
La cultura telemática y el territorio
Marcel Gés
No hace demasiado tiempo las novelas de ciencia ficción de William Gibson y Jack Mac Davitt nos dibujaban un mundo de comunicaciones globales interactivas, con un vasto territorio conocido con el nombre de ciberespacio, donde se podía acceder a cualquier información inmediatamente a partir de una gran red de base de datos. Un mundo telemático construido a partir de la fusión entre las tecnologías de la telecomunicación y la informática. A finales de los años 60 el Departamento de Investigación y Defensa de los Estados Unidos establece una red descentralizada de ordenadores conectados, capaz de asegurar la comunicación en caso de conflicto bélico. Era ARPANET, el primer eslabón evolutivo de Internet. Posteriormente y durante la década de los 80 aparece la red NSFnet con la voluntad de interconectar las comunidades científicas americanas. El uso civil de la red posibilitará la aparición de Internet, la red de ordenadores conectados más grande de ámbito mundial. Actualmente parece ser que esas ficciones, salvando el estilo excesivamente profético de sus autores, están dejando de serlo y el uso de la red Internet ha configurado una tecnología social en boca de todo el mundo. Todo el mundo habla de ella y nadie parece querer quedarse fuera de una red que con toda seguridad será la columna vertebral de las autopistas de la información. Parece oportuno aprovechar la inercia que todo esto está propiciando y detenerse a estudiar los posibles efectos y consecuencias que este desarrollo tan fulgurante de Internet operará, en un futuro, sobre los conceptos clásicos de territorio y cultura. ¿Cómo se puede articular, dentro de este contexto, el análisis entre las dinámicas territorio y cultura?, ¿Qué elementos deberán tenerse en cuenta en el momento de implementar políticas culturales dentro del ámbito telemático?.
Será posible una política cultural del tipo: cibercultura en el ciberterritorio?. Este artículo pretende ser una pequeña reflexión sobre estos temas con la voluntad última de poner elementos de debate sobre la mesa.
Metodológicamente revisaremos los conceptos de territorio, cultura y política cultural dentro del contexto telemático para establecer una taxonomía de peculiaridades, diferencias y vínculos en relación a lo que hasta ahora ha sido el territorio, la cultura y la política cultural.
Territorio
El concepto de territorio es frecuentemente ambiguo. Estable-cer una definición del mismo con un mínimo de consenso disciplinar es un trabajo casi imposible. Para el tema que nos ocupa entenderemos el territorio como estado cultural, es decir, que no tendremos en cuenta todas las perspectivas ecológico-biologistas que estudian el territorio y las conductas que se desarrollan en éste desde un punto de vista funcional (nutrición, reproducción, adaptación, defensa, etcétera ... ).
El territorio cultural puede ser entendido, muy ampliamente, como el lugar de la representación, del símbolo. El lugar en donde la persona establece una red de relaciones simbólicas. El territorio es, en definitiva, el contexto necesario para el desarrollo humano. El lugar de la comunicación. ¿Qué sucede con este territorio en el marco de las actuales coordenadas telemáticas?.
Una de las primeras consecuencias sería, como apunta Paul Virilio en su Sociología del Espacio, la progresiva desaparición del territorio en favor de la velocidad. Las herramientas telemáticas, y más
concretamente Internet, favorecen una desaparición de la categoría espacio, de la categoría territorio. Es evidente que el territorio físico no desaparece, pero lo que sí sufre modificaciones es la experiencia que la persona tiene de este territorio. La pérdida de la experiencia de lo real, que parece acompañar a los últimos avances tecnológicos. La virtualidad. El territorio se convierte en velocidad. Velocidad de transmisión de la información. El concepto clásico de territorio físico (desplazamiento y distancia) se substituye por la transmisión y la interacción. Resulta curioso subrayar que este nuevo territorio, territorio que se ha bautizado con el nombre de ciberespacio, si bien puede llegar a ser un concepto diferente en relación a lo que se ha entendido tradicionalmente por territorio físico, no resulta tan nuevo cuando nos situamos en el estado cultural. El mismo Gibson, patriarca visionario del ciberespacio, lo define literalmente como un vasto territorio, como un espacio de representación.
