Un compromiso para compartir juntos

Josep Antoni Duran i Lleida

Empiezo mi intervención haciendo referencia a tres citas diferentes de personajes bien distintos, y con contenidos no contradictorios, simplemente complementarios.

“El mejor profeta del futuro es el pasado“.
Gilbert K. Chesterton.

“El futuro no es un regalo, es una conquista“.
Robert Kennedy.

“Nos interesa el futuro porque es donde pasaremos el resto de la vida”.
Woody Allen.

Si no pensáramos en el futuro, el presente no tendría sentido, y el pasado de poco nos serviría como partido. El pasado lo debemos a los que encaminaron hace ahora 75 años el proyecto de Unió en unos momentos de esperanza, pero nada fáciles, de turbulencia política y social dentro y fuera de Cataluña, y de España. El pasado lo debemos también a los que más adelante, en los arriesgados años de oscuridad y clandestinidad, continuaron manteniendo viva la llama del proyecto.

Dicho esto, el futuro es cosa nuestra, de los que creemos que vale la pena pasar el testimonio a una nueva generación comprometida con el proyecto de Unió, con el país y toda su gente. Todos juntos conquistaremos el futuro.

Nosotros hemos hecho todo lo que estaba a nuestro alcance. Pero no hemos terminado todavía. Nos queda mucho por hacer. Hay muchas personas que quieren acompañarnos en la conquista del futuro. No les podemos dar la espalda. Hoy empezamos una nueva etapa que conducirá al partido a la celebración del centenario, una nueva etapa que conservará y reforzará nuestra personalidad y nuestra razón de ser.

Unió ha pasado por momentos muy difíciles. A lo largo del tiempo ha aguantado las pesadas persecuciones de unos y otros, de la dictadura, de la clandestinidad, de la represión, de la incertidumbre de los primeros años de la transición, de la tendencia marxista que nos ahogaba. Hemos aguantado y aguantaremos el falso progresismo, el relativismo generador de una espesa niebla que no deja ver los perfiles de un sistema de valores, la adicción al individualismo, como la peor droga para el comunitarismo, la atracción que en sectores de la sociedad, especialmente colectivos jóvenes, ejerce el estéril radicalismo verbal. Todo esto y más, hemos aguantado, pero podemos aguantar mucho más. Los cimientos son sólidos.

 

Repaso al pasado

Antes de acercarnos a los fundamentos hagamos algo de repaso de lo que debía de pasar tal día como hoy de hace 75 años. Se habían celebrado las elecciones municipales el 12 Abril del 31, en las cuales las candidaturas republicanas triunfaban en todas las grandes CiUdades del Estado. El 14 de Abril se proclama la II República española. En Catalunya, la República catalana, la cual, justo es decir, fue desproclamada dos días después. En Agosto de aquel año, se celebra el plebiscito del Estatuto de Autonomía, llamado de Nuria, que después fue modificado radicalmente por las Cortes españolas con mayoría republicana, a pesar del compromiso que los republicanos españoles habían adquirido con el Pacto de San Sebastián de respetar íntegramente el texto que plebiscitase el pueblo catalán.

Ahora hace 75 años había, pues, una grave crisis institucional en el Estado (final de la monarquía de Alfonso XIII e inicio de la II República): crisis económica (post-crack de 1929); una sociedad con fuertes diferencias por razón de clase social; un mundo dónde chocaba un capitalismo de base industrial salvaje con una realidad agraria todavía no modernizada; altísimos niveles de analfabetismo; graves enfrentamientos sociales de base clerical; grandes ideologías totalizadoras enfrentadas (comunismo y diferentes fascismos); un movimiento sindical anarquista predominante en Catalunya y una autonomía política todavía inexistente o casi...

Y en medio de tantas contradicciones, de dogmatismos, de maniqueísmo de buenos y malos, de verdades absolutas, de confrontaciones, de bloques, de caciques, de arrebato, de fachenda,... un grupo de personas de la talla política, moral e intelectual como Pau Romeva, Mauricio Serrahima, Roca Caball, Vila d’Abadal, Cirera i Soler, Àngel Morera, Joan Guinart, Pere Aragay, Esteve Farré,... tuvieron el coraje de pensar y creer que Catalunya necesitaba una nueva fuerza política nacionalista, de inspiración cristiana, con una profunda alma social, una fuerza “centrista y centrada”, que diríamos en terminología de hoy, sin que esta condición significara, ni entonces ni ahora, querer ser un entremedias de la derecha y la izquierda. Un 7 de Noviembre de 1931 publicaron el manifiesto fundacional en el diario El Matí. Una fuerza política a la cual, meses después, se añadía otro grupo de dirigentes de extraordinario prestigio procedentes de Acció Catalana, como fue el caso de Carrasco i Formiguera o Miquel Coll i Alentorn, entre otros.

En el diario El Matí, como un presagio de lo que después escribiría el poeta “Todos los placeres del día están al amanecer. El mundo sólo está hecho de mañanas, igual que la vida sólo está hecha de juventud...”, veía luz un nuevo proyecto político con clara vocación de dar soluciones que hicieran posible el pacto entre los extremos situando, desde buen principio, la persona como eje central de su razón de ser. Hace pocos años, la coalición, hoy federación de Convergencia i Unió, utilizó en una campaña electoral un doble eslogan: “Catalunya primero; en Catalunya, primero las personas”. Era esta segunda parte la aportación de Unió Democrática que ataba con el hilo rojo de los hoy ya casi setenta y cinco años de vida propia.

Mientras tanto, aquella esperanza e ilusión que proyectaba Unió en los años 30 en un sector de la sociedad catalana no tuvo tiempo de consolidarse y cumplirse. Todo, duró bien poco. Las turbulencias políticas, la cainita confrontación, los errores de unos y otros, que hoy nadie quiere reconocer, nos llevaron a una guerra civil, y a una dictadura. Unió fue disuelta y sus bienes confiscados por la Ley de Responsabilidades Políticas del 9 de Febrero del 39. Paul Preston habla de Unió Democrática y de Carrasco i Formiguera como un ejemplo de la tercera España.

Es esta experiencia histórica, la que nos da autoridad moral y política para observar a menudo con preocupación, algunas conductas parciales que la reivindicación de la memoria histórica han generado. La memoria forma parte de la identidad de un pueblo y conviene no perderla nunca. El franquismo, no hace falta ni decirlo, hizo la lectura sesgada y sangrante propia de las dictaduras. Unió recibió las consecuencias, desde la persecución, pasando por la prisión, hasta el asesinato, como fue, entre otros, el de Carrasco i Formiguera. Pero desde su fidelidad a la Generalitat republicana, Unió y su entorno sufrió también en carne viva los efectos del desorden del final de la República, del vacío de poder que dejaron los que tenían la obligación democrática de asegurar la libertad y la barbarie de la Guerra Civil. Memoria histórica, por lo tanto, la que haga falta, pero que no se caiga en el sectarismo ni olviden, en algunos casos, su irresponsabilidad.

