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Genís Matabosch
El cambio de siglo, del XVIII al XIX, fue una época floreciente para los grandes espectáculos: en esos años viajaron por Europa algunos como el Buffalo Bills Will West show (del que hoy se hace una parodia en el parque de Disneyland París) o el gran Ringling bros. and Barnum & Bailey Circus de Estados Unidos, todavía el mayor circo del mundo. Los grandes circos estables europeos cuentan en sus cercanías con establecimientos "amigos". Si miramos nuestro ejemplo más próximo, el Cirque d'Hiver de París, veremos como aparecen en el barrio tiendas y restaurantes con los nombres "Café du Cirque", "Bar Au rendez-vous des clowns", "Photo Cirque", etc. El Olympia cercano al tristemente desaparecido bullicioso ambiente del Paralelo hizo lo propio. Todavía hoy se puede beber una copa en el café de los artistas y simpatizantes del circo Olimpia: el London Bar de la calle Conde de Asalto (hoy Nou de la Rambla). Esa vida circense que vivió la capital catalana con Olympia provocó que numerosos artistas, se establecieran en las cercanías de la gran urbe. Así fue como, en épocas distintas, se fueron a vivir a Sant Adrià de Besòs gente tan ilustre como las familias Raluy o Grice. Las condiciones eran propicias: poder tener una casita cerca de una bella ciudad con un jardín suficiente para instalar las caravanas en períodos de descanso. Así es como ya a principios de siglo los artistas de circo descubrieron los espléndidos parajes que rodeaban Barcelona, donde hoy nace el resurgir del circo en España: a través de un proyecto que el ayuntamiento de Sant Adrià ha elaborado para el cercano Forum universal de las Culturas 2004.
El Forum 2004 El primero de los tres ejes temáticos en torno a los que se articulará el Forum 2004 es el de la diversidad cultural, entendida como riqueza; como patrimonio común y no como obstáculo. Desde su nacimiento, a finales del siglo XVIII, el circo se ha convertido en el gran espacio de diálogo de las culturas, consolidándose como ámbito de encuentro de las expresiones culturales entendidas como instrumentos constituyentes de las maneras de vivir, convivir, dialogar y educarnos. En efecto, en una sociedad de apariencias, el circo se erige como el espectáculo de la autenticidad (el valor del esfuerzo), de la verdad (el riesgo real) y de la universalidad: a diferencia del teatro o el cine, el circo apuesta por un lenguaje dirigido a todos los públicos, sin distinción de edad, clase o procedencia geográfica. Tomando a las artes del circo como protagonistas, a través de diferentes exposiciones, seis grandes espectáculos, diferentes debates y todo tipo de talleres y actividades diversas, se pretende hacer descubrir un universo, a menudo desconocido, en el que la educación intercultural, la comprensión, la apertura de miras, la confianza respecto a otras culturas y la predisposición a colaborar se torna fundamental. En efecto, qué otro mundo sino el circo, verdadera torre de babel ambulante, ejemplifica mejor el diálogo interreligioso, la diversidad lingüística, la convivencia interétnica... Desde que se dibujara a finales del siglo XVIII, la pista del circo se ha convertido en el escenario por excelencia de la convivencia intercultural. Sentado en una butaca o en la grada, el espectador dará la vuelta al mundo en tan sólo el transcurso de las dos horas de representación. El barrista rumano, el malabarista japonés y el saltador árabe, el trapecista francés y los payasos españoles... La gran aventura mundial desfila en el círculo mágico delante de nuestros ojos atónitos en un puro pasmo, mezclando así, en una evasión fantástica, el Lejano Oriente y California, México y la India, el Congo y Brasil, Europa y África, América y Asia... Y todos estos artistas, nacidos en alguno de los cuatro extremos del mundo, se conocen, se pierden y se vuelven a encontrar al azar de las giras y los contratos. Tienen una familia en algún lugar que visitan muy de tarde en tarde, unos hijos que crecen sin ellos, y he aquí que un día se enteran que ya caminan con las manos, suben al trapecio o tocan la trompeta. Estos hombres y mujeres permanecen tres semana en Chicago, pasan por Yokohama y acto seguido salen de estampida hacia otros horizontes. Son los privilegiados poseedores de una patria sin fronteras, diversa y plural. El payaso catalán trabaja un año en Inglaterra para pasar las navidades en un circo portugués, trabaja con artistas cubanos, chinos, rusos y daneses, sus hijos han nacido según la suerte del viaje: uno es sueco, el otro indio y el próximo nacerá en el sur de África. Un pueblo dentro del pueblo, extranjero entre extranjeros, el circo es el espectáculo internacional por definición.