El espacio global
Este espacio global de interconexión de ordenadores capaz de generar relaciones simbólicas entre los individuos tiene la misma estructura cultural que el territorio real clásico. Para centrar la problemática del territorio en relación a la telemática podemos poner dos ejemplos. El primero, Connecting Nunavik Project, es un ejemplo de desarrollo cultural-regional real a partir del uso de la red Internet. El segundo, la comunidad Virtual Well, nos puede dar algunas pistas acerca del cibersepacio como territorio virtual estricto.
Connecting Nunavik (http://www.infobahnos.com/~edwards /u_home.htm), es un proyecto que consiste en la creación de telecentros (oficinas con ordenador, módem y conexión a Internet), ubicado en el territorio indio Inuit al norte de Quebec, que quiere conectar todas las comunidades de este territorio ártico para incrementar el desarrollo territorial y cultural. Cada telecentro da acceso libre a Internet. Hay, además, servicios de consulta on-line sobre negocios, teletrabajo, programas para jóvenes, etc. Esta red permite detectar las evoluciones, actividades y necesidades de sus habitantes, muy a menudo aislados por las condiciones climáticas de la zona. Internet facilita en este caso una interacción entre individuos, y una comunicación intra-red y con el exterior sumamente eficiente. Internet posibilita también la conclusión de una de las voluntades últimas del proyecto: dar a conocer al mundo esta cultura india y su entorno, con el objeto de activar el territorio como zona turística.
Well (Whole Earth 'Lectronic Link), (http://www.sscnet.ucla. edu/soc/esoc/cinc.wellmbio.htm), físicamente localizada en Sausalito (California), es una comunidad virtual creada en el año 1986 y que cuenta con más de 6.000 usuarios. Marc A. Smith, del Center for the Study of on-line Community del Departamento de Sociología de la Universidad de California ha realizado un estudio de las formas de organización social con el desarrollo de esta red. La relación entre el mundo real y sus extensiones en el ciberespacio.
Primeras conclusiones
De su estudio, basado principalmente en las utilidades más interactivas de Internet (e-mail, listas de distribución, news groups o fórums de discusión), podemos señalar las conclusiones siguientes:
- La interacción virtual es aespacial. Esto quiere decir que la distancia física no afecta a la interacción.
- La interacción puede ser de dimensión planetaria; no existen las coordenadas espaciales reales.
- La interacción virtual no necesita la copresencia ni la coordinación en un tiempo real.
- La interacción virtual es acorpórea.
- La interacción virtual, en muchas comunidades, se produce desde el anonimato.
En las conclusiones de este estudio sobre la comunidad Well, sorprende la cantidad de prefijos a que parecen definir la interacción virtual. Palabras como aespacialidad, acopresencia, asincronía, acorporeidad, anonimato, etc., son características de estos usuarios virtuales.
No sería demasiado osado pensar en la existencia de una relación directa entre la pérdida de la experiencia del territorio real (territorio virtual) y una especie de disolución del individuo. La no existencia de un espacio real genera procesos interactivos-comunicativos virtuales. Internet presenta actualmente este doble modelo territorial.
Por una parte encontramos, como es el caso de Connecting Nunavik, un territorio real que se desarrolla calcando el modelo de red Internet y utilizando este instrumento telemático para optimizar los procesos comunicativos. Por otra parte, Well hace referencia a un territorio virtual (ciberespacio) en el que el lugar físico se ha convertido en el territorio de la simulación y la transmisión.
Uno es el territorio-espacio; el otro es el territorio-velocidad. Es indudable que ambos territorios son lugares de representación e intercambio simbólico, pero su coexistencia o divorcio dependerá en gran medida de cómo se articule la red Intemet con las redes reales territoriales en un futuro inmediato.
