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Joan
Coscubiela Nos
disponemos a celebrar el VII Congreso de la CONC, en unos momentos
en los que los trabajadores y trabajadoras catalanes nos han otorgado
de nuevo la condición de primera organización sindical de Catalunya.
La presencia en los centros de trabajo de alrededor de 19.000 delegados
de CCOO y el crecimiento de la afiliación, que nos acerca a las 130.000
personas, nos consolida como la organización sindical y social más
representativa de Catalunya. Con
esta legitimidad renovada que comporta la afiliación y la representatividad
en los centros de trabajo, asumimos la responsabilidad de tomar la
iniciativa en el terreno de las propuestas, las movilizaciones, las
negociaciones, las soluciones
que las trabajadoras y trabajadores esperan de nosotros. Y
lo hacemos con la presentación por parte del Consell Nacional de la
CONC de este INFORME GENERAL que retorna al Congreso, para su valoración,
el mandato sindical que recibimos del VI Congreso celebrado a finales
de 1995. Un mandato desarrollado en un período marcado por cambios
económicos, sociales, sindicales y políticos de primera magnitud que
parece útil recordar hoy: 1.-
Reducción del paro, crecimiento de la ocupación y la estabilidad,
a la vez que mantenimiento de una fuerte rotación contractual y de
bolsas de precariedad. Durante estos años se ha producido un importante
aumento de la ocupación, que se concreta en una tasa de ocupación
del 47% con relación al 42% de finales del 95. El incremento del número
de asalariados se ha producido mayoritariamente en forma de puestos
de trabajo fijos. Así la reducción del desempleo y el crecimiento
de la ocupación en toda Catalunya ha ido acompañado por primera vez
en los últimos quince años, de un ciclo sostenido de reducción de
la temporalidad, que ha pasado en Catalunya desde el punto más álgido
del 35%, al 28,5% de la población asalariada. Desde la perspectiva
de género, la mejora de la tasa de ocupación femenina, un 35% hoy
frente a un 31% a finales de 1995, es inferior a la de los hombres,
que ha pasado del 54,2% al 59,6%. Y lo mismo podemos afirmar con relación
a la reducción de la temporalidad de la que se han beneficiado menos
en términos relativos, las mujeres, que todavía hoy soportan un mayor
índice de temporalidad. La
reducción del desempleo y la temporalidad no puede esconder, sin embargo,
el mantenimiento de dos problemas sociales y económicos importantes.
Catalunya continua teniendo una de las tasas de ocupación más bajas
entre las regiones europeas desarrolladas, especialmente por la poca
actividad productiva femenina. Y a la vez persisten diferentes formas
de precariedad que se expresan en un importante nivel de rotación
en la contratación temporal, elevados índices de siniestralidad laboral
y formas de trabajo desreguladas, especialmente en los servicios y
la construcción, entre los jóvenes y las mujeres, en
las categorías más bajas y las personas con menos formación. 2.-
Un período de intenso crecimiento económico que no ha sido aprovechado
para redistribuir la riqueza. Esta evolución de la ocupación y la
estabilidad se ha producido en el marco de un ciclo económico caracterizado
por un crecimiento sostenido, que supera el de otros períodos recientes
y el del resto de países de la Unión Europea. El crecimiento ha permitido
crear ocupación, con todas las consecuencias positivas que esto comporta.
Pero en cambio, la política económica desarrollada se ha convertido
en un serio obstáculo para mejorar la redistribución social de la
riqueza y evitar la marginación social. La ocupación creada tiene
en algunos colectivos y sectores un fuerte componente de precarización
que no les permite mejorar las condiciones de trabajo y la calidad
de vida. Un mercado de trabajo precarizado, las reformas fiscales
aprobadas y una red todavía débil de prestaciones sociales están impidiendo
que la mejora de la situación económica llegue a toda la ciudadanía
y permita reducir las desigualdades sociales. Especialmente negativa
ha sido la política fiscal que, con una reducción de la presión sobre
el capital -en todas sus formas- y un incremento de la fiscalidad
sobre el consumo, no está cumpliendo la función de redistribución
social de la renta que sería de esperar en un país que mantiene niveles
significativos de desigualdad social en el reparto de la riqueza.
La continuidad en el proceso de privatización de las empresas públicas
y de liberalización de sectores económicos como el energético y el
de las telecomunicaciones, no ha supuesto una mejora del servicio
a los usuarios y en cambio ha generado dinámicas de oligopolio en
sectores estratégicos por la naturaleza del servicio que prestan.
Además, ha comportado procesos de fuerte reducción de plantillas y
de externalización de una parte de sus actividades en otras empresas
con peores condiciones de trabajo. 3.-
Conflicto en el terreno de las políticas sociales. En estos cuatro
años hemos asistido a un fuerte debate social con relación al futuro
de la Seguridad Social, al modelo sanitario, de enseñanza pública
y de aplicación de la LOGSE, a la insuficiencia del sistema catalán
de servicios sociales para dar respuesta a nuevas y viejas necesidades
sociales y al volumen de recursos necesarios para garantizar los derechos
sociales como derechos de ciudadanía. CCOO de Catalunya se ha esforzado
en mantener un papel activo, interviniendo como sindicato general
y solidario. Y aunque no siempre hemos conseguido el reconocimiento
de nuestra condición de interlocutor, hemos situado las políticas
sociales en el centro de las prioridades del sindicato. Expresión
de esta actividad sindical en la política social son los acuerdos
alcanzados con relación a las prestaciones sociales. Los del otoño
de 1996 entre CCOO y UGT y el Gobierno español que aborda algunas
reformas estructurales del sistema público de seguridad social, previstas
en los Pactos de Toledo. Y la universalización por Ley de la Renta
Mínima de Inserción en Catalunya (salario social), como fruto de un
acuerdo sindical con el Gobierno catalán. No ha sido igual de positiva
la evolución de las prestaciones por desempleo, que han visto cómo
la aplicación de las reformas de 1993-94 y la precariedad del mercado
de trabajo reducían el nivel de cobertura económica de las personas
desempleadas, a pesar del excedente en la recaudación de las cotizaciones
por desempleo. Hay que retener sin embargo, el cambio de tendencia
de último período en Catalunya, donde la tasa de cobertura de la prestación
de desempleo calculada sobre el total de personas registradas se sitúa
en niveles del 75%, unos 20 puntos por encima de la media española. La
derecha catalana y española, a pesar de disponer de mayorías parlamentarias
cómodas, no ha podido hacer avanzar algunas de sus propuestas más
significativas, como las de romper el seguro público del Sistema Nacional
de Salud o introducir un modelo mixto de seguridad social. Lo ha impedido
una fuerte conciencia social y un estado de opinión favorable a la
defensa del estado social como conquista de civilización, que aunque
no actúe de manera organizada, ejerce una presión difusa sobre las
acciones de gobierno. En cambio sí que han ido tomando cuerpo experiencias
o medidas que avanzan en la cultura de la reducción del carácter público
de la protección social y en su privatización, como ha pasado en Catalunya
con la red educativa y sanitaria. Y en este terreno hay que constatar
las dificultades que tenemos las organizaciones sindicales y también
las fuerzas políticas para vertebrar las diferentes luchas sociales
y para abrir camino a las alternativas políticas en el terreno de
la política social. En ocasiones la acción política queda reducida
a la dinámica propia de la confrontación partidaria entre el gobierno
y la oposición, con planteamientos que en ocasiones aparecen como
indistintos e intercambiables a los ojos de la ciudadanía y sólo identificables
para la función que cada uno ocupa en cada momento. Lo más destacado
de este período con relación a las políticas sociales ha sido la aparición
de un nuevo espacio contractual y de intervención sindical en las
políticas de protección social, que habrá que ampliar y consolidar
en el futuro en otros ámbitos de la política social. 4.-
Todo esto en un contexto internacional de creciente globalización
y de concentración del capital. Esta inmensa capacidad para crear
riqueza y a la vez incapacidad para distribuirla se pone de manifiesto
en los fuertes desequilibrios mundiales. La concentración del capital
en grandes conglomerados que controlan la mayoría de la actividad
económica ha puesto en evidencia las dificultades de las sociedades
y de los estados para intervenir en la regulación de la economía.
Y ha situado en primera línea de las preocupaciones de las fuerzas
sociales y políticas alternativas, la necesidad de reconstruir nuevos
espacios e instrumentos de intervención de la sociedad organizada
y la política en el control del mercado y la economía. Dotar a las
grandes áreas económicas -como la Unión Europea- de la capacidad para
intervenir políticamente en la regulación de la economía se convierte
en una necesidad democrática de primer orden para el futuro de la
humanidad. De la misma manera, hay que construir instituciones transnacionales
que permitan limitar o regular los efectos de la liberalización a
ultranza de los capitales. Un fuerte debate de ideas sobre la nueva
configuración de un mundo globalizado se ha iniciado durante estos
años. Los intentos de convertir la plena liberalización de los capitales
en el gran dogma económico y el único derecho a proteger mundialmente
se han expresado en propuestas como la del Acuerdo Multilateral de
Inversiones (AMI), que pretende consagrar la libertad de capitales
absolutos como valor supremo y por encima de cualquier otro derecho
personal o colectivo de las sociedades. Ante esta ideología neoliberal
toma cada vez más fuerza la necesidad de recuperar para la política
el control de la economía y el mercado. La oposición de algunos gobiernos
europeos a la aprobación del AMI y la fuerza que cada vez más toman
iniciativas para regular los mercados financieros son la expresión
incipiente de esta nueva conciencia cívica en el ámbito internacional. 5.-
En esta batalla para fijar las relaciones de poder y las reglas de
juego de un mundo globalizado juega un papel muy importante la Unión
Europea. La defensa de un modelo social europeo es uno de los terrenos
en que nos jugamos el futuro de la globalización, que se impone en
el ámbito mundial. La Unión Europea ha vivido durante estos años realidades
contradictorias, desde la culminación de la tercera fase de la UEM,
con la configuración de la zona monetaria del euro, que agrupa a 11
países y 291 millones de personas, hasta la reforma del Tratado de
la UE de Amsterdam, que constitucionaliza por vez primera los derechos
sociales y otorga más poder político para el Parlamento Europeo. Estos
pasos no han ido acompañados de la política fiscal y presupuestaria
necesaria para construir una Europa más social, ni de las reformas
institucionales necesarias, como se ha puesto de manifiesto con la
aprobación del Plan de estabilización y crecimiento, de la Agenda
2000 y el marco presupuestario de la UE hasta el 2006, que comporta
una congelación de los recursos de la UE con relación al PIB comunitario.
