La utopía cotidiana de CC.OO.

Joan Coscubiela

Mis primeras palabras son para agradecer la presencia a todas las personas representantes de organizaciones sindicales, sociales, empresariales y políticas que hoy estáis aquí, compartiendo con la gente de CC.OO., estos 40 años de vida. Y muy especialmente agradecer a la amiga, actriz y sindicalista Carme Sansa que nos haya querido ayudar en la conducción de este acto.

Supongo que a estas alturas del día ya es evidente que la intención de esta celebración es doble. Hemos querido rendir un sentido homenaje a los hombres y mujeres sindicalistas que desde los años 60 y durante todas estas generaciones han hecho posible con su trabajo discreto, pero efectivo, esta utopía cotidiana que significa CC.OO.

El sindicalismo, tal como lo entiende CC.OO., a diferencia de otras formas de organización social, todavía descansa en estos miles de compañeros y compañeras que cada salen de su casa y al llegar a sus centros de trabajo son la imagen, la representación de CC.OO. O mejor dicho, son CC.OO. Los representantes sindicales de CC.OO. en las empresas no son, como alguna vez hemos oído, nuestras terminales en las empresas, son nuestras raíces en los centros de trabajo y, mejor dicho, son nuestra red sindical.

Pero esta celebración, además de suponer un reconocimiento a nuestra historia, que es una parte de la historia de los trabajadores y trabajadoras catalanas, tiene también, y en primer lugar, una clara voluntad de proyección de futuro. 40 años en la vida de una persona, de una organización, ya es una edad suficiente como para pararse a pensar. Para valorar todo lo que se ha sido capaz de hacer. En ocasiones incluso sorprende agradablemente todo lo que se ha hecho. A los 40 años, una persona y una organización ya se empieza a conocer a sí misma. Aunque, como dice José Antonio Marina, es más fácil conocer a los otros que conocerse a uno mismo. Y eso pasa en las personas y en las organizaciones. Hoy, con la sabiduría que da el tiempo y la distancia estamos en condiciones de analizar nuestro pasado y presente para proyectarnos con fuerza hacia el futuro.


El conflicto social continúa vivo

Hoy ya sabemos que aunque algunos defiendan que estamos al final de la historia, que ya no hay diferencias ideológicas, e incluso se atreven a defender el final del conflicto social, nosotros, la gente de CC.OO. sabemos que el conflicto social continúa vivo y necesita de organizaciones sindicales y sociales que representen, organicen y canalicen este conflicto en beneficio de los trabajadores y trabajadoras.

Hoy ya sabemos que para hacer sindicalismo ahora, como hace 40 años o como en los tiempos de Salvador Seguí o Joan Peiró, es imprescindible entender la realidad para poder transformarla y no simplemente para instalarse en ella. Entender la realidad significa hoy darse cuenta que el modelo de la competitividad basado en salarios bajos, desregularización y precariedad está agotado. Y no sólo es socialmente injusto, sino económicamente suicida. Por eso, CC.OO. no ha parado en los últimos cinco años hasta conseguir comprometer al Gobierno catalán y a la patronal en la asignatura de un pacto estratégico que pretende cambiar el paradigma de una competitividad de costes por otra de eficiencia económica, social, ambiental.

Entender la realidad significa hoy comprender que la flexibilidad productiva es útil a condición de que no se convierta en desregularización o precariedad. Que la flexibilidad ha de tener rostro humano y que por eso ha de ser negociada y pactada con los trabajadores. Y por tanto, a CC.OO. no le da miedo entrar a pactar los temas de organización del trabajo y de la producción, que es el terreno en el que se dilucida el conflicto social.

Hoy CC.OO. sabe que ante las estrategias de deslocalización, que buscan las ventajas de los costes, el sindicalismo ha de responder con una estrategia de multilocalización. Y que para arraigar la actividad económica, los derechos sociales, el estado del bienestar, lejos de ser un problema pueden formar parte de la solución. Porque una sociedad justa y cohesionada facilita una economía eficiente.


La autonomía y la independencia sindical

Hoy, como hace 40 años, ya hemos comprobado la importancia decisiva que tiene el valor de la autonomía, la independencia del sindicato. Autonomía en la construcción del proyecto sindical, autonomía en la acción sindical, autonomía en las relaciones con otras organizaciones e instituciones y, sobretodo, la independencia económica que dan los 165.000 afiliados y afiliadas en Catalunya y el medio millón en toda España. Vosotros, las personas de una cierta edad, también los jóvenes, también las mujeres, sabéis que sin independencia económica no hay autonomía. Y que la autonomía sin independencia económica se convierte en una frase vacía o una imagen virtual y mediática que se va alquilando hoy a unos y mañana a otros.

