
Los residuos se nos comen
Josep Giralt i Dols
Salvador Rueda i Palenzuela
Todo el mundo coincide en definir la ciudad como el mejor instrumento con que se ha dotado la humanidad para satisfacer sus necesidades de desarrollo, de intercambio, ciencia, cultura, información. En las postrimerías del siglo XIX, al mismo tiempo que se consolida el desarrollo industrial, se afianza aún más el dominio de la ciudad y las urbes se convierten en el centro de inmigración de la población en busca de mejores condiciones de vida. En los últimos 50 años la población mundial se ha duplicado llegando a ser de 5500 millones. Próximamente el 50% de la humanidad se concentrará en zonas urbanas, pero en los países desarrollados es el 75% el que vive en las grandes ciudades. Sin llegar a los grandes monstruos urbanos como Sao Paulo, Ciudad de México, Tokio o Bombai, son muchas las conurbaciones con 2 o 3 millones de habitantes en las que se generan unos flujos de consumo energético y de materias primas muy importantes. Estas virtudes de las ciudades contrastan con las servidumbres que producen, unas de manera indirecta y difusa y otras más directas, con dependencias muy acusadas ecológicamente hablando (ruidos, contaminación, hacinamiento, ...).
Una de las consecuencias de las grandes concentraciones humanas es la gran producción de residuos domésticos en un espacio de dimensiones reducidas , cuya gestión en el futuro será fundamental para un desarrollo sostenible de la Humanidad.
Durante los años 60 se inició en nuestro país un desbloqueo de un sistema de economía autárquico penetrando de Europa sistemas de producción más competitivos y tecnológicamente más desarrollados. Se inició entonces una industrialización feroz sin correcciones medioambientales, y nuestro país se incorporó al gran mercado del consumismo como piedra angular del sistema económico europeo. Estos factores han hecho que se modifiquen, en cuestión de 20 años nuestros hábitos de consumo, influyendo de manera decisiva en la cantidad y calidad de la basura producida en los hogares españoles.
Concretamente en el área metropolitana de Barcelona, donde viven casi 3 millones de ciudadanos y ocupan una superficie de casi 600 Km2, se ha producido un aumento de la producción de basuras espectacular, especialmente a partir de la segunda mitad de la década de los años 80, incrementándose, en un período de 7 años, el 50% las toneladas producidas por año, hasta llegar a la actualidad en la que producimos, en el año 1996, 1.290.000 de toneladas de residuos. Si además tenemos en cuenta que se ha producido una disminución de población en éste ámbito, deduciremos que la producción por cápita se ha disparado todavía más, llegando a ser de 1,2 Kg por persona y día.
Este incremento se debe a un sinfín de factores que se complementan, todos ellos derivados de un sistema de producción cuyo principal motor es el libre mercado. Sin ninguna duda uno de los principales elementos que han motivado tal generación de residuos se debe al incremento del poder adquisitivo de los ciudadanos que ha comportado mayores espectativas de consumo. Los avances tecnológicos que han mejorado los sistemas de higienización y envasado de los alimentos, así como las capacidades de comercialización y marqueting de los productos y la internacionalización de la economía productiva, han modificado progresivamente los hábitos de consumo de los ciudadanos mayoritariamente de los paises desarrollados, considerando este hábito como un valor intrínseco del sistema económico.
Uno de los principales causantes de este incremento de residuos es la proliferación tan extraordinaria de envoltorios que recubren los productos adquiridos. Pero también al sistema de comercialización de los mismos, que bajo una normativa sanitaria más exigente ha obligado a usar el envase como elemento protector e higiénico, aunque posteriormente se ha abusado de él, formando parte del propio sistema de marqueting y de promoción del contenido, más que de su protección. En ocasiones se vende más por el impacto que produce en el mercado un buen envase que no por la propia calidad del producto que contiene.
De hecho el 60% aproximado del volumen de los residuos domésticos que producimos son envases y envoltorios que muchos de ellos son no retornables y que irremediablemente van a la basura.
¿Qué ha ocurrido en realidad dentro de las casas para que se dispare tanto la producción de basura diaria? De hecho, las formas de vida se han ido modificando de tal manera que hoy día no se consume de la misma manera que algunos años atrás.
