la factoria n.2

El espacio público intermedio

 

Xavier Giménez Casas

Rafael Milán Amat

 

Cualquier documento de análisis o reflexión sobre la actuación cultural de la administración local debe comenzar explicando la gran labor que han realizado los ayuntamientos en la transformación de las ciudades. El panorama cultural que encontraron los primeros equipos municipales era desolador. La administración tampoco estaba preparada para atender las demandas que se planteaban y había mucho por hacer.

La década de los ochenta se caracterizó por una euforia constructiva y transformadora. Además, parecía que había dinero o, al menos, era posible el endeudamiento. Había que actuar para dar satisfacción a las demandas acumuladas, demandas que eran amplias y dispersas. Para ello se diseñaron equipamientos amplios y repartidos. La respuesta debía ser activa y positiva, no había lugar para el no es posible.

La valoración de esta década no puede ser menos que altamente positiva si la comparamos con los años de desierto anterior que la precedieron. Pero entramos en una nueva década, con unas nuevas demandas y exigencias. A principios de los ochenta, lo importante fue que hubieran compañías de teatro, que pudiéramos ver espectáculos que sólo habíamos podido leer. No importaba si teníamos que hacerlo sentados en el suelo o si los decorados eran de papel o hacía frío. Reivindicábamos otra cosa. Ahora, además, hay que hacerlo bien y que nos cueste poco: facilitar la compra de entradas, hacer una buena difusión, empezar a la hora en punto, asegurar un buen despliegue técnico en el escenario y, por supuesto, buena visibilidad, comodidad en las butacas y que funcione la calefacción o el aire acondicionado. No es suficiente con hacer las cosas, ahora hay que hacerlas bien.

 

Un salto cualitativo

Ha habido un salto cualitativo importantísimo en cuanto a las exigencias de los ciudadanos. Por tanto, la respuesta ha de ser diferente.

Los equipamientos container no sirven para las nuevas demandas. Hoy necesitamos estructuras ligeras y dinámicas que permitan a la gente reunirse en pequeños grupos, que experimenten y propongan, que acerquen los recursos a sus necesidades cotidianas. Cultura y vida cotidiana están íntimamente ligadas, si no hay cultura no hay vida. Cultura cotidiana, formación, creación, información y ocio van unidos al individuo y son estrictamente necesarios.

La cultura lo es todo menos algo superfluo y sólo cuando cultura y vida se separan se convierten en superfluas las dos. Una crítica de arte constataba recientemente la existencia excesiva de salas de exposiciones y afirmaba que en Zaire no había ninguna y no pasaba nada. Al margen del mal gusto del ejemplo, se olvida la diversidad de las formas de cultura. Cuando se deja caer que en los países del Tercer Mundo no hay cultura, se olvida que es allí donde la cultura va más ligada a la vida, donde la forma sólo es importante si sirve para la función ritual de unión de la comunidad. Cuando la cultura desaparece en los países que falsamente llamamos del Tercer Mundo, a menudo desaparece la vida, es decir, se rompen los signos de identidad y la convivencia se modifica hasta límites por todos conocidos.

La herencia cultural del franquismo fue también el desierto en la cultura juvenil.

Los Casals de Joves fueron los espacios que intentaron dinamizar la cultura de los jóvenes en las ciudades. Fueron, y todavía son hoy, unos espacios polémicos. Nacieron de la buena voluntad y los pocos medios de mucha gente y fueron al mismo tiempo la respuesta desconcertada y apresurada de los primeros ayuntamientos democráticos.

 

El Prat, una experiencia

En El Prat, igual que en otras ciudades, el Casal de Joves de Torre Muntadas fue una conquista y lo que había detrás no era muy diferente a lo que hoy llamamos kasas okupadas. La cuestión era conseguir locales para los jóvenes y quien los tenía era el Movimiento. En el año 1978 la Taula de Joves del Prat hizo una campaña para conseguir el patrimonio y el presupuesto que el Ayuntamiento franquista destinaba a la Delegación local de la Juventud y a la OJE.

