| Francisco
Hidalgo Gómez
La relación del flamenco con Catalunya es precisamente
una de las facetas de su devenir histórico más desconocidas menos investigadas y
analizadas, todo y que en los últimos años se ha avanzado espectacularmente en su
estudio y han sido publicados clarificadores y muy documentados trabajos sobre la
cuestión. No obstante, el estado actual de los conocimientos sobre la materia sigue
siendo insuficiente, no es tan satisfactorio como sería de desear. Es, pues, conveniente,
necesario incluso, incentivar la investigación, documentación, análisis y debate de esa
relación, de su historia, evolución, presente y futuro.
Con tal propósito, el Ayuntamiento de Barcelona, a propuesta de la Federación de
Entidades Culturales Andaluzas en Catalunya (Fecac), presentó la candidatura de la Ciudad
Condal para organizar en el año 2000 la vigésima octava edición del Congreso
Internacional de Arte Flamenco, la más significada reunión de estudios y debates sobre
ese arte que anualmente acoge una ciudad distinta y a la que asisten estudiosos,
críticos, artistas y aficionados, tanto españoles como extranjeros.
En el Congreso celebrado en Lucena (Córdoba), 1998, presentó ya la candidatura, siendo
muy favorablemente acogida y quedando supeditada su definitiva aprobación a la
presentación de los objetivos, contenidos y programación preliminar en la siguiente
edición a celebrar en San Fernando (Cádiz), siendo finalmente ratificada por
aclamación. Así pues, en septiembre del 2000, Barcelona acogerá la celebración del
vigésimo octavo Congreso Internacional de Arte Flamenco, coorganizado por el Ayuntamiento
de la ciudad y la Fecac, congreso que, a no dudar, impulsará decididamente los estudios y
conocimientos de los acaeceres del flamenco en Catalunya.
No parece ocioso resaltar la notable participación de representantes del mundo del
flamenco catalán, a cada edición con mayor peso específico y más alta significación,
en tales foros. Actualmente la delegación catalana es siempre una de las tres más
numerosas y ha situado representantes en los órganos
decisorios. La pujanza actual del flamenco en Catalunya encuentra así correspondencia en
el más significado foro de estudios flamencos.
No será, por otra parte, la primera vez que un acontecimiento de tales características
se celebre en Catalunya. Anteriormente L'Hospitalet, 1986, y Santa Coloma de Gramenet,
1995, lo acogieron con resultados muy positivos. De ambas ediciones guardan grata memoria
los congresistas asistentes a ellas, lo que ha jugado positivamente a favor de la
candidatura de Barcelona, como igualmente el apoyo expreso y entusiasmado de destacados
artistas, periodistas y críticos de flamenco, quienes, de manera prácticamente unánime,
coinciden en destacar tanto la importancia del Congreso como la bondad de Barcelona, su
vinculación con el flamenco, su cosmopolitismo y sus potencialidades innovadoras.
Así, por ejemplo, Mayte Martín afirma que "en beneficio de todos lo que de verdad
amamos esta música, no se debe negar que Barcelona juega hoy un papel importantísimo en
la conservación, divulgación y buen trato del Arte Flamenco" y el crítico Pedro
Burruezo, "Barcelona es una ciudad ideal para acoger un congreso de este tipo, puede
aportarle modernidad y cosmopolitismo; puedes, además, ser el marco ideal para la
convivencia de las distintas visiones que existen en el flamenco".
A Ginesa Ortega le gustaría que el Congreso se celebrase en Barcelona, "ya que por
tradición, por afición, por cantidad de artistas y por interés hacia este Arte, la
Ciudad Condal cuenta con un público que cada día sigue los eventos flamencos con gran
interés". Para el guitarrista Chicuelo "la demanda de flamenco en Catalunya
cada día es mayor, sobre todo por parte de los jóvenes, y yo creo que la celebración
del Congreso en Barcelona crearía más afición aún y nos abriría más puertas".
Para el periodista Manolo Garrido "el flamenco también es cultura de
Catalunya, y así es aceptado mayoritariamente. El Congreso puede ser el foro ideal para
constatarlo..." Por último, Miguel Poveda piensa que "en el siglo XXI la
centralidad del flamenco se desplazará hacia las periferias. Si hoy existe un lugar que
pueda proyectar esta idea, es Barcelona. Así pues, creo que es básico que se celebre el
Congreso de flamenco en ella".
