Cambiar la Historia

Luiz Inácio Lula da Silva


¿Es que sería demasiado pedir, que nuestros compañeros enrollasen sus banderas tan sólo unos diez minutos, para que podamos ver a las personas que están atrás y para que las de atrás nos puedan ver?

Sabéis que una de las cosas que más admiro es un militante, de la organización que sea, que sale a la calle con su bandera. Creo que es una cosa fantástica e inusitada. Ahora sólo estoy pidiendo, ya que hace tiempo que no les veo, ya que hace tiempo que vosotros no me veis, y creo, que por enrollar la bandera cinco minutos no le pasa nada a ningún compañero.

Quiero, en primer lugar, deciros que es una alegría mucho mayor de lo que mi corazón demuestra, estar, otra vez, participando del mayor encuentro multinacional que la sociedad civil mundial organiza, este Foro Social Mundial.

La vez anterior que participé aquí, fue en un debate, en el que me asignaron como tema para hablar “Otro Brasil es posible”. Y me acuerdo que, en aquel instante, ni siquiera tenía certeza de que sería candidato a Presidente de la República. Y, hoy, al participar en este Foro, lo hago en la condición de funcionario público número 1 de mi país.

Quiero dar las gracias a la dirección de este encuentro. Sé que no es fácil, sé del sacrifico que vosotros estáis haciendo para realizar esta organización, sé de la preocupación que tenéis por la seguridad.

Yo, ahora mismo, Haddad, estoy hablando, aquí, en portugués, y debe de haber ahí, compañero, gente que habla francés, inglés, debe haber gente de China, de la India, que no están entendiendo nada de lo que estoy hablando.

Por lo tanto, aquellos que no entendeis mis palabras, pero que sois personas que creen en el Foro Social Mundial, mirad a mis ojos, que así vais a entender cada una de las palabras que hablo.

Quiero dar las gracias, aquí, a los compañeros dirigentes del Foro, a los Ministros, pero, sobre todo, quiero dar las gracias al pueblo del mundo entero que, sin medir su sacrificio, ha venido aquí, en ocasiones sin tener derecho a hablar, en ocasiones sin tener la oportunidad de hablar, pero han venido aquí sólo para decir: “Yo existo como ser humano. Y quiero ser respetado como tal”.

Siempre dije que el mayor deseo que tenía, si era elegido Presidente de la República, era ver si conseguía atender mis propias reivindicaciones. Soy un hombre que planteó muchas reivindicaciones en Brasil. Exigí mucho a cada uno de los Gobiernos que pasaron, antes que yo, al igual que muchos de vosotros exigen en sus países. Y mi deseo de ser Presidente de la República era para saber si, elegido Presidente de la República, sería capaz de atender a mis propias reivindicaciones.

 

Continúo con mi sueño

Por eso no tengo que preocuparme con aquello que posibles adversarios hablaron. Tengo que saber que, a lo largo de la Historia, el movimiento social brasileño, el movimiento sindical brasileño, los partidos políticos de Brasil, la Iglesia de Brasil, las ONGs de Brasil, acumularon mucha experiencia y, junto con esa experiencia acumulada, tienen propuestas, tienen reivindicaciones, han presentado cosas extraordinarias. Y yo, ahora, tengo cuatro años para que, con mucha tranquilidad, podamos atender, sino todas, por lo menos aquéllas que tengamos capacidad y condiciones de atender.

Continúo con mi sueño de llevar a cabo la reforma agraria en este país. Continúo con mi sueño de garantizar una escuela pública de buena cualidad para que nuestro pueblo y para que la Universidad no sea un privilegio de tan sólo el 8% de la sociedad, sino para que la Universidad sea un derecho al alcance de todos.

Continúo soñando con la posibilidad de hacer una política sanitaria, en la que ningún pobre más muera en la puerta de un hospital por falta de atención médica o por falta de asistencia.

