
Periodismo y democracia
Antonio Franco
Quiero hacer una reflexión con vosotros, este mediodía, no muy optimista pero sincera y sentida porque me parece que estamos en un momento mucho más complicado de lo que muchos de nosotros, en el devenir de los días, o en el trabajo cotidiano nos puede llegar a parecer y, sobre todo, en una situación muchísimo más complicada en el terreno de la comunicación, de la libertad de información y de la libertad de expresión; de lo que la mayor parte de los ciudadanos de este país creen.
La imagen y el cliché de que hemos dado un paso digamos definitivo hacia un asentamiento democrático ha llegado a calar en el fondo de la opinión pública española y aquí, en Catalunya, de una manera muy particular. La realidad es que en estos momentos, vivimos unas nuevas relaciones entre el poder político y los medios de comunicación a nivel del Estado.
Analizando con un poco de cuidado se nos muestra una situación muy frágil, extremadamente compleja y difícil y, a la vez, sin soluciones positivas a corto plazo. Nos encontramos con problemas graves, enquistados en el seno de la profesión y los venimos arrastrando demasiado tiempo quizá sin debatirlos y sin asumirlos y, ahora, que nos toca actuar psicológicamente en lo que podríamos llamar "campo contrario" es muy difícil resolver esos problemas y, paralelamente, hacer frente a las realidades informativas de cada día y a nuestras responsabilidades en los medios de comunicación.
El oasis catalán
Esa situación negativa tiene por delante un aparente decorado que, por el contrario, es bastante positivo, en lo que ya empezamos a llamar "la teoría del oasis catalán". Tenemos un país, Catalunya que, visto desde un punto de vista nacional, está bastante equilibrado; tiene una prensa que, en general, se rige por criterios democráticos, el país discute a través de muchas esferas y desde muchas plataformas, vivimos en una sociedad con un tejido civil vivo con muchos centros de coloquio, etc.
El país, no obstante, se ha acostumbrado a discutir sus problemas a través de los medios de comunicación y éstos, en general, no están aquí suplantando ni tampoco lo han hecho en el pasado, e incluso yo diría tampoco se detecta que lo vayan a hacer en el futuro dando instrucciones políticas a los poderes electos.
Sin que haya razones para tocar las campanas por entusiasmo, me atrevo a decir que aquí la prensa globalmente intenta servir a los intereses de los lectores. Yo creo que el factor diferencial político de Catalunya respecto a España, que se plasma en su diferencial de voto, tiene bastante que ver con los medios de comunicación tanto por el resultado concreto de las siglas que luego salen electas, como en el ambiente civilizado de fondo de la política catalana y en la existencia de reglas de juego razonables.
Pienso que hay esta actitud constructiva en nuestros medios de comunicación. Incluso creo que esta influencia va más allá de lo estrictamente político y de la información política; el tono de la información general, así como la información económica, de servicios, o la deportiva responden también a demandas racionales de la opinión pública de Catalunya dentro de una interacción positiva. En nuestra comunidad autónoma es bastante verdad que los medios son hijos de la sociedad: el trabajo profesional lo están haciendo hijos normales de la sociedad, que responden a ella y, por lo tanto, no se han abierto divergencias muy sensibles entre lo que expresan los medios y lo que son los centros de gravedad o las sensibilidades generales de la sociedad. Esto responde, a mi modo de entender, a muchos factores: hay inercias no pervertidas de la etapa de la reconstrucción democrática y de la recuperación nacional; hay una influencia positiva de algunos puñados de veteranos de la profesión que nos han conseguido transmitir cierto talante de fondo, una cierta cultura informativa democrática en profundidad. En esta realidad juega a favor la existencia de un Colegio que tiene bien anidado el espíritu democrático, y esfuerzos como los del Código Deontológico o la instalación del Consell de la Informació de Catalunya son elementos positivos que van en esa misma dirección. Y, en consecuencia, tanto en los medios públicos como en los privados, tanto en la prensa escrita como en la audiovisual o bien en la radio que se hace desde aquí, se entiende la profesión como un servicio público. Incluso en los medios que viven a caballo entre Barcelona y Madrid es patente y es perceptible ese factor diferencial de que los profesionales que nos están sirviendo desde aquí en general lo hacen con más seriedad profesional, con más templanza, con más preocupación ética, con más experiencia de la credibilidad, a veces, que lo que predomina en la casa madre respectiva que tienen ellos en Madrid.