En primer lugar se ha modificado la estructura familiar y el papel de cada uno de sus miembros. Las unidades familiares se han visto reducidas en número, por reducirse el número de hijos así como por reducirse el número de generaciones conviviendo en una misma casa; se ha producido paulatinamente la incorporación de la mujer al trabajo; han comenzado a proliferar las segundas residencies y se ha disparado el fenómeno del turismo. Hemos pasado en pocos años de hacer la compra diaria al detalle y a granel a comprar de manera periódica, en mayor cantidad y envasada. El mercado se ha adaptado a esta nueva situación de manera simultánea irrumpiendo con fuerza las grandes superficies comerciales y los supermercados donde, en un período de tiempo aparentemente menor y en un solo establecimiento, realizamos toda la compra semanal o mensual. Estas grandes superfícies acaban concentrándose en zonas donde el precio del suelo es menor, con una buena comunicación y además equidistantes de áreas territoriales densamente pobladas, aumentando y distribuyendo mejor su área de influencia. El atractivo de estas grandes superficies es que el consumidor tiene a la vista toda una extensa gama de productos muy variados dando la posibilidad de escoger a placer, todo ello estimulado por las grandes campañas de promoción del producto en los grandes medios de comunicación. Además disponen de precios aparentemente más económicos debido a que usan sistemas de compra al por mayor, no tienen stocks y disminuyen los costos laborales mediante la reducción y no cualificación de la mano de obra. Un atractivo más son los servicios complementarios con que se dotan estas áreas comerciales, suministrando zonas lúdicas y de ocio especialmente para jóvenes que son los principales consumidores. Evidentemente que el tipo de compra que se realiza y la ubicación alejada de las zonas urbanas obliga a los usuarios a desplazarse en vehículo propio, perdiéndose el carácter de relación social que constituía efectuar la compra diaria en el mercado del barrio o en el comercio próximo.
Todo este entramado de comercialización y consumo de bienes es en parte la causa de la proliferación de envases de un solo uso, de manera que en algunos casos resulta difícil sustraerse a ellos, siendo con todo conscientes de ello.
Los residuos y la insostenibilidad
Evidentemente que desde un punto de vista comercial, en el sentido más monetarista y desarrollista del término, éste es un sistema mucho más "rentable", pero en términos de sostenibilidad esto es totalmente "insostenible". Los costos medioambientales de tener que disponer y tratar convenientemente unos residuos cada vez más cuantiosos y el consumo de importantes fuentes energéticas tanto en su generación como en su transporte, son elementos a tener en cuenta en el momento de hacer el balance económico de los productos dispuestos en el mercado y de sus envases.
El solo hecho de "usar y tirar" constituye un despilfarro de recursos tanto energéticos como de materias primas que entra en contradicción con la finitud de los mismos en un planeta que es también finito. Querer hacer extensivo a toda la población mundial este sistema de consumo acuñado por el mundo occidental, basado en el constante "crecimiento", en el menosprecio a las fuentes y sumideros energéticos y en el consumo indiscriminado de materias primas, es conducir a la humanidad a un deterioro medioambiental y a un agotamiento no renovable de recursos, difícilmente compatible con la voluntad de permanecer durante generaciones poblando este planeta con unas condiciones de habitabilidad dignas.
Ahora bien, una sociedad que mira hacia su propio futuro ha de empezar a saber discriminar entre diferentes tipos de crecimiento y priorizar aquellos desarrollos esencialmente cualitativos.
En este marco de discusión es muy natural que la solidaridad distributiva de los recursos se imponga obligando a desaparecer las actuales fórmulas de desigualdad. En términos de sostenibilidad, una sociedad humana no puede ser inculta, ni insolidaria, ni poco evolucionada tecnológicamente; no pueden coexistir bolsas de pobreza con colectivos nadando en la opulencia, no es posible ni moral ni prácticamente. Todavía estamos a tiempo para realizar una transición hacia la sostenibilidad, tenemos suficientes conocimientos y capacidades como para hacerlo consolidando entornos y procesos sostenibles de una manera prudente sin precipitación y dando tiempo para la adaptación a las personas y a las empresas, pero hay que tener la voluntad de hacerlo.
Los residuos como un recurso
En el terreno de los residuos domésticos un primer paso que hay que dar es modificar la concepción que tenemos de ellos, que hasta ahora han estado considerados un material a desprenderse de él pero ahora hay que considerarlo como un recurso.
Bajo este concepto, y considerando que el desarrollo hay que concebirlo como un proceso en espiral, -los procesos están en un mismo contorno pero se encuentran en un nivel superior con más complejidad y más interrelación-, el principal mecanismo para considerar que los residuos son un recurso es reduciendo su producción, básicamente mediante dos procesos, disminuir su producción y disminuir su consumo.
