Vengo de Porto Alegre

Luiz Inácio Lula da Silva


Buenas tardes, acabo de llegar, como ustedes saben, directamente de Porto Alegre, donde participé en el Foro Social Mundial, y hablé a decenas de miles de personas sobre los mismos temas que pretendo hablar aquí.

La Reunión anual del Foro Económico Mundial tiene como tema central la construcción de la confianza. Me siento muy a gusto con este tema. Soy depositario de la confianza del pueblo brasileño, que depositó en mí la responsabilidad de dirigir un país de 175 millones de habitantes, una de las economías industriales más grandes del planeta. Sin embargo, es un país que convive, también, con enormes desigualdades sociales.

Traigo a Davos el sentimiento de esperanza que embargó a toda la sociedad brasileña. Brasil se reencontró consigo mismo, y ese reencuentro se expresa en el entusiasmo de la sociedad y en la movilización para afrontar los enormes problemas que tenemos para el futuro.

Aquí, en Davos, hubo un acuerdo para decir que existe un Dios único: el mercado. Pero, la libertad del mercado implica, sobre todo, la libertad y la seguridad de los ciudadanos.

Respondí, de forma serena y madura, a aquéllos que desconfiaban de nuestros compromisos durante la campaña electoral. Ante la Constitución del Pueblo Brasileño, volví a reafirmar la disposición de realizar reformas económicas, sociales y políticas muy profundas, respetando los acuerdos y asegurando el equilibrio económico.

Brasil está trabajando para reducir las disparidades económicas y sociales, para profundizar la democracia política, para garantizar las libertades públicas y para promover, activamente, los derechos humanos.

El rostro más visible de esas disparidades son los más de 45 millones de brasileños que viven por debajo de la línea de la pobreza. El aspecto más dramático es el hambre que afecta a decenas de millones de hermanos y hermanas brasileñas.

Por esta razón, hicimos de la lucha contra el hambre nuestra prioridad. No me cansé de repetir el compromiso de asegurar que los brasileños puedan, todo los días, desayunar, comer y cenar.

 

Erradicar la pobreza

Combatir el hambre no es sólo una tarea del Gobierno, sino de toda la sociedad. La erradicación de la pobreza implica transformaciones estructurales, exige la creación de empleos dignos, más y mejores inversiones, aumento sustancial del ahorro interno, expansión de los mercados tanto dentro del país como en el exterior, salud y educación de calidad, desarrollo cultural, científico y tecnológico.

Es urgente que Brasil promueva la reforma agraria y retome el crecimiento económico para poder distribuir la renta. Vamos a establecer reglas económicas claras, estables y transparentes. Y estamos combatiendo, implacablemente, la corrupción. Nuestra infraestructura tendrá que ser ampliada, incluso con la participación de capitales extranjeros.

Somos un país acogedor. La tolerancia y la solidaridad son características del pueblo brasileño. Tenemos una mano de obra cualificada, apta para los grandes desafíos de la producción en este nuevo siglo.

Retomar el desarrollo requiere la superación de las situaciones que nos violentaron desde el exterior. Brasil tiene que salir de ese circulo vicioso de contraer nuevos préstamos para pagar los anteriores. Es necesario realizar un extraordinario esfuerzo de expansión de nuestro comercio internacional, especialmente de nuestras exportaciones, diversificando productos y mercados, añadiendo valor a aquello que producimos.

Todo el esfuerzo que estamos realizando para recuperar, de forma responsable, la economía brasileña, sin embargo, no alcanzará plenamente sus objetivos sin cambios importantes en el orden económico mundial. Queremos el libre comercio, pero un libre comercio que se caracterice por la reciprocidad. De nada valdrá el esfuerzo exportador que vayamos a realizar si los países ricos continúan predicando el libre comercio y practicando el proteccionismo.

Los cambios del orden económico mundial también deben pasar por una mayor disciplina en el flujo de los capitales, que se trasladan por el mundo obedeciendo rumores y especulaciones subjetivas, que no tienen fundamento alguno en la realidad.

Es necesario que la comunidad internacional aporte su contribución para impedir la evasión ilegal de recursos que buscan refugios y paraísos fiscales. Una mayor disciplina en este área es fundamental para el combate decidido al terrorismo y a la delincuencia internacionales que alimentan el lavado de dinero.

La construcción de un nuevo orden económico internacional, mas justo y democrático, no es sólo un acto de generosidad, también es, en primer lugar, una actitud de inteligencia política.

