¿Por qué debemos recibir a Turquía?

Edgar Morin, Jean-Christophe Rufin, Guy Sorman y Alain Touraine

 

Reconozcámoslo: los excelentes argumentos de quienes piensan que la entrada de Turquía en la Unión Europea tendría efectos positivos parecen desbordados por una resistencia popular que se apoya en la geografía y la historia. Muchos, en Europa Occidental, han olvidado sin duda que el imperio otomano fue una potencia europea desde el siglo XIV y lo siguió siendo hasta su derrumbamiento y el nacimiento de la Turquía moderna, al día siguiente de la primera guerra mundial.

Si cada país realizara hoy un referéndum sobre la entrada de Turquía en la Unión es probable que los resultados no serían positivos en todas partes. Pero, ¿era necesario recordar un estado de la opinión pública que nos arrastra hacia una posición opuesta a la que consideramos justa? Sí, absolutamente. Porque el principal argumento para el ingreso de Turquía en la Unión Europea es de naturaleza distinta. Esta entrada es indispensable para que Europa conserve o recupere un papel a nivel mundial, es decir invente una relación con el mundo islámico opuesta a la que han creado los estadounidenses en Oriente Medio.

¿De qué sirve construir Europa si ésta está cada vez más absorbida por las dificultades relacionadas con la creciente diversidad entre Estados miembros?

Que los jefes de Estado, los parlamentarios y los funcionarios europeos hagan su trabajo, que mejoren el funcionamiento interno de la Unión. Las opiniones públicas no ponen en duda su trabajo, pero tampoco les apasiona este trabajo de gestión. Por el contrario, los europeos se dan cuenta de las notables contradicciones entre la potencia económica de la UE y su impotencia a nivel de la política internacional. Es cierto que los propios europeos están divididos sobre cualquier intervención internacional tomada por ellos. Pero precisamente deben tomar una decisión en este punto: que quienes den prioridad al mantenimiento de la hegemonía estadounidense lo digan en voz alta; pero que los demás salgan de su miedo y de su hipocresía: que digan claramente si es posible construir otra relación entre Europea -u Occidente- y el mundo islámico. Que tengan conciencia de que la paz y la guerra en el conjunto del mundo dependen de nuestra capacidad para poner fin a las agresiones militares y al terrorismo de hoy.

 

Laicidad e Islam

Semejante intento de transformación de nuestras relaciones con el mundo islámico no puede apoyarse más que en Turquía. Porque ésta vive ya un compromiso entre laicidad e Islam que por su propia existencia muestra que hay otras opciones que la mutua destrucción de los adversarios. La dificultad viene de que los prejuicios impiden muchas veces que lleguen informaciones a la opinión pública y algunos piensan que tanto en Turquía como en otras partes sólo se puede elegir entre dos formas de violencia y de guerra.

Lo que debemos comprender con urgencia es que, si no logramos creer que una solución es posible, abandonaremos definitivamente cualquier esperanza de jugar un papel en el mundo. Lo que significa que los mayores problemas del mundo actual: el encuentro de Islam y Occidente, la estrecha rivalidad entre Estados Unidos y China para la dominación de la economía mundial, la difícil supervivencia de un África en vías de subdesarrollo acelerado, por no mencionar problemas que no se expresan geográficamente como los del lugar de la religión en la vida pública, el respecto de los derechos humanos o la realización de un desarrollo sostenible, un tema que nunca ha salido hasta ahora de las salas de conferencia.

Rechazar Turquía equivale a cerrar nuestro horizonte y a renunciar a cualquier responsabilidad mundial. Si nos limitamos a un juicio dentro de Europa, partidarios y adversarios a la entrada de Turquía podrán hablar mucho, a sabiendas de que Francia asumiría riesgos inútiles oponiéndose a decisiones cuyo principio ya ha sido adoptado a nivel europeo.

Por el contrario, más allá de todos los argumentos a favor o en contra de esta adhesión dentro de Europa, hay que afirmar con fuerza que Europa debe convertirse por fin en uno de los principales actores de los asuntos mundiales, y por tanto de la paz, y que la entrada de Turquía en la UE es la condición necesaria para que se establezcan condiciones nuevas entre Europa y el mundo islámico.


Edgar Morin, Jean-Christophe Rufin, Guy Sorman y Alain Touraine.
Sociólogos.

Análisis publicado en el diario “Le Monde” el 13 de diciembre de 2004.