Resulta evidente que para conseguir el primero hay que estimular e involucrar a los industriales productores responsabilizándolos del coste y de la gestión de sus residuos, aumentando a su vez la eficiencia productiva, pero en cambio el segundo tiene una doble vertiente, por una parte hay que estimular el compromiso del productor hacia la sostenibilidad a fin de disminuir la agresión de las campañas publicitarias que estimulan el consumo y sustituirlo por campañas de información y de buenas prácticas dirigidas a los consumidores, y al mismo tiempo hay que difundir buenas campañas de sensibilización y educación ambiental dirigidas a toda la población para ir avanzando hacia el objetivo de generar menos basuras.
Mientras tanto hay muchos recursos todavía aprovechables en la composición de las basuras que obligan a desarrollar sistemas de reutilización y reciclaje para cada una de sus fracciones. En este marco como telón de fondo hay que reflexionar muy profundamente sobre cual es el mejor sistema que puede contribuir a obtener mejores resultados de reutilización.
A propósito de la elaboración del Programa Metropolitano de Gestión de Residuos Municipales (PMGRM) de la Entitat del Medi Ambient, en el área metropolitana de Barcelona se analizaron diferentes experiencias de ciudades del mundo occidental y ámbitos metropolitanos significativos, y la conclusión fue que para los residuos inorgánicos (básicamente envases ligeros, cartón y vidrio) aquellos sistemas que apelan a la conciencia económica son mucho más eficientes que aquellos que apelan a la conciencia ecológica. Es decir, que aquellos sistemas que usan el modelo de usar un depósito o consigna para cada envase, a recuperar en el momento de su devolución, son mucho más efectivos ya que se basan en el valor económico de las cosas, cuestión mucho más "tangible" para todos nosotros. Además se potencia los envases retornables, y se disminuye la cantidad de contenedores en las calles que tanto impacto visual producen.
Con la reciente aprobación de la ley sobre envases y residuos de envases (LERE, abril de 1997) se ha perdido una buena oportunidad para favorecer unos índices de reciclaje verdaderamente importantes. La ley da la oportunidad a los productores de envases a constituir el "sistema integrado" de gestión, sistema que está basado en el reciclaje a partir de la recogida de los envases que los ciudadanos irán depositando en los contenedores dispuestos en la vía pública. Con este sistema se apela a la voluntad de los ciudadanos a reciclar y tener que llevar los envases al contenedor específico, con este sistema se apela a la conciencia y voluntad ecológica de cada uno de los ciudadanos, actuando el convencimiento moral pero no el económico. De todos los sistemas conocidos, este último, el económico, resulta ser el más convincente y efectivo.
Otra conclusión de los estudios citados fue que los sistemas que incorporan elementos que aproximan el contenedor al ciudadano y que permiten que el hecho de usarlo constituya a medio plazo un comportamiento habitual, son también más eficientes, pero incluso utilizando grandes recursos para sensibilizar y concienciar a la población de la necesidad de reciclar, los porcentajes de reciclado son limitados en comparación a los conseguidos por el sistema de depósito y consigna.
Otra de las fracciones y la más importante de los residuos domésticos es la materia orgánica. Representa aproximadamente el 45% del total de las basuras y constituye la fracción más evidentemente reciclable además de constituir el paradigma de lo cíclico y sostenible.
La materia orgánica se descompone mediante un proceso de fermentación constituyendo un material de una calidad excelente para usarlo como abono y retornar al origen sus propiedades, o bien en el caso de la metanización aprovechando el gas metano como combustible. La única, pero no por ello menos importante dificultad es que tiene que ser de una calidad excelente para poder ser usado en agricultura y horticultura, lo cual significa que es recomendable que no lleve más del 5% de material no orgánico causante de una contaminación difusa. Por otra parte lo que más fácilmente identifican los ciudadanos en la basura es precisamente esta fracción, lo cual es corroborado en diferentes experiencias donde se pide a los habitantes que la separen en sus casas y lo depositen en cubos específicos y luego en contenedores también específicos situados en la calle para su posterior compostage. Estimulando mecanismos de información puerta a puerta se puede conseguir muy buenas calidades y niveles de separación en origen de esta fracción tan importante.