Parece como si las prioridades de los próximos años estuviesen dirigidas
a ampliar los países que forman parte de la UE más que a profundizar
en la construcción social y política, cuando éstos no tendrían que
ser objetivos contradictorios. Aunque de forma incipiente están emergiendo
los primeros indicios de una reestructuración de los espacios económicos
y políticos en el ámbito territorial. La globalización y el proceso
de construcción de la UE están comportando una progresiva pérdida
de peso del Estado Nacional y de las instituciones que aparecen históricamente
vinculadas. Este repliegue progresivo del Estado Nacional va acompañado
de un mayor peso de las instituciones europeas y de la aparición de
nuevos espacios económicos regionales, que en algunos casos coinciden
con realidades nacionales históricamente enraizadas como Catalunya,
y en otras superan el ámbito de las fronteras estatales. Esto tiene
efectos de primera magnitud en el terreno laboral y socioeconómico,
en la medida que obliga a las organizaciones sindicales a diversificar
y ampliar los espacios en los que ejercer el conflicto capital-trabajo.
Cada vez más, la realidad laboral, social y sindical estatal tendrá
que compartir el protagonismo con el espacio europeo y autonómico. 6.-
Indicios contradictorios de la emersión de un nuevo orden internacional.
La desaparición de las reglas de juego propias de la era de bloques
ha puesto de manifiesto la necesidad de construir nuevas formas de
relación democrática entre los estados y entre éstos y los pueblos
o colectividades de los que forman parte. La incapacidad para garantizar
la convivencia entre las 7.500 minorías étnicas, religiosas o lingüísticas
existentes en 185 estados es, en un contexto de pobreza o crisis económica,
un factor de conflicto permanente y un riesgo para los derechos humanos
y la paz. Y la comunidad internacional ha demostrado no tener respuestas. Las propuestas de volver a pensar las NNUU como un foro de gobierno mundial y la puesta en funcionamiento de una red de instituciones internacionales, como el Tribunal Penal Internacional, han de suponer los primeros intentos de construir este nuevo orden internacional en el que la globalización de los derechos humanos sea no sólo un deseo, sino un camino a recorrer. Que la necesidad existe y la situación es contradictoria y fluida a la vez lo ponen de manifiesto las investigaciones penales iniciadas en España con relación a los asesinatos y torturas cometidas por las dictaduras de Chile y Argentina. Las iniciativas de los familiares de asesinados y desaparecidos y de las asociaciones cívicas, profesionales y sociales españolas ha puesto en evidencia la necesidad de construir instrumentos internacionales de garantía de los derechos humanos en todo el mundo. I.
LA CENTRALIDAD DEL EMPLEO. MÁS
Y MEJOR EMPLEO Durante
estos cuatro años hemos hecho de la ocupación el centro de nuestra
acción sindical. Uno de los efectos más negativos de los años 80-90
ha sido la legitimación social -que no sindical- de la precariedad
como estrategia competitiva de las empresas. La contrarreforma laboral
de los años 94-95 comportó un paso más en esta línea y en la desregulación
de las condiciones de trabajo. Reconstruir
los instrumentos de intervención del sindicalismo y generar una alternativa
a la precariedad como estrategia competitiva, desde una concepción
solidaria han sido nuestros objetivos durante este mandato, también
en el terreno del debate de las ideas. En este sentido podemos decir
que hemos comenzado a hacer agujeros en la cultura empresarial de
la precariedad. Recuperar
derechos laborales y sociales para las personas y recuperar los instrumentos
de intervención sindical en materia de contratación y ocupación requería
una estrategia compleja, como la realidad en la que actuamos, basada
en combinar todas las formas y espacios de lucha sindical. Desde la
multiplicidad de acuerdos o pactos de empresa en los centros de trabajo,
hasta una mayor presencia de la ocupación en los convenios sectoriales,
pasando por las experiencias de concertación social como los acuerdos
interprofesionales de abril de 1997 o el Pacto para la Ocupación de
Catalunya de 1998, sin olvidar las movilizaciones vinculadas al convenio
de Catalunya de las ETTs y a dar soporte a propuestas como la Ley
Marco para la Reducción y Reordenación del Tiempo de Trabajo y las
35 horas. 1.-
La experiencia de estos años ha puesto en evidencia que el factor
determinante en la lucha para más y mejor ocupación es la presencia
organizada del sindicato en las empresas. Cualquier estrategia para
combatir la precariedad, si quiere ser útil, requiere una fuerte intervención
sindical en los centros de trabajo. Nuestra insuficiente presencia
organizada en algunos sectores y en las PYMES explica las dificultades
que en ocasión tenemos para aplicar y hacer reales los derechos conseguidos
en las leyes y convenios o para utilizar los instrumentos sindicales
o institucionales de que disponemos para luchar contra la precariedad. De
aquí la importancia que han tenido los acuerdos interprofesionales
para la estabilidad en la ocupación de abril de 1997, al dar cobertura
a la intervención sindical e incluso posibilitar que trabajadores
y trabajadoras de empresas sin presencia sindical organizada se beneficien
del proceso de conversión de temporales en fijos. El
convenio colectivo de Catalunya para los trabajadores de ETTs ha sido
el mejor ejemplo de esta apuesta para combinar la intervención sindical
en los centros de trabajo y la negociación con la denuncia social
de la precariedad. Hemos conseguido abrir un espacio en la negociación
de los trabajadores y trabajadoras catalanes de las ETTs a partir
de la apuesta solidaria de la CONC de poner la fuerza de los trabajadores
fijos organizados sindicalmente al servicio de los derechos de las
personas que trabajan en las ETTs. Las movilizaciones de la CONC durante
los años 97 y 98 abrieron la puerta a la firma del Convenio de Catalunya
de las ETTs articulado al convenio estatal. Y están también en el
origen de las modificaciones legislativas que a lo largo de 1998-99
se han producido y que mejoran las condiciones laborales de estas
personas. En
esta línea de trabajo, el futuro pasa por una verdadera reforma legislativa
de las ETTs que impida su utilización como agencias privadas de colocación
encubiertas y que restituya la plenitud de derechos de todas las personas
contratadas. Una reforma que ha de ir acompañada de un mayor control
de las ETTs en la negociación colectiva y de un nuevo convenio del
sector. Y si queremos que las reformas sean útiles y se apliquen a
los centros de trabajo además de involucrar a toda la estructura sindical,
necesitamos implicar a los empresarios en la negociación de las reformas.
La forma más útil de evitar un desplazamiento de la precariedad hacia
otras formas de contratación, en forma de empresas de gestión o subcontratación
en cadena como pasa en el sector de la construcción. Precisamente
una de las experiencias importantes de esta etapa ha sido el trabajo
desarrollado por la FECOMA y que nos ha permitido recoger en Catalunya
alrededor de 120.000 firmas, con el soporte activo del conjunto de
la CONC a favor de una iniciativa legislativa popular (ILP) que regule
la subcontratación en la construcción. 2.-
La lucha por la calidad de la ocupación no ha tenido sólo un carácter
defensivo y hemos aportado propuestas para construir un modelo de
eficiencia social y económica alternativo a la precariedad. El Pacto
para la Ocupación de Catalunya del 8 de mayo de 1998 se enmarca en
esta apuesta sindical por las políticas activas de creación de ocupación
-incentivos a la reducción y reordenación del tiempo de trabajo-,
para la financiación de la innovación tecnológica, especialmente a
las PYMES; para el impulso a los nuevos filones de ocupación en los
campos de atención a las personas, el ocio y la cultura y la protección
del medio ambiente; para la formación como verdaderos motores de la
creación de ocupación de calidad. El Pacto para la Ocupación se abrió
paso por el fuerte compromiso confederal de todas las estructuras
de la CONC, explicitado con su participación en la comisión negociadora
y en las movilizaciones que con significativos niveles de soporte
social y político, nos mantuvieron durante buena parte del 97 y 98
confrontados con el Gobierno catalán. El desarrollo del Pacto ha topado
con más problemas que su propia negociación. El práctico desmantelamiento
de la Conselleria de Treball, la desresponsabilización del Gobierno
catalán, el boicot de Foment del Treball y de los poderes económicos
como las cajas de ahorro catalanas y el escaso interés mostrado por
la UGT han comportado más dificultades que las propias de cualquier
acuerdo de esta naturaleza. Pero no sería útil buscar sólo las responsabilidades
en otros y también hay que analizar nuestras insuficiencias. A pesar
de estos problemas sobrevenidos, el desarrollo del pacto dispone ya
de un balance positivo en lo que respecta a acuerdos empresariales
de creación de ocupación a partir de la reestructuración del tiempo
de trabajo; la creación de mesas locales de ocupación; la configuración
de un espacio de concertación social permanente para la formación
profesional o la organización incipiente de un Servicio Público de
Ocupación con niveles de participación en el Consejo de Dirección
y en las Mesas Locales. Y conviene destacar las potencialidades que
ha puesto de manifiesto el trabajo planificado de algunas federaciones
y especialmente la FITEQA. 3.-
El balance global de esta estrategia sindical compleja ha sido valorado
positivamente por el conjunto del sindicato. Para la consolidación
de la cultura de la intervención sindical en las negociaciones de
las condiciones de trabajo y el cambio positivo de tendencia vivido
en el terreno de la creación de la creación de ocupación y la estabilidad.
