Jean Baptiste Auriol: las paradojas de la modernidad

Christian Hamel

 

Fue visitando la magnifica exposición “jours de cirque” organizada en el 2002 en el Forum de Grimaldi de Mónaco que tomé consciencia de lo que representaba Auriol: expuesto en una vitrina, su traje delataba su pequeña talla mientras que los objetos y documentos presentados alrededor testimoniaban una popularidad sorprendente para la época. He aquí la primera paradoja del personaje y la afirmación de su modernidad, no sólo como artista de circo, sino también como hombre público que no es ni caballista, ni domador, ni funámbulo. Y, sin embargo, su fama iguala la de los grandes actores de teatro y los grandes cantantes de ópera.

Sus cachés alcanzan los de los grandes artistas de circo de su tiempo: un hombre pequeño, ciertamente, pero dotado para la acrobacia hasta el punto de conseguir llegar a su máxima expresión. Otra paradoja es la de haber reconocido entre todas las posibilidades que le ofrecía el conocimiento de su profesión aquellas que más impactarían en la opinión pública y la conciencia colectiva de su tiempo, haciendo de él lo que todavía hoy llamamos vedette o estrella. Gracias al importante trabajo que Tristan Rémy consagró a este artista hoy podemos retomar numerosas referencias para conocerlo mejor y rechazar las numerosas leyendas que el personaje suscitaba por naturaleza.

Fue en Toulusse, exactamente en agosto de 1806 hacía el mediodía, cuando nació Jean Baptiste Auriol. Su padre, Jeas Louis Auriol (1760-1824) era funámbulo y acróbata, del mismo modo que su madre, Marie Cécile, nacida en Gouzy. Gracias a la puesta en Internet de diferentes búsquedas genealógicas hoy podemos saber mucho más sobre la familia. En primer lugar, la pertenencia del padre Jean Louis al mundo nómada. Si trazamos la historia de las generaciones que lo precedieron, se observa que de Etienne Auriol (nacido en 1659) hasta Antoine, el abuelo de Auriol (1726-1775), todos habían vivido en la misma ciudad, Lavaur, en la región del Tarm, y eran conocidos por su profesión de sastres. Su historia es muy parecida a la de otra gran familia del circo francés, la de los Gruss, escultores de piedra de padre a hijo, hasta que Andreé Charles siguió para siempre a la hermosa bailarina sobre el alambre María Martinetti.

Parece ser que fue durante el pasaje de un equipo de saltimbanquis italianos, el de Pietro Gouzy y su esposa Angélique Piment, que Jean Louis Auriol se casó con una de las hijas de esta familia. ¿Pero cuál, cuál de ellas exactamente? Esta pregunta puede parecer fuera de lugar pero, gracias a las investigaciones de Catherine Dizzochi, descendiente de la familia, se ha encontrado el rastro de dos bodas oficiales del padre Auriol. La primera con Anne Marie Gouzy (1774-1822) y la segunda, con Marie Cécile Gouzy, madre del célebre Jeane Baptiste (1783-1822). La genealogía a menudo no aporta respuestas, ya que los documentos oficiales encontrados demuestran una doble boda y, sobre todo, indican la muerte de las dos esposas el mismo día de 1822. ¿Fue un accidente, una enfermedad? ¿Los periódicos hablaron de ello?

Las cosas no parecen estar mucho más claras en relación con el acta de bautizo, en la iglesia de Notre Dame du Taur. Mientras que el nombre del padrino es el del tío de Auriol, Jean Baptiste, cabaretero instalado en Toulouse,  el nombre de la madrina es Marie Cécile Gouzy, madre del propio Auriol. Es sabido que la madre no podía ser al mismo tiempo la madrina.

 

Padre funambulista

El padre de Jean Baptiste Auriol había trabajado con uno de los funambulistas más importantes del momento, Forioso, y se enorgullecía de haber formado parte del equipo de los “grands danseurs du roi”. Ni Campardon, ni De Manne y Ménétrier no citan el nombre de Auriol cuando evocan esta formación. Sin embargo, De Manne dice claramente que el joven Auriol fue educado en la acrobacia por Forioso mucho antes que este se jubilara en las cercanías de Bagnères-de-Bigorre.

En el momento del nacimiento de Auriol, la troupe familiar se encontraba en el Capitole de Toulouse. Dicho sitio estaba abandonado desde finales de la revolución y la familia actuaba allí con regularidad en el transcurso de sus giras. Recordemos que el hermano de Jean Louis estaba instalado en Toulouse y que la troupe viajaba fundamentalmente por el suroeste francés. El joven siguió a su familia. En un cartel de la compañía de su padre Jean Louis Auriol de 1814 se anuncia el ejercicio de un niño sobre el alambre sin balancín. Jean Baptiste ya tiene ocho años, pero vista su pequeña estatura podríamos pensar que se trata de él. Su padre murió el 19 de julio de 1824 en Agen. Su mujer, o más bien sus mujeres, desaparecieron dos años antes y la troupe se desintegró. La hermana mayor, Génie, se casará más tarde con Jean François Laugier, artista de agilidad, y su otra hermana, Françoise Bernarde, no se quedará en el circo, si no que cuidará de la casa de Auriol hasta que enviude.

