Albert Fina: Una ciudad agradecida

Ernest Maragall

No soy ni he sido compañero, ni político ni profesional, de Albert Fina, ni tuve la ocasión de compartir con él muy directamente una relación más allá de la social en aquellos momentos, si es que se puede decir que existía relación.

Para nosotros, para mi generación, Albert era una referencia, era sinónimo de seguridad, de solvencia, de calidad; era un valor absoluto, para entendernos. Era como decir que de su mano íbamos bien, fuera donde fuera. Sí que recuerdo haber recomendado, casi enviado, casi comprobado el acierto del consejo a tanta gente, a tantos trabajadores que en aquellos momentos buscaban esta orientación, y que la encontraban, siempre, en su despacho.

Pero también es un poco especial por otra razón, por diversas razones. Una, estamos aquí, al menos yo, aquí arriba, en este lado de la mesa. Los lectores y los autores están, o estáis, abajo -excepto López Provencio, que es autor y a la vez editor del libro- muchos de los autores estáis aquí abajo, y por tanto tenéis títulos más que sobrados para estar aquí arriba, precisamente, para protagonizar este acto como lo hacéis a través del libro. Pero me sentí muy honrado de poder hacerlo desde aquí, y lo hago en nombre de mi ciudad, en nombre de vuestra ciudad, en nombre de Barcelona. Esta Barcelona, que fue escenario de su trayectoria, pero lo fue de una forma casi absolutamente, y diría, actualmente. Era tan metropolitano Albert Fina, que no podía serlo más. Todo el libro está plagado: los nombres y los lugares de Albert son, no solo de una diversidad de relación, de capacidad de trabajar desde diversos puntos de vista e ideológicos, profesionales, etc., sino también de un contacto con la ciudad real, con el país real, desde Mataró a Villanova, pasando por Cornellà, Terrassa, etc. Y, al mismo tiempo, es difícil encontrar a alguien tan de l'Eixample. Por ejemplo, toda su vida está, creo yo, asociada a vitalmente, socialmente, a nombres absolutamente barceloneses de esta Barcelona de l'Eixample tan evidente: Caspe, Rondas, Bruc, Girona, Letamendi, etc.

Pero, en cualquier caso, si hablo hoy aquí, si me atrevo a hacerlo, es entonces en nombre de una ciudad agradecida, de una ciudad que sabe que buena parte de lo que es hoy, desde el punto de vista de personalidad, desde el punto de vista de cultura política, de hábitos de relación, de combate de confrontación democrática, es fruto de una generación, de unos cultivos de personas determinadas, entre las cuales Albert Fina es una figura indiscutible.

Albert es creador de Derecho, Albert crea jurisprudencia, yo creo que Albert enseña a los jueces, casi les explica como deben de elaborar y formalizar sus sentencias. Tanto es así, que en esto también -gracias en buena medida a él- se crea otro tipo de relación Barcelona-Madrid, una exportación diferente, para entendernos.

Esta capacidad de crear, de generar jurisprudencia, es un producto político vital para otros abogados, los de Madrid, que estaban en un ambiente muy diferente al nuestro. Compartíamos dictadura, la sufríamos juntos, pero seguramente en el terreno más elemental, en el terreno vital, en el terreno de la vida diaria, de los casos que tenían que defender, y de los ciudadanos que debían de proteger, de los derechos que tenían que representar, estaban en unas condiciones diferenciadas. Y Albert fue, a mi entender, un puente y un valor. Manuela Carmena lo explica muy bien, vale la pena leerlo en su artículo, ya que lo expresa con una claridad absoluta. Por eso cuando Albert Fina llega -llegáis, con Montserrat, con todos- a la Transición, ese momento es un punto de inflexión en todos los sentidos. Recordad que entonces todos hablábamos durante unos años de ¿reforma o ruptura? Evidentemente, fue reforma. Pero esta reforma, para todos, para la gran mayoría, con los claro-oscuros que queráis, para algunos fue ruptura, y yo creo que para él fue ruptura, al menos ruptura de una manera de entender la proyección, la continuidad de los valores, de las convicciones para las cuales él había trabajado anteriormente y que, en algunos sentidos, se rompieron en aquellos momentos. ¿Para bien de todos? Es una discusión que no resolveremos ahora, pero que, en cualquier caso, me parece que es importante anotarlo.