 

Muros tras el Muro

Mas de diez años después de la caída del Muro de Berlín, todavía persisten “muros” que separan a los que comen de los hambrientos, a los que tienen trabajo de los desempleados, a los que tienen vivienda digna de los que viven en la calle o en favelas miserables, a los que tienen acceso a la educación y al acervo cultural de la humanidad, de los que viven inmersos en el analfabetismo y en la más absoluta alienación.

También es necesaria una nueva ética. No es suficientes que los valores del humanismo sean proclamados, es necesario que prevalezcan en la relaciones entre los países y los pueblos.

Nuestra política externa esta orientada firmemente hacia la búsqueda de la paz, la solución negociada de los conflictos internacionales y la defensa intransigente de nuestros intereses nacionales. La paz no es sólo un objetivo moral. Es, también, un imperativo de racionalidad. Por eso, defendemos que las controversias sean solucionadas por vías pacíficas y bajo el auspicio de Naciones Unidas. Es necesario admitir que, muchas veces, la pobreza, el hambre y la miseria son el caldo de cultivo donde se desarrolla el fanatismo y la intolerancia.

La preservación de los intereses nacionales no es incompatible con la cooperación y la solidaridad. Nuestro proyecto nacional no es xenófobo, sino universalista. Queremos profundizar nuestras relaciones con los países de América del Sur, desarrollando con ellos una integración económica, comercial, social y política.

Queremos negociar de forma más positiva cada vez, con los Estados Unidos, la Unión Europea y los países asiáticos. Vamos a tener, por la condición de país que posee la segunda población negra más importante del mundo, una mirada especial para el continente africano, con el cual tenemos lazos étnicos y culturales profundos.

Quiero invitar a todos los que aquí se encuentran, en esta montaña mágica de Davos, a mirar al mundo con otros ojos. Es absolutamente necesario reconstruir el orden económico mundial para atender los anhelos de millones de personas que viven al margen de los más extraordinarios progresos científicos y tecnológicos que el ser humano fue capaz de producir.

No se queden indefinidamente esperando señales para cambiar de actitud en relación a mi país y a los países en desarrollo. Los pueblos, como los individuos, necesitan de oportunidades. Los países ricos de hoy sólo lo son porque tuvieron sus oportunidades históricas.

Si quieren ser coherentes con su experiencia victoriosa, no pueden y no deben obstruir el camino de los países en vías de desarrollo. Al contrario, pueden y deben construir con nosotros una nueva agenda de desarrollo global compartido.

Tengan la certeza de que Brasil ya comenzó a cambiar. Nuestra determinación es el resultado, no solamente de compromisos que asumimos hace muchos años, sino que procede, también, de la esperanza que moviliza a nuestro país. Sé que en el debate contemporáneo hay divergencias, visiones distintas del mundo e incluso antagónicas.

Soy el Presidente de todo el pueblo brasileño y no sólo de aquellos que me votaron. Estamos construyendo un nuevo contrato social en el que todas las fuerzas de la sociedad brasileña estén representadas y sean oídas.

Por eso, busco el diálogo con todos los sectores que se reunirán en el Consejo de Desarrollo Económico y Social. Voy a buscar contactos y puntos de apoyo para nuestros proyectos de cambio de la sociedad brasileña, dondequiera que estén.

El cambio que queremos no es para un grupo social, político o ideológico determinado. Beneficiará más a los desprotegidos, a los humillados, a los ofendidos y a los que, ahora, ven con esperanza la posibilidad de redención personal y colectiva. Esta es una causa de todos. Es universal por excelencia. Brasil, como el país más extenso e industrializado del hemisferio sur, se siente en el derecho y en el deber de dirigir, a los participantes del Foro de Davos, un llamamiento al buen sentido. Queremos hacer un llamamiento para que los descubrimientos científicos sean universalizados, para que puedan ser aprovechados en todos los países del mundo.

En esta misma línea, propongo la formación de un fondo internacional para la lucha contra la miseria y el hambre en los países del tercer mundo, constituido por los países del G-7 y estimulado por los grandes inversores internacionales. Y esto, porque es largo el camino para la construcción de un mundo más justo, y el hambre no puede esperar.

Mi mayor deseo es que, la esperanza que venció al miedo en mi país, también contribuya para vencerlo en todo el mundo. Necesitamos, urgentemente, unirnos alrededor de un pacto mundial por la paz y contra el hambre.

Luiz Inácio Lula da Silva.
Presidente de Brasil.

Discurso pronunciado en el Forum Económico Mundial de Davos el 26 de enero de 2003, traducido del portugués por María Paz Barquero.