 

Los fundamentos de Unió

Hablemos ahora de nuestros fundamentos. Cuando Unió nació, existía una nutrida representación de partidos nacionalistas. Al recordar los inicios, hacía mención de la implicación de Carrasco i Formiguera o de Coll i Alentorn, procedentes de Acció Catalana. Ni los fundadores, ni Carrasco o Coll tienen, por lo tanto, intención de fundar un partido sólo nacionalista. Si fuera por esto, Unió nunca se habría fundado. En los genes de nuestra fundación hay algo más que la defensa de Catalunya como nación. Esto ya se podía hacer desde ERC, desde Acció Catalana, desde Estat Català,... pero Unió no era y no es “sólo” un partido nacionalista. No ha sido nunca así, ni lo será en el futuro. Dejaríamos de ser lo que somos y no tenemos ninguna intención. Todo lo contrario.

Nos sentimos claramente uno de los herederos del catalanismo político, pero Unió nace para enriquecer el pluralismo del nacionalismo catalán sin afán, todo lo contrario, de formar parte de un único partido nacionalista. Se debe defender Catalunya desde todas las trincheras. Acostumbro a recordar siempre como el escritor Joan Sales, desde el frente de la guerra, explica por carta a Màrius Torres, el porque se ha hecho de Unió, diciéndole que se ha desdicho de hacerse militante de Estat Català: “Hay una cosa de Estat Català que no nos gusta, y es que del sentimiento patriótico se haga ideología de partido cuando es, o debería ser, el patrimonio común de todos. Podemos defender Catalunya desde todas las trincheras ideológicas”.

El nuestro es, además, un nacionalismo particular. Es un nacionalismo personalista. No entendemos la nación sin las personas. La dignidad de la persona y su defensa son la razón de ser de Unió. Es a través de la persona que llegamos al nacionalismo teniendo en cuenta que uno de los pensamientos es la identidad colectiva. Por esto, el nuestro ha sido siempre un nacionalismo abierto e integrador. Por esto, en nuestra casa, todo el mundo se ha encontrado siempre bien, al margen del lugar de origen, de la lengua que hablen y del lugar dónde vivan. Este es uno de los activos diferenciales de Unió en el abanico del nacionalismo catalán. Primero las personas y, a partir, y alrededor de las personas, de todas y cada una de ellas, se configura la nación.

Esta manera de entender y aplicar nuestro catalanismo, nuestra defensa de la especificidad nacional, comporta también otras singularidades. Queremos lo que somos, sin odiar el que no somos. A nuestro nacionalismo no le hace falta el fenómeno de la retroalimentación que tanto daño ha hecho y vuelve a hacer en estos momentos en las relaciones entre Catalunya y el resto del Estado. Es obvio que al hablar de retroalimentación estoy hablando tanto de determinada expresión del nacionalismo catalán como también del nacionalismo español.

Es también el concepto de nacionalismo personalista, el que hace que incentivemos la necesidad de extender la conciencia nacional, más que radicalizarla, principio que a menudo se olvidan en muchas iniciativas y debates políticos generados en Catalunya o desde Catalunya.

Jacques Maritain o Carles Cardó, que tienen una significativa influencia en el pensamiento de Unió, sintetizan la nación como un ser mixto, constituido por unos elementos básicos como la cultura, la lengua, la historia y unos elementos formales que son la conciencia de poseer estos elementos y la voluntad de mantenerlos.

 

Catalunya como referente

La nacionalidad no es un hecho inamovible que sólo haga falta proclamar, sino una personalidad a descubrir y conservar. Cardó dice: "lo importante es profundizar en la conciencia y la voluntad nacional en base a un trabajo serio y pertinaz…". Es a partir de asumir el fondo de esta afirmación que debemos ser muy conscientes de que hay entre nosotros, en Catalunya, muchísima gente que sin dejar de quererla -es más, reivindican el derecho a defenderla en su lengua, cultura e historia diferentes a la propia de Catalunya-, no tienen conciencia nacional catalana.

Para ellos, Catalunya no es su referente nacional. Lo es España. Y esto, no sólo debemos saberlo, sino respetarlo. Si nos queremos engañar, podemos pensar que el 90% de la CiUdadanía de Catalunya se siente identificada con Catalunya como nación por el hecho de que el 90% del Parlamento catalán así lo proclamó. Pero todos sabemos que esto no es así, que todavía nos hace falta profundizar y extender a muchísimas CiUdadanas y CiUdadanos la conciencia nacional, como decía Cardó. Sé que es mucho más atractivo para determinados sectores sociales o para una parte de la juventud enarbolar la bandera de la radicalidad verbal. No lo hemos compartido nunca. Somos radicales defendiendo nuestras posiciones, pero son las que son. Hoy ¿hay alguien en condiciones de afirmar que el nacionalismo radical de alguna fuerza política catalana ha permitido, Catalunya adentro, extender la conciencia de la cual hablaba Cardó? Yo creo que no, todo lo contrario. Ha radicalizado algunas de las conciencias nacionales ya existentes y nada más. Y Catalunya hacia fuera, ¿hemos ganado respeto por lo que somos en los últimos años? No, en absoluto, todo lo contrario, y nos costará recuperarlo.

Y en las derivadas políticas de estas últimas reflexiones hay una clara conclusión. El uso y abuso del radicalismo verbal puede acabar produciendo frustración. De la frustración se pueden derivar la insatisfacción permanente, y de esta se puede pasar fácilmente a la generación de un clima dónde, o bien el pesimismo, o bien la incapacidad por la autocrítica, o bien las dos cosas a la vez, haga imposible exprimir todos los potenciales de nuestra sociedad y de nuestro autogobierno. No digo que haya pasado, pero sí que remarco que nos interesa que no pase en el futuro. No nos lo podemos permitir.

No obstante, he dejado suficientemente claro que ni en los orígenes ni en la actualidad, el nuestro no es un partido sólo nacionalista. Nació y vive con la clara vocación de defender un determinado modelo de sociedad. El nuestro no es un partido ni conservador, ni liberal, ni socialista, ni comunista. Nuestro valor añadido ideológico tiene nombres y apellidos.