Así pues, para las personas vinculadas al mundo del flamenco en Catalunya, la
celebración del Congreso Internacional de Arte Flamenco supone un reto y un hecho de
importancia capital. Para hacerle frente, los promotores del Congreso se han marcado unos
objetivos que, en caso de ser alcanzados, marcarán un antes y un
después en el estado de la cuestión.
Objetivos del congreso
* Investigar todos aquellos aspectos relacionados con la Rumba catalana y el Garrotín de
Lleida.
* Delimitar y determinar las posibles interrelaciones entre las Habaneras y el flamenco.
* Analizar y determinar las características expresivas particulares del flamenco en
Catalunya.
* Investigar sobre los artistas flamencos catalanes, su vida, obra y aportaciones, y
elaborar un censo de los mismos.
* Estudiar la influencia o presencia del flamenco en la obra de los artistas catalanes
(Pedrell, Rusiñol, Anglada Camarasa, Manolo Hugué, R. Gerhard, etc.).
* Recopilar, catalogar y archivar toda la información dispersa de las manifestaciones
flamencas en Catalunya, creando un banco de datos para su posterior consulta, estudio y
análisis.
* Crear el "Espacio Carmen Amaya", dedicado al estudio específico de todos los
aspectos relacionados con ella, con el flamenco y Barcelona en general.
* Rememorar la figura de Vicente Escudero, con motivo del veinte aniversario de su muerte,
y su relación con Barcelona.
* Facilitar y propiciar la participación de la juventud.
* Dar a conocer y potenciar a los artistas catalanes.
* Incardinar la celebración del Congreso en el resto de programas culturales de la
ciudad.
Una sucinta panorámica histórica
Los primeros datos fidedignos, aunque hay indicios anteriores, de la llegada de artistas
flamencos a Barcelona y de locales que ofrecían sus actuaciones son de la segunda mitad
del siglo XIX. La relación histórica de Barcelona con el flamenco es, pues, ya
largamente centenaria, habiendo sido, además, continua y fructífera.
En las dos últimas décadas del siglo pasado y tres primeras del actual, la Ciudad Condal
se convierte en uno de los primeros enclaves flamencos de toda España, es una de las
ciudades con mayor número de locales flamencos y una mayor cantidad de actuaciones;
prácticamente todos los grandes actúan aquí: don Antonio Chacón, Manuel Torre, Niña
de los Peines, Macarrona, Malena, Ramón Montoya, Manuel Vallejo, Pastora Imperio,
Sabicas...
La fiebre flamenquista que vive Barcelona también se extiende al resto de Catalunya:
Tarragona, Lleida, Sabadell, Sant Cugat, Girona, Cornellà, Santa Coloma de Queralt, Sant
Adrià, Manlleu, entre otras poblaciones, pasan a formar parte del itinerario vital del
flamenco.
Paralelamente un notable número de escritores, pintores, escultores y músicos se
aficionan a él y lo toman como fuente de inspiración para sus obras y creaciones. Surgen
también los primeros artistas flamencos catalanes, de los que sobresale muy especialmente
la irrepetible y genial Carmen Amaya, y aquí se asientan definitivamente el guitarrista
Miguel Borrull, cabeza de una impagable saga de guitarristas y bailaoras, Juanito el
Dorado, El Cojo de Málaga o Vicente Escudero. No podemos olvidar, por otra parte, que
Catalunya cuenta con sus propios estilos de Rumba y de Garrotín, el viejo de Lleida.
En las décadas de los cuarenta y cincuenta serán los artistas de la denominada Ópera
Flamenca los que mantendrán encendida la llama flamenquista en Catalunya y nuevos
creadores se asentarán aquí, José Beltrán "Niño de Vélez -Cornellà- y Manuel
Ávila -Badalona-, creadores respectivamente de una Malagueña y de una Murciana. En los
sesenta aparecen las primeras peñas flamencas y los artistas flamencos de la emigración
(Jiménez Rejano, Manuel López, Andrés Márquez, Cumbreño, El Chano, Tío Remolino,
Niño de la Rambla, etc.) vivifican nuevamente el flamenco, al tiempo que dos excelentes
maestros, Flora Albaicín y José de la Vega, abren sus escuelas de baile flamenco en las
que se han venido formando gran parte de los actuales artistas catalanes del baile.