Continúo soñando en construir una sociedad justa, solidaria, fraterna, dónde el resultado de la riqueza producida en el país sea distribuida de forma más equitativa entre todos los hijos de este país.

Mientras tanto, también aprendí, a lo largo de mi trayectoria política -y aprendí con vosotros- que el técnico importante para un partido no es aquél que comienza ganando, sino aquél que termina ganando el partido que nos proponemos jugar.

Tengo cuatro años de Gobierno para, de forma tranquila y serena, ir haciendo las cosas que se tienen que hacer en este país. Quiero hacer, tal vez, el Gobierno más honesto que hubo en la Historia de este país, el Gobierno que tenga la más perfecta relación con la sociedad.

Quiero tratar a cada uno de vosotros como trato a mi chaval de 17 años. Cuando se pueda hacer, se hará. Más, cuando no se pueda hacer, con la misma serenidad y con el mismo cariño, quiero decir: “compañero, no se puede hacer”. Tengo la certeza de que esa relación de honestidad y de compañerismo será la razón del éxito de nuestro Gobierno en este país.

Y, ¿por qué voy a actuar así? Voy a actuar así, porque tengo conciencia de la responsabilidad que llevo a mis espaldas, de las personas que me eligieron, de la responsabilidad que está en las espaldas de mis Ministros y, que está, sobre todo, sobre mis espaldas. Aunque haya sido elegido Presidente de Brasil, tengo una noción nítida de que nuestra victoria representa la esperanza, no sólo aquí dentro, sino para la izquierda en todo el mundo y sobre todo para la izquierda en América Latina.

Por la mañana, cuando me levanto todos los días ... (si Marisa continúa con esa popularidad, va a ser candidata a alguna cosa, en las próximas elecciones) por la mañana cuando me levanto, todos los día le digo a Marisa que tenemos que hacer las cosas muy bien pensadas. Porque cualquier Gobierno, en cualquier país del mundo puede equivocarse y no pasará nada, porque es muy normal que los gobernantes se equivoquen, pero yo no puedo equivocarme. Yo no puedo equivocarme porque no fui elegido por el apoyo de un canal de televisión. Yo no fui elegido por el apoyo de un sistema financiero. Yo no fui elegido por los intereses de los grandes grupos económicos. Y, yo no fui elegido por obra de mi capacidad o de mi inteligencia. Yo fui elegido por el alto grado de conciencia política de la sociedad brasileña, el día 27 de octubre de 2002.

 

Somos esperanza para los socialistas del mundo

Sé las expectativas que estoy generando en las mujeres, hombres y niños. Nunca vi, en toda la Historia de Brasil, tanta expectativa, tanta esperanza y tanta gente pidiendo a Dios que acertemos. Y tanta gente pidiendo, no pidiendo empleo, sino diciéndome : “Lula ¿qué puedo hacer para ayudar a nuestro Gobierno para que acierte?”.

Y esa fuerza de la sociedad, ese capital político es lo que hizo que pudiéramos llegar al final de las elecciones y gritáramos bien alto : “La esperanza, finalmente, venció al miedo”.

Ya estuve en Argentina, en Chile, en Ecuador, y sé las expectativas que América del Sur tiene en el Gobierno brasileño. Sé de la esperanza que los socialistas de todo el mundo tienen en el éxito de nuestro Gobierno.

Y es por todo eso, es por lo que nuestra responsabilidad es aún mayor, y vuelvo a afirmar : esperamos tanto para ganar, perdimos tanto, sufrimos tanto, tanta gente murió, intentando llegar, por todos esos compromisos que, miro a la cara de vosotros y digo : “No me vaya a equivocar, voy a formar un Gobierno dirigido a los pobres de este país”.

Siempre dije a los compañeros que organizan el Foro Social Mundial que era necesario transformar el Foro en un instrumento, primero, para que no fuera dependiente de ningún partido político, segundo, para que no fuera utilizado por nadie.