Él como otros, como tantos otros, dejó entonces una parte de su aportación, que quedó sobre la mesa, pero que no quedó estéril, por ello -vuelvo a decir- ciudad agradecida, porque de aquella cultura vivimos todos todavía hoy, Todavía hoy nuestra manera de hacer, nuestra manera de entender, desde el propio Derecho Laboral hasta la actividad política en general, el quehacer democrático..., la manera de entender la defensa de los derechos está teñida, absolutamente construida, con los materiales, con las aportaciones que Albert Fina, con tantos otros, creó, produjo. Además, fue capaz siempre de entender que tenía que explicarlo, que su vida trascendía tanto en el terreno estrictamente profesional, como en el terreno político y vital. Explicó todo aquello que había aprendido, todo aquello que había construido, todo lo que él ha pensado, trabajado. Y me parece que este valor pedagógico de su figura es una cosa que no deberíamos olvidar, sino que deberíamos proclamar bien alto, y hoy muy especialmente, sino que deberíamos de darle un futuro, un sentido, una proyección.

Es fácil decirlo, López Bulla hablaba de la globalización, es decir, podemos comenzar a hablar de que necesitamos nuevos creadores de derechos en éste, nuestro mundo, en este país, y también en esta ciudad. Necesitamos gente que vuelva a crear jurisprudencia, a saber expresar la defensa de los derechos con nuevos moldes, con nuevas formas, y seguramente, con nuevos resultados. Algunos de nuestros mecanismos de convivencia están gastados, o están obsoletos, o necesitados de renovación urgente, en el terreno del Derecho especialmente. Yo creo que el mejor homenaje que le podríamos hacer a Albert Fina es precisamente este, el de descubrir a los nuevos Albert Fina que están seguramente entre nosotros, y que estarán preparados, a punto, o ya produciendo esta nueva cultura de defensa de la democracia y de los derechos básicos. Y por esto yo quiero acabar haciendo una reflexión que tiene que ver con la memoria histórica de nuestro país.

Él, además de escribir, de publicar, de transmitir su experiencia vital, lo hizo también, naturalmente, en el terreno más elemental, comprometido del día a día de la publicación periodística, de la presencia en los medios de comunicación, de la batalla, en el sentido más elemental y más claro, de defensa de unas posiciones determinadas. Y esto lo hizo participando como actor, y también como abogado. Tuvo conflictos, y defendió a los trabajadores de los medios de comunicación de una manera muy explícita, y en algunos casos, consiguiendo sentencias de una trascendencia que iba más allá del caso, como cuando se encargó de resolver la situación del Grupo Mundo, que todos podemos recordar perfectamente. También aquí creó una determinada correspondencia. Pero lo que yo quiero decir es que, de la misma manera que él publicó en "Triunfo" "El Mundo" "El Periódico" "El Diari de Barcelona", etc., yo creo que el mejor homenaje que le podemos hacer es que, ya os lo digo formalmente, a partir de muy pronto, en el modesto "Diari de Barcelona", que ahora ya no es escrito, sino electrónico, a través de la red de Internet, aparecerá, en calidad de sección de memoria histórica, un conjunto de materiales recuperado de esos años, de los años más negros del franquismo, la Transición, y la primera democracia. Pues bien, el primer artículo que aparecerá en esta sección será uno elegido, junto a Montserrat, de Albert Fina, que seguro que irá seguido de otros de él y de otras personas, y en el cual os invito a estar y a aportar material del propio "Diari de Barcelona" y de otros periódicos, los que queramos.

Creo que nuestro deber es hacer esta recuperación de la memoria, y hacerla en el sentido de proyección útil de futuro, hacerla como aprendizaje, no como ejercicio nostálgico, sino como lección útil para nuestros jóvenes, para nuestro país, y como sociedad libre que queremos ser.

 

Ernest Maragall
Teniente de Alcalde del ayuntamiento de Barcelona (PSC).
Discurso pronunciado el 28 de mayo de 2001 en el Palacio de la Generalitat de Catalunya con motivo del acto de homenaje a Albert Fina.