Un cambio de tendencia -tras 15 años consecutivos de más paro y precariedad-
que se expresa en un incremento neto de la ocupación de 297.770 puestos
de trabajo y un crecimiento neto de 313.500 puestos de trabajo fijos.
Aunque en paralelo se mantiene la rotación contractual en algunos
sectores y colectivos. El número de contratos temporales -que no de
puestos de trabajo- se sitúa en niveles cercanos al 85%, como consecuencia
de la política de rotación contractual de las empresas y de la utilización
intensiva de las ETTs, que hoy canalizan más del 20% de toda la contratación
temporal que se hace en Catalunya, con un modelo de funcionamiento
más propio de una agencia privada de colocación que de empresas de
servicios que asumen riesgos en su actividad. Hay que resaltar la
desigual evolución de la temporalidad en función de los sectores productivos,
tipos de empresas y presencia sindical, así como el hecho de que el
incremento de la estabilidad entre las mujeres ha sido inferior al
del crecimiento de su participación en la ocupación, dado que la incorporación
de las mujeres al trabajo productivo se está haciendo mayoritariamente
en puestos de trabajo menos cualificados y de sector servicios, que
es donde se dan los índices más elevados de temporalidad. Intervenir
de forma organizada como sindicato general en esta realidad contractual
de profunda segmentación y dualización es nuestro principal reto de
futuro. 4.-
La acción sindical en el terreno de la defensa colectiva de los trabajadores
ha ido acompañada de la consolidación de instrumentos de intervención
sindical en el terreno del asesoramiento, la orientación y la formación
de personas desempleadas u ocupadas/empleadas en situación de precariedad.
La coordinación del CEPROM y el ASSOC, y su vinculación a las diferentes
organizaciones territoriales y federativas han evidenciado una potencialidad
con relación al trabajo sindical de las organizaciones que habrá que
consolidar en el futuro, en la perspectiva de su integración en la
acción sindical de las organizaciones de la CONC. Estos últimos años
han sido los de la consolidación del CEPROM, como el centro de formación
profesional con capacidad para intervenir en toda Catalunya, en todos
los sectores de la actividad económica y en todas las modalidades
formativas. También hay que destacar por el simbolismo que comporta
con relación
a nuestra concepción social y nuestro compromiso en su transformación
cotidiana, el trabajo en
proyectos de inserción y reinserción social de colectivos con
especiales dificultades como los desarrollados en el marco
de la RMI o de las personas con penas de prisión. La atención individualizada
-y por ello no menos sindical- a las personas desempleadas supone
un avance en nuestras concepciones sindicales, que no siempre han
valorado suficientemente el trabajo sindical de atención directa a
las personas. Y en este sentido el trabajo desarrollado por la ASSOC
con más de 50.000 personas en 36 localidades de Catalunya ha permitido
ensayar una forma de vinculación de las personas desempleadas como
una actividad del sindicato. II.
LA NEGOCIACIÓN E INTERVENCIÓN SINDICAL EN LAS CONDICIONES DE
TRABAJO Durante
estos años ha continuado avanzando la cultura sindical, cada vez más
mayoritaria, que apuesta por una intervención del sindicato en la
negociación de los cambios que se dan en las empresas y en la economía. Vincular
la defensa de la ocupación a la organización de la producción y de
los tiempos de trabajo nos ha permitido poner en marcha experiencias
muy positivas. Discusión de jornadas industriales plurianuales en
el sector de la automoción. El establecimiento de criterios y porcentajes
en la utilización de los contratos temporales en la función pública
de la Generalitat, diferenciándolos y causalizándolos según los subsectores
de actividad. El convenio de transporte urbano de Tarragona, que a
partir de cambios organizativos permite reducir la jornada a 35 horas,
evitando su prolongación sistemática. La experiencia del Deutsche
Bank, con una jornada pactada que dificulta la prolongación individualizada,
descontrolada y no retribuida de la jornada de trabajo. Son ejemplos
de negociaciones diversas entre sí y sin propuestas o soluciones universales,
pero con el hilo conductor de la cultura sindical de la intervención,
la negociación y el acuerdo del sindicato en las formas de flexibilidad
pactada, como alternativa a la desregulación. En algunos sectores
de los servicios, la inmadurez empresarial ha dificultado esta apuesta
sindical y muchas veces los acuerdos sólo han podido venir tras momentos
de fuerte conflicto, como en el caso de Caprabo y otras empresas del
comercio y la hostelería. En
algunos casos hemos negociado de forma integrada las formas de contratación,
las condiciones de trabajo y los mecanismos de rescisión de contratos.
Verdaderas experiencias de flexibilidad negociada -justo lo contrario
de la desregulación-, de la que la más destacada es la de COMETSA
del grupo Fiat-Iveco, en la que el sindicato interviene en la organización
del trabajo, en la reducción o práctica desaparición de la contratación
temporal y las horas extras y pacta un mecanismo de rescisión de contratos
por el supuesto que se producen causas económicas u organizativas
que justifiquen despidos objetivos del art. 53 del ET. Con experiencias
como ésta se ha puesto de manifiesto que lo que Foment del Treball
se negó a firmar en el AIC-2 se está abriendo paso en las negociaciones
en el marco de las empresas. Aunque
con más dificultades que en los acuerdos de empresa, también hay experiencias
-todavía minoritarias- de convenios sectoriales, como el del comercio
de Lleida o el de transportes de mercancías de Barcelona, que ponen
de manifiesto que los convenios sectoriales pueden entrar en los centros
de trabajo interviniendo sindicalmente con relación a la ocupación
y a la organización del trabajo. Todas
estas experiencias nos demuestran que la ocupación, las condiciones
de trabajo, la jornada y su distribución, no son variables independientes
entre sí y que están fuertemente interrelacionadas con las formas
de organización de la producción de bienes y servicios. Las diferentes
formas de precarización actúan como vasos comunicantes, de forma que
no es posible actuar sólo sobre una de ellas. Temas como la regulación
de las modalidades de contratación temporal y su utilización por las
empresas, la limitación y el control exhaustivo del uso de las ETTs,
la realización de horas extras u otras formas de prolongación de la
jornada, la organización del tiempo de trabajo y su adaptación a las
necesidades de las empresas y al ciclo vital de las personas, la utilización
de formas de descentralización productiva en sus variables formas,
los mecanismos de ajuste de las plantillas a los ciclos económicos
o a la evolución económica de las empresas son factores que sólo pueden
encararse con éxito si lo hacemos desde la firme voluntad de negociar
la organización del trabajo y la producción. Hacer
frente a la desregulación no pasa por negar la flexibilidad o creer
que sólo con reformas legales o controles externos se puede evitar,
sino para disputar a las empresas la negociación de la organización
del trabajo y la producción, evitando así la utilización empresarial
de la flexibilización como un factor de precariedad. Y garantizando
que los acuerdos de flexibilidad tengan en cuenta el impacto sobre
la vida personal y social de los afectados. El ejemplo más evidente
lo tenemos en la evolución errática de la política sindical con relación
a las horas extraordinarias. Desde la limitación legal, hasta el incremento
de las cotizaciones, pasando pos su penalización en las mesas salariales
de los convenios. Sin perder de vista la disparatada propuesta surgida
de algún foro sindical que ha propuesto su tipificación como delito
social. Han sido planteamientos estériles en la medida que todos ellos
dejaban el aspecto determinante, el de la ordenación del trabajo,
en manos de la decisión unilateral del empresario. Hoy la experiencia
de todos nosotros nos dice que la regulación legal de las horas extras
y su control tiene que ir acompañada de la negociación y la ordenación
flexible y pactada de la jornada de trabajo y la compensación de las
prolongaciones de jornada en tiempo de descanso, si queremos evitar
la utilización intensiva de las horas extras como principal mecanismo
de flexibilidad desregulada de la prestación de trabajo. Este
Congreso, a partir de las muchas, variadas y ricas experiencias, tiene
que servir para dar el salto hacia un modelo de negociación que sea
capaz de unir la creación de ocupación y su calidad, a la intervención
permanente de las condiciones de trabajo, su organización y la reducción
de la jornada real de trabajo. Este es lo que haremos con detalle
en la discusión y aprobación del documento de propuestas. 1.-
Ampliación del contenido y de la diversidad en la negociación colectiva.
La entrada, aunque incipiente, de la ocupación y las condiciones de
trabajo en los convenios colectivos es un exponente de las posibilidades
que tenemos para diversificar y ampliar los contenidos de la negociación
colectiva. 1.1
La fotografía que se desprende de la auditoría sobre negociación colectiva
realizada por nuestro centro de estudios (CERES) no nos permite sentirnos
satisfechos en este terreno. Las actuales prácticas de negociación
colectiva se están mostrando inadecuadas para encarar las nuevas realidades
emergentes hoy en los centros de trabajo y a la vez no dan respuesta
a las diversidades profesionales, personales, de edad y género de
las personas trabajadoras. El
insuficiente tratamiento de las políticas de igualdad y las dificultades
para erradicar la discriminación indirecta con relación a las mujeres
son un exponente. Por ello tienen que valorarse positivamente experiencias
como la de “Caixa de Catalunya”, donde se ha denunciado la discriminación
indirecta de las mujeres en la promoción profesional o la más reciente
de Cover S.A. del sector textil. Proyectos como “Afrontar” para encarar
la intervención de la negociación colectiva en los casos de acoso
sexual, apuntan también en esta línea de trabajo a seguir. Pero
las dificultades para incorporar la diversidad a la negociación colectiva
no hacen referencia sólo al género sino que son más amplias. Existe
una gran dificultad para que la acción sindical recoja las problemáticas
propias de los trabajadores no mayoritarios en las empresas, ya sean
de un turno o una jornada poco implantada, de categorías poco numerosas,
de los jóvenes con poca antigüedad, de departamentos que no tienen
ninguna representación en el Comité. Los orígenes y las razones profundas
de estas resistencias a recoger en los convenios la diversidad de
los trabajadores podemos encontrarla en los déficits participativos
de la negociación colectiva, tanto en la configuración de los objetivos
o la elaboración de las plataformas como en la propia negociación.