El joven Auriol marcha de gira con el Sieur D’Avrillon. En 1827 se encuentra en Barcelona tal como lo indica el escritor Antonio Dalmau. Se le cree español. En la historia local, D’Avrillon fue el primero en utilizar carteles de pared. Estos fueron impresos en la imprenta de Joaquim Verdaguer. Auriol también formó parte de un tal Ducroc. En esta época, el ciudadano Auriol se encontró confrontado a las obligaciones de su quinta. Desde 1824 el servicio militar duraba ocho años, por bien que hubiera un sorteo además de la posibilidad de comprar un sustituto. ¿Pensaba el artista ser demasiado pequeño? La medida mínima era de 1.62m. Pensó que lo habían olvidado, pero se equivocó, ya que unos años más tarde se encontró delante de un consejo de guerra en París. Finalmente fue liberado.

 

Una carrera ideal

Auriol obtuvo un contrato en un circo de gran reputación europea, el de Jean Baptiste Loisset, que triunfaba en Alemania y en Europa central. Ya ejecuta los ejercicios que le harán célebre: la pirámide de silla, el gran salto de trampolín y el salto cruzando un círculo rodeado de pipas. Auriol se casa con una mujer durante un viaje, Amélie Jeanne Belling, con ella tuvo dos hijos: Francesca Christophora, nacida en 1829 en Aschaffenburg y Jean Baptiste Guillaume, nacido en Berlín en 1831.

Entonces encontró su personaje. Algunos han pretendido que lo había copiado de un payaso alemán llamado Qualitz. En realidad la aparición de los payasos acróbatas era algo inminente. Funambulista, saltador, caballista y equilibrista, explotó todas sus dotes para evolucionar en ellas como cómico. Su traje: una “rhigrave” (una especie de falda-pantalón corta), una chaqueta ancha, unos calzones y un gorro escocés con plumas y cascabeles.

En 1833, Loissep estaba en Burdeos y más tarde en París, en el Cirque Olympique. Allí actuará durante todo el verano. En sus programas Auriol aún no aparece como payaso (el término no está de moda), sino como grotesco. Actúa en las pausas para hacer reír al público. En octubre del mismo año integra la troupe de Prosper Lalanne en Rouen. En el cartel ya se anuncia como el primer grotesco de Europa. Mientras, Laurent Franconi, que había tenido dificultades en la gestión del Cirque Olympique, lo ha puesto a flote y anuncia un programa muy fuerte con Auriol y la familia Cuzent-Jolibois.

Auriol trabaja solo en sus números de acrobacia y ofrece intermedios con Claude Gontard. El más interpretado se titula “los dos payasos”, lo que demuestra que desde ese momento ya se utiliza el término para denominar al “grotesco”. El artista tiene éxito y se queda en París en 1835 y en 1836. Incluso actuará con la troupe en el baile de carnaval de la ópera.
 
En el transcurso del verano de 1835 intentará ser jefe de troupe. Este objetivo le ocupará a lo largo de toda su vida y tan sólo lo conseguirá de forma parcial fundando su propia compañía de los Bufones Ingleses, autorizada a trabajar en la provincia, pero no en París a pesar de sus reiteradas peticiones.

Durante el verano de 1836 el Cirque Olympique se traslada los campos Eliseos, donde actualmente se encuentra el Théâtre Marigny. Los negocios no parecen florecientes y Laurent Franconi se declara en bancarrota. Es Louis Dejean, quien retoma la empresa y, en un primer momento, reabre el Cirque Olympique con la pantomima “La Jérusalem Délivrée”, de Fernand Laloue. Auriol está allí asegurando los intermedios cómicos. Se quedará con Dejean hasta 1852. Se ha convertido ya en una verdadera estrella parisina. Los cronistas no paran de enaltecer su ligereza y su agilidad. En 1837 en el circo de los Campos Eliseos actúa en la pirámide ecuestre de los Lalanne, asegurando los intermedios y haciendo de funámbulo cómico.