El valor de la ética
Por todo ello, Catalunya no se puede decir que tenga una situación comunicativa idílica, pero sí que puede hablarse, desde mi punto de vista, de una situación comunicativa bastante estable y democrática. Yo rechazo la tesis de los que hablan de que aquí estamos padeciendo la paz de los cementerios. No hemos hecho grandes heroicidades pero sí que en momentos determinados en que nos hemos enfrentado a temas conflictivos, como en la época de la transición, la prensa de aquí ha estado a la altura de sus obligaciones éticas. Hemos vivido casos de corrupción política, como el de algunos "consellers" que han salido a la luz desde los medios de comunicación. La manera como aquí se destapan los temas de corrupción es bastante distinta, en modos y forma, de como se hace un caso similar en la prensa madrileña. Me puedo remitir a recordaros como la redacción catalana de El País dió la cara en el tema de Banca Catalana o como la gente de El Triangle abordó el "caso Cullell" o como se forzó la dimisión del "conseller" Roma, etc. Sigue existiendo ese tabú o esa sensación de que la prensa nunca ha conseguido en Catalunya hacer aflorar temas que todo el mundo dice que existen o cree suponer que existen respecto al poder convergente, pero también aquí hemos de empezar a hablar y a asumir las limitaciones objetivas del saber hacer las cosas, de tener acceso a las cosas y de incluso la preparación de los propios profesionales para abordar este tipo de temas con solvencia y con capacidad. No ha habido actitudes derivadas de censura respecto a estos temas, aunque quizás a veces no ha habido suficiente capacidad para saber entrar a descifrar esas cuestiones.
Aunque la situación comunicativa en Catalunya no esté como para echarse a llorar, sí que es verdad que somos unos perdedores, sí que es verdad que estamos insertos en una política de comunicación en el ámbito de Estado en el cual, en los últimos años, hemos asistido a una desestabilización del poder legítimo democrático, elegido por las urnas, hecho a partir de una cruzada pilotada fundamentalmente desde los medios de comunicación y, además, de una manera bastante personal por periodistas. Ha habido una derrota neta y flagrante en esto por varias causas. Hay siempre una dificultad entre quienes juegan limpio y quienes no juegan limpio, y a mí me gusta utilizar la metáfora de cuando luchan los caníbales con los no caníbales. Cada vez que los caníbales ganan una batalla no hay supervivientes y cada vez que los no caníbales ganan una batalla, los caníbales quedan entonces acogidos a la convención de Ginebra a la espera del siguiente indulto. Así, a la larga está muy claro que es lo que va a sobrevivir.
Los medios de comunicación democráticos, en esa etapa de cruzada antisocialista y de auténtica conspiración contra el poder democrático lecto, quizás hemos tenido bastantes miramientos y creo que vale la pena empezar a hablar así. Hemos rechazado los procedimientos ilícitos tanto para obtener información como para expresarla; hemos rechazado la utilización de la mentira y hemos rechazado, incluso, las técnicas de coordinación entre medios. En Catalunya existe cierta cultura de prevención, se entiende que podría ser antidemocrático que los medios se pusieran de acuerdo para hacer actuaciones concertadas, por cuanto eso atentaría contra la capacidad de defensa intelectual de los lectores, de los telespectadores o radioyentes. En cambio, la otra parte ha utilizado la coordinación, la conspiración y, en definitiva, el "todo vale" en su cruzada desestabilizadora.