Los cambios tecnológicos y económicos han propiciado la aparición
de una fuerte diversidad en las formas de trabajo y en la propia tipología
de los trabajadores y trabajadoras, en la que las prácticas participativas
tradicionales basadas en la uniformidad de las formas y condiciones
de trabajo y de las personas han entrado en crisis. Y nuestra estrategia
sindical de intervenir en la negociación de los cambios e involucrarse
en las soluciones no puede avanzar sin una fuerte participación de
las personas afectadas. Algunas experiencias demuestran que sí es
posible adaptar las formas de participación tradicionales a las características
personales, laborales y sindicales de los trabajadores y quizás la
más emblemática sea la que ha puesto en marcha la sección sindical
de la empresa SONY de Viladecavalls, que en las reuniones y asambleas
que convoca garantiza la traducción en lenguaje para sordos, con el
fin de facilitar la plena participación de este colectivo de personas
trabajadoras de la empresa en la actividad del sindicato. 1.2.
Ampliar el contenido de la negociación colectiva pasa por entrar a
disputar aquellos terrenos que de manera tradicional el empresario
se ha reservado para su gestión autoritaria. La negociación tiene
que permitir democratizar las empresas y abrir las puertas a formas
participativas de gestión empresarial. También significa una nueva
manera de negociar los salarios, discutiendo el reparto de los incrementos
de productividad que hoy tiene la empresa catalana y no aceptando
el reduccionismo de cerrarnos sólo en la negociación salarial en función
del IPC. Y
en este orden de cosas los pactos vinculados con los sistemas complementarios
de previsión social son un elemento central. A pesar del retraso en
la aprobación del reglamento, algunas secciones sindicales de Catalunya
ya han llegado a acuerdos o han iniciado negociaciones, pero sólo
son una pequeña parte
de los 307 convenios de empresa y 81 convenios sectoriales con alrededor
de 600.000 personas afectadas, que tienen pactados compromisos de
cobertura complementaria de previsión social. Ahora se abre una nueva
etapa en la que a la externalización de los compromisos existentes
se añade una línea prioritaria de negociación en los convenios. Dedicar
una parte de los incrementos de productividad de las empresas a cubrir
prestaciones complementarias de previsión tendría que ser un objetivo
compartido que facilitaría los procesos de rejuvenecimiento voluntario
de las plantillas y la jubilación flexible de los trabajadores. Y
hacerlo a nivel sectorial, una necesidad para evitar la segmentación
entre trabajadores de pequeñas y medianas empresas con relación a
los de las grandes. 2.-
Extensión de la cobertura y de los instrumentos de negociación colectiva.
La gran apuesta que el sindicato hizo en el año 90 con la puesta en
funcionamientos del organismo paritario del Tribunal Laboral de Catalunya
no es ajena al incremento constante de la capacidad de negociación
y autorregulación de los conflictos colectivos que se ha producido
en Catalunya. Durante estos cuatro años hemos asistido a la consolidación
del TLC, con la ampliación de su espacio de intervención en conflictos
derivados de la organización del trabajo. Hoy estamos en condiciones
de dar otro salto cualitativo, a partir de la descentralización territorial
del TLC, pero sobretodo de su sectorialización mediante la incorporación
de los mecanismos de mediación y arbitraje en el seno de los convenios
colectivos, para que estos puedan gobernar paritariamente la aplicación
de los convenios y nos permitan sindicalizar todavía más la solución
a los conflictos. Y salvar las dificultades que están apareciendo
para que el sistema de mediación y más en concreto el TLC sean recogidos
en los convenios estatales. En
lo que respecta a la cobertura de la negociación colectiva se han
producido en Catalunya sólo modestos avances, menos de los que cabría
esperar de los acuerdos interconfederales de negociación colectiva
y de cobertura de vacíos. Las experiencias del primer convenio de
Catalunya del comercio dirigido a los colectivos sin convenio o el
de aparcamientos y garajes de Catalunya, el de atención a las personas
o el de tele-marketing demuestran que es posible avanzar. Queda por
delante toda la apuesta por racionalizar la negociación colectiva
en Catalunya a partir de la configuración de espacios de negociación
de ámbito catalán que subsumen a los actuales provinciales en sectores
tan importantes como el metal o la construcción. Para garantizar la
cobertura contractual en sectores tradicionales como la pesca o de
nueva aparición como el de teletrabajadores y trabajadoras. Así como
dotar a los convenios sectoriales de la capacidad para vincular los
convenios colectivos o pactos de empresa a las negociaciones sectoriales,
evitando así la segmentación entre pequeñas y grandes empresas. El
VII Congreso tiene que dotar a la organización del empuje propulsor
para garantizar la cobertura de negociación a las personas sin convenio
e impulsar los convenios colectivos de Catalunya. Esto requiere una
acción concertada y unitaria del sindicalismo confederal, con una
fuerte implicación y participación de los colectivos afectados. 3.-
La formación continua, un nuevo espacio de contractualidad. Aunque
de forma desigual, durante estos años hemos conseguido una mayor sindicalización
de la intervención de las federaciones de la CONC en materia de formación
continua, especialmente en lo que respecta a la necesidad de que el
sindicato ejerza su capacidad de negociación en materia de formación.
En paralelo hemos vivido desajustes con relación al volumen de recursos
gestionados y la capacidad sindical de intervenir en su control sindical. Para
el próximo mandato tenemos que situar como prioridades la intervención
y negociación sindical del acceso de todas las personas al derecho
a la formación, sin discriminaciones; hacer de la formación continua
un instrumento de garantía de la ocupación y su calidad. Y aprovechar
los proyectos formativos, especialmente los Planes Agrupados para
incrementar nuestra presencia y contacto con los trabajadores de la
pequeña empresa, como durante estos años se ha hecho en algunos sectores
y especialmente en el metal de Girona. Y ello pasa por consolidar
la intervención sindical de todas las federaciones en todos los sectores
y convenios de su ámbito, diferenciar claramente las funciones de
matriz sindical de aquellas que tienen un carácter técnico profesional
o de gestión y acordar de forma colectiva y para cada Federación el
volumen de recursos para la formación que es posible gestionar de
manera que se garantice la intervención y control sindical. 4.-
La defensa de la salud y el ambiente de trabajo. El mandato comenzó
con el reto de llevar la aplicación de la Ley de Prevención de Riesgos
Laborales a los centros de trabajo. Hoy una red de alrededor de 5.000
delegados/as de prevención de CCOO en las empresas es nuestro principal
activo y el que nos ha permitido tener importantes intervenciones,
como las referidas al uso de pesticidas en espacios cerrados o el
más reciente del Instituto Anatómico Forense de Barcelona, por citar
sólo algunos ejemplos. Hay que destacar aquí el esfuerzo para llegar
a las PYMES, un 49% de los delegados/as de prevención elegidos son
de empresas de menos de 50. Y en cambio una insuficiente presencia
de mujeres que sólo representan el 18’4%, lo que sin duda dificulta
un trabajo más activo por lo que respecta a los factores de riesgo
directamente vinculados a la condición de género. La elección y generalización
de los delegados/as de prevención ha ido acompañada de la configuración
de ámbitos organizativos de salud laboral en la mayoría de federaciones
y en algunas uniones territoriales. Sin duda con el objetivo último
de alcanzar un mayor nivel de intervención sindical en la elaboración
de los Planes de Prevención de las empresas y el funcionamiento de
los servicios de prevención. Y aquí tenemos que reconocer que los
resultados son desiguales, fundamentalmente por la falta de cultura
preventiva y las resistencias empresariales a facilitar la intervención
sindical en temas de organización del trabajo, que siempre están en
el origen de las políticas preventivas en materia de salud laboral. Las
movilizaciones del 28 de abril, convocadas primero en solitario por
la CONC y a la que en años posteriores se ha incorporado la UGT, nos
ha permitido situar un día de referencia en nuestra lucha diaria para
evitar los accidentes de trabajo. Luchas que han tenido también su
expresión en las movilizaciones convocadas por la Internacional del
Transporte con el objetivo de reducir la jornada de los conductores
profesionales y evitar así los riesgos derivados de jornadas de trabajo
agotadoras. Un
ámbito en el que cuesta hacer avanzar la cultura de la prevención
es el de las PYMES. Por ello ha sido importante el acuerdo firmado
con PIMEC-SEFES para el desarrollo de la ABSS, un instrumento paritario
para permitir a empresarios y trabajadores de las pymes intervenir
de manera consensuada y con asesoramiento en la elaboración de los
Planes de prevención. Poner
en funcionamiento la red de delegados/as de prevención nos ha obligado
a dotarles de instrumentos de intervención sindical. Y en este terreno
la formación, que durante estos años ha llegado a 3.500 delegados/as
de prevención, de los que un 22,5% son mujeres, es un factor clave.
