Razones para el sí

Francisco Garrido

 

Casi nadie niega, dentro de este debate, la necesidad de la Constitución política y democrática de Europa, las diferencias se sitúan entorno al texto constitucional y la forma de elaboración así como a su contenido material. El texto del tratado constitucional europeo que los gobiernos han suscrito, y que se someterá a referéndum en España y otros países, dista mucho de ser el texto que Los Verdes desearíamos y que la izquierda europeísta propugna. Las diferencias empezando por el estatus de tratado que parece aludir más a un acuerdo de derecho internacional público entre Estados que a una Constitución política; son abundantes e importantes.

¿Pero es esto suficiente para decir no a la Constitución europea?. O mejor formulada la pregunta ¿ A donde conduce una respuesta negativa en el referéndum? De nuevo, deber (ser suficiente) y consecuencias (a dónde conduce) frente a frente. Trataré de responder a estas dos cuestiones cruzadas: el debate ideológico (convicción y responsabilidad) y el debate político (sí o no a la Constitución) . Creo que la oportunidad que se nos brinda es excelente para distinguir las diferencias entre cierta izquierda y Los Verdes tanto en el plano ideológico como en la acción política singular.

El pragmatismo ecológico que postula la Ecología Política supone una novedosa disolución del dualismo entre responsabilidad y convicción y entre deber y utilidad. La propuesta pragmatismo comporta traducir las posiciones a momentos de tal modo que deber y consecuencia no serian posiciones éticas sino momentos de un mismo proceso de decisión. Esta temporalización nos ahorra ya el dualismo y el enfrentamiento dialéctico en beneficio de la sinergia y la conectividad. Cual es la utilidad es una convicción impotente de una responsabilidad sin fin. No es un grave error moral afirmar valores sin preocupación de las consecuencias y las posibilidades prácticas de los mismos Y no es también una grave error hipotético el implementar responsabilidades vacías o ciegas sin valor o deber alguno. La naturaleza categórica de una ética sin responsabilidad es tan dudosa como la naturaleza hipotética de una ética de la responsabilidad sin valores. Es decir una ética de la convicción sin utilidad tan inmoral como poco práctica una ética de la responsabilidad sin valores.

 

Pragmatismo y gradualismo

Esta orientación ideológica obliga al gradualismo y al pragmatismo en las decisiones y en las acciones políticas. Somos pragmáticos por que sabemos que toda acción interactúa en un ambiente determinado (paradigma ecológico) y somos gradualistas (paradigma evolucionista) por nada surge exnihilio (no somos idealistas creacionistas) y todo cambio es un cambio en el grado. Estos son, de forma muy reducida y simplificada, los principios del pragmatismo ecológico en los que se basa la acción política de Los Verdes. A partir de ellos podemos retomar las preguntas sobre la Constitución europea. Después de lo dicho parece claro que la pregunta central es ¿Esta Constitución es un instrumento mejor para la Constitución política de una Europa democrática, ecológica. y solidaria?. Pero esta pregunta es difícilmente resoluble si no la desglosamos en otras interrogantes menores.

¿Qué significa decir sí a una Constitución?. Es decir sí a la construcción política de Europa que hasta ahora era esencialmente una unión económica como un muy imperfecto espacio político europeo. ¿Restará la Constitución competencia y protagonismo al parlamento europeo? ¿Supondrá un retroceso con respecto al desarrollo legislativo de derechos fundamentales y de nuevos derechos, a las normativa ambiental o social con respeto a lo que había hasta ahora?. Ni en el plano de los principios, los derechos o las instituciones hay un paso atrás en relación a lo existente en el presente tanto en los Estados nacionales o en la actual Unión europea. Que el déficit democrático no se supera en le grado que seria necesario y deseable, por supuesto, Pero después de aprobarse la Constitución europea habrá más o menos déficit que antes. Y, lo que es más relevante, se inscribe la Constitución en un ciclo y en un orientación evolutiva de la Unión europea hacia el mayor protagonismo de los ciudadanos y no de los Estado-Nación. Por tanto, no estamos ante un problema de orientación, ni de involución o congelación de los ideales europeísta aunque si de cierta ralentización. Llegado este punto hemos de plantearnos la segunda pregunta.