Lo que no se imaginaban, supongo, los pioneros de los años 60 y 70 es la importancia que ha adquirido la autonomía en relación a los medios de comunicación. En una sociedad en la que en ocasiones parece que los medios escriben el guión que después han de interpretar los actores políticos, poder ejercer la autonomía respecto a los medios de comunicación es vital. Afortunadamente, estos miles de sindicalistas que cada día son CC.OO. en los centros de trabajo nos dan mucha fuerza. Y así no hemos de estar pendientes de la noticia, el editorial o la tertulia para saber cual es la intervención que hay que hacer en los centros de trabajo, en las asambleas o en los medios de comunicación.

Hoy ya sabemos la importancia de nuestra herencia genética como sindicato de clase y nacional. Lo que quizás no se podía imaginar nunca Cipricano García, el catalán nacido en La Mancha y luchador por las libertades democráticas, sociales, sindicales y nacionales, es la importancia que con el tiempo adquiriría su construcción ideológica. “Cipri” llegó a ver, o al menos a intuir, como la práctica de CC.OO. como sindicato de clase y nacional ha hecho inviable en Catalunya cualquier otra manera de entender el sindicalismo. Lo que dudo mucho que “Cipri” pudiera llegar a imaginar nunca es la importancia vital de su proyecto, en unos momentos en que alguna gente, demasiada gente en Catalunya y en España, pretenden que el conflicto social desaparezca del debate social, política y mediático para ser substituido por el conflicto interterritorial.

Si “Cipri” estuviera entre nosotros quizás nos podría dar alguna pista, aunque fuese en forma de preguntas. Y se interrogaría y nos interrogaría porqué las políticas fiscales de los gobiernos son tan indistintas entre sí. Y quizás se preguntaría porqué hoy el debate sobre la fiscalidad no se hace en Catalunya y en España en clave social alrededor de la suficiencia o progresividad del sistema fiscal. Quizás incluso nos preguntaría porqué en España y en Catalunya todos los gobernantes compiten por reducir la capacidad fiscal del sector público, bajando los impuestos directos y subiendo los indirectos. Y en cambio dedican todas sus fuerzas a canalizar otros conflictos.

Y estoy seguro de que con la sabiduría que le caracterizaba, “Cipri” nos diría otra vez que ante esta situación lo mejor que puede hacer la Comisión Obrera Nacional de Catalunya es profundizar en nuestras señas de sindicato de clase y nacional. Ser sindicato de clase y nacional significa hoy defender con la misma fuerza el contenido social de las políticas y a la vez los instrumentos políticos que hagan realidad el autogobierno social y político de Catalunya, que no puede ser una mera descentralización administrativa.

Y significa entender, como hace CC.OO. de Catalunya, la necesidad de ejercer el conflicto social en el marco de un Estado descentralizado políticamente. Es decir, ser el portador del conflicto social en todos los ámbitos.


Ante la globalización

Por cierto, y continuando con la sabiduría innata de aquella generación, hoy sabemos la importancia que tuvieron que “Cipri”, Ángel Rozas o Marcelino Camacho y sus discípulos, como la generación de López Bulla, se negasen a que CC.OO. entrase en ninguna internacional sindical en los momentos álgidos de la guerra fría, que también afectaba al sindicalismo.

Quizás intuían o sabían de la importancia de construir un sindicalismo europeo y unitario, como la CES. Hoy seguro que se sienten muy felices de saber que 2006 puede ser el año de la creación de una organización sindical mundial, en un verdadero proceso constituyente que agrupará la CIOSL, la CMT y todos los sindicatos no agrupados en ninguna internacional. Porque ahora nosotros sabemos que ser sindicato de clase y nacional en una economía y en una sociedad globalizada significa tener muy presente la perspectiva europea y global del conflicto social.