Los nuevos "cruzados"
Aún así, no hemos de resignarnos simplemente a llorar, porque sin ninguna duda en este proceso y en esta fase hemos cometido errores muy concretos. Yo, cuando hablo de Pedro J. Ramírez o de la actuación del diario El Mundo, o de la COPE, tengo que hablar también de su capacidad o de su eficacia o de su entusiasmo cuando se aplican a hacer la cruzada. La prensa democrática no ha puesto ese mismo entusiasmo, no ha puesto esa misma carne en el asador. Aquí incluso, se ha cometido el pecado de ver las cosas como desde lejos, sin pensar que luego lo que iba a pasar a nivel del Estado nos iba a repercutir, como nos está repercutiendo ahora. El poder del PP se caracteriza por tener mal tono y ser caprichoso respecto a los medios de comunicación y se muestra deseoso de intervenir o incluso de seleccionar quienes han de ser las familias periodísticas que estén informando la próxima vez que haya unas elecciones generales en este país.
Ahora es cuando nos damos cuenta de que estamos amenazados. Antes teníamos la sensación de que estábamos ante un problema intelectual muy complejo, porque es verdad que los medios de comunicación democráticos hemos sido respetuosos y hemos incluso jugado, no limpio, sino excesivamente limpio, connotación que vosotros entenderéis lo que os quiero decir cuando nos hemos enfrentado a cosas ya serias y que eran tan problemáticas como los posibles abusos de poder y de corrupción del Partido socialista, y de temas tan complicados como el del GAL. Al sumarnos a este tipo de información, al no hacer trampas, al tomar también posturas no ambiguas de censura de lo que era censurable, hemos dado alas o credibilidad a los medios menos creíbles, y quizá, lo hemos hecho con un exceso de ingenuidad. Deberíamos haber utilizado una mano para decir que realmente el tema del GAL era intolerable pero con la otra mano deberíamos haber dado en los morros de la COPE o de El Mundo, prácticamente ese mismo día y a la misma hora y, en la editorial continua, poniendo en evidencia los sistemas irregulares de obtención de sus noticias o las convivencias entre jueces y publicantes y cosas por el estilo. Es decir, no lo hemos hecho bien. Ha sido más astuto o ha trabajado más, posiblemente, Pedro J. Ramírez, en el sentido genérico de la palabra, y no había ninguna razón para que esto fuera así.
La concentración de los medios
También es cierto, y también me parece que debemos decirlo, que el Partido socialista, en los años en que ha estado en el poder, ha sido poco hábil en la estructuración de los medios públicos. Me parece que uno de los objetivos a exigir ahora en el momento que la familia socialista rehace sus análisis y prepara sus planteamientos de cara al futuro, se ha de convertir en una prioridad, al menos para nosotros, para el mundo de la comunicación, exigirle al Partido socialista una revisión a fondo de su actitud respecto a los medios públicos, porque ha habido tiempo, oportunidad y circunstancias que habrían permitido dejar estructurados las televisiones o la agencia Efe, de una manera mucho más neutralizada, y de forma irreversible con lo que podría haberse evitado el gol que se ha producido en la alternancia de poder. En cambio, esa oportunidad se desaprovechó. Pero son más los fallos que hemos cometido, porque también en los debates interiores de la profesión, que son además muy escasos, como sabéis, dentro de una desmovilización general, los propios periodistas estamos simplificando mucho, estamos yendo con mucha vaguedad y con muy poca precisión cuando abordamos cuestiones tan importantes como son, por ejemplo, la concentración de los medios.