Es, por encima de todo, un partido humanista. “Nada de lo que es humano, nos es ajeno; todo lo que es humano, nos toca”, por plagiar un poeta clásico. Un humanismo inspirado en los valores cristianos con una irrenunciable vocación social. El hecho de pertenecer al corriente ideológico del social cristianismo y de apelar, por lo tanto, a los valores del cristianismo pueden hacer creer a terceros, incluso dentro de la misma Unió, que es un proyecto limitado a aquellos que confesionalmente pertenezcan al mundo del cristianismo. Unió no ha sido nunca un partido confesional. No es un proyecto político que tenga límites en el hecho confesional pero es obvio e irrenunciable para nosotros que hay unos principios insertados en la misma antropología cristiana que son la base de nuestros fundamentos ideológicos. Los hombres, la persona, la fraternidad, el prójimo, la solidaridad, el sentido trascendente de la persona como ser único e irrepetible. Esta trascendencia es para los creyentes una manifestación de su fe. Para los que no creen, porque trascienden también al transmitir unos valores concretos.

Querría, aquí, reproducir una cita que Enmanuel Mounier hacía con motivo de su proyecto Esprit, y que hago mía en aras de todos los afiliados y afiliadas a Unió y que dirijo a la CiUdadanía de Catalunya: “Si tú, cristiano o no, estás de acuerdo con nuestras posiciones fundamentales, tienes un lugar de primer orden en Unió tan esencial como el mío”.

Por otro lado, somos conscientes de que un partido es una parte de la sociedad. Que a menudo el bien común exige la complementariedad de las “partes” que representan el pluralismo social. No todo el que propone el adversario se debe despreciar o arrinconar. Pero es también a partir del reconocimiento del pluralismo político que debemos ser conscientes de que Unió lo garantiza. Por esto debemos defender los valores que se derivan de nuestro humanismo: la vida, la persona, la familia, la libertad la dignidad del ser humano... La defensa de estos valores forma parte de nuestro código genético. Esta ya sería una razón suficiente. Pero también porque no queremos dejar la defensa de determinadas cuestiones en manos de partidos de obediencia no catalana. Hacerlo desde Unió ofrece la doble ventaja que ni debes renunciar a la defensa de estos valores, ni a la defensa de la catalanidad.

 

Huir del maniqueísmo

De alguna de las consideraciones anteriores, podría desprenderse tácitamente como determinadas convicciones imprimen carácter a nuestra manera de hacer política. Pues bien, creo suficientemente importante destacar expresamente un estilo de hacer política estrechamente ligado a Unió. Es como una marca de la casa. Es aquello que nos legó también Maritain a la hora de hablar de “hacer política desde la amistad cívica”. Es huir del maniqueísmo de los buenos y de los malos. Es hacer del diálogo premisa básica de nuestro cuaderno de bitácora... Es expulsar de nuestro manual de conducta el insulto, el exabrupto... Es entender la política como servicio. Claro está que hemos cometido errores. El error es una debilidad, y la debilidad late en el corazón de la condición humana. No admitir errores seria como cerrar la puerta a la verdad.

Al hablar del estilo de hacer política, de la política como servicio, quiero hacerlo también de la honestidad de Unió y de la política en general. Es posible que haya quien crea innecesaria esta referencia, incluso quien me regañe por creer que estas cuatro rayas que ahora leeré pueden inspirar algunas de las informaciones periodísticas de mañana. Me da igual, soy terco, quiero hablar y lo haré. Y además me permitirá hablar de otra cuestión: me refiero a la financiación de los partidos.

A lo largo de más de siete años, Unió ha sido investigada por el derecho y por el revés, por algunos medios de comunicación, por la Fiscalía... Se han abierto diligencias judiciales, se han instruido los correspondientes sumarios y se ha celebrado un juicio oral largamente amplificado en los medios de comunicación. De nosotros, se dijo que éramos la mancha del gobierno de Catalunya. Las portadas de algunos diarios explicaron a la opinión pública que Catalunya dejaría de recibir diez mil millones de las antiguas pesetas por subvenciones de la Unió Europea, previstos para fondos de ocupación, con el mensaje subliminal que Unió se financiaba irregularmente con fondos que iban destinados a los desempleados.

En Unió se abrió una comisión de investigación externa integrada por un catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona, por el decano de la Facultad de Derecho de ESADE y por un periodista, el coordinador del Centro Internacional de Prensa. El único partido que lo ha hecho. Pedimos al Colegio Oficial de Auditores que designara de oficio a uno de sus miembros para revisar de arriba a abajo toda nuestra actividad económica y contable, y así se hizo. Después, la Unión Europea pagó euro a euro los diez mil millones de pesetas; esto sí, previa investigación de la Comisión de la Unión Europea. Incluso el actual gobierno recibió la buena noticia de que Catalunya era premiada con dieciocho millones más de euros por la buena gestión de los fondos de ocupación por CIU. El Supremo, de manera contundente, ha dicho que no había ninguna irregularidad, y menos delito cometido por Unió o por los dirigentes que se pretendían imputar. En el caso Turismo ha habido una sentencia, que ni siquiera se nos ha querido dar traslado por la Sala con el argumento que Unió no era parte implicada en el proceso ni sujeto condenado.

 

Campaña intencionada

Hemos sido objeto de una campaña profunda e intencionada. No hay una sola fuerza política, ni una, que no estuviera interesada. Hemos tenido acusaciones particulares ejercidas por partidos políticos, procesos “singulares” de la Generalitat en alguna parte del proceso... Nadie nos ha pedido perdón. A nadie le parece gravísimo romper el principio de inocencia. ¿Esto es propio de un Estado de derecho? Este es un estilo de hacer política. El nuestro es otro. De cuántas irregularidades se habla, las últimas semanas y meses, de todos los partidos sin excepción, a la Generalitat, al Ayuntamiento de Barcelona. ¿Alguien ha visto a Unió quebrantando, con actitudes o declaraciones, el principio de inocencia, el respeto a la división de poderes? ¿El respeto a las personas? Nadie. Ya lo he dicho: es otro estilo de hacer política. Me quedo con el nuestro. Sólo me sabe mal que de por medio se ha hecho un daño importante a muchas personas.

¿Qué hay problemas con la financiación de los partidos? Claro está que sí. Y mucha hipocresía, también.

Los partidos no nos financiamos de las cuotas de los militantes, ni de las aportaciones de los cargos públicos que hacemos voluntariamente. Ni siquiera de lo que recibimos de los organismos públicos. Todos, sin excepción, tenemos un complemento de donativos anónimos en la mayoría de casos, porque así lo permite la ley. Y quien no lo tiene en la contabilidad del partido y ataca al adversario, lo tiene en la contabilidad de su fundación, y si no algo esconde.