Se había instalado en Passy, en la misma casa que Victor Franconi, el hijo de Laurent. El joven Víctor frecuenta asiduamente a Virginie Kenebel. El padre de la chica le denunciará por corrupción de menores. Citado como testigo en el momento de la vista, Auriol hará una aparición remarcable y el Tribunal absolverá al acusado

 

Viaje a España

En octubre de 1840, Auriol parte para Madrid con el Cirque Olympique de Paul Laribeau. En ese momento ya es una celebridad europea. Lo encontramos nuevamente en Barcelona en 1842 en el ex convento de la Trinidad. Entre sus contratos parisinos trabaja en Inglaterra (1848-1849) donde está instalada su hija, casada con el payaso inglés Richard Flexmore. También lo encontramos en Bruselas y el 6 de octubre de 1850 debuta en el Cirque Olympique de Ernst Renz, en la Charlottenstrasse de Berlín. El 11 de diciembre de 1852 Auriol se encuentra en el programa de inauguración del Cirque Napoleón.

Cercano a los cincuenta y aunque aún ejecuta el salto mortal a caballo y el doble mortal en el trampolín, su condición física ya no es la misma. Otros artistas han copiado sus ejercicios. En 1855 hace la feria de Saint Romain en Rouen con los Bouthors y bate el tambor para Théodore Nancy, que fundará su circo al año siguiente. Auriol estará en su espectáculo en competencia con Víctor Chabre, llamado el Relámpago, que ejecuta el doble salto mortal. Auriol trabajará sin cesar hasta conseguir en su número la misma proeza.

Monta una compañía y explota en Rouen su teatro Bouffes Anglais en el Tivoli Baudet. En 1857 pierde a su hijo Jean Baptiste Guillaume y en junio retoma en el Théâtre de la Porte St Martin el papel de Jocko, el mono de Brasil, creado por uno de sus inspiradores, Mazurier. Triunfa delante de la emperatriz, pero fracasa una vez más en las tentativas de crear en París su propio teatro. Su yerno Flexmore muere en 1860 en Lambeth (Inglaterra) su hija Francesca Christophora se vuelve a casar con un tapicero antes de morir en 1862. En 1870 es su propia esposa, Amélie Jealle quien fallece, por lo que deberá abandonar la confortable casa de la calle Luriston por otra más modesta en la calle Copernic. Encuentra contratos en el Théâtre des Variétés y, a veces, en el circo Fernando y en otros circos anónimos.

Cuando muere el 29 de agosto de 1881 su condición material no es brillante, pero su aura sigue intacta. En las crónicas sobre la vida parisina Charles Monselet había escrito en 1879: “Se le podrá aplicar este epitafio heredado de la antología griega: que la tierra le sea ligera, ya que tan poco ha pesado sobre ella”.

 

El precursor y el fenómeno

El mismo Monselet había escrito: “ha sido tan famoso como Rossini, como Deboreau, como Scribe”.

La modernidad de Auriol reside justamente en su mediatización excepcional en la época, especialmente en un artista que no era ni domador ni caballista. Tan solo Léotard a partir de 1860 se beneficiaría de un impacto mediático superior con, incluso, “productos derivados”. Parece ser que fue Dejean quien lanzó el fenómeno cuando tomó la dirección de los “Deux Cirques”. En el periódico de espectáculos Théophile Gauthier no escasea en elogios sobre Auriol: “Es enciclopédico en su arte. Es un Hércules gracioso con pequeños pies de mujer, manos y voz de niño”. Se queda impresionado por su fuerza prodigiosa y la seguridad de ejecución.

En la prensa Auriol aparece por todas partes. En “Le Trombinoscope” de Léon Charles Bienvenu, llamado Touchatout, es, con Barnum, la única personalidad de circo junto a los grandes de la actualidad parisina. Arthur Pougin le dedica una entrada en “La Grande Encyclopédie”. El poeta Théodore de Banville escribirá para él uno de los más bellos poemas compuestos para un payaso. En Leipsic, una gaceta de 1843: “Quien no ha visto a Auriol bailar sobre sus botellas, no ha visto nada”. Robert Houdin evoca en sus “Confidencias de un prestidigitador” dos autómatas que presentaba: uno era Debureau, el otro Auriol. El primero tenía en el extremo de un brazo una silla sobre la que el otro ejecutaba sus ejercicios y finalizaba fumando en pipa y jugando con una pequeña flauta.

La comparación con Debureau es interesante ya que, para expresarse, ambos artistas debieron tener en cuenta el privilegio de los actores que imponía a los demás espectáculos los ejercicios de agilidad y limitaba la expresión hablada. El primero utilizó a la perfección el arte del mimo, el segundo hizo del gesto acrobático el soporte de las emociones que quería transmitir, la risa y la curiosidad admirativa. ¿Cuáles fueron los medios utilizados por Auriol para llegar a dicho resultado?