Hoy, Catalunya ocupa un destacadísimo lugar en el panorama actual del flamenco. Cuenta
con una magnífica generación de artistas flamencos y cada día es mayor el número de
jóvenes que lo eligen para su personal expresión artística, lo que nos permite encarar
esperanzadamente el futuro.
Una pasión que renace
El flamenco levanta nuevamente pasiones en Catalunya. Cada vez interesa a más personas.
Cada vez son más los escenarios y más numerosos los públicos que se le rinden. Hoy se
le estudia con rigor, se le documenta con veracidad, se escribe y se habla
entusiásticamente de él, ha vuelto a ser motivo de inspiración para los artistas
plásticos, es incluido en las programaciones culturales y forma parte de la oferta
general de espectáculos.
Se ha generalizado la opinión de que el flamenco, objetivamente analizado, es un arte y
una de las músicas más originales de la cultura universal, lo que supone un cambio
radical en su aceptación y concepción respecto a etapas inmediatamente anteriores. Tan
sólo aquellas personas más alejadas de los movimientos culturales y en las que persiste
la imagen tópica del flamenco como algo para turistas y gentes poco recomendables están
alejadas de esa postura.
Que esa pasión esté tan viva, como lo estuvo en felices épocas pasadas, que haya
renacido se debe a un hecho sin precedentes parecidos. Por primera vez en la historia una
espléndida generación de intérpretes ha nacido en Catalunya, vive en Catalunya y desde
aquí hace música incuestionablemente flamenca.
Su desacomplejada y poderosa presencia -en opinión del
amigo Arcadi Espada- en la cultura autóctona devuelven al flamenco su rasgo principal. Lo
que deslumbró, por ejemplo, a Gasch, aquel vanguardista finísimo que nos dejó
constancia escrita de otra época de pasión y fiebre flamenquista en Catalunya.
Flamencos y catalanes
Es una espléndida generación de artistas jóvenes preocupados por vivir de acuerdo con
los tiempos actuales pero sin darle la espalda a la tradición, utilizándola como fuente
de aprendizaje y nunca dejándose encorsetar por ella. Premiados en Córdoba, en La
Unión..., sorprendiendo a propios y extraños, triunfando allá donde van, incansables y
tenaces. Toda una realidad cierta, presente impagable.
Una generación que está contribuyendo a transformar la tradicional estética del
flamenco y su forma de presentación, que se rebela contra la dura dictadura de la
nostalgia del pasado. Sus necesidades e intereses son diferentes a los de los flamencos
clásicos, han logrado un espacio escénico más diversificado, su difusión se establece
en circuitos universalizados, en los que el público receptor considera el flamenco un
género artístico más, no necesaria e indisolublemente vinculado a su territorio nativo.
Son intérpretes abiertos a la investigación, a la experimentación artística y a la
fusión o mezcla creativa -constante característica del flamenco, por otra parte-
contrapuesta a la "pureza" como concepto más castrador. Incluso realizan
desacomplejadas incursiones en otros campos musicales. Su flamenco, al igual que el de los
artistas madrileños y un buen número de los andaluces, es una música radicalmente
urbana.
La práctica totalidad de sus integrantes son hijos de emigrantes, de aquella emigración
desbocada de los años sesenta y setenta. Hacen flamenco, seguramente, por sus padres, por
el ambiente de las periferias en el que han nacido y han vivido y también por los
factores oscuros que permiten que se declare el arte. Pero, sobre todo, hacen flamenco
porque esa música encaja en su necesidad estética.
La generación de la emigración.
Seríamos absolutamente injustos si otorgáramos todos los méritos exclusivamente a los
artistas de esa generación en la labor de recuperación y de dignificación del flamenco
en Catalunya. No podemos, en modo alguno, olvidar la labor de las peñas y menos aún la
inestimable aportación de los artistas emigrados, como tantos otros cientos de miles, que
con su arte contribuyeron decisivamente a desbrozar el camino.
La gran mayoría de estos artistas han desarrollado sus carreras artísticas básicamente
en las peñas, ayudando, al mismo tiempo, al auge de las mismas, y participando en los
concursos de dentro y fuera de Catalunya. Muchos menos son los que han actuado en tablaos,
grandes festivales o han grabado discos, y aún menos los que han podido vivir
profesionalmente de su arte. No obstante, es justo reconocerles que con su dedicación y
ejemplo
han facilitado la aparición de la actual generación de artistas flamencos catalanes, con
los que comparten el actual brillante presente. Ambas generaciones ofrecen un variadísimo
espectro flamenco.