Del mismo modo que lo es el asesoramiento que desde enero de 1999
ofrecemos a través del Gabinete “HIGIA” de Salud y Medio Ambiente. A
pesar de nuestro trabajo sindical, los datos de siniestralidad laboral
se incrementan en Catalunya en porcentajes brutales, hasta llegar
a ser reconocido por primera vez por los poderes públicos como uno
de los riesgos más importantes de pérdida de salud. La precariedad
en todas sus formas, la falta de cultura preventiva en el mundo empresarial
y claro incumplimiento de la normativa con la connivencia de la Administración
laboral son las causas. El balance del nuevo papel desarrollado por
las mutuas de accidentes de trabajo en materia de prevención y el
comportamiento del gobierno catalán tienen que recibir nuestro suspenso. Continuar
esta tarea requiere ampliar la presencia de los delegados de prevención
en los centros de trabajo, avanzar en el reconocimiento de los delegados
de sector de las PYMES en los convenios, incorporar la salud y el
ambiente de trabajo a la negociación colectiva, forzar a las empresas
a discutir y negociar el papel de la Mutuas de Accidentes de Trabajo
y el derecho a participar en el seguimiento de su actuación en las
empresas y avanzar en la extensión y refuerzo de los instrumentos
de soporte a las organizaciones y a los delegados y delegadas. 5.-
Las condiciones ambientales generadas por las empresas son cada vez
más un factor de primera magnitud en lo que respecta a la salud en
el trabajo. Y a la vez un factor de eficiencia económica, social y
de sostenibilidad ecológica. Tras un período de fuerte actividad normativa
del Gobierno catalán, los
últimos años han supuesto un freno a la política medioambiental en
Catalunya. A pesar de ello, 16.179 empresas declaran voluntariamente
la generación de más de 5 millones de TM de residuos industriales,
se han construido instalaciones específicas para su tratamiento, 500
empresas tienen planes de descontaminación gradual y aproximadamente
unas 100 han incorporado sistemas de gestión medioambiental. Hay que
reconocer sin embargo que el impacto ambiental de la producción de
bienes y servicios no ha entrado suficientemente en la cultura sindical,
ni forma parte de los espacios contractuales del sindicato. Aunque
como puso de manifiesto el caso Puigneró somos la única organización
sindical que no cae en la trampa de vincular el mantenimiento de los
puestos de trabajo a la impunidad de las agresiones ambientales. El
próximo periodo tiene que suponer que el ambiente y la salud laboral
pasen a ser espacios prioritarios de nuestra actividad en los centros
de trabajo. 6.-
El papel de la patronal catalana. La apuesta de CCOO para hacer de
la negociación colectiva un factor de modernización y democratización
de las empresas y para pactar un modelo alternativo de eficiencia
social y económica ha topado con la actitud refractaria de Foment
del Treball. El primer aviso de cómo podían evolucionar las cosas
lo tuvimos en la primavera de 1996, cuando tras el principio de acuerdo
en las negociaciones del Acuerdo Interconfederal de Catalunya-2, los
organismos de dirección de la Patronal desautorizaron a sus negociadores
y el acuerdo no se pudo firmar nunca. A pesar de ello una parte significativa
de sus contenidos se han ido abriendo paso en acuerdos parciales como
los del TLC, la creación de una comisión paritaria de negociación
colectiva o pactos de empresa con relación a la utilización de los
despidos objetivos del art. 53 del ET. Hoy se puede hablar de una
realidad marcada por una cierta fluidez en las negociaciones con las
empresas y muchas dificultades para abrir espacios de negociación
sectorial o interprofesional con la Patronal. Esta
actitud de Foment del Treball está limitando las posibilidades de
hacer de la negociación colectiva un factor de modernización de las
empresas y obstaculizando la consolidación del Marco catalán de relaciones
sociolaborales. 7.-
La realidad específica de la Función Pública. Una de las apuestas
organizativas del VI Congreso fue la configuración del Área Pública
como espacio e instrumento de dirección y coordinación de la acción
sindical de las Federaciones. Hoy podemos decir que la apuesta era
correcta y que nos ha permitido encarar de forma coordinada algunas
tareas sindicales. Los acuerdos de abril de 1998 con el gobierno catalán
nos han supuesto avances en la estabilidad de la ocupación en la administración
de la Generalitat, así como un inicio de articulación de la negociación
de las condiciones de trabajo de los empleados/as públicos, que evite
su “balcanización” y el compromiso de poner en marcha un mecanismo
de mediación y conciliación para alcanzar una mayor sindicalización
en la solución de conflictos. Hablamos de unos acuerdos que conseguimos
después de muchos años de sequía negociadora y de una importante movilización,
que con el soporte confederal y ciudadano reunió a decenas de miles
de personas en diciembre de 1997. La intervención en la negociación
de los planes de formación continua interadministrativos es otro de
los activos de este periodo. Las movilizaciones en defensa de los
convenios o pactos firmados en la administración local ante las impugnaciones
generalizadas del gobierno español han situado el derecho a la negociación
colectiva como el elemento vertebrador de la acción sindical en la
función pública. Pero
estos cuatro años también han puesto de manifiesto las dificultades
para poner en marcha un proyecto común con fórmulas organizativas
flexibles, que manteniendo la personalidad de cada colectivo de profesionales,
permita una dirección compartida de la acción sindical y aprovechar
nuestra condición de única organización sindical que tiene una presencia
afiliativa y representativa en todos los sectores de la función pública
catalana. Reforzar y consolidar este proyecto es tarea que tendrán
que encarar de forma conjunta las federaciones del Área Pública de
la CONC. La defensa de los servicios públicos en el futuro desarrollo
de Catalunya es una de las iniciativas que el conjunto del sindicato
y el Área Pública tendrá que impulsar, ante la ofensiva de la derecha
y de los poderes económicos para reducir el papel y su función en
la sociedad. Señalando el impacto que la reducción de los servicios
públicos tiene en la insuficiente cobertura de servicios a la población
y también la gran potencialidad que este sector tiene en lo que respecta
a la creación de ocupación en un país en el que las actividades de
servicios a la comunidad sólo representan un 12% de la población ocupada,
cuando la media de los países de la Unión Europea llega al 18%. III.
LA ACCIÓN SOCIOECONÓMICA DE CCOO
El
V y VI Congreso apostaron por el refuerzo del las Federaciones y por
la apertura de un nuevo espacio de intervención socioeconómica del
conjunto de estructuras del sindicato y especialmente las Uniones
Territoriales. Y sobre estas sólidas bases durante este mandato hemos
avanzado en tejer una amplia red de instrumentos y mecanismos de intervención
sindical socioeconómica. El balance es desigual en función de los
ámbitos, pero refleja dinamismo y una fuerte iniciativa del sindicato
en el terreno de la defensa de los derechos socioeconómicos de las
personas trabajadoras. 1.-
PACTOS TERRITORIALES. La existencia de una multiplicidad de acuerdos
territoriales negociados por las Uniones y referidos a un amplio abanico
de temas en los que destacan la ocupación y las políticas sociales.
Los acuerdos a nivel provincial, cono el de Lleida o la Diputació
de Barcelona, las experiencias de pactos de ciudad en el Barcelonès
son sólo una pequeña muestra. Dentro de los Pactos Territoriales para
la Ocupación impulsados por la UE, el Pacto Territorial del Vallès
Occidental ha servido para formular un diagnóstico común en la comarca.
Y se ha convertido en una referencia de planificación estratégica
a nivel territorial que hay que tener muy presente. Por lo que respecta
a la ocupación y bajo el paraguas del Pacto por la Ocupación de Catalunya
y el firmado con la Federación de Municipios, los Pactos Territoriales
han posibilitado la creación de espacios de concertación y participación
que permiten incidir de forma más próxima y directa a la realidad
de la ocupación local. La diversidad de su contenido y sus características
nos impide hacer un análisis común detallado, y por ello exige de
los congresos de las Uniones Territoriales un trabajo de autoverificación
en profundidad. Lo que hoy ya podemos afirmar, fruto de la experiencia
de esta última década es que los acuerdos más útiles son aquellos
que limitan su alcance y contenidos y los sitúan en un terreno en
el que el sindicato puede garantizar su aplicación y cumplimiento.
A partir de estas reflexiones y de las valoraciones que hagan todas
las organizaciones, durante el próximo mandato hemos de ser capaces
de avanzar en la configuración de espacios territoriales de concertación
estable de las políticas de ocupación y sociales en el territorio,
aunque las dificultades que se deducen de la caótica ordenación territorial
de Catalunya y del hecho que en ocasiones los espacios territoriales
naturales para concertar las políticas no corresponden en absoluto
a los ámbitos políticos de las Instituciones, como hemos tenido la
oportunidad de comprobar con el Pacto Industrial Metropolitano impulsado
por organizaciones sociales y económicas y administraciones locales
metropolitanas. 2.-
UN SINDICATO MULTIÉTNICO PARA UNA SOCIEDAD DE PLENOS DERECHOS.