A principios de 1979, se consiguió el uso de la primera y segunda planta de Torre Muntadas (antigua sede del Consejo Local del Movimiento y del Sindicato CNS) como Casal de la Joventut. Se constituyó una comisión gestora integrada por representantes de todas las entidades juveniles del Prat que elaboró los estatutos y convocó la primera asamblea. El Casal de Joves del Prat se inauguró el 13 de mayo de 1979. Curiosamente el día de la inauguración es también el día del primer cierre del Casal: el suelo cedió por la acumulación de personal que asistía a la inauguración. A pesar de todo, las actividades continuaron regularmente a partir del núcleo de gente que se constituyó en comisión gestora.

El Casal de Joves del Prat continuó en funcionamiento hasta 1988, fecha en que el Ayuntamiento decidió rehabilitar el edificio. La entidad que lo sostenía demostró su fragilidad al no encontrar alternativas al espacio perdido. La única entidad usuaria del espacio, que resistió la pérdida de local, fue el Teatre Kaddish, fundado por Josep Costa en 1975 y que se había integrado en el Casal de la Joventut con mucha fuerza.

La experiencia del Casal de la Joventut del Prat demostró que no era suficiente con la cesión de un espacio y la dedicación y voluntad entusiasta de mucha gente que entra y sale. Aquellas experiencias tan innovadoras y pioneras revelaron sus deficiencias conforme se iba normalizando la vida de un país que había disimulado su existencia durante buena parte de su historia.

En El Prat, la promesa de un espacio de juventud público se convirtió en histórica.

Entonces llegó el Carnet Jove...

 

¿Qué espacio público?

No es difícil asimilar ayuntamientos de progreso con ayuntamientos que se plantean políticas serias destinadas a los jóvenes. El objetivo común fue colaborar a crear ciudadanos activos, críticos y solidarios. Mientras tanto la política de la Generalitat de Catalunya se animó a crear redes de descuento y a mal disimular una cierta aprensión por estas iniciativas tan necesitadas de apoyo.

Es descorazonador ver que, después de dieciseis años, no ha cambiado nada esta forma de hacer. Y más descorazonador todavía comprobar cómo nos hemos acostumbrado de tal manera a la situación que ya hace mucho tiempo que no decimos nada.

Los ayuntamientos de izquierdas han hecho muchas cosas bien hechas y otras no tanto. Hoy, estos ayuntamientos sufren una época de desencanto y autocrítica aguda en relación con los equipamientos y las políticas de juventud. De la era de la reivindicación se pasó a la era del Yo individual: toda intervención tenía el estigma del pecado y de la era del Yo se derivó al pesimismo. Como los presupuestos han bajado de manera drástica no ha dado tiempo a reflexionar sobre la eficacia de los nuevos programas por objetivos. Queda en manos de los ayuntamientos de progreso que la reflexión que se pueda hacer no acabe por mercantilizar y analizar la cultura desde parámetros exclusivamente económicos, o puramente economicistas.

Surgieron los Planes Integrales de Juventud como las propuestas más rigurosas de actuación. Se partía de la idea según la cual no era el ocio la única vertiente de la juventud que debía atenderse, tampoco la formación, el deporte, la vivienda, la sanidad o los servicios sociales. Era necesaria una coordinación y una atención transversal desde la perspectiva de la juventud. No es fácil decir si estos planes integrales han respondido positivamente a las expectativas que los crearon.

Otra de las vías de actuación escogida por algunos ayuntamientos ha sido la de incidir especialmente en el ámbito de la cultura: desde el punto de vista organizativo se han unificado los departamentos de cultura y juventud y se han centrado los objetivos en dotar la ciudad de unos recursos culturales dirigidos especialmente a los jóvenes.

Esta opción es sólo aparentemente inocente (administrativamente inocente) y en nuestra manera de verlo contiene una gran dosis de renovación y fe en el futuro: una visión de la cultura ligada a la vida. Cultura cotidiana, formación, creación, información y ocio van unidos al individuo y son estrictamente necesarios.