Los Novísimos
No están solos los artistas hasta ahora comentados. Tras ellos viene empujando fuerte una
nueva generación, la de los Novísimos; una generación de reciente añada que aún se
está formando, que estudia, ensaya, prueba, experimenta y que para saber sus verdaderos
resultados habremos de esperar todavía a pasar algunas páginas de los almanaques. El
tiempo que todo lo aclara nos dirá si son ciertos y personales, con estéticas y sonidos
propios. No obstante, sus miembros vienen ofreciéndonos pruebas suficientes de sus
cualidades y conocimientos, de su
calidad y de sus inquietudes, lo que nos permiten mirar esperanzadamente hacia el futuro.
Conforman un grupo heterogéneo y ecléctico, con intérpretes del cante, del toque y del
baile, gitanos y no gitanos, en el que hay de todo: experimentalismo convencional,
verdadero empeño renovador y jóvenes del lado más académico. Tienen, algunas
características, no excesivamente diferentes de las de sus predecesores, que les son
comunes. Todos han nacido en Catalunya.
Es una generación que rompe la imagen que hasta ahora se tenía de los artistas flamencos
y que representan una estética nueva. Aúnan inspiración, vocación e intuición con
trabajo, disciplina, estudio y preparación. Es una generación que ha optado sin titubeos
por el flamenco como vehículo de su expresión artística personal, abierta a la
evolución y a la renovación. Los recientes y clamorosos éxitos de los miembros de la
generación catalana inmediatamente anterior a la suya, les sirven de estímulo y de
acicate. Es una generación, por fin, musical y
culturalmente mestiza.
Criados en un medio urbano e industrializado, se sienten muy alejados de las
circunstancias vitales e históricas que fueron originando y configurando el flamenco
clásico, aprendiendo con mucha ilusión y desaliento ninguno, pendulando más hacia la
renovación estilística que hacia el clasicismo, tienen sus referentes estéticos en Paco
de Lucía, Camarón, Enrique Morente, Canales, Joaquín Cortés... De estos modelos, a
pesar de su vasto
componente ortodoxo, les interesa, no en todos los casos evidentemente, el hálito que
desprenden de renovación,
experimentalismo y modernidad.
Todos, no obstante, han de tomarse con calma las cosas, no atragantarse de
experimentalismo, no buscar la evolución por la simple evolución, sino que primero han
de profundizar en el conocimiento y dominio de lo ya experimentado, forjarse una base
formativa sólida para, teniéndola, intentar la renovación, la búsqueda de nuevas
soluciones estéticas, la actualización lírica y musical del flamenco, lo que de entrada
es verdaderamente difícil. El cada vez mayor reconocimiento público de que goza el
flamenco y el mayor grado de aceptación que ha logrado en
Catalunya, les facilita su dedicación y les alienta a proseguir su carrera.
Catalanes y flamencos
Consignemos finalmente a los músicos, que procedentes de otros ámbitos y expresiones
musicales, se han apasionado por el flamenco, han aportado sus referencias y estilos
distintos y han incorporado, incluso naturalizado, instrumentos no habituales en él, como
prueba de su tremenda capacidad de sugestión, de asimilación, síntesis y mestizaje, de
sus ilimitadas posibilidades de evolución y creativas. Ahí, por ejemplo, Toti Soler,
Joan Albert Amargós, Carles Benavent, Domingo Patricio, Pep Pérez... También ahí los
músicos de la percusión y el compás, cada día más solicitados, cada vez más
habituales en los escenarios, Pepe Motos, Manuel Gómez, Quirós hijo... Igualmente no
debemos dejar de resaltar la incorporación de la música y el baile flamenco por las
compañías de danza y los grupos teatrales catalanes a sus espectáculos.
La cita en el 2000
Será en septiembre, viviendo ya una nueva centuria, a las puertas de un nuevo milenio, y
en Barcelona. Será una inmejorable oportunidad, que bajo ninguna circunstancia se ha de
malgastar, de avanzar decididamente en la investigación, documentación, análisis y
debate de la relación entre Catalunya y el flamenco, su historia, evolución y presente.
Barcelona, ciudad de rica personalidad, hospitalaria y abierta, en la que bulle a diario
un irreductible crisol cultural y con una antigua, venerable y hermosa tradición
flamenca, debe, y puede, convocar y gozar con el duende.
Francisco Hidalgo.
Director
de la Fundació Gresol Cultural.
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