El gran salto dado en lo que respecta a la inmigración, concretado
en: una mayor sindicalización del trabajo, que se expresa en la vinculación
de los responsables de migraciones con las estructuras territoriales
y el esfuerzo de la comisión de migraciones de la CONC para situar
la afiliación, organización y vinculación estable de las personas
inmigrantes con las organizaciones federativas y territoriales de
la CONC. El fruto evidente de este trabajo lo tenemos en la participación
organizada de los colectivos de personas inmigradas en las movilizaciones
del 1º de Mayo y del 11 de septiembre del último año. La ampliación
y reestructuración de las oficinas del CITE en toda Catalunya, utilizando
acuerdos y convenios con las diferentes administraciones y prestando
asistencia a 23.000 personas, de 111 países diferentes. La consolidación
de un trabajo permanente con relación a la Ley de Extranjería y a
los derechos de las personas inmigrantes. La tarea unitaria con las
otras organizaciones y de solidaridad, como SOS Racismo, que ha consolidado
a CCOO de Catalunya y a nuestro CITE como un punto de referencia para
los trabajadores inmigrantes y para la sociedad catalana y que nos
ha permitido intervenir como un factor de convivencia y de cohesión
social cuando se han producido incidentes de carácter xenófobo en
algún lugar de Catalunya. La
Conferencia de la Inmigración ha puesto un punto de inflexión en el
proceso de sindicalización, de consolidación de nuestro proyecto y
en la capacidad de ofrecer propuestas, como se ha demostrado en la
iniciativa y el protagonismo de CCOO para/por la reforma de la Ley
de Extranjería y en las luchas por la regularización de los contingentes
y para facilitar el reagrupamiento de las familias. No podemos sentirnos
plenamente satisfechos del nivel de implicación de algunas federaciones
-especialmente aquellas que tienen más trabajadores inmigrantes- y
la configuración del trabajo sindical en relación a la inmigración
como una parte significativa de la acción sindical y organizativa
de las federaciones, de forma que todo el trabajo con relación a la
inmigración revierta en más afiliación y organización de los colectivos
de personas inmigrantes. Hoy
estamos ante un cambio en la política de extranjería que ha demostrado
su inutilidad desde la perspectiva de los derechos de las personas,
pero también en términos económicos y sociales. Desdichadamente todo
parece apuntar a que este cambio puede estar muy condicionado por
el ciclo económico y la necesidad de algunas empresas de importar
mano de obra. Los intentos de canalizar los flujos migratorios hacia
los países del Este de Europa y América Latina, manteniendo fuertes
restricciones a las personas provenientes del Magreb o del África
subsahariana es un nuevo error, porque las razones que estas personas
tienen para salir de sus países tienen más fuerza que todas las trabas
que se puedan poner para impedirles el acceso. En Catalunya necesitamos
construir un “PACTO DE CIUDADANÍA PARA LA INTERCULTURALIDAD” entre
todas las fuerzas políticas, instituciones, organizaciones sindicales
y empresariales, organizaciones sociales y cívicas y de la inmigración
para encarar el futuro. Un pacto basado en: un nuevo sistema de canalización
de la contratación de personas inmigrantes, la garantía de plenos
derechos laborales y sociales, una fuerte dotación de recursos sociales
e inversiones para aquellas zonas que por sus características económicas
son receptoras de inmigración, un refuerzo de la cultura de la multiculturalidad
que penetre en la sociedad y también en los colectivos de inmigrantes,
dotar a las organizaciones sociales, cívicas y ciudadanas de recursos
para que puedan promover todas las formas de convivencia y participación
y en último lugar una implicación de las comunidades religiosas para
pedirles un compromiso con la cultura de la tolerancia y un trabajo
conjunto para impedir que los factores culturales y religiosos se
conviertan en elementos de segregación o marginación mutua. 3.-
CONSOLIDACIÓN DE LA PROTECCIÓN SOCIAL. Los espacios de negociación
conseguidos en el ámbito de la protección social y especialmente los
acuerdos de noviembre de 1996 entre CCOO y UGT y el Gobierno en materia
de seguridad social y la universalización y ampliación en Catalunya
de la renta mínima de inserción. A finales del año 1995 vivíamos una
de las ofensivas más fuertes de los poderes económicos para conseguir
una transformación radical del sistema público de reparto, contributivo
y solidario en un sistema privado de capitalización y individualizado.
Los acuerdos sindicales con la Administración, del otoño de 1996 y
su desarrollo nos han permitido consolidar y mantener el carácter
público y solidario del sistema, acabar con la polémica sobre su viabilidad
financiera, incrementar en un 1,6% el poder adquisitivo real de todas
las pensiones, una mejora de las pensiones mínimas en términos sólo
comparables a la del año 1990, así como la adopción de medidas estructurales
del estilo del Fondo de reserva para la seguridad social contributiva
y la asunción por parte del gobierno del principio que los complementos
de mínimos de las pensiones contributivas tienen que ser financiados
con la solidaridad de todos los contribuyentes, es decir, con recursos
de origen fiscal. La
batalla partidaria entre administraciones públicas en relación a los
incrementos de las pensiones ha dejado al descubierto dos problemas
graves. La escasa capacidad política para hacer propuestas alternativas
de conjunto y la emersión de un falso conflicto competencial entre
el Estado y los Gobiernos Autonómicos. El modelo constitucional y
estatutario sobre políticas sociales prevén una nítida distribución
de espacios competenciales entre la Administración del Estado a la
que le corresponde la capacidad normativa y la responsabilidad de
financiación de la protección social -incluido el conjunto del sistema
de seguridad social- y el Gobierno catalán con competencias normativas
y responsabilidad de financiación para las políticas sociales y asistenciales
que garanticen otros derechos sociales y que también incluyen prestaciones
económicas. No existe ningún límite constitucional, estatutario o
legal que impida desarrollar en Catalunya un nivel propio de derechos
sociales y servicios dirigidos a darle cobertura, incluidas prestaciones
económicas. Así se hizo en el Parlamento con la Ley que regula la
renta mínima de inserción, tras el acuerdo con CCOO y UGT. Lo que
es refutable política y socialmente ha sido que el Gobierno catalán
se niegue a desarrollar su propia red de prestaciones y servicios
sociales y en cambio pretenda irrumpir con una paga graciable y por
una sola vez como complemento de las pensiones no contributivas. En
la dirección de ir configurando un nivel complementario de protección
social en Catalunya que actúe sobre las necesidades sociales con criterios
de derecho de ciudadanía, la CONC propone la creación de una PRESTACIÓN
DE GARANTÍA DE MÍNIMOS, dirigida a todas las personas con ingresos
inferiores al SMI y sin otro tipo de renta. En
Catalunya, el sindicalismo ha incrementado notablemente la capacidad
contractual en políticas sociales y nuestra utilidad hacia las personas
trabajadoras, con la firma de los acuerdos de 1997 que han dado lugar
a la aprobación por el Parlamento de Catalunya de la ley que universaliza
la Renta Mínima de Inserción
y la dota de más garantías. El PIRMI ha estado actuando durante
toda la década de los 90 como una red de protección para las personas
que excluidas del mercado de trabajo, quedaban también fuera de la
posibilidad de recibir prestaciones de desempleo, ofreciéndoles atención
socioeducativa y un subsidio de inserción. Este papel activo de lucha
contra la pobreza y la exclusión social no se ha podido desarrollar
plenamente como consecuencia de la reducida red primaria de servicios
sociales y el bloqueo de la administración catalana. A pesar de todas
estas limitaciones la RMI ha beneficiado durante estos cuatro años
a unas 25.000 personas que han recibido en prestaciones económicas
directas alrededor de 21.000 millones de pesetas, a parte de las medidas
de soporte a la integración social (problemáticas sociales, sanitarias
y de desestabilización personal) las de inserción laboral (motivación-orientación
laboral, formación ocupacional e inserción profesional) y las medidas
de formación de personas adultas. 4.-
LA EDUCACIÓN COMO FACTOR DE EQUIDAD. La consolidación de nuestra presencia
sindical y social en defensa del papel de la enseñanza y la formación
en una sociedad que quiere incrementar la igualdad de derechos y la
equidad en su acceso. Las dificultades en el desarrollo de la LOGSE
y la falta de un marco estable de financiación de la enseñanza, la
discriminación de la enseñanza pública en el marco unitario de la
Comunidad Educativa. Las movilizaciones contra las medidas anunciadas
en relación a la enseñanza de adultos o las acciones para reivindicar
la calidad de la enseñanza pública han contado con el impulso del
sindicato. Un trabajo sindical en el terreno de la educación que también
ha tenido su expresión en los Consejos Escolares y en los Consejos
Sociales de las Universidades, en los que la participación de CCOO
se ha centrado en el control de la gestión de los recursos públicos
en propuestas para hacer más transparentes los presupuestos. En el
futuro necesitamos una reforma de los Consejos Sociales de manera
que su participación sea real y un nuevo modelo de financiación de
las Universidades de nuestro país.
Un trabajo desarrollado por la Federació d’Ensenyament y la
CONC que necesitamos descentralizar en el territorio o acercar a las
personas afiliadas. Desde este bagaje colectivo nos corresponde a
CCOO, desde nuestra condición de eje vertebrador del sindicalismo
catalán, impulsar un amplio ACUERDO SOCIAL PARA LA EDUCACIÓN que tenga
la capacidad de involucrar a todas las administraciones, agentes económicos
y sociales y la comunidad educativa para hacer de la educación un
factor clave del modelo de desarrollo económico de Catalunya y en
la apuesta por una sociedad más equitativa. 5.-
HACER DE LOS DERECHOS SOCIALES VERDADEROS DERECHOS DE CIUDADANÍA.
La experiencia de estos años pone de manifiesto la necesidad de profundizar
en las políticas sociales para hacer de los servicios sociales verdaderos
derechos de ciudadanía, de acceso universal para todas las personas.
El envejecimiento de la población como consecuencia del aumento de
la esperanza de vida pero no de su calidad en los últimos años ha
puesto sobre la mesa uno de los problemas más graves de nuestra sociedad,
el de la atención social y sanitaria de la gente mayor. Y en este
terreno hemos asistido a uno de los episodios más negros de la política
del Gobierno catalán. La aprobación durante 1997 del nuevo reglamento
de financiación de las residencias asistidas con mecanismos que suponen
una verdadera expropiación de los ahorros y del patrimonio de la gente
mayor -sólo las de poco poder adquisitivo- ha topado con la oposición
en solitario de CCOO y con el incomprensible silencio de la mayoría
de la oposición política. La fórmula tradicional de encargar a las
familias, y especialmente a las mujeres, esta responsabilidad social
está haciendo aguas por todos lados y se ha convertido ya en un tapón
al desarrollo económico, además de un factor de injusticia social. 6.-
DEFENSA DEL CARÁCTER PÚBLICO DE LA SANIDAD. El acceso universal a
las prestaciones del Sistema Nacional de Salud ha sido uno de los
grandes avances sociales de los últimos años, que hoy está amenazado
por los intentos de los poderes económicos de parar la reforma sanitaria
de los años 80. En Catalunya la asfixia presupuestaria a que está
sometido el Servei Català de la Salut, la sangría que supone dedicar
más del 22% de su presupuesto a gasto farmacéutico y la desviación
de recursos como consecuencia del perverso modelo de contratación
de servicios a entidades privadas, ha supuesto una paralización de
la reforma sanitaria, especialmente en el terreno de la atención primaria.
