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Claudia
Giannetti “Alrededor
del mundo en 50 minutos” es el título de un artículo publicado en
la antigua Revista de Electrotécnica alemana, el 15 de junio de 1896,
que describe el experimento llevado a cabo en la Exposición Eléctrica
de Nueva York: “Se ha enviado un telegrama alrededor del mundo, cuyo
contenido indica que “Dios creó las riquezas de la naturaleza y la
ciencia emplea la energía eléctrica para la gloria de las naciones
y para la paz en el mundo”. En la exposición estaban sentados a la
mesa el presidente del departamento telegráfico, Gandler, que ha enviado
el telegrama, y Edison, que lo ha recibido después de dar la vuelta
al mundo... al cabo de 50 minutos. El telégrafo internacional es el
transporte más rápido que jamás ha existido. El precio del telegrama
ha sido 152 dólares”. Aproximadamente
dos décadas antes el escritor Julio Verne proponía su vuelta al mundo
en 80 días, expresando así una nueva noción de globalidad y la voluntad
de superar las distancias mediante la velocidad.
Esta relación entre tiempo y movimiento del cuerpo a través
del espacio geográfico quedó reducida, con el desarrollo de las telecomunicaciones,
a la relación entre tiempo y transmisión del mensaje “sin cuerpo”.
Un
siglo después del experimento telegráfico y dado el actual contexto
telemático, constatamos que, pese al advenimiento de los cambios radicales
de los medios tecnológicos, han perdurado los principios esenciales:
la temporalización del espacio y la descorporización del mensaje.
La relación entre distancia y duración, calculada en minutos en el
siglo pasado, ha sido reemplazada por la simultaneidad e instantaneidad
de la transmisión. El
hecho de rehuir las fronteras físico-espaciales queda patente en la
voluntad de sustituir el tiempo lineal extensivo (del trayecto del
cuerpo en el espacio, de la historia, de la vida biológica) por el
tiempo intensivo de la tecnología digital. La velocidad se instaura
como necesidad imperiosa en prácticamente todos los ámbitos. Como
afirma Paul Virilio, entramos en la era de la lógica paradójica: la
posibilidad de teleactuar o reunirse en tiempo real a larga distancia. La
virtualización del territorio y la progresiva supresión de las barreras
materiales y corporales incide directamente en la cultura, que sufre
por consiguiente una profunda renovación de sus funciones y una dilatación
de su campo de acción. Desde ese punto de vista, los mejores ejemplos
son las utilizaciones creativas de las redes telemáticas o sistemas
on-line, que permiten, además de nuevas prácticas de comunicación,
nuevas propuestas
artísticas y proyectos
culturales. Aunque
la prensa sensacionalista nos haga ver cada día que la sociedad aún
no se ha liberado del mito de la contemporaneidad, de la moda “presentista”
y de lo que es impuesto como necesidad de su tiempo (evidentemente
ornamentado de acuerdo con las exigencias del mercado), no se debe
olvidar que gran parte de las propuestas artísticas llevadas a cabo
en los últimos 30 años –especialmente aquellas relacionadas con la
tecnología electrónica y más específicamente con la telemática– se
remontan a proyectos concebidos a principios de siglo. El
arte en red Las
recientes propuestas de Museos Virtuales creados en
redes o soportes digitales, como el CD-ROM o Internet, rescatan
aquellas experiencias que se destacaron por su singular énfasis visionario.