Sant Adrià y las artes del Circo La saga de los clowns Tony Grice, adrianenses de renombre internacional, se inicia con Joseph Thomas Grice, que fue uno de los payasos más relevantes del panorama clownesco europeo de finales del siglo XIX. Grice había nacido en Londres y llegaba al estado contratado por el empresario circense Rafael Díaz, cuya hija se convertiría en su mujer. Grice fue todo un gentleman de la época que se relacionó, en la ciudad condal, con las mejores casas de su tiempo. La leyenda explica que el gran clown murió en 1892, cuando se resfrió en un viaje a Lisboa donde le esperaba un barco que le llevaría a triunfar a tierras americanas. El gran clown Tony Grice conoció a los grandes de la época, como los payasos Antonet, Beby o Seiffert. Grice, maestro del humor, crea la entrada del falso elefante (más tarde interpretada por los Fratellini) y se sirvió con éxito de animales domésticos para dar la réplica a sus diálogos. El gran clown, que no tenía antecedentes circenses en su familia, llevó su talento a dos generaciones más (hijos y nietos) de grandes clown que fijaron, a partir de 1934, su residencia en la calle Tibidabo número 2 de Sant Adrià de Besòs. El hijo de Tony Grice, Antonio Grice Díaz, que aparece con 54 años de edad en 1934, debuta en 1913 con sus dos hijos, que aparecen, según los documentos, como Anthony y Johny o Antonio y José, en el circo Tívoli barcelonés. El Circo Raluy, foro itinerante de las culturas Nacido en Fonz, un pueblo de la franja del poniente, Lluís Raluy Iglesias destacó en sus vistosos y difíciles ejercicios de barras fijas. Él y su mujer, la igualadina Marina Tomàs, revolucionaron el número del hombre cañón al incorporar un segundo proyectil humano y triunfaron en las pistas de los circos más prestigiosos de la época: el Cirque d'Hiver de París (1940), los ingleses Blackpool Tower y Chipperfield (1956), el italiano Moira Orfei (años sesenta) y los franceses Bouglione y Amar-Roche (1971-72). Otra especialidad de Lluís Raluy era el "lloping" pilotando un bólido, con el que efectuaba un triple mortal en pleno vuelo antes de caer en la cama elástica. A Lluís Raluy le han sucedido en su pasión por las artes circenses sus hijos Carles, Lluís, Francis y Eduard, los dos primeros nacidos en Sant Adrià y empresarios del actual Circo-Museo Raluy, premio nacional de Circo 1996. El afán del viejo Raluy por adquirir vehículos circenses antiguos, así como su profundo respeto por la esencia del circo tradicional y un rechazo frontal a las intromisiones de la televisión o el cabaret en la estética del espectáculo de la pista, han ido configurando las características esenciales de este Circo-Museo Raluy. Entrar en el recinto del circo Raluy es penetrar en el mundo fascinante en que lo imposible se transforma en cotidiano, donde el tiempo se ha parado para contemplar la rudeza del cuerpo del acróbata y la gracia de los movimientos de la monociclista. Carles y Lluís Raluy han recorrido los cinco continentes con nombres tan diversos como Circo Ringland, Circo de España o Circo do Brasil. Ha actuado para públicos tan heterogéneos como los niños de la isla de La Reunión, los mestizos de Papete, o las gentes de Lisboa, Singapur, Barbados, Hannover, Puerto Rico, Malasia, Dakar, Hong-Kong, Reykiavik, Abidján… topónimos de una lista inacabable que han dejado sus aplausos flotando en la carpa de esta familia de Sant Adrià que pasea el embrujo del circo alrededor del mundo. El entorno de "museo vivo" de este circo (caravanas de 1857 a 1954) -y el espectáculo mismo- exhalan un respeto profundo al público y al oficio circense que se traduce en una ceremonia altamente comunicativa entre artistas y espectadores. La compañía del Circo Raluy supera la cuarentena de personas de más de quince nacionalidades diferentes, sin ir más lejos sus dos hijos de Sant Adrià se casaron con una inglesa y con una china, y sus hijas nacieron en Barcelona, Londres y Singapur.