Cuando se nos encargó este artículo nos dijeron... nos atribuían, muy amablemente, la virtud de haber sabido sintonizar con ciertas iniciativas surgidas de la ciudad y haber dado una respuesta adecuada y duradera. En realidad nos teníamos que centrar en el caso del proyecto del Centre de Cultura Contemporània del Prat. La Capsa puesto en marcha hace poco más de un año. Interesaba el concepto de equipamiento intermedio (entre los centros de base y los centros de ámbito nacional) y quedaba para más adelante y, seguramente, para otras personas, la valoración de la puesta en marcha y funcionamiento de este equipamiento.

 

El papel de las instituciones

Sintonizar, en el sentido que dábamos en la conversación en la que nos comprometimos a realizar el artículo, quiere decir, seguramente, lo mismo que identificar el público, identificar la gente a la que se dirige el proyecto y ser capaces de ser motor en la actuación. Cuando desde la administración se ponen en marcha actividades sin identificar el público a menudo se suele hacer un programa a cuatro tintas, con un buen presupuesto que sirva para enmascarar la falta de participación o de interés en la propuesta. Sintonizar, en este sentido, quiere decir identificar el caldo de cultivo que hay en la ciudad y ser capaces de proporcionar los recursos para el desarrollo libre y crítico. Para sintonizar no hay cursillos; más bien hay que ir con los ojos bien abiertos, leer todas las revistas, los fanzines, asistir a lo que hace la gente que crea cultura en la ciudad (dentro y fuera de nuestra ciudad), entender, preguntar, escuchar, dialogar. Después, de lo que se trata es de analizar si aquello que se está cociendo tiene un interés general y si puede ser aprovechado por la colectividad como instrumento de autoestima, identificación e ilusión colectiva.

El espacio de La Capsa debía ser un equipamiento de nueva planta, moderno en el marco de una ciudad en transformación. Los objetivos se centraron en ampliar al máximo los niveles de información, formación y creación dirigidos a los jóvenes, con la participación y el protagonismo de los usuarios. Se trataba de una apuesta de futuro para los jóvenes creadores pratenses de todas las disciplinas que en los últimos años han ido aumentado considerablemente en número y expectativas y se han significado por su identificación con el marco urbano y la innovación. Se trataba, además, de una apuesta por la participación activa de las entidades de jóvenes, en especial de los jóvenes estudiantes. El espacio de La Capsa, por su ubicación, es un instrumento para los institutos de secundaria del Prat. El proyecto de La Capsa plantea una reflexión sobre el papel de la información para los jóvenes.

 

Una olla abierta a todos

En el diseño del espacio se deberían incluir infinidad de influencias: las visitas al Melkweg de Amsterdam al Comfort Modern de Poitiers, al Use it de Copenhagen y a las fábricas reaprovechadas de Zürick, Berna, Berlín y Nuremberg; La Nave de Madrid y el Transformadors de Barcelona; la escuela de rap pratense -una de las más acreditadas del Estado- y las músicas vanguardistas de nuestra ciudad, que comienzan a ser reconocidas; el colectivo de jóvenes creadores locales, la asociación de músicos de rock y canto coral, los colectivos ecologistas y SOS Racisme, los video-creadores y los conceptuales, los estudiantes, el Circuit Zero, los talleres de creación plástica de la Bauhaus de Weimar, las radios libres catalanas... de todo esto y de más cosas se ha impregnado La Capsa.

En definitiva se trataba de poner a hervir una olla abierta a todos, donde la interrelación fuera la norma de funcionamiento. Era necesario abrir un espacio de contacto, donde la información circulara de una manera nueva y activa, fuera protagonista. Había que contrastar la creación local con la del resto del mundo.

Era necesario, además y sobre todo, que económicamente fuera viable, es decir, casi autosuficiente. Para conseguir todo ésto pensábamos que debía liberarse a los usuarios de la carga de supervivencia del equipamiento profesionalizando la gestión, al tiempo que se mantenía principalmente en manos del movimiento juvenil.