Tampoco en este ámbito la derecha catalana y española han podido sacar
adelante su objetivo de romper el seguro único del Sistema Nacional
de Salud, para dar paso a lo que ellos llaman “libertad de seguro”,
a pesar de las experiencias puestas en marcha en el País Valencià.
Tenemos que reconocer, sin embargo, las dificultades que estamos teniendo
para articular un espacio estable de encuentro de las organizaciones
sindicales, profesionales, cívicas, sociales y políticas en defensa
de la sanidad pública. Dificultades que se derivan de la balcanización
sindical en el sector sanitario, de la escasa articulación de los
profesionales, de las dificultades para construir una alternativa
que más allá del “no “ presente propuestas unitarias. Una de nuestras
tareas de futuro pasa por contribuir a construir este espacio de diálogo
entre todas las organizaciones comprometidas con el modelo de “Sistema
Nacional de Salud”. En
paralelo se ha producido durante este periodo un proceso nada transparente
ni debatido socialmente de transferencia de las funciones propias
del SNS en el mundo de las Mutuas de Accidentes y Enfermedades Profesionales,
en materia de cobertura de la asistencia sanitaria y también de la
prestación económica de incapacidad temporal -IT-. Sin duda se trata
de conseguir por la vía de los acuerdos de las empresas el objetivo
de romper el seguro único de pequeños espacios de prestación sanitaria.
A pesar de la posición nítida de la CONC y el acuerdo de no entrar
por este camino, son ya significativas las empresas que han procedido
a hacerse cargo directamente o a través de las mutuas de la cobertura
del seguro de la prestación sanitaria o la IT. Quizás porque no hemos
llegado de forma clara con nuestra propuesta y también por la escasa
dimensión política que se le ha dado a esta cuestión. Si
no queremos que las mutuas -aprovechándose de su condición de entidades
colaboradoras de la Seguridad Social- se conviertan en el caballo
de Troya de la privatización del seguro de importantes esferas de
la prestación sanitaria, tenemos como sindicato la imperiosa necesidad
de forzar un debate social sobre el papel de la mutuas, su función
dentro del engranaje de las políticas de prevención y el espacio que
ocupan en relación con el Sistema Nacional de Salud. 7.-
LA INEXISTENTE POLÍTICA DE VIVIENDA SOCIAL. CCOO hemos consolidado
nuestra posición como un agente social importante en la política de
vivienda, como lo ponen de manifiesto los diferentes protocolos firmados
con el gobierno catalán, el IMSOL y algunos ayuntamientos. Pero en
cambio no hemos sido capaces de abrir un espacio de concertación sobre
la política de vivienda social. Las limitaciones presupuestarias impuestas
por el gobierno catalán, el carácter
cíclico que históricamente le ha dado el gobierno a la política
de vivienda y la mejora del ciclo económico han sido las razones de
que Catalunya y especialmente su área metropolitana hayan padecido
un incremento desmesurado de los precios de las viviendas y en consecuencia
una pérdida de la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Uno de
los retos de este próximo mandato es hacer entender al Gobierno, a
los ayuntamientos y a todas las fuerzas políticas la necesidad de
dedicar recursos a una política de vivienda social. 8.-
UN NUEVO MODELO DE FISCALIDAD Y DE FINANCIACIÓN DE LAS AAPP. La CONC
hemos aportado nuestras propuestas en un debate de ideas sobre el
modelo de financiación de las AA, que la derecha catalana ha pretendido
enmascarar desde el principio, huyendo del debate que en paralelo
se ha de hacer sobre el actual sistema fiscal insuficiente y regresivo
desde la perspectiva social. Y a pesar del efecto “Guadiana” provocado
por el período electoral, el debate continua vivo y puede tener una
fuerte incidencia social. Encarar un futuro que tendría que ser de
mayor gasto social en Catalunya requiere provocar una fuerte ruptura
en tendencias muy consolidadas durante estos años por lo que respecta
a la fiscalidad y a la financiación de las AAPP. La reducción de la
capacidad fiscal del Estado y todas las AAPP y un modelo de financiación
que no responde a la nueva estructura política del Estado y que está
especialmente condicionado por los acuerdos de gobernabilidad, actúan
como un factor regresivo en lo que respecta a las políticas sociales
y a la redistribución de la renta. Incrementar
la capacidad del gobierno catalán y de las administraciones locales
para hacer viables los objetivos de política social que nos planteamos
es uno de nuestros objetivos en el terreno de la acción socioeconómica.
Y ello pasa por parar el actual proceso de contrarreforma fiscal,
en el que se desfiscalizan las rentas del capital, se elude el impuesto
sobre los grandes patrimonios y se deriva la presión fiscal hacia
los impuestos indirectos sobre el consumo y a la vez alcanzar un nuevo
acuerdo de financiación de las AAPP, basado en criterios de corresponsabilidad,
esfuerzo fiscal y solidaridad, que permita a Catalunya ejercer las
competencias propias del autogobierno. 9.-
LA ACCIÓN SOCIOECONÓMICA TIENE QUE RECORRER TODAS LAS ESTRUCTURAS
DEL SINDICATO. Para hacer avanzar la acción socioeconómica del sindicato,
esta tiene que ser asumida como una parte inseparable de la acción
sindical. Y por ello tiene que entenderse que en la acción socioeconómica
se tienen que involucrar todas las estructuras del sindicato, secciones
sindicales, sindicatos comarcales, Federaciones y Uniones. Las Federaciones
han consolidado un espacio de intervención socioeconómica referido
a la realidad de los sectores que engloban –medios de comunicación,
telecomunicaciones, vivienda, sector financiero, política farmacéutica,
servicios públicos. Las Uniones Territoriales, que han jugado un papel
importante en las iniciativas vinculadas al empleo, han de situar
las políticas sociales como una prioridad de su acción sindical, involucrando
a los sindicatos comarcales. Sólo desde esta fuerte implicación de
las estructuras sindicales resulta posible que el conjunto de la confederación
pueda intervenir en la acción socioeconómica de forma útil y no subalterna
del marco institucional o político y actuando siempre desde nuestra
naturaleza de sindicato, de sujeto social. 10.-
LA PARTICIPACIÓN INSTITUCIONAL DEL SINDICATO La participación institucional
se ha convertido en un instrumento al servicio de la acción sindical,
especialmente en el terreno de la acción socioeconómica. Y lo que
hace unos años eran negativas a compartir espacios de participación
por parte de las administraciones públicas, ahora se ha convertido
en un intento de diluir la personalidad del sindicato en organismos
donde sus competencias son escasas y en el que o hay un criterio
claro de representatividad de las organizaciones que participan.
Para garantizar la utilidad de la participación
institucional y para evitar que nuestra presencia en los diferentes
ámbitos caiga en el riesgo de ser meramente formal o diluya nuestra
función de ejercer siempre el conflicto social,
será necesario replantearse en los próximos años las condiciones
de nuestra presencia en cada uno de los ámbitos de participación institucional. IV.
NUEVOS ESPACIOS DE INTERVENCIÓN DEL SINDICALISMO
La
globalización económica exige de las organizaciones sociales que queremos
jugar un papel activo en la configuración del modelo de desarrollo
del futuro, la construcción de sujetos sindicales fuertes. El futuro
de la UE apunta a dos procesos paralelos, el de configuración de un
espacio supraestatal y la consolidación de nuevas realidades económicas
“regionales” que en algunos casos coinciden con realidades nacionales
históricamente enraizadas como es el caso de Catalunya y otras son
fruto de la aparición de nuevos espacios económicos. Este proceso
lento pero imparable comporta la reducción de los espacios de los
estados nacionales y de las instituciones que se han construido a
su sombra. En el terreno sindical se expresa en la pérdida del protagonismo
absoluto que en el terreno de las relaciones laborales han jugado
las organizaciones sindicales y las negociaciones de carácter estatal
durante la etapa de desarrollo industrialista, marcada por la unidad
de mercados de trabajo estatales. Y la consolidación progresiva de
una nueva realidad emergente en la que las instituciones sociolaborales
de matriz estatal pasan a compartir estos espacios con los de las
de nivel europeo y “regional”. 1.-
LA CONSTRUCCIÓN DEL SINDICALISMO EUROPEO DESDE CATALUNYA. Reforzar
el sindicalismo en estos espacios económicos “regionales” y construir
espacios de colaboración ha sido una orientación de trabajo de estos
años, que ha culminado con la firma en Barcelona del protocolo entre
los sindicatos, las patronales y los gobiernos de las regiones llamadas
“cuatro motores en Europa”. El debate del reciente congreso de la
CES en Helsinki apunta a la necesidad de reforzar los instrumentos
de trabajo sindical interregional dentro de la CES, hoy limitados
a los Comités Sindicales Interfronteras (CSI), que en el caso de Catalunya
nos ha permitido mantener una relación estable con los sindicatos
del Midi-Pirinees y Rousillon-Languedoc, con actividades como la del
EURES transfronterizo, que nos permite trabajar en el mercado de trabajo
transfronterizo. En
la línea de construir diariamente un sindicalismo europeo fuerte desde
la acción sindical cotidiana, hay que resaltar el avance en la constitución
de Comités de Empresa Europeos que a pesar de las dificultades ya
alcanzan a 160 empresas presentes en Catalunya, y en el que nuestras
secciones sindicales y federaciones están jugando un papel dinamizador.