En primer lugar, la adquisición de una técnica irreprochable. Quería hacer más y mejor que los otros. Trabajaba incansablemente. Se puede pensar que su higiene de vida era irreprochable teniendo en cuenta su longevidad como acróbata. Strehli, quien no concede elogios gratuitos, aún juzgándolo como exageradamente pequeño admite sus cualidades acrobáticas. Aquello que es nuevo es el hecho de conseguir una visibilidad de sus ejercicios, de forma que fueran fácilmente identificados y retenidos por el público. Hoy los creativos en comunicación trabajan del mismo modo.

Debemos añadir el traje, el uso de su risa falseada símbolo de burla y la integración de efectos cómicos en el seno de sus ejercicios: calzado con babuchas ejecutaba un salto mortal para caer exactamente de nuevo dentro de ellas: para el público este truco se denominó simplemente “las babuchas”. En lo que concierne a “las botellas”, el proceso fue igualmente auténtico: Auriol bailaba y caminaba sobre el cuello de botellas instaladas sobre un pedestal, las tumbaba a medida que pasaba por ellas guardando la última para realizar sobre ella un equilibrio de cabeza mientras tocaba la corneta de pistones.

En “las antípodas”, que no era un ejercicio de antipodismo, estaba en equilibrio sobre una escalera cuyos peldaños se separaban bruscamente, momento en el que el artista ejecutaba una “cascada” rodeándose de petardos y fuegos artificiales. El público también conocía “las pipas”, un aro rodeado de pipas sostenido por dos ayudantes subidos sobre dos sillas cara a cara, a través del cuál saltaba del mismo modo en que hoy los chinos cruzan los círculos. Este vínculo entre el nombre y el gesto fácilmente identificables inmortalizó sus proezas.

 

¿Fue un payaso?

De manera justa el historiador Tristan Rémy se hace la pregunta. Faltos de información del contenido de intermedios como “los dos payasos”, “el increíble”, “el payaso y la abuela” o “la caballería improvisada” no podemos más que suponer que se trataba de parodias ejecutadas la mayoría de las veces a caballo. La “caballería” debía parecer la de Tati en su película “Zafarrancho en el circo”.

La llegada de Auriol se sitúa después del desarrollo del payaso de intermedios nacido con Asteley y destinado al intermedio ecuestre. También existieron otros payasos acróbatas: Laurent, Gaertner, Gondard o Qualitz, pero Auriol, a pesar de su maquillaje y sus atributos de payaso, será principalmente gestual.

Si el music-hall, tal como nos llegó más tarde, ya hubiera existido sin duda alguna que Auriol hubiera hecho una carrera mundial. Él fue, antes que llegara la palabra, un excéntrico. Las descripciones que poseemos de sus actuaciones se acercan al trabajo de los payasos rusos: parodian el trabajo acrobático o los personajes de la sociedad utilizando verdaderas dotes de acróbata, de malabarista o de equilibrista. Del mismo modo, Auriol retomaba, parodiándolos, los ejercicios del alambrista Joseph Plège, uno de los mayores de la época.

Auriol no tuvo verdaderos seguidores: su hijo Jean Baptiste, muerto parece ser por un salto mal recepcionado, tal vez retomó sus ejercicios pero sin obtener el mismo éxito.

La magia de Auriol procedía de esa silueta original que cultivaba tanto en la pista como en la calle llevando vestimentas extravagantes. La era del cine llegó demasiado tarde para él. Existen raras fotografías donde lo vemos con indumentaria de pista, bigote espeso, mirada viva. Lo plasmado en ellas deja imaginar lo que habría podido aportar sobre la pantalla, adaptando sus cualidades artísticas al juego de las cámaras. Las primeras bobinas de Chaplin pueden aportar una idea concreta del trabajo de Auriol. Pequeño, ágil, expresivo, bigotudo, Charlot también sabía hacer reír con sus parodias acrobáticas. Es fácil imaginarse a Auriol moverse sobre la pista del Cirque Olympique, del mismo modo que Chaplin en “El Circo”. La risa no tan solo era provocada por sus acrobacias propiamente, sino por la visión hilarante de un hombre pequeño, ágil, decidido, aparentemente foráneo a todas las influencias exteriores.

En este análisis he pretendido reunir elementos susceptibles de dar a conocer el personaje partiendo de su carrera, evocando los testimonios escritos de su impacto sobre el público. Lo incomprensible tal vez encuentra su expresión en los versos de Théodore de Banville:

“Arriba de su vil podio,
el payaso saltó tan alto, tan alto
que rompió el techo de telas
al ritmo de la corneta y del tambor,
y, el corazón devorado por el amor,
fue a rodar por las estrellas”.

 

Christian Hamel.
Presidente del “Club du Cirque Français” y redactor de la revista “Le Circ dans l’Univers”.

III Jornadas internacionales: “El payaso, creador de sonrisas”.
Simposio organizado por el Festival Internacional de Payasos de Cornellà de Llobregat en el Ateneo Barcelonés los días 20, 21 y 22 de noviembre de 2006