La Capsa es un centro público que tiene como objetivo facilitar a los jóvenes recursos de información, formación y diversión, así como fomentar la participación asociativa. El modelo de gestión elegido acentúa el carácter público del centro. El hecho de que se gestione por un colectivo ajeno al Ayuntamiento en ningún caso debe hacer pensar en una gestión privada, al contrario, se tiende hacia la autofinanciación y al reparto igualitario de los recursos, resaltando su carácter público y acercando la gestión y la toma de decisiones a los propios usuarios.

El modelo de gestión incluye dos órganos de coordinación: un Consell de Centre y una Comissió dActivitats encargada de programar. El Director es el único trabajador municipal del equipamiento y forma equipo con una empresa concesionaria a la que el Ayuntamiento contrata por tres años la gestión integral del Centro: talleres, exposiciones, actuaciones, bucs de ensayo, servicio de bar, tienda, limpieza, todos los mantenimientos, etc.

El modelo económico es exigente, prevé crear un equipamiento autónomo que equilibre la capacidad de generar ingresos y la calidad de los servicios y actividades. El Ayuntamiento aporta aproximadamente el 10% de los gastos y al Director. El otro 90% se financia con los ingresos que el propio centro genera: bar, alquiler de bucs y salas, producciones propias... La empresa concesionaria tenía que contratar aproximadamente ocho personas de forma directa (camareros, informadores-animadores...) y trabajar indirectamente con doce más (técnicos de sonido y luces, comisariado exposiciones, talleristas...).

Este modelo económico experimental se debía respetar durante una primera fase de funcionamiento del centro. Su valoración deberá permitir al ayuntamiento medir la aportación en función de los objetivos que en cada momento se fijen.

En la práctica, el funcionamiento del centro está garantizado sólo en sus mínimos. La puesta en marcha se realizó sobre unos presupuestos restrictivos y, por lo tanto, dependerá mucho de las actividades autofinanciadas en detrimento de aquellos programas que contempla el proyecto que requieren una inversión económica sin perspectiva de ingresos. Atendiendo a criterios estrictamente económicos podríamos decir muy esquemáticamente que en función del apoyo municipal será más centro cultural y menos lúdico o a la inversa.

 

La gestión y los servicios

En un momento en que el tema de la financiación de los equipamientos culturales está en el orden del día, cuando se buscan fórmulas que permitan conocer los costes reales de las actividades y la relación de éstas con el usuario, pensamos que el proyecto de La Capsa puede ser una aportación interesante al debate sobre los modelos de gestión de los equipamientos públicos.

Al concurso público de la concesión del centro se presentaron cuatro proyectos, todos ellos de autoocupación de jóvenes de la ciudad. Finalmente se adjudicó a un grupo de jóvenes vinculados a la Associació dEstudiants del Prat, gente muy joven y sin experiencia previa, lo que fortalecía el papel asignado previamente al Director. Hay que decir que, después del primer año, se han ido consolidando las previsiones económicas con una exactitud incluso sorprendente y se ha conseguido un buen nivel de profesionalidad en el equipo de gestión.

Los espacios de La Capsa están pensados para posibilitar el desarrollo de las inquietudes de los jóvenes y desvelar iniciativas con el objetivo de sentar las bases de una ciudad más rica y creativa.

En el equipamiento de La Capsa se encuentran los siguientes servicios y recursos:

 

l Hotel de entidades y sala de reuniones: a disposición de las entidades el motivo social de las cuales sea compatible con el del centro. Tienen prioridad las asociaciones de animación socio-cultural, las artísticas y las de estudiantes. Las entidades designan un representante en el Consell de Centre y en la Comissió dActivitats.

- Servicios Municipales: servicio de información juvenil "El Lloro" y Servei dInformació en Sexualitat i Anticoncepció (SISA).

- Tres bucs de ensayo para grupos musicales con doce armarios para material y un estudio de grabación.

- Sala multimedia apta para todo tipo de actuaciones (conciertos, proyecciones, teatro, acciones, performances...). Aforo aproximado de 700 personas. Servicio de bar interior. El equipo de sonido y luces es adecuado para presentaciones profesionales.

- Estudios e instalación de radio.