Cultura y tejido asociativo
Podemos establecer, sin ningún género de dudas, que Internet es un hecho cultural. Y lo es por una doble razón: porque Internet es comunicación; y porque Internet está introduciendo comportamientos sociales que hacen referencia a una cultura y a una representación. En cuanto a la comunicación, y dentro de un esquema ya clásico (cultura = comunicación de información extrabiológica), Internet es un fenómeno cultural. No es mi deseo profundizar en el reduccionismo cultura = comunicación, dado que, tal y como nos hemos encontrado en el caso del territorio, la palabra cultura atesora muchas definiciones y se podrían hacer tantas críticas como aproximaciones. Respecto a los comportamientos socio-culturales y las formas de representación, Internet nos ofrece algunos aspectos que vale la pena subrayar:
- Internet posee un lenguaje con símbolos, códigos y estilos característicos.
- Internet, en tanto que hecho cultural, se caracteriza por unas grandes dosis de anarquía. Anarquía respecto al crecimiento físico de la red; y anarquía como idea de descentralización y ajerarquía. Conviene señalar que Internet está propiciando una regeneración del tejido asociativo. Una parte de la sociedad civil ha reencontrado una cierta capacidad para organizarse en una suerte de lugar público, al margen de los canales de producción y distribución oficiales de la información. Internet se presenta aquí como una tecnología social corporativa. Un ejemplo de todo esto serían las Free-nets o redes gratuitas. En Barcelona se está desarrollando el proyecto BCNnet, que pretende construir una red ciudadana de acceso público y gratuito. Un lugar de conexión global que sirva para el diálogo y la cooperación, y que integre la diversidad. Internet se presenta aquí como posibilidad social.
- Internet está propiciando hechos culturales más extremos, como es el caso de la cibercultura. Una cultura anticomercial y subversiva en el ciberespacio. La tecnoutopía con el eslogan Information want to be free y registros representacionales, simbólicos y estéticos muy específicos. Internet aparece aquí como tecnocultura.
- Internet puede dar lugar a una especie de cultura comercial impulsada por las grandes multinacionales de la industria cultural, las cuales ven más allá de la TV un campo abonado para ofrecer ocio integral, representaciones simbólicas globales y contenidos culturales estandarizados. Es la red planetaria de consumo cultural. Internet se presenta aquí como el gran lugar del mercado estratégico de la comunicación.
Para resumir este apartado, podríamos establecer, a grosso modo, dos hemisferios culturales: cultura Internet como tecnología social y cultura Internet como posible cultura mass-mediática, generada a partir del consumo de los estándars generados por las multinacionales del producto cultural. Aún pareciendo los extremos de una misma cuerda, hay que evidenciar que difícilmente se implantará una producción y un consumo cultural (estandarizado, singular, multinacional o a la carta) si no se produce primero una culturización sobre Internet. Es decir, que la población tenga acceso a la conexión en la red y se exploren sus posibilidades sociales y culturales. Y es dentro de esta disyuntiva donde una política cultural, evidentemente relacionada con otros tipos de políticas, puede ser efectiva para un desarrollo cultural de la red y de sus usuarios.
El informe Bangemann sobre Europa y la sociedad global de la información (http://www.earn.net/EC/bangemann.html) expone, dentro de uno de sus apartados, que la creación de la sociedad de la información ha de dejarse en manos del sector privado y las fuerzas del mercado.
Por el contrario, Herbert I. Shiller(1), nos alerta sobre la peligrosidad de que la sociedad de la información sea construida y dirigida por la iniciativa privada. La lógica del mercado no podrá satisfacer nunca a los sectores menos favorecidos de la sociedad.
Estos dos enfoques (el primero referido al contexto europeo y el segundo al americano) se presentan como la punta de lanza para cualquier política cultural implantable en la red Internet, dentro del marco de la sociedad global de la información.