La sensibilización y la concienciación ciudadana
Ante lo dicho es evidente que la colaboración y sensibilización ciudadana es el motor decisivo para llevar a cabo tales objetivos y la modificación de los hábitos de consumo se perfila como el efecto deseable de esta sensibilización.
De todos es conocida la limitación que muchos países avanzados de la UE tienen, incluido España, para modificar inercias de comportamiento y sobretodo de hábitos, y más teniendo en cuenta las formas de vida, las condiciones laborales, los hábitos de ocio y, como no, la propia estructura urbana que se da en muchas de las principales conurbaciones europeas parecidas a las nuestras. Sería muy deseable poder superar esta realidad europea, pero todo parece indicar que los índices de sensibilización social y de implicación para minimizar la producción de residuos serán en el futuro parecidos a la de nuestros vecinos comunitarios.
Quizá el principal problema que nos encontramos para impulsar esta sensibilización y concienciación ciudadana a gran escala, es que los residuos no son un problema para la población en general, no se percibe como un problema, y no existe la sensación ni la dimensión del problema, salvo en determinados núcleos sociales y ambientes ecologistas.
Para la mayoría de la población que vive en las grandes conurbaciones y visto en términos generales, los residuos no son un problema acuciante, los diferentes estudios sociológicos y las macro-encuestas realizadas recientemente sobre temas medioambientales así lo manifiestan. Se desconoce el problema porque forma parte de un submundo anónimo, de hecho se deposita por la noche en un contenedor, se recoge por la noche mediante camiones, que lo llevan en un lugar incierto y desconocido para hacerlo "desaparecer", y encima en los últimos tiempos también ha desaparecido el correspondiente recibo de las basuras.
Mientras tanto los programas de gestión de residuos que diversas ciudades españolas están impulsando, definen modelos de recogida selectiva que están basados en su mayor parte en la colaboración ciudadana.
Ante este reto las principales premisas a tener en cuenta para desarrollar campañas de sensibilización y concienciación ciudadana deberían impulsar tanto la información como la formación, todo al mismo tiempo.
Lo que parece ser absolutamente necesario es disponer de un acuerdo máximo, entre los diferentes sectores políticos, sociales, económicos, intelectuales, etc. para aunar esfuerzos de manera conjunta y dar un mensaje común bajo criterios de respeto hacia el desarrollo sostenible. La incorporación de todos estos sectores en una misma comisión para realizar el seguimiento de las actuaciones y de los programas de gestión de residuos, que sirva además para visualizar y analizar periódicamente la marcha de los mismos, puede ser un buen mecanismo que estimule la participación.
Uno de los mejores medios para llevar a cabo este acuerdo consiste en impulsar, en un marco de corresponsabilidad global, el uso de la mejores tecnologías existentes hoy día en el mercado y que impliquen el menor impacto medioambiental posible. En concreto la aplicación del PMGRM en el área metropolitana de Barcelona, representa un ahorro energético diez veces superior al sistema actual de tratamiento de basuras, y puede disminuir en un 90% el efecto invernadero con respecto al actual sistema. Efectivamente esto implica hacer las cosas con mucho rigor técnico y con una gestión eficiente como único mecanismo para cerrar el acuerdo con credibilidad.
En segundo lugar hay que establecer una correlación de utilidad en las propuestas de gestión. El mensaje "reciclo, luego ahorro", tiene que ser visualizado con mucha nitidez. Por ejemplo, el bio-gas procedente de las plantas de metanización que el PMGRM tiene previsto poner en marcha en el área metropolitana de Barcelona, así como del aprovechamiento de las emisiones del vertedero de Garraf, pueden abastecer de combustible de automoción la flota de autobuses de transporte público de la misma área metropolitana. Esta correlación puede resultar un estímulo para llevar a cabo las tareas de reciclaje de la materia orgánica.
Resulta evidente que el mensaje y la sensibilización medioambiental tiene que ir relacionada con el entorno social y urbano. Esta realidad que aparece muy diversa en conurbaciones como el área metropolitana de Barcelona, obliga a desarrollar un discurso con códigos diferenciados y adaptados al receptor con un mensaje más común, normal y accesible, evitando que sea sólo para expertos. No se trata de que sólo unos pocos lleguen a comprender el mensaje y colaboren, sino que para lograr objetivos importantes de reciclaje y reutilización se tiene que superar el listón habitual de penetración comunicacional y llegar así a todos los rincones de la trama urbana. Para ello hay que ejercitar la imaginación y movilizar recursos multidisciplinarios a imagen del entorno.