Ahora bien, ¿el problema se encuentra en el ingreso o en el gasto? En el gasto y, lógicamente en correspondencia, en el ingreso. España es uno de los países dónde se gasta más en las campañas electorales. Es dónde se necesitan más reclamos para atraer al elector a las urnas. Vallas y vallas publicitarias, páginas y páginas de diarios -todo más caro, por cierto, por ser publicidad electoral-. ¿Por qué no cambiamos la ley electoral de una vez y se obliga al electo a tener contacto permanente con el elector? Que haya el diputado directamente elegido en cada distrito. Si no es esto, ¿porqué atender al elector? Con un sistema de listas cerradas, y cuanta menos democracia interna más se acentúa, que quien te asegura la elección es la dirección del partido situándose en un buen lugar de la lista y no el elector. ¿Por qué no se utilizan al menos los medios públicos para hacer debates permanentemente sobre cuestiones que afecten prácticamente, en el día a día, a la CiUdadanía?

¿Hagamos también una nueva ley de financiación de partidos, de acuerdo? Suprimamos el anonimato de las donaciones. ¿Tenemos una sociedad dispuesta a ayudar a su opción política y que se conozca? ¿Los partidos políticos no repasarán con atención las listas de quienes financian al adversario? ¿Y si no hay donaciones privadas, estamos dispuestos a asumir un incremento de los presupuestos públicos? Si desde algún medio se escandaliza e intenta escandalizar a la CiUdadanía porque las Cortes puedan prever unos fondos de pensiones y un subsidio de paro ¿Estamos dispuestos a no escandalizarnos si se dedica más dinero público a la financiación de los partidos? O ¿Se considera normal que una empresa pueda fomentar un plan de pensiones para sus trabajadores y el Congreso no para sus diputados?

¿Es normal que un alcalde haya consagrado toda la mejor parte de su vida a servir con eficacia y honestidad a su CiUdad y al día siguiente de dejarlo no tenga ni derecho al paro? La democracia es cara, sí! ¿Es que las dictaduras son más baratas? Abramos el debate, pero primero curémonos en salud y hagamos caer la barrera de la hipocresía. ¿O es que se quiere que a la política vaya a parar aquel que no tiene nada más que hacer o no sabe hacer nada más?¿ No hay una bajada de la calidad de los dirigentes políticos, empezando por mí mismo, si ustedes lo quieren, como para fomentar que todavía baje más? Eso sí, queda muy bien desde ciertos sectores intelectuales, desde la “broma “ fácil o desde ciertos gurús del periodismo ir menudeando la expresión “yo, de la política y de los políticos, no espero nada”. Si al menos dijeran que cobran ellos más por un solo programa que por un mes del más bien pagado de los políticos! Afortunadamente, no todos son así, y menos en Catalunya.

 

El hecho religioso

Ya habéis visto que me he separado algo del guión, pero ya he dicho que lo he hecho muy expresamente. Creo que hacía falta hablar. Recuperemos ahora el hilo de lo que pasaba ahora hace 75 años.

Empezaré por el hecho religioso, con un destacado protagonismo en los años 30, que hoy volvemos a recuperar en parte. Existe por todas partes de Europa pero muy marcadamente en España, y todavía más en Catalunya, una nítida voluntad de expulsar el hecho religioso de la sociedad. El Estado es laico y es bueno que así sea. El laicismo entendido en este sentido se convierte en un valor propio de los países pluralistas y democráticos. El problema se produce cuando el laicismo del Estado pretende sustituirse por un laicismo que quiere reducir al ámbito privado el factor religioso negándole todo espacio y toda expresión pública e instituyendo una cierta moral y ética única de Estado.

No hablo ya como cristiano, que también, lógicamente, sino como CiUdadano interesado por el futuro de su pueblo. Estamos volviendo a aquellos años dónde la resaca del nacional catolicismo produjo un cierto fenómeno de clandestinización del hecho religioso. La religión era como un hecho a esconder. El filósofo alemán Habermars, nada sospechoso, habla claramente del peligro de la secularización de Occidente y advierte que si se sigue por la vía de la secularización sin valores no llegaremos a resolver nuestros conflictos. Debemos ser capaces -añado yo- de conjugar lo mejor de la tradición cristiana y de las corrientes laicas para que las instituciones, todo y ser laicas, no sólo no expulsen el hecho religioso sino que no se sientan ni ajenas, y todavía menos beligerantes, ante los sentimientos religiosos. Una parte de la poca legislación que se ha producido en Catalunya o en el Estado en los dos últimos años ha sido, en cambio, bien alejada de esta síntesis positiva.

Soy consciente de que se debe desatar el fenómeno migratorio de la política religiosa. Pero no puedo ser inconsciente del hecho que, en Europa, cada vez hay más presencia religiosa del Islam. No hablo ahora del fundamentalismo, sino sencillamente del Islam, que tiene muy claros sus compromisos religiosos y que es la otra cara de la moneda del Estado laico. ¿Acabarán teniendo más fuerza estas ideas que las nuestras por culpa de aquel fenómeno de secularización que Habermars denuncia? Acabo este apartado dejándoos un elemento de reflexión ¿Alguna vez se había producido en Europa un debate tan vivo como el de la libertad de expresión y respeto a las religiones y a sus símbolos como ha sucedido ahora en el caso de la publicación de las viñetas de Mahoma en un rotativo danés? ¿O es que en Europa no se hace mofa y escarnio de símbolos y costumbres del cristianismo? En Catalunya sí, a menudo, y sobre todo en medios públicos. ¿Qué nos pasa? ¿Tenemos una sociedad enferma o cobarde, empezando por sus líderes políticos? ¿Esto no nos hace pensar? Y reitero, no es ninguna reflexión confesional, como es evidente que ni de lejos lo es la de Habermars.

 

La cuestión social

En el manifiesto fundacional de Unió aparece, de manera nítida y reiterativa, la cuestión social. Se denuncia como injusta y alejada de los valores del humanismo cristiano, la organización social de aquellos tiempos. Se reivindica el derecho de los trabajadores a la sindicación. Se propugna el salario vital. Se proclama la relación entre la creación de riqueza y su reparto. Se habla de solidaridad.

En los fundamentos de Unió se encuentran, por lo tanto, la semilla de lo que social y económicamente irá germinando en cada etapa futura como propuesta programática en materia de política económica y social.

Dicho esto, es necesario destacar que el valor más preciado de la sociedad catalana es el de la cohesión social. De hecho, lo es en general de las sociedades europeas occidentales. La economía social de mercado, impulsada en Europa por los democratacristianos alemanes y asumida por la socialdemocracia europea, ha sido, a lo largo de las últimas décadas, la garante de esta cohesión. En España llega mucho más tarde. En Catalunya, en cambio, pese a los condicionamientos de las políticas económicas y sociales de la administración española el peso de nuestra sociedad civil, del asociacionismo, del mutualismo, de la estructura social de la Iglesia y de nuestra fisonomía como pueblo han permitido que tuviéramos, aunque con perfiles más bajos, una estructura de sociedad de bienestar social.