Yo tengo un cierto recelo respecto a la concentración de los medios, pero en estos momentos os tengo que confesar que, si no tuviéramos en España un grupo tan sólido como PRISA, posiblemente, esto sería un paseo militar para las intenciones fascistas del poder. Es decir, es evidente que el grupo PRISA, tiene "un poder" que parece algo excesivo para lo que es la dimensión de nuestro país, pero es evidente también que el grupo PRISA no tiene una dimensión excesiva comparada con los grandes grupos internacionales de la comunicación, y a veces hemos sido un poco frívolos cuando hemos hablado de estas cuestiones. Sólo en un momento como este, podemos llegar a ser conscientes de la importancia de que haya grupos con cierta capacidad de resistencia frente a las arbitrariedades. Es decir, hemos hecho mal nuestro debates, los hemos hecho de manera superficial, y nos toca hacer replanteamientos generales.
La alternancia
También se está produciendo otro fenómeno que es que la prensa democrática ha recibido al gobierno Aznar unánimemente con juego limpio, porque, se vote lo que se vote, aceptamos la tesis de que en estos momentos le corresponde en España a la derecha hacer un ensayo y demostrar si es democrática, pasados los años que ya han pasado desde la Guerra Civil. Es decir, se acepta el cambio como respuesta a un deseo sincero de la mayoría de la opinión pública de este país, y los medios han asumido la gestión de Aznar con juego limpio, no niegan que está
obteniendo resultados económicos notables, y juegan con seriedad. Nadie está haciendo lo que El Mundo; no pido yo que nadie haga lo que El Mundo hizo con el Partido socialista. Pero creo que, entre lo que El Mundo hizo con el Partido socialista y la pulcritud con la que está tratando a quienes están ya evidenciando no estar dispuestos a obedecer a sus obligaciones respecto al libre juego y libre equilibrio de los medios de comunicación, hay mucha distancia.
Estamos aquí gente de la profesión que somos conscientes de que toda la obsesión que hay respecto al grupo PRISA, respecto al Canal Plus, respecto al fútbol, son tonterías que disfrazan unos objetivos, unos diagnósticos hechos desde el Partido Popular, de que si no hay una destrucción física de la figura de Felipe González y a la vez un recorte sustancial de las uñas de los medios de comunicación que no son afines al Partido Popular, el paso de la derecha por el poder puede ser breve. Por eso han decidido actuar en este sentido sin ningún tipo de ambages y han roto las reglas del juego con actuaciones combinadas entre justicia, BOE y lo que irá viniendo.
¿Qué está pasando frente a eso? Que hay algo maldito en esta profesión que arranca del momento de la transición democrática, que es la desmovilización profunda. Y en Catalunya está llegando a unos niveles que podríamos llamar curiosos. El nivel del debate interior en la profesión es lamentable, bajísimo, inexistente. Ya puede el Colegio de Periodistas esporádicamente organizar ciclos interesantes, traer gente ... Está primando el aburguesamiento individual de los profesionales de la información. La gente está jugando a hacer carrera, a hacer hijos y a hacerse segundas residencias, son cosas razonables pero no es razonable que se estén convirtiendo en el eje central de personas que se dedican a una actividad como la nuestra.
La crisis de la profesión
En estos momentos, como profesión nos estamos pareciendo cada vez más a los sectores profesionales que solamente son capaces de luchar cuando llega el día puntual del convenio colectivo en casa. Hay aquí periódicos que han demostrado unas agresividades y unas ferocidades tremendas el día del convenio, pero que no han aprovechado ni siquiera el tiempo de bonanza progresista para intentar entrar con seriedad en terrenos como los de la obtención de estatutos de las redacciones, que son cosas nada superfluas.
La consolidación de lo que, podríamos llamar los derechos profesionales de los periodistas en sus propios medios, está aquí, completamente cogida por los pelos y, en algunos casos puntuales, dependiendo de personas concretas que están en los medios y están bien vistas por las empresas. Pero no se están conquistando objetivamente mecanismos, no de poder sobre los medios, que no es lo que toca hacer, ya que tampoco se aspira a hacerlo, pero sí de contrapesos y de defensas de las líneas editoriales. No se está trabajando en los medios para eso y se ha desaprovechado la etapa de gobierno de la izquierda para asentar mecanismos de ese tipo en los medios públicos.