De manera global la conciencia se activa cuando se problematiza un hecho. Por el mismo mecanismo, tomar conciencia medioambiental significa problematizar los actos más cotidianos. En el ámbito de los residuos se trata de poner en cuestión los propios hábitos de consumo conscientes de que estamos induciendo a repensar la vida doméstica y a cambiar la concepción del tiempo doméstico. Reutilizar, reciclar y aprovechar requiere una dedicación específica que modifica la distribución y el uso del tiempo.
El papel de las administraciones
En definitiva todos los sectores sociales somos corresponsables del avance hacia sistemas de desarrollo sostenible, cada uno en su parcela de responsabilidad. Pero no hay que olvidar el papel de las administraciones tanto la local, como la autonómica, como la estatal. En estos momentos están en una encrucijada privilegiada para poder visualizar un horizonte capaz de ir aproximando los sistemas que actúan en el ciclo de los residuos a los criterios de sostenibilidad. Pero básicamente hay que disponer de una claridad y constancia capaz de movilizar voluntades, para ir variando inercias de comportamiento y de concepción en la gestión, en la legislación y en el compromiso con la sociedad.
Los residuos y la sostenibilidad
Resulta evidente que el crecimiento infinitamente concebido tiene limitaciones obvias. La pregunta clave consiste en ver si es posible un desarrollo social, cultural y económico de la humanidad sin un crecimiento continuo de la producción de residuos.
La propia definición de sostenibilidad tiene una importante dimensión social: "satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras".
Ante este reto la reducción , la reutilización y el reciclaje han de ser las premisas con las que elaborar programas de actuación, tanto a nivel local como general.
En base a este criterio y con referencia a los principios que inspiran la carta de Aalborg podríamos concluir los siguientes criterios para con los residuos:
* El desarrollo urbano y la gestión de los residuos han de estar supeditados en última instancia a consideraciones medioambientales. Muchas veces se imponen criterios económicos sin tener en cuenta que a largo plazo tendrán su repercusión. Al aplicar modelos de gestión de los residuos hay que analizar los impactos que produce sobre la emisión de gases de efecto invernadero, sobre el consumo de energía no renovable especialmente debido al transporte, sobre sistemas de difusión de posibles contaminantes por efectos de dispersión en el medio, Entonces estaremos en condiciones para evaluar la verdadera dimensión de los costos económicos, integrando los medioambientales. La prosperidad hay que empezar a medirla incorporando parámetros medioambientales.
* La aplicación del principio de sostenibilidad obliga a aplicar de una manera muy estricta, en el caso de los residuos, el principio de prevención. Es mejor prevenir ahora que reparar después. Todas las instalaciones, modelos de gestión y sistemas de operación, incluso las aparentemente más inocuas, han de estar sometidas al criterio de prevención. Los efectos contraproducentes muchas veces no se dejan ver hasta pasadas algunas generaciones. Un depósito controlado de residuos sin una potente impermeabilización puede producir daños irreversibles.
* Los recursos materiales y energéticos han de conservarse mediante la utilización de materiales renovables y más perdurables. Se impone el reciclaje y la reutilización de los residuos a la vez que el ahorro energético.
* Los costos medioambientales han de pagarlos los que degradan el medio ambiente y la calidad de vida. El principio de quien contamina paga ha de ser un criterio para aplicar legislación más eficiente y rigurosa.
* Hay que hacer un enorme esfuerzo para hacer entender tanto a los ciudadanos como a los gobernantes, que son necesarias políticas de mejora de la gestión de los residuos basadas en la reducción , la reutilización y el reciclaje, para que acepten y/o apliquen políticas medioambientales tanto en sus actos cotidianos como en la definición y aplicación de programas concretos. Se impone el principi de corresponsabilitat cada uno a su propio nivel.
* La ejecución y las responsabilidades de la dirección de los programas y normativas tendrían que estar en manos de los niveles más bajos de la administración aplicando el principio de autonomía del poder local y aplicándose el principio de subsidiariedad. Este es un mecanismo que dinamiza las decisiones, sobre todo si se crean organismos de seguimiento de los programas concretos, con la participación activa de la sociedad , movimiento ecologista, universitario, con el fin de compartir las decisiones y hacerlas más transparentes.
Josep Giralt i Dols
Biólogo
Salvador Rueda i Palenzuela
Ecólogo urbano