Es justamente esta referencia a la sociedad del bienestar la que me permito exponeros la actualización de nuestro pensamiento al respeto. Un conseller de la Generalitat decía hace unos días que el estado de bienestar no es un obstáculo para la competitividad y el crecimiento. No me atrevo a decir que no estoy de acuerdo, primero, porque no me gustan las simplificaciones y, segundo, para que no haya malas interpretaciones. Intentaré explicarme. Nosotros no podríamos afirmar que el Estado de bienestar entendido como hasta ahora no sea un obstáculo para la competitividad y el crecimiento. Sencillamente porque lo es. Lo es tanto que si no se transformara acabaría destruyendo la competitividad y el crecimiento y, por lo tanto, la generación de riqueza y la cohesión social.

Es necesario reformar el Estado de bienestar, sus estructuras tradicionales para garantizar la supervivencia. De hecho, lo que es preciso es transitar del Estado de bienestar a la sociedad del bienestar. ¿ Quiere decir esto que el estado debe desaparecer como agente del bienestar? No. La garantía social del modelo social europeo tiene dos grandes adversarios: el neoliberalismo y el intervencionismo. Nosotros no somos, ni participamos, de los planteamientos de los unos ni de los otros. La alternativa neoliberal europea importada fundamentalmente por economistas formados en Norteamérica no puede reportarnos otra cosa que un agravamiento de las desigualdades y la marginación social. El caso más paradigmático de los últimos tiempos es el de Tony Blair, que aunque forme parte del “labour” británico ha pasado de la Tercera vía de Guidens -por cierto, una buena copia de lo que ha representado siempre la genuina democracia cristiana europea- a las últimas propuestas, inaceptables para nosotros.

Como tampoco compartimos la alternativa de sectores “post-keynesianos”, de otra parte de la socialdemocracia, de más Estado y más intervención que deja el bienestar prisionero de la gestión burócrata, ineficaz e ineficiente. ¿ Hay una alternativa que no sea desmantelar el Estado, ni hacerlo más inoperante por más intervencionista? Creemos que sí. Nos hacen falta un estado o unas administraciones públicas promotoras más que unas productoras del bienestar. El estado promotor no implica la concepción de un estado mínimo, sino una nueva concepción para implementar las políticas sociales que, situando el principio de subsidiariedad como centro de la sociedad de bienestar, posibilite el trabajo en red de los diferentes agentes que intervienen en la comunidad definiendo un marco institucional para la actuación diferenciada del sector público, el sector privado mercantil y la economía social y empresas del tercer sector. Eso sí, situando la familia como motor y garantía de la sociedad del bienestar social. Catalunya estará más cohesionada como comunidad cuanto más fuertes y estructuradas estén sus familias.

 

La familia, hoy

En el conjunto español y en Catalunya, tenemos un gran déficit de política en favor de la familia. No se trata sólo de ayudas o desgravaciones fiscales. Esta es una parte de la necesaria política familiar, totalmente insuficiente también, por no decir prácticamente inexistente, en Catalunya y en España, si se compara con el conjunto de la Unión Europea. Me refiero a una política integral en favor de la familia situándola esta en el centro de toda la acción de gobierno y en el centro de la escala de valores. Ni siquiera hemos sido capaces de impulsar una política en favor de la familia por razones demográficas cuando la natalidad es uno de los grandes retos de nuestra sociedad.

Hoy se habla mucho de igualdad de género y Unió apoya toda política que conduzca al respeto y a la integración de la mujer en la sociedad, pero plantear políticas de conciliación de la vida laboral-familiar básicamente pensadas en la conciliación de la vida laboral y familiar de la mujer continúa siendo un error y, en el fondo, una continuación de los esquemas actuales. Las políticas de conciliación se deben hacer pensando en el hombre y en la mujer, no sólo en la mujer.

Aun así, más allá de la inexistencia de políticas concretas que armonicen una política integral en favor de la familia, más allá de las leyes, nuestra sociedad hoy proyecta permanentemente a través del principal medio de comunicación, como es la TV, una lluvia constante de pautas que tienden a no valorar la familia. Parece como si la familia desestructurada y la homosexualidad, que nos merece todo el respeto - nada de lo que es humano, nos es ajeno- fuera el denominador común social. Es difícil no encontrar una serie de TV que así lo refleje, tan difícil como encontrar una que proyecte el ejemplo de una familia corriente, feliz, de padre y madre e hijos que se quieran dentro del hogar y que sientan el compromiso con la comunidad fuera de él.

En el ámbito social ahora hay una proyecto de ley en España que tiene una especial trascendencia. Me refiero a la ley de dependencia. Nos preocupa. No estamos de acuerdo con el planteamiento del gobierno. La atención de las personas con dependencia debe considerarse un derecho social. La prestación de servicios se debe hacer desde el derecho y no desde la caridad. Una ley dónde el principio de subsidiariedad debería ser el hilo conductor, y no lo es. Dónde se reconociera el papel de la familia, de la mujer que ha sido y es, hasta ahora, quien ha resuelto los problemas de dependencia. La gente mayor, los discapacitados, los enfermos mentales necesitan una buena ley.

En cualquier caso, para garantizar las políticas sociales es necesario garantizar primero la generación de riqueza. Los estados o las administraciones no la crean, la reparten. Desde el primer día, Unió ha sido un fiel impulsor de las políticas en favor de la economía productiva, de la empresa familiar, de los autónomos, como auténticos generadores de ocupación. Muchos de los que hoy nos acompañáis como invitados sois testigos privilegiados de este acento particular de Unió.

A nadie sorprende, por lo tanto, que seamos abanderados en las políticas económicas en el conjunto del Estado en favor de la creación de riqueza y de ocupación. Todavía resuenan las últimas palabras que yo mismo pronuncié por enésima vez en favor de los autónomos el pasado miércoles en el Congreso o nuestra decisiva aportación en favor de la industria farmacéutica, o nuestra defensa del sector textil. Como conocéis también nuestros esfuerzos por reconducir una reforma mal orientada inicialmente del IRPF o del Impuesto de Sociedades.

