Conferencia en la London School of Economics

Luiz Inácio Lula da Silva


Es un honor haber sido invitado a la LSE, una Escuela que desempeñó un papel importante en la historia del socialismo en Inglaterra y que sigue siendo un centro importante de reflexión para las ciencias sociales.

Sus fundadores -la pareja matrimonial de Beatrice y Sydney Webb-, miembros de la Fabian Society, son autores de una Historia de las Luchas Sociales que hace décadas fue traducida en Brasil y tuvo un papel significativo en la formación de muchos militantes obreros y socialistas en mi país. En tiempos más recientes, el sociólogo Ralph Milliband fue fuente de inspiración para el socialismo democrático. Otras personalidades estuvieron, de alguna forma, asociadas a esta casa, como el gran intelectual y pacifista Bertrand Russell, a quien la humanidad le debe tanto.

Vine a Londres a participar en la cúpula de Gobernabilidad Progresista, por invitación del Primer Ministro Tony Blair. Vine aquí a traer el mensaje por el cual fui electo por 53 millones de brasileños y brasileñas para gobernar nuestro país. Es un mensaje que he llevado a otros foros en estos seis meses iniciales de mi gobierno.

Estuve en Porto Alegre con mis amigos y compañeros del Foro Social Mundial. Fui a Davos, al Foro Económico Mundial. Estuve presente en el diálogo ampliado con el G-8 en Evian; y ahora vine a la reunión con los líderes de la Gobernabilidad Progresista. En ese mismo período, me entrevisté con casi todos los presidentes de América del Sur, con los Presidentes Jacques Chirac, George Bush, Vladimir Putin, Hu Jintao, M’Beki, con el Canciller Gerhard Schroeder, el Primer Ministro de la India, muchos Jefes de Estado y de Gobierno y destacadas personalidades internacionales.

En las últimas elecciones, el pueblo brasileño dio muestras de coraje y de madurez. Sabía de la grave crisis tanto económica como social y escogió cambiar los rumbos del país. Nuestra responsabilidad es grande. Tenemos que resolver problemas de corto, mediano y largo plazo.

Hallamos un cuadro de dificultades, alimentado por la especulación política y financiera. La economía estaba en condición frágil. El dólar había llegado a 4 reales. La inflación prevista para los 12 meses siguientes era superior al 40%. El riesgo Brasil estaba en 2,400 puntos. El financiamiento para nuestro comercio exterior había sido cortado. Y era grande la vulnerabilidad de nuestra economía. Para revertir ese cuadro, adoptamos una política monetaria y fiscal rigurosa y estimulamos las exportaciones.

Ya comenzamos a ver el resultado de esas políticas. El dólar cayó de 4 a 2 reales con ochenta centavos. La previsión inflacionaria bajó del 40% al 7%. El riesgo Brasil retrocedió de 2,400 a cerca de 700 puntos. Volvió a otorgarse el crédito internacional a nuestro comercio exterior. Las exportaciones han aumentado y deben llegar a 20 mil millones de dólares en el 2003. Nuestra vulnerabilidad externa ha disminuido considerablemente. La reconquista de la confiabilidad internacional y nacional en Brasil estimula nuevas inversiones productivas y crea condiciones para un desarrollo sostenido.

 

Un nuevo ciclo con justicia social

Las medidas que adoptamos en esta fase de transición están creando las condiciones para un nuevo ciclo de crecimiento con justicia social. El pueblo brasileño entiende este proceso y confía en nuestro programa. Por eso podemos contar con su comprensión en este período inicial, necesariamente difícil.

Nuestro patrón de crecimiento no puede ser el mismo del pasado, cuando alcanzamos tasas medias de cerca del 7% entre 1930 y 1980 en cincuenta años. Brasil llegó a ser la octava economía del mundo, pero descuidó las condiciones de vida del pueblo. El crecimiento excepcional de aquellos años no estuvo acompañado de reformas sociales indispensables. La renta y el poder siguieron concentrados. Conforme los ricos se hacían más ricos, los pobres aumentaban su pobreza. Logramos remover el autoritarismo, pero no superamos las desigualdades. Y nuestra vulnerabilidad externa aumentó. El programa de cambio que ahora comenzamos a ejecutar prevé la retoma del crecimiento con efectiva distribución de la renta, generación de empleos e inclusión social. Contempla la profundización de la democracia, con participación creciente de los ciudadanos. Y la presencia afirmativa de Brasil en el mundo, de manera coherente con nuestros intereses y responsabilidades.

Tenemos que construir un gran mercado de consumo de masas que incorpore a los 40 millones de brasileños y brasileñas, que viven al margen de la producción, del consumo, de los servicios públicos y del acceso a los bienes educativos y culturales.

Haremos una reforma agraria de calidad, acompañada de políticas agrícolas consistentes. Estamos impulsando políticas públicas en los ámbitos de la salud, la educación y la cultura, la vivienda, el saneamiento, el medio ambiente, el transporte y el turismo. Ampliaremos la infraestructura para garantizar el nuevo ciclo de expansión. Estamos formulando políticas industriales no paternalistas y democratizando el crédito, haciéndolo más accesible a millones de pequeños productores y consumidores, así como a la pequeña y mediana empresa.

