
Kosovo: ¿por qué ha fracasado la "guerra Nintendo"?
Jean-Gabriel Fredet
Los estrategas de la OTAN sólo se han olvidado de una cosa: que tendrían que enfrentarse a un ejército popular que Tito formó para resistir a los bombarderos y a los tanques del Ejército Rojo.
¿Quién ha decidido el bombardeo de Serbia y Kosovo? ¿Tenían los políticos responsables de esta decisión una idea clara de sus consecuencias? Los militares a cargo de las operaciones, ¿han valorado con exactitud, desde el primer momento, la capacidad del enemigo serbio? Cuatro semanas después del inicio de una guerra que, según el estado mayor americano, durará meses a partir de ahora y mientras la OTAN reconoce oficiosamente que sus ataques sólo han alcanzado un 20% de sus objetivos, estas tres preguntas cobran gran actualidad.
¿Quién ha decidido el bombardeo contra las fuerzas armadas de Milosevic? En Estados Unidos, que es el principal contribuyente de la intervención militar, es difícil delimitar las responsabilidades políticas. Es bien conocida la determinación de Madeleine Albright, jefe de la diplomacia norteamericana y favorable a una intervención para no tener una nueva versión de las "torpezas de Munich". Pero las motivaciones de Bill Clinton y la influencia de Sandy Berger, presidente del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), son más complejas. Norteamérica siempre ha temido que la autonomía de Kosovo pudiese desencadenar, por efecto dominó, una cascada de secesiones que desorganizasen la geografía política de la región, reactivasen, en el seno de la Alianza Atlántica, el viejo antagonismo entre Grecia y Turquía y, por último, arruinasen sus intereses geopolíticos en los confines de Europa y del Oriente Próximo. También existen motivaciones complejas en el lado europeo, donde se mezclan la inquietud de que no se vuelva repetir la historia de Bosnia (obsesión de Chirac y Blair), la angustia de ver cómo se desarrolla un foco de inestabilidad en pleno corazón de Europa y en las fronteras de la Unión (Schröder y DAlema) y la voluntad de dar un contenido a la idea de defensa europea (Chirac y Blair).
Para añadir algo más de confusión, recordemos que la intervención militar ha tenido serios oponentes. En Washington, en el Congreso, los senadores exigieron ratificar la intervención y Bill Clinton obtuvo sólo 58 votos a favor y 41 en contra. En el ejército norteamericano, algunos pesos pesados, como George Joulwan, antiguo jefe militar de la OTAN, han sugerido al presidente que reflexionase sobre las condiciones del posible envío de GI sobre el terreno. En este enredo de oponentes y partidarios de recurrir a la fuerza, el factor determinante parece haber sido finalmente la masacre de 45 kosovares en Racak, al sur de Kosovo, el 15 de enero. A partir de ese día, Bill Clinton utilizó el lema "Churchill contra Hitler", para justificar una intervención que concibe como una operación policial relámpago para poner a Milosevic "de rodillas" en unos días.
Sin embargo, tal como explica una personalidad citada por el "Washington Post", nadie ha mencionado qué pasaría si los bombardeos resultasen ineficaces. "Los gobiernos han tomado las decisiones que consideraban necesarias, dejando para más adelante las decisiones difíciles, con la firme esperanza de que esa eventualidad no se presente nunca."
La extraña estrategia militar
Esta confusión es el punto de partida de los tres errores estratégicos que actualmente provocan cierto escepticismo sobre el resultado final del conflicto. El mito de una "guerra Nintendo" "1", que se podía ganar rápidamente y sin derramamiento de sangre, les ha conducido a defender durante demasiado tiempo una solución pacífica según el modelo de las propuestas aceptadas por los kosovares en la conferencia de Rambouillet ("autonomía sustancial" de Kosovo), cuando la deportación masiva de esta población hacía absurda esa idea de cohabitación.
La obcecación de los militares ha hecho el resto. "Los militares norteamericanos son prisioneros de la idea de invencibilidad que ellos mismos han desarrollado", explica un alto cargo francés de Defensa.
Los hechos, sin embargo, nos devuelven rápidamente a la realidad. ¿Omnipotencia aérea? Sobre el papel, resulta impresionante la eficacia de los misiles de crucero Tomahawk, "capaces de destruir su blanco desde un barco de guerra o un submarino situado a 12.000 kilómetros y con un margen de error de 10 metros". Tan impresionante como la capacidad de los B-2 Spirit (350.000 millones de pesetas cada uno), esos bombarderos furtivos que se supone que escapan a la detección de los radares contrarios. Pero, como nos recuerda el general Rose, antiguo comandante de la Forpronu en Bosnia, "la intervención aérea sólo tiene sentido militar como preparación al ataque terrestre". Sin embargo, de entrada, la OTAN ha negado cualquier intervención terrestre.