Cuando fui invitado a venir aquí, también dije a los compañeros : “Es necesario que penséis si debo de ir al Foro Social Mundial, porque voy a ser el primer Presidente en ir”. Y me contestaron : “Lula, puedes ir, porque eres el anfitrión del III Foro Social Mundial”. Sin embargo, hoy, ya me comprometí públicamente, porque un compañero de la India, donde se celebrará el próximo Foro Social Mundial, me preguntó, durante una reunión que mantuve con la Dirección Mundial del Foro, si iría, el año que viene, a la India. Y le dije: iré a la India. Si es necesario, iré a China y, si es necesario, iré dónde me inviten porque soy obra y resultado del trabajo que hicisteis a lo largo de estos años. Por lo tanto, creo que no sólo yo, creo que otros gobernantes deberían ir al Foro Social para ver lo que piensa el pueblo, lo que desea el pueblo y cómo quiere el pueblo que las cosas sucedan.

 

Del sindicato al gobierno

¿Cuál es la novedad? ¿Cuál es la novedad de este año? Pues que este año, por causa de vosotros, por causa del Foro Social Mundial, fui invitado a ir a Davos. Si no fuera por vosotros no habría sido invitado. Y me acordé de una cosa: cuando empecé mi vida sindical, mis amigos más inteligentes y más expertos me decían: “Lula, no entres en el movimiento sindical, porque la estructura sindical brasileña es una copia fiel de la “Carta di Lavoro” de Mussolini y, si tu entras en el sindicato, vas a convertirte en un pelele y no vas a conseguir hacer nada”. Entré en el sindicato y, en tres años, cambiamos la historia del movimiento sindical brasileño que, hoy, es uno de los más importantes del mundo.

En 1979, estábamos luchando en este país por la reconquista de las libertades políticas y yo inventé la creación de un partido. Entonces, los que querían libertades políticas comenzaron a posicionarse en contra, porque en la libertad política de ellos no encajaba la creación de un partido político. Y hubo quien me dijo : “Mira, en Brasil no tiene cabida un partido como el PT. Ese asunto de decir que un partido de trabajadores puede ser creado, que un metalúrgico va a dirigir un partido, eso es cosa del pasado. No hay en la sociología brasileña ni en la mundial, un ejemplo de ese estilo”. Pues bien, fuimos obstinados y creamos un partido que, hoy, es el partido más importante de la izquierda en toda América Latina.

Ahora me acuerdo de una cosa que voy a contaros: en 1978, comenzamos una huelga en el ABC y el Presidente de la Federación de Industrias acudió al II Ejército para decir al General Dilermando que era necesario terminar con la huelga que los metalúrgicos estaban llevando a cabo. Posiblemente si hubiera pertenecido a una organización política más tradicional, hubiera preparado las maletas y habría ido a otro lugar, durante una semana, hasta que la polvareda bajara de tono. Como era más inocente, políticamente, cogí el teléfono y llamé al Comandante del II Ejército y le dije: “General Dilermando, estoy viendo en los periódicos que el señor invitó al Presidente de la FIESP, y que va a recibir al Presidente de la FIESP. Soy Presidente de los trabajadores. Quiero hablar con el señor.” Y me recibió durante tres horas.

Ahora, cuando surgió la invitación para Davos, al principio dije: ¿que voy a hacer en Davos? Y tomé la siguiente decisión: Soy Presidente de un país que es la octava economía mundial. Soy Presidente de un país que tiene 45 millones de personas que no comen las calorías y las proteínas necesarias. Soy Presidente de un país que tiene Historia y que tiene un pueblo. Y no son todos los días, todos los meses, ni todos los siglos que un tornero mecánico gana la Presidencia de la República de este país. Por tanto, tomé la decisión. A mucha gente de la que está en Davos no les gusto, sin conocerme siquiera. Quiero ir a Davos y decir en Davos exactamente lo que diría a cualquiera de los compañeros que estáis aquí. Decir en Davos que no es posible continuar con un orden económico donde pocos pueden comer cinco veces al día, mientras que muchos en el planeta Tierra pasan cinco días sin comer. Decirles que es necesario un nuevo orden económico mundial, en el que el resultado de la riqueza sea distribuido de forma más justa, para que los países pobres tengan la oportunidad de ser menos pobres. Decirles que los niños negros de África tienen derecho a comer como los niños de ojos azules que nacieron en los países nórdicos. Decirles que los niños pobres de América Latina tienen tanto derecho a comer como cualquier otro niño que nazca en cualquier parte del mundo. Decirles que el mundo no necesita guerras, que el mundo está necesitando paz, que el mundo está necesitando de comprensión.