 

Las alternativas

¿Hay alternativas a esta Constitución? Cuando hablamos de alternativas nos estamos refiriendo a posibilidades políticas reales. No a alternativas sobre el agradecido papel que casi todo lo soporta o a la generosa imaginación donde casi todo cabe. Lo cierto es que la actual relación de fuerzas no ha permitido otra cosa y esto es lo que realmente hay. No existe, hoy por hoy, otra alternativa factible. ¿Alguien cree que después del triunfo de un no a la Constitución europea vendría un nuevo texto más democrático, europeísta y ecológico? La alternativa seria volver a los acuerdos de Niza y a una congestión de la unión europea de imprevisibles consecuencias. ¡Qué gran noticia para la derecha xenófoba, para los nacionalista de Estado o para la actual administración americana la de un triunfo del no!

¿Quién interpreta y quién gestiona el no? Sí triunfa el sí sabemos lo que se ha aprobado y que orientación seguirá la política de construcción europea. Habrá un nuevo marco normativo e institucional; más europeo, más democrático, más social y más ecológico que el que hasta ahora existía. Aunque mucho menos de lo que nosotros y nosotras desearíamos y las condiciones sociales, políticas o ambientales demandan ¿Pero si triunfa el no quién gana la extrema derecha, lo ricos euroescépticos, la izquierda poscomunista? ¿ Hay alguien que piensa que serán los movimientos sociales alternativos los que gestionarían un eventual triunfo del no? ¿Cuantos que ahora piden el no, pensando que va a salir el sí, persistirían en esta posición si pensaran que hay riesgos reales de éxito del no? Esta misma irresponsabilidad es un ejemplo de la enorme debilidad de las posiciones de izquierda que piden el no a esta Constitución por que se quiere más Europa y más democracia. El triunfo del no ¿cómo habría que interpretarlo?: que hay demasiada Europa y muy poco Estado-nación o al contrario, que hay demasiada política ecológica o a la inversa, que hay demasiado derechos sociales o lo contrario. Por que entre los que piden el no se encuentra las dos posiciones. Después del triunfo del no habríamos abierto las puertas a una formidable ceremonia de la confusión donde las posibilidades del futuro para la Europa que queremos estarían mas oscuras e inciertas que nunca. ¿Estaremos en mejores condiciones para avanzar hacia la Europa que queremos después del no?

 

El triunfo del sí

Sí triunfa el sí sabemos qué hay que cambiar, dónde debemos de reformar, en que dirección presionar sobre el actual texto constitucional. Pero ¿Cuál será el objetivo colectivo después de un no? Un objetivo que han de compartir millones de europeos, gobiernos de color muy distinto, intereses y preferencias muy diversas. ¿No cundirá entre los actores sociales alternativos y los ciudadanos la más completa de las desorientaciones mientras los Berlusconi y Aznar de turno trabajan para el exterior? ¿Quién será capaza de contener el euroescepticismo británico, danés sueco después de un revés de este tipo?.

Por el contrario, la Constitución, esta Constitución, será una garantía y un instrumento, un baluarte y un objetivo de reforma positivo y útil para el europeismo.

La Europa que se comienza a construir a partir de esta Constitución es el primer Estado cosmopolita del mundo, una democracia no nacionalista. Esta Constitución, y lo que es más importante el proceso constituyente que consolida, y al mismo tiempo abre, es el primer gran laboratorio de democracia mundial. La adhesión a este Europa que nace es el mejor reflejo de lo que Habermas ha llamado el "patriotismo constitucional". Una Europa que después de la Constitución será algo más de los ciudadanos y menos de los Estados-Nación.

La altura, la grandeza y la necesidad de este proyecto de democracia cosmopolita ensombrece las muchas dudas e imperfecciones que el texto contiene. El único actor político internacional capaz de diseñar un tipo de globalización distinta al simple dominio de la transnacionales y del capitalismo atlántico es la Unión europea. Las instituciones mundiales necesitan de la Unión europea frente al unilateralismo norteamericano y la desregulación neoliberal. ¿Qué hubiese sido de la lucha por la abolición de la pena de muerte sin la UE? ¿Hubiese sido posible la Corte Pena Internacional sin los europeos? ¿Y Kyoto seria una realidad, como ya lo es tras la firma de Rusia, sin la Unión europea? Dice el refrán que cuando el dedo señala a la luna el imbécil mira al dedo.

Francisco de Asís Garrido Peña.
Diputado por Sevilla de Los Verdes y adscrito al Grupo Parlamentario Socialista.

Artículo publicado el 6 de diciembre de 2004 en el web de Los Verdes de Andalucía (www.losverdesdeandalucia.org).