- Tienda con material generado por el centro, maquetas, discografía independiente, merchandising...

- Bar-punto de reunión.

- Taller de video y artes plásticas.

- Sala de exposiciones.

 

Los bloques de actuación o programas del centro que se definieron, son los siguientes:

 

- Información juvenil.

- Recursos musicales.

- Área creativa.

- Apoyo a entidades juveniles y de solidaridad.

 

Los programas

Los definiremos brevemente. El primero trata de organizar un servicio de información activo, que trabaje con grupos, organizados o no, y profesionales que traten con jóvenes y que permita no sólo servir de banco de información apto para ser consultado, sino que también haga circular la información y los recursos dentro y fuera del centro.

El programa de recursos musicales incluye los proyectos de funcionamiento de los bucs de ensayo musical, los talleres de aprendizaje de instrumentos, el estudio de grabación y la programación musical de La Capsa. Hay que decir que la sala de actuaciones se abrió con la voluntad de ser punto de referencia en la comarca y sala alternativa para grupos en circuito de carácter profesional y semi-profesional. La programación está basada en el pacto con los promotores y no excluye la posibilidad de organizar conciertos o actuaciones con el argumento de la calidad, a pesar de que se encienda la alarma de lo minoritario.

El programa del Área Creativa de La Capsa es, en nuestra forma de pensar, el más incitador y, al mismo tiempo, el más sometido al condicionamiento económico. Engloba diversos programas de formación, exposición y, otros puramente lúdicos dirigidos a artistas, estudiantes y público. Por una parte, los talleres de video-creación y plásticas se plantean como espacios de trabajo para creadores con formación o que la quieran recibir. La formación se rige por los principios de la maestría, trabajo en común y experimentación con materiales. Por otra parte, en el Área Creativa han de trabajar jóvenes con una dedicación que permita elaborar proyectos de difusión y talleres dirigidos a los institutos de secundaria, organizar sesiones lúdicas y formativas dirigidas a los jóvenes, programar las salas de exposiciones en función de dos criterios: presentar a los jóvenes creadores locales y contrastarlos con los creadores del resto del mundo cuyo mensaje artístico o social sea transmisible por la creatividad, la provocación o la ironía de sus planteamientos. Finalmente, Fang Club, un espacio nocturno de encuentro

entre público y creadores en el que se reciben, presentan y someten a

crítica y debate todo tipo de propuestas efímeras (acciones, instalaciones de un día...).

Por último, el programa de recursos destinados a las entidades juveniles, las constituidas legalmente y las de hecho, trabaja proyectos de actividades con contenido solidario y coordina iniciativas ecológicas y socio-culturales, integrando su trabajo en la dinámica del centro.

 

Una propuesta para el diálogo

Los espacios públicos intermedios de las ciudades modernas deben adaptarse a su propia realidad y nunca seguir modelos rígidos o estandarizados. Su diseño como espacio arquitectónico, su gestión y las actividades deben ser fruto del diálogo, del conocimiento del territorio y del trabajo en equipo.

El proyecto de La Capsa responde, en general, a la necesidad de ofrecer a los jóvenes de la ciudad recursos culturales colaborando en crear ciudadanos activos, críticos y solidarios. De alguna manera demuestra que se pueden ofrecer servicios públicos de calidad acercando la gestión y la toma de decisiones a los usuarios, favoreciendo la interrelación y la comunicación y fomentado el respeto, la crítica y la libertad de pensamiento.

La gestión de la cultura no sólo es necesaria desde las administraciones públicas, sino que se hace imprescindible para asegurar el reparto igualitario de los recursos, fomentar las capacidades creativas de los ciudadanos, facilitar los canales de información que nos hacen más libres y capaces y, al mismo tiempo, utilizar los recursos culturales para el desarrollo personal de los individuos en sociedad.

 

Xavier Giménez Casas

Técnico de cultura y juventud Ajuntament del Prat de Llobregat

 

Rafael Milán Amat

Jefe del departamento de cultura y juventud Ajuntament del Prat de Llobregat

..............................................