Friedrich Kiesler, arquitecto y diseñador, describe en su libro Contemporary
Art Applied to the Store, publicado en 1930, una especie de museo
inmaterial del futuro: las obras serían transmitidas de manera etérea
desde museos como Louvre o Prado a soportes especiales instalados
en otras ciudades e incluso en hogares privados. Encontramos una idea
semejante en el célebre pasaje de Pièces sur l’art
(1934), de Paul Valéry: “Igual que el agua, el gas y la corriente
eléctrica vienen desde lejos a nuestras casas... así seremos alimentados
por imágenes visuales y auditivas, que nacerán y se desvanecerán al
mismo gesto, con una
simple seña... No sé si un filósofo ha soñado alguna vez con una sociedad
de distribución de la realidad sensible a domicilio”. Estos y otros
planteamientos, como el memorable “Museo Imaginario” de André Malraux,
se hacen efectivos a través de las telecomunicaciones y los
networks. Hoy
en día crece rápidamente el número de proyectos culturales y exposiciones
virtuales que se puede consultar on-line. Un buen ejemplo ha sido
la muestra de net art Net_Condition, que ha tenido lugar simultáneamente
en cuatro ciudades y centros: MECAD\Media Centre d’Art i Disseny en
Sabadell-Barcelona, ZKM-Center for Art and Media en Karlsruhe, NTT
InterCommunication Center en Tokio, y el festival Steirischer Herbst
en Graz, Austria. A partir de la concepción inicial del comisario
general Peter Weibel, el propósito de la iniciativa conjunta de estos
centros fue concebir una muestra translocal on-line que proporcionara
una visión de conjunto de las más diversas aportaciones de net art.
La participación de más de cien artistas invitados de todo el mundo
transformó este proyecto en el evento más relevante de arte telemático
organizado hasta el momento. >http://www.mecad.org/net_condition< Otros
modelos son las revistas on-line o galerías virtuales. La Rhizome
Artbase es un archivo en red de proyectos de arte en Internet. Su
objetivo es el de preservar los proyectos de Internet de forma on-line
y proporcionar una fuente de información a aquellos que estén interesados
en experimentar y aprender más acerca del net art. Es una organización
sin ánimo de lucro que funciona desde 1996 y depende del apoyo de
individuos particulares y subvenciones públicas. Su comunidad, que
está geográficamente dispersa, incluye a artistas, escritores, diseñadores,
programadores, músicos, etc. Tiene editores en Amsterdam, Leeds y
París. El
Walker Art Center tiene su sede en Minneapolis y es una de las primeras
fuentes de arte contemporáneo en EE.UU. Con el principal enfoque en
las artes visuales y electrónicas, este centro creó una Web que funciona
como una gran galería virtual, que abriga diferentes proyectos, como
Gallery 9, Deyond Interface y Art Dirt, todos centrados en el campo
del net art. http://www.walkerart.org Desde
Sabadell, a través del MECAD\Media Centre d’Art i Disseny, se edita
el Mecad Electronic Journal, una revista on-line cuatrimestral en
español, que genera un fondo de documentación permanente en red sobre
temas relacionados con el arte, las nuevas tecnologías y las ciencias.
MECAD Electronic Journal tiene como objetivo apoyar la producción
y la difusión del arte electrónico, y promover el debate y la discusión
sobre los múltiples aspectos interdisciplinares. Cada numero es temático,
y se estructura en diferentes secciones, como artículos, entrevistas,
monográficos, reseñas, foro de debate y lista de noticias. Los números
permanecen on-line durante cuatro meses; transcurrido este periodo,
sus contenidos pasan a formar parte del archivo de documentación de
la Web de MECAD. http://www.mecad.org/e-journal.
Además, desde 1998 MECAD, a través de su programa de becas de apoyo
a la producción para artistas que trabajan en el campo del arte electrónico,
viene desarrollando una serie de obras de net art, que pueden ser
visitadas en http://www.mecad.org/proy.html Estos
son sólo algunos ejemplos de modelos de galería virtual, museo telemático
o revista on-line, cuyo objetivo principal es expandir las funciones
convencionales de conservación y presentación de las instituciones
museísticas o de las ediciones en papel hacia una estructura de comunicación
abierta, en la cual el museo, el espacio expositivo o el campo de
lectura funcione como un nodo o nexo, un punto de encuentro electrónico
para la recepción y transmisión de datos. Un
arte inconformista Desde
la perspectiva de los artistas, la creación on-line
significa la consolidación inequívoca de la tendencia deconstructiva
de los fundamentos de la estética de la objetualidad, representatividad
y autonomía, en cuya tradición se ha mantenido gran parte de la historia
y filosofía del arte de nuestro siglo. Dentro de esta corriente inconformista
hay que destacar la figura de Malewitsch, que en sus Manifiestos Suprematistas
(Suprematismo como Inmaterialidad, 1922; Unowis, 1924) ya reivindica
el espacio inmaterial como nueva meta del artista en su lucha contra
la inmovilidad, monumentalidad y formalismo del objeto de arte. Lucio
Fontana da continuidad a esta defensa del arte inmaterial (Manifiesto
del Espacialismo, 1948). Espacio, tiempo y movimiento constituyen,
según Fontana, los elementos
fundamentales de la nueva estética,
en que el empleo de los medios de telecomunicación deben desempeñar
un papel decisivo (manifiesto televisivo presentado en 1952).