Hoy disfrutamos de un crecimiento económico superior a la media europea, pero nos llegan las incidencias que la globalización y las nuevas tecnologías tienen en el crecimiento económico europeo. Crecen las diferencias sociales, crecen los sectores marginados, amplios sectores de la juventud son precarios, tenemos un mercado de trabajo sustentado sobre unas bases negativas. La integración y el ascenso social están bloqueados. No se fomenta la vocación empresarial, mucho más baja entre nosotros que la media europea. Cuesta superar las dificultades burocráticas para crear empresas; los jóvenes optan antes por un puesto de trabajo en la administración, en una entidad financiera o en una multinacional que por crear una empresa. Esto es letal para una sociedad como la catalana que tenía, tiene y debe tener el espíritu emprendedor como un hecho diferencial.

 

La cohesión social

Los altercados en Holanda, Gran Bretaña y, ahora, en Francia ponen de relieve que la cohesión social puede peligrar. La llave para su mantenimiento fue, durante décadas, la economía social de mercado. Ahora se precisa una economía social de mercado renovada, una economía social de mercado que vuelva a sintetizar en un marco diferente del de los años 50 las ventajas de la economía del mercado con el esfuerzo constante hacia la cohesión y la justicia social. Es esta nueva economía social de mercado la que debe permitirnos abrir nuevos horizontes. Una nueva economía social de mercado que, inspirándose en aquella metodología que inspiró el famoso milagro alemán, nos empuja a abordar con valentía los nuevos retos y los nuevos problemas.

Pido una atención especial a la Alemania de Angela Merkel. La potencia económica más importante de Europa vuelve a tener un canciller –una cancillera, en este caso- que ofrece un proyecto basado en estas ideas, capaz de enderezar el alma económica y social de Europa. Haciéndolo, además, en el contexto de la colaboración de las dos grandes corrientes políticas europeas: el social cristianismo y la socialdemocracia, que tantos años de gloria trajeron a Europa y al europeismo. Dos corrientes ideológicas capaces de pactar desde sus fundamentos las bases del sistema social, educativo y económico europeo. Tres pilares básicos para la Europa del futuro. También para la Catalunya del futuro.

Justamente ahora que son tiempos de bonanza económica, son los tiempos para abordar con urgencia las reformas estructurales que nuestra economía necesita. Entre ellas, y de manera particular, la reforma laboral que garantice calidad y estabilidad en la ocupación y que, al mismo tiempo, la haga compatible con la necesaria flexibilización. Afortunadamente, la empresa en general como suma de empresario y trabajadores apuesta cada día más por un compromiso ético con la sociedad, cada vez son más las empresas que apuestan decididamente por la responsabilidad social y la sostenibilidad como nuevos valores de la cultura empresarial.

 

La libertad de enseñanza

Antes hablaba de la educación como un pilar básico del futuro de Catalunya. Cuando, desde Unió, hablamos de educación, no hablamos sólo de instrucción, de enseñanza. Lo hacemos también desde una perspectiva integral, suma de conocimientos y valores. El manifiesto fundacional de Unió dedica uno de sus nueve apartados a “reclamar la libertad de enseñanza dentro de todos los grados, en función de los derechos de los padres sobre sus hijos, así como su honesta y verdadera democratización”. Así se expresa literalmente. Ha sido, pues, continúa y continuará siendo un hecho diferenciador de Unió, esta defensa de la libertad de los padres para escoger escuela. Este no es un derecho más de los que cualifican la enseñanza. Es el derecho fundamental de la libertad en el terreno de la enseñanza.

En defensa de este derecho, hemos dejado huellas definitivas desde la recuperación de la democracia. Desde la LODE hasta el artículo 21 del Estatuto, pasando por la ley orgánica de la enseñanza, todavía en trámite parlamentario en Madrid. El sector lo sabe. Las asociaciones de padres y madres defensoras de esta libertad tienen constancia de esta especificidad del proyecto de Unió. De hecho, quiero agradecerles hoy los pronunciamientos que públicamente han hecho de reconocimiento a Unió.

Somos defensores del pacto escolar que impida que cada gobierno, como ha sucedido en el caso español, tome posesión con un nuevo modelo de enseñanza bajo el brazo. Esto ha dado y da inestabilidad a nuestro sistema educativo, crea incertidumbre y debilita la calidad. En España y en Catalunya nos hemos equivocado los últimos años guiados por un falso progresismo. Esto ha afectado a la escuela, en general, y la titularidad pública, en particular. Les reproduciré lo que ayer reclamaba en una entrevista en La Vanguardia un estudiante de la Sorbona francesa. Decía: “En el origen de esta sociedad inmóvil bloqueada, está tal y como he constatado desde que estoy en Francia, que la escuela republicana, y no solamente la universidad, ha sido destruida. En lugar de conservar un sistema de enseñanza basado en el espíritu del rigor y que creaba un potente sentimiento de pertenencia, hemos dejado desarrollar un discurso laxista en realidad, sobre la sociedad multicultural, la pseudotolerancia, el relativismo intelectual”. Sin duda, muchas de estas reflexiones nos sirven a nosotros, especialmente las del relativismo y el abandono del espíritu del rigor, del respeto por el trabajo bien hecho, por el maestro.

Venga a discutir falsamente sobre la confrontación escuela de titularidad pública y escuela de iniciativa social, entre pública y concertada, y hemos descuidado la calidad del sistema. Aquí tenemos un grave problema. La LOE no implica pacto escolar allá dónde se fijan las reglas de juego del Estado, y el pacto escolar de Catalunya ha venido más condicionado por decisiones del Tribunal Superior de Justicia cuestionando decisiones de la “Conselleria”, que por la propia voluntad de la “consellera”.

¿Por qué no utilizamos la enseñanza para consolidar en Catalunya un auténtico instrumento de nuestra identidad? Recordando aquello que decía antes, ¿por qué no hacemos que la gente que vive en Catalunya sienta el orgullo de pertenecer a este país por tener un sistema de enseñanza de excelencia? Somos conscientes, para terminar, ¿ qué tenemos una inflación de universitarios?. ¿Qué muchos jóvenes trabajan o hacen trabajos que no tienen nada que ver con sus estudios? Recordemos que continuamos teniendo pendiente la asignatura de la formación profesional.

 

La inmigración

Si en el manifiesto fundacional de Unió, como he recordado, se hablaba expresamente de libertad de enseñanza, no se hacía, en cambio, ninguna mención a la inmigración. Es lógico. Pero estoy convencido de que personas que edificaron su proyecto político sobre el compromiso con la persona y con la comunidad, si crearan hoy Unió, harían una explícita referencia. Es otro reto del presente que está condicionando nuestro futuro más inmediato. La inmigración extranjera, y particularmente aquella que procede de países con culturas y valores diferentes, merece una serena reflexión.

