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| Manuel Vázquez Montalbán
Aproveché mi primer viaje a Madrid para pedir a mis compañeros capitalinos que me presentaran al nuevo fichaje. No voy a describir físicamente al personaje porque él lo ha eludido sistemáticamente en sus propias capillas, pero sí diré que me pareció un profesor de literatura de instituto de Enseñanza Media, machadiano, casi una reencarnación de Juan de Mairena. No iba tan desencaminado, porque en varias ocasiones Sixto me ha confesado que el Juan de Mairena fue uno de sus libros de cabecera antes de descubrir el “Informe del Congreso al Presidente Nixon sobre la Pornografía en el mundo”. Otros enigmas eran los amigos de Sixto, sobre todo los fundamentales: Marco Antonio, Menelao y Encarna. César Alonso y Víctor Márquez me han confesado que se han pasado horas enteras por el barrio de Argüelles y en la puerta de la casa de Sixto por si ven a sus habituales personajes.
También yo traté de hacer mis averiguaciones. Con motivo de cada cambio importante en la política gubernamental, los de “Triunfo” nos vemos y reajustamos el cilicio. Aproveché el reajuste Pío Cabanillas para interrogar a Sixto:
Pulcro aunque descuidado, silencioso las más veces, con un cansancio histórico casi igual al de Haro Tecglen y una eterna esperanza erótica-sentimental de adolescente, Sixto Cámara es el personaje que ha querido ser semana tras semana en la revista “Triunfo”. Yo creo que duerme seis días y resucita para escribir la Capilla, entregarla y volver a acostarse dispuesto a soñar con sus amigos. Su ideología es una mezcla de liberal jeffersoniano (muy en la línea trazada por Lionel Trilling en “La imaginación liberal”) y socialista de La Commune. Ama a las víctimas hasta las lágrimas y odia a los verdugos hasta la violencia. Sixto es ese personaje desnudo de alma al que todo hiere y nada abriga, ese personaje que todo intelectual lleva dentro de sí y abandona cuando se encarniza la lucha por la vida y por la historia. Sixto estaría dispuesto a morir en el asalto al Palacio de Invierno y poco después estaría dispuesto a morir en las represiones estalinianas.
Yo siento por Sixto Cámara un coro de atracciones y rechazos. Le quiero como si fuera ese tío soltero y liberal que todos deberíamos tener y lo odio como si fuera ese adolescente sensible que llevamos dentro y se nos agarra a las vísceras hasta que nos mata de insatisfacción. Manuel Vázquez Montalbán.
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