 

Salir de nuestro mundo

Y creo que nosotros tenemos que construir, en el mundo. Lo que no podemos es estar presos dentro de nuestro mundo, creyendo que todo el mal que nos rodea es por causa de quien está fuera.

Hoy decía: eso es más o menos como una familia en la que, de repente, aparece un hijo metido en las drogas y, en vez de que el padre y la madre hablen con los hijos para saber dónde está el defecto, comenzaran a echar las culpas a la escuela, comenzaran a culpar al vecino, comenzaran a culpar al novio, o, en lugar de sentarse y mirar para dentro del padre y de la madre que son, de mirarse a sí mismos para preguntarse: “ ¿qué dejamos de hacer para que nuestro hijo esté drogado?”

Nosotros somos pobres. Una parte de la culpa puede ser de los países ricos. Pero, parte de la culpa puede ser de una parte de la élite del continente suramericano, que gobernó de forma servil, que gobernó de forma sumisa este país, practicando los casos más absurdos de corrupción.

Sólo en América Latina, en los últimos años, cuatro gobernantes : Collor en Brasil; Fujimori en Perú; Menem en Argentina y Salinas en México, salieron por haber practicado auténticos robos en sus países. Y eso no puede seguir pasando. Los países ricos no pueden ayudar a los países aceptando depósitos o blanqueo de dinero de quien roba a los países pobres.

Recuerdo que una vez, había un Presidente del Zaire, llamado Mobuto. Recuerdo que, en aquella época, la denuncia era que tenía 8 billones de dólares depositados en un país de Europa, y que su pueblo estaba pasando hambre.

Si los países ricos quieren contribuir, que no acepten dinero del narcotráfico, del crimen organizado. Y que no acepten dinero de los países cuyos gobernantes practican verdaderos robos, que devuelvan ese dinero para ayudar a su pueblo.

Quiero, mi estimado Haddad, terminar diciendo una cosa. Dejadme deciros una cosa. Quiero deciros que el único y más importante compromiso que tengo con vosotros, y de lo que podéis estar seguros, con la seguridad y la fe que tenéis en Dios, para quien es cristiano: es que, puedo cometer algún error, pero que jamás quitaré una coma de los ideales que me hicieron llegar a Presidente de la República de nuestro país.

Quiero poder, cada mes, cada año, mirar a la cara de todos los niños, de todas las mujeres, de todos los hombre, y decir : “Estamos construyendo una nueva Nación. Estamos construyendo un nuevo país”.

Obstinadamente me digo todo el santo día: tengo que realizar un sueño, que no es sólo mío, sino el sueño de todos vosotros; habrá un día que, en este país ninguna criatura se irá a dormir sin un plato de comida, y ninguna criatura se despertará sin un desayuno.

Habrá un día en que, en este país, las personas puedan morir, porque nacemos para morir, pero ninguna morirá de desnutrición, como muchas mueren hoy en este país. Habrá un día en que la gente tendrá conciencia de que este país que sueño y que vosotros soñáis pueda ser construido. Depende de nuestra disposición para realizarlo. Depende de nuestro coraje. Depende de nuestra disposición.

