
Kosovo: mundos paralelos
Shkîlzen Maliqi
Por lo general, se considera que la población albanesa ha creado de forma voluntaria e ilegal las instituciones paralelas de Kosovo. Sin embargo esto no es así. El parlamento, el gobierno, el sistema educativo, la liga deportiva, las instituciones culturales, los medios de comunicación, etc. son anteriores a 1990, cuando el Estado serbio abolió forzosa y unilateralmente la autonomía de Kosovo. Eran instituciones inalienables de los ciudadanos de Kosovo y un legado del sistema anterior. Esto fue por sí un acto único de «anexión interna» de una de las ocho unidades en las que se dividía la antigua federación yugoslava. Fue precisamente este Estado serbio el que creó el sistema de instituciones «serbias» paralelas en Kosovo, bajo el control directo del gobierno y del régimen de Belgrado, y en contra de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos de Kosovo.
La suspensión del parlamento y del gobierno de Kosovo el 5 de julio de 1990, cuando según la jerga oficial, Serbia «asumió temporalmente sus funciones», implicó de forma simultánea la suspensión de las instituciones soberanas de la antigua Federación. En lo sucesivo, quedó bloqueada de hecho la labor del entonces parlamento federal, así como la presidencia y el gobierno federales. Esto iba a tener consecuencias de gran alcance. Según la constitución de 1974, el Parlamento federal no podía aprobar ninguna decisión ni constituir órgano de poder ejecutivo alguno sin el consentimiento de los parlamentos de todas las unidades federales, lo que incluía el consentimiento del parlamento de Kosovo.
La suspensión de la autonomía de Kosovo fue un golpe de Estado de hecho. El sistema federal de la llamada Segunda Yugoslavia dejó de existir, no en junio de 1991 (cuando Eslovenia y Croacia declararon su independencia), sino en julio de 1990.
La guerra y las subsiguientes conferencias de paz produjeron una nueva realidad en los Balcanes. Se reconocieron nuevos Estados y fronteras. Sólo en Kosovo la situación permaneció como antes de 1990. Por una parte, la mayoría de ciudadanos de origen albanés (alrededor del 90 por ciento de la población total) mantuvo y posteriormente creó ciertos instrumentos e instituciones de poder local y soberano. Por otra parte, a través de sus testaferros y de la movilización de la minoría serbia (el ocho por ciento de la población), Serbia estableció el sistema de mando por el que la policía militar controlaba Kosovo, lo que trajo consigo la imposición de una especie de "apartheid nacional".
Cambios estratégicos
Entre 1990 y 1992, las dos partes enfrentadas en Kosovo introdujeron de forma unilateral cambios constitucionales estratégicos. Serbia fue más eficaz: se basó en la fuerza y en un desprecio total hacia la voluntad de los albaneses de Kosovo. Los cambios en la Constitución serbia en septiembre de 1990 y la proclamación de la República Federal de Yugoslavia tuvieron como fin consolidar la posición de Kosovo en Serbia, y presentaron a los albaneses una política de hechos consumados. Por otro lado, Serbia inauguró una política de serbianización radical de la propiedad y la población. Una sucesión de nuevas medidas y leyes tuvo como consecuencia la transferencia unilateral de las propiedades públicas, la infraestructura, los recursos industriales y de otra índole al Estado de Serbia o a empresas serbias, a menudo sin conceder ninguna indemnización a cambio. Se inició una campaña ilegal de despidos masivos por la que unos 150.000 albaneses se encontraron rápidamente sin empleo. Las leyes discriminatorias (como las que prohiben la venta de propiedades a los albaneses), así como diversas medidas de intimidación administrativa, el maltrato, la represión policial, los juicios-farsa y los robos legalizados por el Estado tenían como fin crear una atmósfera de inseguridad y temor. Desde entonces, cientos de miles de albaneses han solicitado asilo en Occidente.
Kosovo se libró de una catástrofe sólo gracias a las circunstancias. Los preparativos para la guerra en Croacia y Bosnia y la propia guerra suscitaron el temor de la apertura del llamado Frente Sur. Como consecuencia de ello, el Ejército Popular Yugoslavo se retiró de Macedonia.
También se puso freno a las aspiraciones radicales serbias de una solución violenta al problema de Kosovo (que incluían incitar a una rebelión albanesa y una respuesta serbia estilo «tierra quemada»). Kiro Gligorov, presidente de la antigua República Yugoslava de Macedonia, recordó recientemente a Kosovo esta posibilidad, al referirse a los planes de crear centros de detención y corredores para el traslado rápido de refugiados de Kosovo a Albania.
Sin embargo, en el periodo crítico, los albaneses de Kosovo actuaron con prudencia, haciendo caso omiso de las provocaciones. Optaron por la resistencia no violenta y su actividad política se limitó a emitir declaraciones. La fracción albanesa del Parlamento de Kosovo aprobó la Declaración de Independencia el 2 de junio y proclamó la República de Kosovo (la Constitución Kacanik) el 7 de septiembre de 1990. El referéndum sobre la independencia se celebró a finales de septiembre de 1991. A finales de mayo de 1992 se celebraron elecciones presidenciales y a un parlamento independiente.