Así como el proyecto NETUNION en colaboración con la CGIL de Lombardía
y entidades de Rhône-Alps, que nos ha posibilitado la creación de
la primera base de datos compartida a nivel de sindicalismo europeo
y explorar las posibilidades que la gestión del conocimiento y las
tecnologías de la información ofrecen al sindicalismo. Esta
es una clara expresión de nuestra vocación de sindicato nacional,
que se refleja en el compromiso confederal y la apuesta europeísta
y a la vez en la voluntad de construir la nueva realidad europea en
el terreno de los derechos laborales y sociales a partir también de
la realidad sociolaboral de Catalunya. 2.-
CONSOLIDAR EL MARCO CATALÁN DE RELACIONES SOCIOLABORALES. Avanzar
en los pactos territoriales, las políticas de ocupación, construir
una sociedad multiétnica de plenos derechos, hacer de los servicios
sociales verdaderos derechos de ciudadanía, situar la educación como
el centro de una estrategia socioeconómica basada en el capital de
los conocimientos y la formación permanente y participar en la construcción
de un nuevo modelo de financiación para las instituciones catalanas
(Generalitat y Administraciones Locales) son hoy las propuestas que
llenan de contenido nuestra estrategia por un marco catalán de relaciones
sociolaborales, tal y como lo hemos concebido y lo estamos trabajando
en el seno del seminario Salvador Seguí. Y que están recogidas en
la propuesta aprobada por la Comisión Ejecutiva con el título UNA
NUEVA POLÍTICA SOCIOECONÓMICA PARA CATALUNYA. 2.1.
Las experiencias de negociación acumuladas durante estos años en el
terreno de la ocupación y la defensa de los derechos sociales nos
ha permitido avanzar en la construcción de una propuesta alternativa
a la precariedad como estrategia competitiva de las empresas. Un nuevo
paradigma de eficiencia social y económica construido desde la autonomía
de las prácticas sindicales y sobre la base de valores sociales alternativos
a los todavía hoy dominantes. Una propuesta sindical presentada antes
de las elecciones autonómicas del 17 de octubre de 1999 a todas las
fuerzas políticas catalanas y que ahora se convierte en un instrumento
de acción sindical y de concertación social, ante la nueva situación
política creada. Pasar de una estrategia competitiva basada en la
precariedad a otra que plantea la eficiencia económica y social significa
reducir la dependencia tecnológica de la economía catalana, acabar
con la cultura empresarial de salarios bajos como fórmula para aumentar
la productividad, incrementar la incorporación generalizada de la
mujer al trabajo productivo y con plenos derechos y encarar una reforma
democrática de la empresa, que propicie la participación sindical
y de los trabajadores en el funcionamiento de la empresa. Esta concepción
alternativa de la competitividad económica requiere también reformas
en el terreno de las instituciones y de las políticas sociales y económicas.
Hacer de la educación y la formación el principal capital de las personas
y la sociedad catalana requiere un nuevo “Pacto educativo”.
La incorporación de la mujer al mercado de trabajo y con plenos
derechos tiene que ir acompañada de una reforma social profunda en
relación a la actual distribución del trabajo productivo y el reproductivo
en el sí de las familias y la sociedad. Esto pasa entre otras cosas
por reducir y reordenar el tiempo de trabajo en el horizonte de la
generalización de las 35 horas y por una fuerte apuesta para hacer
de los servicios sociales un verdadero derecho de ciudadanía y a la
vez un factor de desarrollo económico, que cubra las nuevas necesidades
de una sociedad que incrementa sus expectativas de vida y que se incorpora
de manera generalizada al trabajo productivo. 2.2.
En el terreno de la negociación colectiva nos planteamos extender
la protección de la negociación colectiva a todas las personas asalariadas,
desarrollar los convenios colectivos de Catalunya como un instrumento
de solidaridad y a la vez de agregación de las reivindicaciones y
del conflicto, negociar el segundo convenio colectivo del sector de
las ETTs, conseguir la plena libertad de negociación de los empleados/as
públicos para hacer realidad el autogobierno en materia de Función
Pública, la constitución de una Fundación tripartita para la seguridad
y la prevención, el desarrollo y descentralización del TLC, la generalización
de nuevos derechos sindicales adaptados a la sociedad de la información,
la constitución de comisiones sectoriales para la igualdad y la no
discriminación y una política salarial que permita disputar a los
empresarios los incrementos de productividad y conseguir la mejora
del poder adquisitivo real. V.
CONSTRUIR LA COOPERACIÓN SINDICAL EN TODO EL MUNDO
La
cooperación sindical como una forma de entender la acción sindical
y la solidaridad internacional se materializa en CCOO en el trabajo
que realizan diferentes organizaciones y que canalizamos a través
de la Fundació Pau i Solidaritat. Durante estos cuatro años hemos
vivido la plena consolidación de este proyecto. Con la materialización
del compromiso de destinar el 0,7% del presupuesto de la CONC y de
los organismos autónomos a tareas sindicales de cooperación, además
de adquirir una gran autoridad moral ante los poderes políticos, las
AAPP y otras organizaciones, hemos garantizado y dado continuidad
a la tarea de la Fundació. Una
tarea de matriz eminentemente sindical, que se expresa en acciones
de sensibilización en el conjunto de las estructuras del sindicato,
como la celebración de las Jornadas Internacionales y Foro de Cooperación
Norte-Sur en la que participaron más de 20 organizaciones sindicales
de diez países. En la participación activa de la CONC en la marcha
contra la explotación laboral de la infancia, en el proyecto “Roba
Neta” impulsado conjuntamente entre el SETEM y la FITEQA y dirigido
a impulsar los derechos laborales y sindicales en las empresas del
textil de los países en desarrollo o la red de comercio justo y la
tienda solidaria. La defensa de los derechos humanos en cualquier
parte del mundo, con la participación en las movilizaciones contra
la impunidad en Chile y Argentina y en la denuncia de la persecución
y asesinato de sindicalistas colombianos, por citar casos emblemáticos.
Los proyectos de construcción o refuerzo de sindicatos ha tenido su
concreción en la asesoría jurídica sindical de UNSITRAGUA de Guatemala,
la organización de mujeres campesinas en Carrasco Tropical de Bolivia,
el programa de salud laboral contra el asbesto en Perú, la rehabilitación
de la sede de la CTC de Holguín en Cuba, el proyecto de refuerzo del
Sindicato del Metal de la CDT de Marruecos o la investigación sobre
deslocalización de empresas de Catalunya en Marruecos. Sin olvidar
las acciones de solidaridad más recientes con los Sindicatos del Metal
o del Textil de Bosnia. La tarea sindical ha ido acompañada de la
participación solidaria en reivindicaciones como las del pueblo saharaui
y el soporte material para poder hacer frente al referéndum de autodeterminación,
o de las organizaciones sociales de Chiapas. Pero quizás la más significativa
de este mandato haya sido la recogida y canalización de la ayuda a
través de entidades sociales que trabajan con CCOO a las personas
y comunidades afectadas por el huracán Mitch en América Central. El
mejor resumen es que hoy “Pau i Solidaritat” es un referente en toda
Catalunya para todas las personas y entidades que trabajan en el terreno
de la solidaridad y la cooperación. Un reconocimiento que se ha expresado
en otros momentos en la concesión del premio “Barcelona solidaria
1997” otorgado por el Ayuntamiento de Barcelona. Los
próximos pasos a dar van en la línea de una mayor sindicalización
de nuestro trabajo de cooperación, su focalización en países y sindicatos
con los que podemos desarrollar proyectos conjuntos y la concreción
geográfica de nuestras prioridades en el Magreb, los países del Este
Europeo y América Latina. VI.
LA ORGANIZACIÓN SINDICAL COMO DINAMIZADORA DE LOS CAMBIOS 1.- Durante estos años hemos conseguido uno de los incrementos netos más importantes de afiliación: 128.000 personas afiliadas y una media de cotización del año 1999 que ya supera los 120.000 ante los 109.000 del año 1995 son la evidencia. Han contribuido a este crecimiento de la afiliación, el incremento de la población asalariada de Catalunya y el mejor clima económico, pero ha sido determinante un trabajo afiliativo y organizativo sostenido. Este crecimiento de la afiliación se produce en paralelo a un cambio en la naturaleza del vínculo de los trabajadores y trabajadoras al sindicato. Aunque se mantiene la afiliación motivada por la identidad con el proyecto sindical de CCOO, una parte de la nueva afiliación establece un primer vínculo sindical basado en criterios de utilidad inmediata. Y nosotros como organización tenemos la responsabilidad de poner los mecanismos y los instrumentos que permitan establecer el “contrato moral” entre los trabajadores y la CONC a que hacíamos referencia en el último congreso. La participación a todos los niveles, la comunicación entre la afiliación y las estructuras sindicales y la formación sindical constituyen hoy los ejes de una organización sindical que pretende ser sujeto activo de los cambios que se producen en los centros de trabajo y en la sociedad. Y estamos en condiciones de dar este salto a condición de que nos enfrentemos a algunos escollos que tenemos como organización: estabilizar la gran cantidad de altas en la afiliación que conseguimos cada año, concluir el proceso de desarrollo organizativo de las federaciones en el territorio, de forma que cualquier afiliado/a tenga un punto de referencia en la estructura del sindicato, desarrollar mecanismos organizativos adecuados a las características de las PYMES y que garanticen la relación estable con el sindicato, construir formas organizativas flexibles y útiles para las nuevas realidades productivas y para las nuevas formas de relación entre empresas y centros de trabajo, ofrecer como sindicato un proyecto atractivo y un espacio útil para los nuevos trabajadores autónomos dependientes (TRADES) son algunos de nuestros retos de futu |