Montjuïc y las artes del Circo A partir de las navidades de 1956, el Palacio de Deportes de Barcelona fue el escenario de un acontecimiento único de gran notoriedad en la cultura circense europea: los primeros Festivales Mundiales de Circo de Europa. Dirigidos por el conocido empresario Juan Carcellé, los Festivales propusieron al público catalán una selección de las mejores atracciones de los circos europeos del norte, que cerraban durante el invierno a causa de la dureza del clima y de la dificultad de izar la vela con las nevadas. Hasta el 1962 la pista del Palacio de Deportes fue el escenario en el que desfilaron las atracciones de los grandes circos que a menudo llegaban con su programa completo: este fue el caso de los circos alemanes Franz Althoff (1956), Krone (1958), Carola Williams (1961), o del suizo Knie (1957). La trascendencia de estas manifestaciones fue importante: lentamente, encabezados por el Festival de Montecarlo (1974), empezaron a nacer múltiples certámenes del mismo tipo en diferentes países europeos. Pero mientras ningún estado quería quedarse sin la oportunidad de tener una vitrina para mostrar las mejores atracciones de circo internacionales, en España, tras la desaparición de los Festivales en el Palacio de Deportes, ninguna iniciativa sustituyó al decano de los festivales de circo.
Los grandes festivales del circo, hoy Desde mediados del siglo XX, a imagen y semejanza de las Olimpíadas o de los Oscar del cine, nacen los festivales de circo. Auténticos espacios de encuentro, no sólo reúnen a artistas de las distintas disciplinas del circo, sino igualmente a gente de todo el universo que les rodea: agentes artísticos, programadores... sin olvidar a los numerosos aficionados. Después de los festivales de Barcelona, es el de Montecarlo quien da a las artes del circo una nueva dinámica. A imagen del de Montecarlo nacieron otros Festivales importantes esparcidos por la geografía europea: París, Verona, Budapest, Lausana, Moscú... Algunos festivales de circo prefieren la especialización: así encontramos festivales de jóvenes promesas (Auch, Tournai, Wiesbaden, Mónaco...), de doma (Massy), de chicas (Estocolmo), de payasos (Cornellà)... Al igual que otros festivales de otros géneros (teatro, cine, música...) los de circo aportan una especial vitalidad a las ciudades donde se celebran, la población se despierta con la magia del circo, su música, sus colores y artistas.
El Congreso Internacional de 1968 Los días 23, 24 y 25 de septiembre de 1968 el Palacio de las Naciones de la Feria de Barcelona fue el escenario del IV Congreso Internacional de Amigos del Circo, el primero celebrado en el Estado. El encuentro, que reunió a centenares de circófilos llegados de todo el mundo, iba acompañado de la estancia del Gran Circo Americano que, instalado en la Avenida María Cristina, presentaba las estrellas Pinito del Oro y Charlie Rivel. Bajo la dirección del gran empresario circense Arturo Castilla, asesorado por Carcellé y Feijoó, el Congreso del Circo aglutinó las voces de los intelectuales de la época: Sebastià Gasch, Alfredo Marquerie, Jaime de Armiñán, José Mario Armero, Josep Vinyes... Entre las numerosas personalidades destacaron dos grandes amantes del circo: Pablo Picasso, que dibujó la cubierta del programa y Salvador Dalí, que asistió a una de las sesiones del Congreso.
El Forum 2004 de las Artes del Circo Nuevo acontecimiento multitudinario de alcance internacional, que reunirá en Barcelona y en Sant Adriá a circófilos llegados de todo el mundo. Una manifestación que invitará a la participación, transformará la vida cotidiana, haciendo de Barcelona y Sant Adriá una enorme carpa donde asustarse con el funámbulo, reírse con el clown y, en definitiva, convivir con las emociones. Un acontecimiento multicultural, donde podrán participar la mayoría de las culturas de oriente y de occidente. A la presencia de cuatro de los principales circos del mundo, entre los que destacan el Circo-Museo Raluy y el Gran Circo Mundial, y la realización de la 11º edición del Festival Internacional de Payasos de Cornellà, se añadirá el estreno de un nuevo espacio de exhibición de los artistas circenses de mayor renombre internacional: el nuevo Festival internacional de las Artes del Circo de Barcelona, bajo la cúpula de la Sala Oval del Palacio Nacional, un lugar de prestigio ideal para este tipo de manifestación. El Forum de las Artes del Circo presentará tres grandes exposiciones focalizadas en tres temas comunes a todas las culturas: la risa, el viaje y la artesanía. A través de los grandes payasos que han actuado en casa hablaremos de la sonrisa como lenguaje universal; con los circos llegados de fuera para actuar aquí trataremos la idea del viaje y de las culturas nómadas, y con los vestidos de carablanca trataremos la artesanía. A través del gran congreso de expertos en temas circenses se pretenderá alcanzar un importante avance intelectual y práctico en el mundo de la carpa, pensada como espacio de diálogo. El congreso aspira a convertirse en un espacio atractivo, riguroso y de calidad. Genís Matabosch.
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