Estado y sociedad
Todo esto fue, en gran medida, simbólico: aspiraciones más que hechos. La República de Kosovo no podía constituirse como un Estado real, con ejército, policía y otras estructuras de poder. De hecho, recuerda más a una sociedad organizada e independiente que a un Estado. Los principales sistemas independientes son los educativos (desde el nivel de preescolar hasta el universitario), así como redes totales o parciales de asociaciones sociales, políticas, sindicales, sanitarias/humanitarias, deportivas y de medios de comunicación, que en su mayoría existían ya antes de 1990. Tras la introducción de las prohibiciones y de las medidas de emergencia conocidas como «gestión forzosa», todas estas organizaciones se limitaron a realizar su trabajo. Así, todo el sistema educativo albanés siguió funcionando incluso después de su expulsión de los edificios escolares y universitarios.
Para preservar estas instituciones, los albaneses crearon un sistema tributario paralelo (tres por ciento de impuesto sobre los ingresos), la única nueva creación del sistema paralelo. Los fondos se recaudan en Occidente y en parte en Kosovo. Se utilizan para financiar no sólo los sistemas más importantes (como las escuelas), sino también a la elite política albanesa.
Las autoridades serbias toleraron esta autoorganización de la sociedad albanesa, pero actuaron con rapidez para poner fin a todos los intentos de crear instituciones estatales o paraestatales. Para ello, se obstaculizó la constitución del Parlamento de Kosovo en 1992; con detenciones y juicios se disolvió el Sindicato de Policías Albaneses; se juzgó a un grupo que había intentado presuntamente organizar un ministerio de defensa y se impidió la creación de la Cámara de Comercio de Kosovo.
El "status quo" de Kosovo se basa en el hecho de que los albaneses han logrado organizar una sociedad sustancialmente independiente, pese a que Serbia ha conservado el control de las funciones tradicionales del Estado. Sociedad y Estado están en conflicto abierto. Ninguno de los dos, sin embargo, puede someter al otro. El problema es que la sociedad y el Estado están total y absolutamente impregnados de etnicidad y su relación se ha reducido al ejercicio de la pura fuerza. El Estado serbio en Kosovo se mantiene exclusivamente por las armas, mientras el Estado independiente albanés ha demostrado hasta ahora flexibilidad y autoafirmación política. Pero hace poco la población albanesa perdió la paciencia, y comenzaron a aparecer grupos paramilitares autodenominados Ejército de Liberación de Kosovo (UCK). La guerrilla ha realizado acciones contra la policía serbia, pero el UCK no parece representar un factor crucial que pueda cambiar de forma sustancial el equilibrio de poder.
Las perspectivas no son alentadoras para la reconciliación de la sociedad albanesa de Kosovo y el Estado serbio. No se puede imponer una mayor supeditación y participación en la vida política de Serbia y Yugoslavia a una sociedad que se siente políticamente independiente. Al mismo tiempo, la parte serbia percibe la devolución de cierto grado de autonomía y de las prerrogativas del Estado a la población albanesa como una derrota histórica y la pérdida en última instancia de Kosovo.
Las autoridades paralelas de Kosovo sobreviven porque ambas partes respaldan una de las dos únicas soluciones a la cuestión de Kosovo (que debe ser albanés o serbio). Por fortuna, las dos partes parecen ser conscientes de que tal resolución excluyente no puede imponerse y obtenerse por la fuerza. Y en la actualidad, ambas temen más una auténtica solución (que debería ser una solución de compromiso) que el mantenimiento del "status quo". Esto permite que ambas partes sigan albergando ilusiones sobre su supremacía; los serbios en términos de control policial/militar y los albaneses en términos de gestión de la sociedad. Aunque sus declaraciones públicas parezcan reflejar lo contrarío, la elite política actual preferiría acordar el mantenimiento de dos mundos y corrientes paralelas más que la introducción de cambios fundamentales en Yugoslavia/Serbia, dado que esto supondría la concesión de una plena igualdad política y económica a los albaneses de Kosovo. De forma similar, algunos albaneses ven una posible participación en la vida política de Serbia con enorme desconfianza; para ellos, la autonomía o la categoría de república son sólo un medio para alcanzar un fin.
Negociación o guerra
No cabe duda de que sólo hay dos formas de resolver la cuestión albanesa: una es un largo e incierto camino de negociaciones y acuerdos; y la otra, algún tipo de conflicto (una guerra larga, de combustión lenta y agotadora; o una variante de "blitzkrieg" con un resultado incierto para ambas partes). Aunque hay muchas soluciones racionales dentro del proceso de negociación, es difícil prever cuál conseguirá prosperar. La más racional y menos dolorosa sería la aplicación de una solución parcial, y no decisiva, basada en la división del poder, una especie de ampliación del Estado actual de doble poder y vida paralela, pero en condiciones pactadas. Si se encontrara una solución de este tipo (aunque sólo fuera sobre el papel) para las escuelas albanesas, podría aplicarse la misma fórmula también a otras instituciones. Podría reconocerse y legalizarse un doble poder, pero con la condición de que se creara una tercera autoridad para coordinar los intereses y prevenir los conflictos. Se podría alcanzar un acuerdo para la creación de una región o zona libre de Kosovo, corno la antigua zona libre de Trieste. Esto excluiría la fórmula de la soberanía, pero aseguraría la protección efectiva de los intereses económicos, nacionales y culturales garantizados a Yugoslavia durante un cierto periodo de tiempo. Esta zona o región libre estaría bajo la supervisión tripartita de una comisión conjunta serbio-albanesa, con la Unión Europea como garante. Si las condiciones lo permiten, Kosovo podría convertirse incluso en parte de Europa.
Shkîlzen Maliqi
Escritor y periodista en Pristina.
Publicado en Anuario CIP 1998, FUHEM/Icaria: Barcelona 1998. Original en inglés publicado
en "War Report".
Traducción: Berna Wang .