Nadie mejor que nosotros sabe que CC.OO. es fruto e hijo de los flujos migratorios de los años 60, 70 y de la fusión, del mestizaje. Y vosotros sabéis que frente a aquellos que quieren resaltar las diferencias propias del lugar de nacimiento, de la cultura, de la etnia, de la religión de cada uno, lo que hacemos nosotros es resaltar la unidad en la diversidad. Y hemos de volver a recordar que el centro de trabajo y el conflicto social unen a los trabajadores y trabajadoras más de lo que los separan. Como pasa también con la ciudad. Hoy sindicalismo y ciudad continúan siendo buenos antídotos contra la xenofobia y el elitismo social.


El sindicato de la inmigración

Por eso nos sentimos orgullosos de continuar siendo el sindicato de la inmigración, de los nuevos residentes, de los nuevos trabajadores y de tener más de 6.000 afiliados y afiliadas que no tienen la nacionalidad española, pero que son catalanes, porque viven, trabajan y luchan en Catalunya.

Hoy, en puertas del 8 de marzo, quisiera recordar también la importancia de las mujeres en la construcción del sindicato, Mujeres que en CC.OO. han tenido que luchar contra su discriminación, como trabajadoras, como mujeres y con ciertas incomprensiones. Por eso, y como anticipo del 8 de marzo de este año, quisiera personalizar en la amiga Aurora Gómez a todas las mujeres que han tenido responsabilidad en nuestra casa.

CC.OO. nace con una gran voluntad reivindicativa y organizativa de ser un sindicato general, un sindicato para toda la clase. Durante estas cuatro décadas hemos comprobado también la utilidad de ser un sindicato general. Porque sabemos que en nuestra sociedad, como dice López Bulla, el salario se conquista en la empresa a partir de la negociación colectiva. Pero el poder adquisitivo del salario se gana y se defiende en la sociedad a través de la concertación social de las políticas públicas.

Sin sindicato general nuestra capacidad de intervenir en la regulación del mercado de trabajo, de la Seguridad Social, del sistema sanitario, de las políticas educativas, desaparece. Construir un sindicato general no ha sido fácil y más si somos conscientes que lo hemos hecho en un momento en el que la globalización ha incrementado las reacciones defensivas de todos, también de las organizaciones sociales. Por eso, en estos años se ha incrementado el valor refugio, el valor de seguridad que aportan la familia, la nación, la religión, la tribu. También la tribu sindical, es decir, el corporativismo.

Hasta aquí todas nuestras herencias genéticas que CC.OO. de Catalunya ha sabido mantener y actualizar ante los cambios para continuar siendo un sindicato representativo y útil. Porque durante estos años son muchas las cosas que han cambiado. Lo ha hecho la tipología de los trabajadores, de las formas de trabajo. El modelo productivo taylorista integrado ha dado paso a un sistema productivo en red, donde todo el mundo intenta externalizar riesgos y costes a terceros.

También ha cambiado el modelo económico y ahora lo que es más importante no es el control de la producción, sino el control de los productos y de los mercados, donde los centros de trabajo están dispersos y segregados y eso dificulta las formas tradicionales de participación. También ha cambiado el espacio social y territorial en el que el sindicalismo ha de actuar. Hemos pasado del monopolio del espacio estatal a la interdependencia de los espacios globales con los espacios locales y, en medio, los Estados nacionales.

Estas palabras han tenido la intención de intentar explicar hasta que punto las aportaciones, la genética de aquellas generaciones que nos han precedido continúa viva y vigente. Y hasta que punto es importante el trabajo hecho por miles y miles de sindicalistas que hoy tienen el reto de actualizar el proyecto sindical de las Comisiones Obreras a los cambios producidos, sin dejar de ser aquello que siempre hemos sido, una organización sindical de trabajadores y trabajadoras, autónoma, que pretende representar, ejercer y organizar el conflicto social en la realidad que nos ha tocado vivir, la Catalunya, la España, la Europa del siglo XXI.

Muchas cosas han cambiado, pero hay una que continúa como siempre. Todos los que estáis aquí sabéis que, al final, todo depende de las personas. Y la organización de este acto y de todas las celebraciones del 40 aniversario de la CONC ha sido posible gracias al esfuerzo de muchas personas, de éstas que como vosotros nunca saldrán en los rótulos, pero que han sido los verdaderos protagonistas de nuestra historia y nuestro presente.

Por eso mis últimas palabras son para agradecer el trabajo de organización de este acto.

Joan Coscubiela.
Secretario general de CC.OO. de Catalunya.

Intervención en el acto del 40 aniversario de la fundación del sindicato,
celebrado en Barcelona el 5 de marzo de 2005.