La invencibilidad de la guerra "high-tech" es otro de los mitos. Con misiles SA-3 de concepción antigua, pero "actualizados" por Rusia hace un año, la defensa antiaérea serbia, que data de los años 60, ha conseguido abatir un bombardero F-117 furtivo, considerado como el "no va más" de la guerra moderna. Es la prueba de que, en este conflicto "asimétrico", un ejército "low-tech" compuesto por blindados y artillería anticuados, pero con tiempo suficiente para desplegarse y pegarse al terreno, puede competir de igual a igual con un ejército "high-tech", preocupado por ahorrar vidas civiles y las de sus pilotos y expuesto, como todos los ejércitos sofisticados, al "plantón" de sus sistemas de orientación o de guía. El bombardeo por error de una columna de refugiados por un F-16 norteamericano, el miércoles 14 de abril, cerca del pueblo de Meha es un ejemplo de esta paradoja: contra un adversario que despliega equipos sofisticados, la panoplia tecnológica de la OTAN es devastadora, pero en una campaña en la que se prohibe a sí misma las brutalidades de su adversario, esta panoplia es infinitamente menos eficaz, casi contraproducente.
El ejército serbio
La estrategia de los bombardeos masivos del general Wesley Clark, comandante en jefe de la OTAN, parece haber olvidado totalmente el principio fundamental de la "guerra asimétrica". Ahora bien, este principio es el que inventó precisamente el padre de Yugoslavia, el mariscal Tito. Dispuesto a enfrentarse a los ejércitos del Pacto de Varsovia, tras haber vencido al ejército alemán, había fundado, como teórico de la guerra de partisanos, su propia estrategia de independencia sobre dos principios muy sencillos: "nunca combatas a tu adversario en su terreno" y "bájate y escóndete". En concreto, el ejército popular serbio, acostumbrado a posicionarse en miles de búnquers, ha recibido una formación consistente en atacar objetivos escogidos y replegarse inmediatamente en escondites o túneles construidos previamente. Por tanto, no será fácil eliminarlo con aviones que dudan a la hora de aventurarse a menos de 15.000 pies (5.000 metros) y de bombardear tanques colocados deliberadamente por los serbios en patios de granjas o en medio de los pueblos, si no se utilizan masivamente los helicópteros Apache, en paralelo con los aviones A-10, aparatos de guía no detectados por la radiación infrarroja y, por tanto, imposibles de ser localizados por los radares, que asombraron a todos en la guerra contra Irak, aunque en condiciones climáticas completamente diferentes.
A pesar del reciente refuerzo de 300 aviones, ¿está condenada a la ineficacia la operación de la Fuerza Aliada, como parece indicar la manera en que los serbios están vaciando Kosovo de sus habitantes? En privado, los estados mayores reconocen la rigidez de un dispositivo según el cual los aliados tienen que hacer despegar casi cuatro aviones para atacar un único blanco y en el que todavía hacen falta "al menos cuatro horas" entre la identificación de un blanco por satélite o avión de reconocimiento y su bombardeo por un caza o un sistema de armas.
En un conflicto en el que han integrado "la longitud y la complejidad", los militares también proporcionan algunas buenas noticias. Primero el objetivo de guerra. Después de unas primeras acciones afortunadas, al prepararse con antelación para una guerra total, Slobodan Milosevic, habría dado lugar, a causa de sus excesos las deportaciones masivas, a una operación policial que inicialmente pretendía contrarrestarle. "Ahora, ya no se trata de intimidarle, sino de permitir que los refugiados kosovares vuelvan a sus casas", subrayan los expertos norteamericanos. Es ciertamente un objetivo más movilizador. Además, la defensa antiaérea serbia parece finalmente desmantelada e incapaz de funcionar como un sistema integrado. ¿Será esto suficiente para que pueda desarrollarse con éxito la fase 3 de la campaña, consistente en destruir "objetivos de circunstancia" (tanques, convoyes militares) y no blancos programados, como antes? Mientras tanto, habrá que quedar a la espera de una hipotética campaña terrestre, que nadie quiere plantearse en este momento, por lo improbable que parece, incluso con 150.000 hombres (50.000 combatientes apoyados por una logística de 100.000 personas), ganar a un ejército de 40.000 serbios "enterrados en sus agujeros, pero luchando en su propia casa y convencidos de que Dios está con ellos". Lo que ya es una certeza es que la "guerra Nintendo" ha muerto.
Paradojas de la guerra moderna: la de Kosovo puede terminar a puñaladas.
Jean-Gabriel Fredet
Periodista.
Artículo publicado en el número 1798 de la revista "Le nouvel Observateur" del
22 al 28 de abril de 1999.
Traducción: Mirnaya Chabás.
Notas:
1. Juego de guerra para consolas infantiles.