 

Los desafíos inmediatos

Pero tenemos desafíos inmediatos. El hambre no puede esperar. El programa “Hambre Cero” propone soluciones para el país, pero, al mismo tiempo, defiende medidas de emergencia. El programa de “Primer Empleo” ofrece oportunidad de trabajo a centenares de miles de jóvenes, que, de lo contrario, serían reclutados por el narcotráfico y el crimen organizado. Estamos profundizando la democracia. La sociedad fue convocada para que ayudara a definir los rumbos del gobierno. Creamos el Consejo de Desarrollo Económico y Social y estamos estimulando otros foros de participación. Hemos ampliado la articulación política y buscado sumar fuerzas en torno a nuestro proyecto de crecimiento con equidad. Los 27 gobernadores de Estado fueron convocados y dieron apoyo unánime a los proyectos de reforma fiscal y de previsión social. Con la reforma de la Previsión Social, vamos a convertir al sistema de jubilaciones y pensiones en algo más justo y sostenible. Con la nueva política tributaria, la economía productiva se verá fortalecida. Estamos combatiendo sin tregua a la corrupción. La nueva política exterior le ha permitido a Brasil buscar una integración soberana en el comercio internacional. A través de una diplomacia afirmativa, estamos impulsando la integración regional suramericana y estableciendo nuevas asociaciones... Nuestra prioridad es la América del Sur: la reconstrucción de Mercosur deberá ir más allá de la Unión Aduanera, articulando políticas agrícolas, industriales, sociales, culturales, de ciencia y tecnología y construyendo instituciones políticas, incluso caminando hacia un parlamento. Más adelante, queremos llegar a una moneda única. Estamos actuando decididamente para aproximar al Mercosur a los países andinos y unir a América del Sur. Es indispensable construir la infraestructura que permita integrar físicamente nuestras economías. La integración física de nuestro continente exigirá recursos, inclusive externos, pero también abrirá oportunidades para inversiones en beneficio de las empresas de dentro y fuera de la región.

 

Un G-3 del Sur

Estamos decididos a rescatar nuestra deuda con África, a la cual estamos ligados por fuertes lazos étnicos y culturales. En el próximo mes de agosto, estaré visitando cinco países del sur de ese continente. Buscamos, más allá de nuestra región, estrechar contactos con los grandes países en desarrollo, como China y Rusia, entre otros. Ya tuvimos la primera reunión de cancilleres de Brasil, África del Sur e India. Constituimos, así un G-3 del Sur. Obviamente, ese grupo puede ampliarse. La idea es trabajar con países que compartan la aspiración de un orden económico y político más justo y democrático y hacer todo eso en estrecha coordinación con nuestros socios de Mercosur y de América del Sur.

Queremos abrir nuevos horizontes para nuestra relación con el mundo árabe. Estamos proponiendo -con excelente receptividad- una reunión cumbre entre los países de América del Sur y los países árabes para discutir sobre comercio, inversiones y otras formas de cooperación económica y política. Buscamos establecer relaciones maduras con Europa y los Estados Unidos, que permitan la ampliación de la cooperación en todos los terrenos, con pleno respeto de las diferencias que podamos tener.

Los países en desarrollo como Brasil han realizado un enorme y exitosos esfuerzo para aumentar la competitividad de sus productos y para desarrollar su infraestructura. Pero esas conquistas se ven hoy frustradas por la existencia de medidas proteccionistas por parte de los países ricos. Ese verdadero “apartheid comercial” agrava la exclusión social. Tenemos que combatirlo con determinación. Las soluciones más duraderas y justas para las cuestiones que afectan a la paz y a la seguridad internacionales, incluyendo la amenaza del terrorismo, son aquellas que surgen de la concertación en los foros multilaterales y que promueven el respeto de los derechos humanos.

Sostenemos que las crisis internacionales pueden y deben ser solucionadas por la vía pacífica. En los raros casos extremos en que eso no sea posible, la autorización del uso de la fuerza por parte del Consejo de Seguridad de la ONU es indispensable. Para una mayor eficacia y una democratización real de los organismos internacionales, es fundamental reformar el Consejo de Seguridad de la ONU. Para tener mayor legitimidad y representatividad, el Consejo de Seguridad debe ser ampliado, incorporando a países en desarrollo de varias regiones del mundo entre sus miembros permanentes. En ese contexto, países de diversas regiones, muchos de ellos de América del Sur, han expresado su apoyo al ingreso de Brasil en el Consejo de Seguridad.

 

El hambre en el mundo

En todos mis pronunciamientos en foros internacionales, les he pedido a los líderes mundiales que se dediquen a la lucha contra el hambre. Hay más de mil millones de seres humanos al margen de la producción, del consumo, de la cultura y de la ciudadanía. En Davos y Evian, defendí la creación de un fondo de combate al hambre y presenté sugerencias para constituirlo. Hay otras propuestas con objetivos semejantes. Tenemos que dedicarnos a una reflexión conjunta, que involucre a líderes políticos, personalidades del movimiento social, empresarios, académicos para conjugar lo que hay de mejor en todas esas propuestas y estudiar los medios para concretarlas. Pero la condición esencial para que ese esfuerzo tenga éxito es la existencia de fuerte voluntad política por parte de quienes tienen la capacidad de decisión. Por eso, seguiré exhortando a los líderes de la comunidad internacional a que asuman sus responsabilidades. Más que un tema de política exterior, este es un imperativo dictado por la ética y el sentimiento humano.

El mundo puede esperar determinación del pueblo brasileño de construir una sociedad justa y más próspera para todos. Puede esperar de su Gobierno voluntad política para combatir los desequilibrios sociales, la pobreza, las enfermedades, el analfabetismo, la corrupción. Estamos cambiando al Brasil y queremos contribuir para que el mundo se transforme también. Queremos un nuevo pacto para la paz y el bienestar de los pueblos. Queremos una acción decidida a favor del desarrollo sostenible con justicia social. Queremos fortalecer la democracia y la libertad, respetando el pluralismo y la diversidad.

Muchas gracias.

Luiz Inácio Lula da Silva.
Presidente de Brasil.

Discurso pronunciado en la London School of Economics (LSE) de Londres, 14 de julio de 2003. Traducción del portugués de Carlos Armando Figueredo.