Se ha perdido mucho tiempo. Y además, con esta sensación de que aquí lo que importa es ver si en el próximo convenio caen 5000 pesetas más, no se percibe en
absoluto ningún tipo de reacción positiva. Por esto, me parece una iniciativa perfecta crear un Club de debate Josep Maria Lladó, como se ha acordado en estas jornadas. Pero me parece que hay una cosa mucho más fundamental que es empezar a coger a la gente de la profesión y decirle que hay que despertar porque tenemos una situación de lucha que no afecta estrictamente al diario El País. Que lo que está en juego en estos momentos es la supervivencia, es decir, que si cae el grupo El País, si cae esta pieza de dominó, tendremos dificultades absolutamente
todos los profesionales que trabajamos en los medios independientes democráticos, porque eso es el tapón de la botella y marcará hasta donde podrá intervenir el poder político en las libres decisiones de las empresas privadas, y después de tomar al asalto los medios públicos.
Hay una situación complejísima y hay un cruzarse de brazos sorprendente y preocupante. Insisto que no se trata que nosotros hagamos cruzadas como las que se han vivido en los tres últimos años en la política española. Pero sí que hemos de empezar a hablar de abrir redes de colaboración entre los medios, mesas de discusión, etc. En definitiva, empezar a edificar estructuras que permitan potenciar las buenas voluntades individuales o los esfuerzos personales de la gente que está dispuesta a combatir. Y esto no es una bandera específica de la gente que tiene el corazón en la izquierda o de la izquierda democrática. Es un tema que hemos de llevar a nuestros compañeros de profesión en general, ya que nos afecta a todos. Seremos barridos en el sentido más literal de la palabra o será barrida la inercia positiva que se ha podido ir construyendo aquí, en Catalunya, durante la transición y en estos últimos años.
Reaccionar ante el intervencionismo
Esa voluntad intervencionista del poder central de Madrid y de muchos poderes autonómicos requieren, ya digo, una reacción. Yo no me siento pesimista en esta situación, sigue siendo verdad lo de que tenemos medios decentes, profesionales también correctos, que se han hecho cosas positivas en el terreno de los medios informativos. O sea, que por una parte o por otra hay energías. Pero si no apretamos el acelerador y no subimos el peldaño de entender que estamos en un momento de guerra, y si no pasamos a entender, que Pedro J. Ramírez es una especie de consejero áulico de José María Aznar y también un infiltrado en el corazón de la democracia defendiendo y aplicando técnicas de la manipulación informativa. Si no entendemos que esto gravita muy intensamente sobre nosotros, y si no tomamos medidas a todos los niveles en la potenciación de toda la estructura comunicativa, desde las pequeñas radios locales, las televisiones locales, los medios públicos y los medios privados, no vamos a ninguna parte y entraremos en una atonía en la que ya, desgraciadamente, se está columpiando buena parte de nuestra profesión en Europa.
Nosotros teníamos aquí el factor de la juventud, habíamos llegado a la democracia más tarde que nuestros colegas franceses, italianos, alemanes o británicos, teníamos ese impulso joven. Pero con los niveles de aburguesamiento individual que hay en estos momentos en la profesión, sólo a partir de una revisión de estas actitudes personales y de empezar a pensar que es lícito orquestar o instrumentar políticas de apoyo entre medios y sectores de la profesión, sólo pasando realmente a una actitud dinámica de lucha, defenderemos, no un derecho nuestro, sino un factor muy importante del que somos depositarios: la existencia de unos cauces de expresión que estén al servicio de los ciudadanos y que estén concebidos con un trasfondo esencial, a partir del concepto de que la comunicación es un servicio público.
Organizarnos y entender que estamos en estado de excepción. Estos son mis dos consejos en un momento como este.
Antonio Franco
Director de "El Periódico de Catalunya"
Este artículo es la transcripción de la conferencia que el autor pronunció el día 12 de abril en las jornadas de comunicación organizadas por el PSC.