La inmigración es una de las derivadas de la globalización. Esta permite visualizar desde la cabaña de cualquier pueblo de la sociedad global la existencia de un paraíso. La respuesta a la inmigración no es, por lo tanto, local. Es global. Las políticas de inmigración no pueden ser sólo catalanas, deben ser también estatales y sobre todo europeas. Y deben ser más amplias todavía cuando se trata del compromiso de inversión en el tercer mundo. Nadie emigra por ganas, nadie deja la vida por el camino por ganas, sino por hambre. Inmigración y cooperación son dos caras de la misma moneda. Hemos de acabar con la hipocresía de cerrarles a la vez nuestros mercados y nuestras fronteras. O una cosa o la otra; las dos a la vez, es imposible.

Pero mientras haya, necesitamos replantear la política de inmigración. Unió respeta los inmigrantes como seres humanos que son. Recordamos “todas y cada una de las personas”. Pero el nuestro es un personalismo comunitario que nos obliga a exigir a estas personas que cumplan también sus deberes respecto a la comunidad de acogida. La integración puede enriquecer, enriquece nuestra cultura, pero no puede diluirla hasta el extremo que quede irreconocible. Como dice muy bien Giovanni Sartori en su libro La sociedad multiétnica, “el multiculturalismo no persigue una integración difere nciada, sino una desintegración multiétnica. ¿Hasta qué punto una sociedad pluralista puede acoger sin disolver enemigos culturales que la rechazan?”. Necesitamos, por lo tanto, fortalecer la cultura de referencia, la nuestra.

El Estatuto nos dará ahora competencias para expedir permisos de trabajo y participar en la autorización de los permisos de residencia y también en la fijación de contingentes Pero, más allá de la titularidad de estas competencias, hará falta ejercerlas para limitar la inmigración. No podemos continuar pensando que sea factible mantener los actuales niveles de crecimiento de la inmigración extranjera, y menos de una manera desordenada. No debe de ser políticamente correcto decirlo, pero la inmigración es un problema. ¿También es una oportunidad? Sí, también. Y es también un riesgo, claro está que sí, pero es un problema. Podríamos afirmar que no es así dentro de la mejor de las correcciones políticas, pero insisto: nos equivocaríamos. Sólo una pregunta: ¿por qué lo es para nuestros vecinos, que son estados, algunos grandes estados demográficamente potentes, y no para nosotros, pueblo pequeño y sin instrumentos de estado?

Es en este contexto que propongo la necesidad de abrir un debate sereno para encontrar criterios que objetivicen la integración. España tendrá que aplicar las directivas de la Unión Europea sobre permisos de residencia de larga duración y reagrupamiento familiar, y será la hora de abrir este debate. Si en los Estados Unidos, en Canadá, en Québec en particular, en Alemania, en Holanda..., se aplican criterios de selección y/o pruebas para validar la integración, ¿nosotros no lo podemos hacer? ¿No lo debemos hacer? Hablemos a fondo! Cuando hablamos de reagrupamiento familiar, ¿debemos continuar con criterios laxos o restringirlo a la familia nuclear? Hablemos seriamente, y cuanto antes mejor. Que no se alarme nadie, pero al final será necesario asumir estas reflexiones y cambiar algunas posiciones preconcebidas, como también sucedió con aquello de los “papeles para todo el mundo”. Al hablar de inmigración extranjera, he hecho referencia a Europa. No podía pasar por alto nuestro europeismo. Unió es garantía de europeismo. Somos el partido, sin discusión, con más activos europeos políticos en Europa y en el mundo. Nos hemos puesto siempre al servicio de la sociedad catalana, de las instituciones de Catalunya y lo continuaremos haciendo. Nuestro patrimonio es patrimonio de Catalunya.

 

El liderazgo europeo

En su día apostamos decididamente por la Constitución europea y lideramos desde el principio la respuesta positiva al referéndum con las mejores condiciones posibles en Catalunya. Estamos inmersos en un mundo global -lo he recordado varias veces-, un mundo en el cual los Estados Unidos ven que se acaba su periodo de hegemonía y que deben competir con países como China e India, muy potentes y con determinadas ventajas comparativas que los hacen difíciles de combatir. Si los Estados Unidos están teniendo dificultades, ¿qué no debe tener Europa? Europa está hoy huérfana de liderazgo y la ampliación exige nuevos ejes de construcción europea más allá del clásico eje franco alemán. Desgraciadamente, hasta hoy no hay ninguna idea. Huérfana, por lo tanto, de liderazgos y huérfana también de ideas. Vuelvo a dirigir mi mirada a la nueva Alemania, pero a sabiendas de que si nunca no hemos tenido suficiente con Alemania, ahora todavía menos.

He intentado –no sé si lo debo haber conseguido- que esta fuera una conferencia un poco atípica, más preocupada por las reflexiones a fondo que de los titulares. De la política de un día por otro, de la mirada corta, de la respuesta y contra respuesta, la CiUdadanía no expresa un notorio cansancio y un visible distanciamiento. A pesar de todo, creo que debo dedicar una parte de mi tiempo a uno de los temas de rabiosa actualidad política, aquel que, de hecho, durante dos años y medio ha monopolizado en buena medida el debate político. Me refiero a nuestro Estatuto.

 

El nuevo Estatuto

Ya sabéis que pienso que ha habido mucho tacticismo, que no todo lo que hemos hecho desde Catalunya se ha hecho lo suficientemente bien, que hemos cometido errores. También sabéis, porque también lo he dicho, que respuestas desaforadas en el ámbito político, económico, mediático e, incluso de algún sector de la Iglesia española, han puesto de relieve que el Estatuto tiene potentes enemigos en España. Tras el referéndum tendremos que reflexionar con profundidad. Dije en su día, que todo este proceso, pese a que acabara bien, acabaría mal. Ha acabado bien, pero deja un cierto regusto amargo aquí y una clara confrontación de una parte de la sociedad española con la catalana. Nos equivocaríamos si desde aquí llegáramos a la conclusión que todo es culpa de los otros, como se equivocaría España en su conjunto si pensaran que todo es culpa nuestra. España necesita Catalunya y Catalunya necesita España. Estos días se ha citado por algún articulista nacionalista la frase de Carrasco i Formiguera, pronunciada en el Congreso de Diputados, en el debate del Estatuto de Nuria el 10 de Junio de 1932.

“Porque únicamente señores diputados, si dais a Catalunya aquellas normas de gobierno propio que son indispensables para su vida, Catalunya podrá hacer su aportación a la obra general española”.