A
partir de la década de los setenta se hace notar un creciente interés
por parte de los artistas en servirse de las diversas opciones de
los medios telemáticos. Los primeros proyectos artísticos vía satélite
son llevados a cabo en 1977.
El artista Roy Ascott dirige, en 1980, un proyecto pionero
en red realizado por ocho artistas conectados entre sí y con un banco
de datos de California. Robert Adrian, Norman White, Kit Galloway,
Sherrie Rabinowitz, Jean-Marc Philippe, Nam June Paik, Roberto Barbanti,
entre otros, son creadores que, a partir de esa época, hacen uso de
las telecomunicaciones en sus proyectos multilaterales o intercontinentales. Simulación,
inmaterialidad, interactividad, temporalidad, virtualidad, simultaneidad,
pluridimensionalidad, interdisciplinariedad son sólo algunas de las
características básicas del arte telemático, que marcan el paso de
las teorías tradicionales de la percepción basadas en las ideas estéticas
de contemplación, permanencia, originalidad, materialidad y verdad,
hacia una “estética de la comunicación” (Roy Ascott). En el campo de creación on-line,
el proceso predomina sobre la obra, lo que significa una relación
absolutamente dinámica y cambiante. El artista suele renunciar a la
autoría última de la obra a fin de propiciar el acto de interacción
entre el proyecto artístico y el público (usuario) como una forma
de diálogo abierto, participativo y creativo. Proporcionalmente
al desarrollo de los experimentos telemáticos, constatamos un incremento
de la complejidad de los planteamientos respecto a las manifestaciones
en el llamado “global network”. De la misma manera, la red telemática
ofrece el acceso, como muchos autores ya han señalado, a algo parecido
a la "biblioteca de Babel" de Jorge Luis Borges, con un
universo casi infinito de información sin elemento central. La existencia
de una inconmensurable cantidad de bits de información significa también
un aumento equivalente respecto a la dificultad de selección, y por
lo tanto, un obstáculo para el acceso a un determinado contenido.
Basta con observar la obsesión actual por el desarrollo de knowbots
y agentes inteligentes que asuman la función de buscadores para darse
cuenta del alcance de este problema. En
este sentido, me parece fundamental recapacitar sobre la teoría de
Vilém Flusser. Hace más de una década el filósofo ha abordado la cuestión
del creciente dominio del sistema discursivo en la sociedad telemática.
“La falta de diálogo amenaza las fuentes de información y la sociedad
corre el riesgo de caer en la entropía”. Según Flusser, la manera
como los "gadgets" telemáticos están siendo empleados, “producen
habladurías y palabrerías cósmicas vacías, una ola de imágenes técnicas
banales, que están tapando definitivamente todas las lagunas entre
las masas de usuarios del teclado”, cada vez más aisladas y dispersas. Reconocemos
fácilmente en ésta una de las estrategias del espectáculo. Si entendemos
el ciberespacio como un fenómeno sociocultural y económico, y no simplemente
técnico y mediático, entonces podemos valorar la magnitud de su potencial
como medio dispersivo y entrópico, como “lugar” del espectáculo en
la era postindustrial. El gran desafío para los artistas está justamente
en la investigación del lenguaje propio del medio, que permita explorar
el potencial creativo de los sistemas telemáticos sin caer en la mera
especulación del fenómeno tecnodigital. Claudia Giannetti. Directora
de MECAD\Media Centre d'Art i Disseny y de Arte Electrónico en la
Escola Superior de Disseny ESDI (Sabadell).
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