ser libre, también se precisa que éste debe ser equitativo. La economía de mercado aparece definida con su componente social. Contrariamente a lo que afirma la mayoría de la izquierda francesa, esta Constitución puede convertirse en un instrumento para combatir una concepción únicamente liberal y para promover una economía social, más justa.

Además, todas las liberalizaciones no deben ser rechazadas de forma dogmática. ¿Por qué oponerse a la del mercado de la energía? Los adversarios de lo nuclear deberían, al contrario, apoyarla, ya que ésta rompe el monopolio de EDF (Electricidad de Francia) y permite la emergencia de otras energías. Lo que hay que combatir es el uso por EDF de los fondos previstos por el desmantelamiento de las centrales nucleares para adquirir nuevas partes del mercado en Europa y constituir otro que bloquee cualquier posibilidad de promover energías alternativas.

Este texto refuerza los funcionamientos comunitarios y las instituciones; define unos objetivos teniendo en cuenta la dimensión del desarrollo sostenible. Y, lo que es esencial, por vez primera en una Constitución, precisa también que la política extranjera europea supervise la prevención de los conflictos.

Si esta Constitución no es ratificada, Europa estará condenada a funcionar según los tratados de Maastricht, de Ámsterdam y de Niza. Tan solo quedará una Europa fundada sobre acuerdos intergubernamentales, o sea sobre compromisos y sobre regateos de Estado a Estado, una feria de las vanidades para intereses nacionales olvidadizos del interés general europeo. ¿Es eso lo que quieren quienes critican la Constitución?

Daniel Cohn-Bendit.
Eurodiputado por Los Verdes.

Artículo publicado en el diario L’Expasion el 29 de octubre de 2003.