Ahora vendrá el referéndum. CIU debe liderar el sí sin matices, con entusiasmo. El mejor regalo que podríamos hacer a los adversarios que, ya he dicho, son muchos, es que el Estatuto se apruebe por los pelos y con una mínima participación. También la gente joven. Ya sé que esperaban más, que tenían derecho a esperar más. Hoy, nosotros y vosotros tenemos la hipoteca del Estatuto del 79 que, a pesar de todo, no nos engañemos, ha sido un gran Estatuto que ha permitido un grado de desarrollo más importante en términos económicos, sociales y nacionales desde 1714. Pues bien, el Estatuto del 2005 levanta la hipoteca del 79. Un Estatuto que nos ha ido bien. El nuevo Estatuto aun nos irá mejor. La alternativa al Estatuto aprobado el jueves pasado en el Congreso, no es el aprobado en Septiembre en el Parlamento catalán. La alternativa es el del 79 y es inconmensurablemente mejor.

Algunos sectores sociales, algunos intelectuales, han señalado a la política y los políticos como responsables de no haber llevado el Estatuto más allá. Uno de los elementos de nuestra reflexión deberá ser si, más bien al contrario, no hemos sido nosotros los que hemos llevado nuestras demandas más allá de lo que la sociedad pide. Cuando menos, pensémoslo!

Más allá de las reflexiones, ahora nos tocará administrar los nuevos contenidos Estatutarios. Podemos dar mucho de si aun cuando, no nos engañemos, el toma y daca con el Estado estará siempre presente. Políticamente pero, debemos abrir una nueva etapa en un doble sentido. Por una parte, con lo que dice el Estatuto se puede ir más allá de su letra si en Catalunya administraciones y sociedad, en lugar de caer en lamentaciones estériles, recuperamos las mejores energías que este país ha sido capaz de dar de sí. Con el Estatuto y, más allá del Estatuto, hay vida propia en Catalunya. Si no hacemos un cuarto cinturón, no es por culpa del Estatuto; si no tenemos una Feria más potente, no es tampoco culpa del Estatuto; si no tenemos la conexión eléctrica con Francia, no es tampoco culpa del Estatuto, y si no planteamos con fuerza, como país, el trasvase del Roine como solución para Catalunya y para todo el Levante del problema del agua, no es tampoco responsabilidad del Estatuto. Es hora de sacar lo mejor de nosotros mismos y volver a situar a Catalunya en primerísima fila no sólo del Estado, sino de Europa y del mundo.

 

El catalanismo debe gobernar en España

La segunda parte de la reflexión es más delicada. Es de aquellas que acostumbran a dar los titulares. Creo que he dicho cosas más importantes que la que ahora diré, pero más allá del tratamiento mediático, no puedo quedarme sin decirlo. Sé que encima se personaliza. Pero me da igual. Creo que a Catalunya le conviene, y por eso lo defiendo.

El catalanismo político debe gobernar en España. El único periodo excepcional en qué el catalanismo no ha tenido presencia en el gobierno español ha sido durante estos 26 años de autonomía. Creo que se debe dar por cerrado este periodo de excepción. Con el nuevo Estatuto aprobado nos interesa estar en la cocina, en la sala de máquinas de las decisiones de la política económica, social, exterior,... española. Nos conviene a nosotros, los catalanes, y conviene a España. Ya sé que es fácil reducirlo a aquello de “ Duran quiere ser ministro”. Ya hace no sé cuántos años que lo oigo decir. Tanto me da. No se trata que Duran sea ministro, sino que Convergència i Unió gobierne con ministros, gobierne en España. Se toman demasiadas decisiones como para no estar presentes. Al mismo tiempo, creo que se ha agotado ya el modelo de participación en la gobernabilidad desde el apoyo parlamentario. Deja siempre la suspicacia que sólo nos ocupa el resolver nuestros problemas y, que todo y teniendo el derecho y el deber de hacerlo, impiden ver el catalanismo como una corriente regeneradora para todo el Estado.

No es momento ahora de profundizar más. Nunca –lo he dicho mucho estas semanas- quiero que nadie piense que nuestra posición ante el Estatuto tiene nada que ver con esta y otras consideraciones que se han hecho. El Estatuto lo votaremos y con entusiasmo porque es un buen Estatuto. Después, pero, cuando sea la hora, estoy convencido de que Convergència i Unió debe pasar de aquel “ahora decidiremos” al “ahora gobernaremos”.

No quiero hablar hoy tampoco expresamente de estrategias a corto plazo. Tenemos unas elecciones catalanas a la vista, aun cuando la miopía pueda alargar o acortar más o menos el calendario. Las queremos ganar. Las queremos volver a ganar y queremos volver a gobernar. Para ganar sólo hace falta que Convergència i Unió sea Convergència i Unió. Que Convergència i Unió haga de Convergència i Unió. Alguien ha dicho alguna vez, yo también, que lo peor que le podría suceder a Catalunya es que Convergència i Unió hiciera de ERC, y ERC hiciera de CiU. Nosotros, de lo que sabemos hacer, es de Convergència i Unió.

Queridas amigas y amigos, 75 años después de nuestra fundación como partido queremos presentaros la renovación de aquel proyecto político como signo de confianza en el futuro. Contra la incertidumbre, contra la crisis de verdades y seguridades que parecían consolidadas, tenéis en el nuestro un partido que garantiza la confianza y da seguridad. Un partido que tenemos la obligación de continuar y de actualizar la huella de los fundamentos ideológicos establecidos un 7 de Noviembre de 1931. Un partido que sabe que, como todas las organizaciones políticas, debemos repensar nuestro papel en la sociedad, reinventando la política en todos los sentidos, tanto con respecto al rol de los partidos como con respecto a la actividad de los políticos, desde la manera en la cual nos hemos de organizar internamente a como nos debemos relacionar con la sociedad. Si no lo hacemos, acabaremos convirtiéndonos en la caricatura que hacen de nosotros la política y los partidos.

Nos gusta construir, no destruir. Hemos sido constructores de Catalunya. No nos gusta la política de regate corto, la política del tacticismo, de vivir hoy sólo para mañana. Creo que hay la suficiente solidez sobre nuestros fundamentos para que nuestro estilo de hacer política y la política que en sí mismo hacemos sea diferente.

Aquellos que estáis próximos a nosotros pero todavía no habéis hecho el paso, os invito a hacerlo. Nuestro 75è Aniversario es un buen motivo y un buen momento. Os encontraréis muy a gusto. Hagáis lo que hagáis, sabed pero, que mientras haya una sola persona que sufra una injusticia, o que se le niegue su dignidad personal o colectiva, Unió continuará teniendo razón de ser. Contigo y por ti, Unió tiene razón de ser.

Muchísimas gracias.

 

Josep Antoni Duran i Lleida.
Presidente del Comité de Gobierno de Unió Democràtica de Catalunya (UDC).
Conferencia pronunciada en el Teatre Nacional de Catalunya.

Barcelona, 3 de abril de 2006.