Y estoy aquí para deciros: mis compañeros, mis compañeras del III Foro Social Mundial, haya lo que haya, pase lo que pase, intentaré cumplir cada palabra del Programa de Gobierno por el que me eligieron Presidente de la República de este país.

Gobernar es como una maratón. No se debe comenzar a 80 por hora, porque la resistencia podría terminar al llegar a la primera esquina. Se tienen que dar pasos sólidos, concretos para que podamos terminar el Gobierno con la certidumbre del deber cumplido. Y quiero poder decir al mundo: que bueno sería, sería maravilloso si, en vez de que lo que los países producen y gastan en armas, gastaran el dinero en pan, frijoles, arroz, para matar el hambre del pueblo.

Imagino cuantos billones y billones y billones de dólares se gastan con la guerra. Soldados matando a soldados. Soldados matando inocentes y, cerca de nosotros, criaturas levantando los ojos y mendigando un plato de comida que, muchas veces se tira y no se da a esa criatura.

Mis compañeros, mis compañeras del Foro Social Mundial, quiero que vosotros que sois brasileños y vosotros que no lo sois, pero que estáis aquí, quiero que vosotros tengáis la seguridad más absoluta de vuestra vida: no os dejaré. No dejaré de hacer las cosas que tenemos que hacer. Y espero aportar mi contribución para que otros compañeros ganen las elecciones en otros países del mundo, para que la gente pueda, de una vez por todas, comenzar a elegir personas que tengan más sensibilidad, personas que se comprometan más, personas que crean que es posible que podemos mudar la Historia de la Humanidad.

Nuestro país, durante 500 años, estuvo mirando hacia Europa. Ahora es el momento de mirar hacia África y para América del Sur. Es el momento de establecer nuevos acuerdos, para que podamos ser más independientes, fortalecer el MERCOSUR y establecer una fuerza política para negociar. No podemos aceptar lo que ha estado pasando durante los últimos 40 años, el bloqueo a Cuba. No podemos aceptar que los países sean marginados durante siglos y siglos. Y no podemos aceptar que Brasil, con las dimensiones que tiene, continúe, cada año que pasa, siendo uno de los países que presenta mayor índice de pobreza y de miseria.

Por eso, no podía dejar de venir aquí. No podía dejar de venir y deciros: valió la pena. Y va a valer mucho más la pena, cuando estando en el último día de Gobierno pueda demostrar, con los datos en la mano, que hicimos en cuatro años lo que otros no hicieron en decenas de años en este país.

Quiero despedirme de vosotros, quiero terminar diciendo a los compañeros, a las compañeras, coordinadores del Foro Social Mundial: por el amor de Dios, no desistáis, porque conseguisteis, en tres años, construir una de las cosas más extraordinarias que la sociedad civil mundial conoció.

Aunque estemos a tantos miles de kilómetros de Davos, la verdad es que, después del Foro de Porto Alegre, Davos ya no tiene la fuerza que tenía antes de existir el Foro Social Mundial. La verdad es que los problemas sociales del mundo nunca habían sido discutidos en Davos y, ahora, están obligados a saber que tienen que discutir los problemas sociales.

Vosotros conseguisteis un espacio en la Historia. La prensa, que durante el I Foro comenzó a decir que era un “encuentro de izquierdistas”, a decir que era un “encuentro de locos del mundo”, hoy reconoce, en las primeras páginas de los periódicos que: el Foro Social Mundial es el mayor acontecimiento político llevado a cabo en la Historia contemporánea.

Y no tengo duda alguna que el Foro va a contribuir, de forma decisiva, a que la gente cambie la Historia de la Humanidad.

Muchas gracias y, ¡ hasta la victoria, si Dios quiere, compañeros!

Luiz Inácio Lula da Silva.
Presidente de Brasil.

Discurso pronunciado ante el III Foro Social Mundial el 24 de enero de 2003 en el Anfiteatro Pôr do Sol de Porto Alegre (RS), traducido del portugués por María Paz Barquero.