Política cultural
En este apartado, y a modo de corolario, intentaremos establecer muy sintéticamente una serie de puntos guía, puntos para un posible debate, que se podrían tener en cuenta a la hora de diseñar una política cultural en la red Internet.
- Monopolio, transmisión, selección y control de la información.
- Impacto cultural, interconexión, interacción y simulación de los hipermedios.
- Relaciones emisor-receptor. La interacción. La disolución de la frontera entre creadores y receptores.
- Transfronterización y fragmentación lingüística dentro de la red.
- Bienestar, multiplicación de los media y disfunciones masivas.
- Localismo vs. circuito mundial del producto cultural.
- Desregulación vs. sector privado con cuota de mercado.
- Administración pública vs. liberalismo tecnológico.
- La legislación Internet.
- Colonización e impacto cultural de los contenidos simbólicos predominantes en la red. La globalización.
- Vandalismo electrónico y privacidad dentro de la red.
- Propiedad intelectual.
- Desarrollo telemático vs. desarrollo territorial cultural real.
- Ganancias y pérdidas de tejido social a partir de la red.
- Desigualdad, explotación comercial y abuso de la información dentro de la red.
- Estandarización de los contenidos simbólicos en la red.
- Free-nets vs. sistema comercial de pago.
- Liberalismo tecnológico vs. política cultural.
El espacio social
Las actuales expectativas que está generando el crecimiento de Internet van más allá de su evidencia como herramienta de comunicación descentralizada. Si algo está constatando ampliamente la red es la sensación de que pueden existir cambios en la forma de relacionarnos con nuestro entorno. Dicho de otro modo, Internet, nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre un nuevo espacio social, una nueva geografía electrónica desde la cual abordar y cuestionar la política y la cultura. Podemos citar dos ejemplos en los cuales se proponen otras miradas sociales.
+D.EL.MOCR@CIA (http://bcnet.upc.es/democ.html)es un proyecto de democracia electrónica en BCNet que pretende establecer mejoras en los procesos de participación democrática acercando los centros de decisión ciudadanos a la vida política.
Uk Citizens Online Democracy (http://freedom.democracy. org.uk/) basa sus objetivos en proporcionar elementos de diálogo para que el uso de la red Internet por parte de los ciudadanos influya en los procesos políticos del Reino Unido y consolide nuevas relaciones entre la sociedad civil y las autoridades territoriales.
Internet, al mismo tiempo que se nos presenta como un poderoso medio de difusión (Internet pasó con nota la prueba de las últimas elecciones en EEUU como sistema de campaña y cobertura), es también una de las llaves que puede abrir las puertas a nuevos comportamientos de la sociedad civil. Una sociedad civil que debe construir su propia identidad e interpretar la realidad desde perspectivas menos mediáticas. Podemos empezar a pensar, quizá con cierto optimismo, que está surgiendo la base de la cyberdemocracia. Una cyberdemocracia en la cual Internet fragmenta el monopolio de la información y la comunicación y dentro de la cual se pueden dar formas más efectivas de cooperación y desarrollo. Una cyberdemocracia en cuyo seno se transformará la cultura en sus usos, formas y contenidos. En el contexto actual, y por lo que respecta a las posibles políticas culturales en la red Internet, nos encontramos ante un ámbito por descubrir y en el cual se deberá tener muy en cuenta el propio desarrollo de la red y su carácter no regulado. Hoy por hoy, es la propia red la que se autoabastece de cultura. La propia red diseña la política cultural y sus aplicaciones. La suma de usuarios conectados (los agentes reales de esa cultura) son de una u otra forma los que trazan los objetivos, generan las acciones y proporcionan los contenidos simbólicos.
(1). Herbert I. Shiller (1996) Aviso para navegantes, Barcelona: Icària.
Marcel Gés
Coordinador de programas de Interarts (Observatorio Cultural del Consejo de Europa)
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