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El Arbi Mrabet La Declaración de Barcelona de 1995 contiene compromisos morales y políticos, cuando no jurídicos, en forma de principios de gran valor, susceptibles de servir, no sólo de base, sino también de vectores, en caso de que se aplicasen real y adecuadamente, de vías y medios susceptibles de instaurar una paz justa y promover un desarrollo armónico, equilibrado y duradero en los países del perímetro mediterráneo. Estos principios, que no es necesario enumerar íntegramente, son esencialmente los siguientes: el respeto por las características, especificidades y valores propios de cada uno de los participantes; el diálogo, los intercambios y la cooperación; la paz, la estabilidad y la prosperidad; la democracia y el respeto de los derechos humanos; un desarrollo económico y social duradero y equilibrado; la lucha contra la pobreza y la promoción de un mejor entendimiento entre las culturas; la tolerancia, la lucha contra el racismo y la xenofobia; el respeto por la integridad territorial y la unidad de cada uno de los demás socios; la solución pacífica de sus discrepancias; el respeto por la igualdad soberana y de todos los derechos inherentes a la soberanía y el cumplimiento de buena fe de las obligaciones asumidas, de conformidad con el derecho internacional... Habiendo participado en la Conferencia de Barcelona y en la elaboración de su Declaración final, Marruecos dispone en sus relaciones con los países mediterráneos, en particular con los de la Unión Europea, de ventajas, pero adolece también de ciertas desventajas. Los principios de la Declaración de Barcelona deberían ayudar a superar estas desventajas en caso de que aquellos se aplicasen de manera adecuada, lo cual no es siempre o todavía el caso. Las bazas de que dispone Marruecos, según la opinión de sus propios socios, también reflejarían las esperanzas europeas. Las ventajas son, en resumen, las siguientes: Proximidad, estabilidad y cultura La proximidad geográfica, que constituye también lo que el difunto rey Hassan II llamaba "la perspectiva estratégica de Europa", es decir, una profundidad o un espacio intermedio entre ésta y la África subsahariana, capaz de amortiguar los choques que podrían resultar de las numerosas crisis que atraviesa en estos últimos años esta parte del continente. La estabilidad política, que está marcada por dos aperturas, la política y la cultural. Marruecos es el país que, desde hace tiempo, ha seguido la política internacional más moderada de los países árabes del Mediterráneo; esta política se ha destacado notablemente por la negativa del rey Mohamed V a entregar, bajo el Protectorado y durante la Segunda Guerra Mundial, los súbditos marroquíes israelitas al régimen de Vichy que pretendía transferirlos a los nazis. También es bien conocido el papel de primer orden que Marruecos ha representado en el acercamiento de los puntos de vista de las partes implicadas en el conflicto árabe-israelí (egipcios y palestinos por un lado, israelitas por el otro) desde los años setenta y que resultó en el proceso de Camp David y de Oslo, así como su intervención en las mediaciones discretas con vistas a resolver pacíficamente los conflictos africanos y otros y, finalmente, su apoyo constante a la ONU en el ámbito del mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales (Congo, Somalia, Kosovo...). Marruecos también es el país árabe-mediterráneo que ha practicado la apertura cultural más notable. Esta práctica se expresa mediante la calidad de su apoyo a la política de la UNESCO y es por ello, por ejemplo, que ha sido uno de los primeros iniciadores del diálogo entre las religiones y las civilizaciones, cuyas formas más significativas y más apreciadas son el Festival Anual de Música Sacra de Fez y los encuentros entre responsables y pensadores de las tres religiones del Libro. En una esfera más amplia, su capacidad para abrirse a otros países y sus pueblos encuentra su manifestación más notoria en el multilingüismo tan practicado por una gran parte de la población que, además del árabe y el "almazigh" (lenguas maternas), no experimenta grandes dificultades ni ningún complejo en hablar el español (a veces también el alemán) en el Rif y las provincias saharianas del Sur, así como el francés (y un poco el inglés) en el resto del país. El liberalismo económico Ciertamente, se trata de una herencia del Tratado de Algeciras de 1906 que imponía a Marruecos la política llamada de "puertas abiertas"; sin embargo, podría haber sucedido de otra manera después de la independencia, en un momento en que el contexto ideológico que prevalecía en los países en vías de desarrollo tendía más pronto a una economía del llamado "socialismo real". Pero, a pesar de su régimen político "absolutista-ilustrado", Marruecos ha optado sin dudar por la economía de mercado. Esta opción también le ha llevado a continuar con el desarrollo de sus relaciones económicas sobre todo con Europa y en particular con la CEE, hoy en día UE, mediante acuerdos sucesivos de colaboración hasta la vinculación actual que apunta a su integración en una zona de libre cambio para el horizonte 2010. Marruecos siempre ha mantenido buenas relaciones políticas con otros países mediterráneos. En estos últimos años, ha concluido con algunos de éstos acuerdos de eliminación progresiva de barreras aduaneras, en particular con Egipto y Túnez, antes de firmar, hace tan sólo unas semanas, acuerdos de libre comercio con estos dos países y con Jordania. También se ha establecido una discreta cooperación con Israel, cooperación que experimenta altibajos en función de la actitud de los gobiernos israelitas respecto a las negociaciones de paz con los palestinos. La sociedad civil Comparando con otros países del sur del Mediterráneo, la sociedad civil está relativamente bien desarrollada en Marruecos, y ello por tres razones básicas: Constituye, en primer lugar, un componente de la cultura bereber-árabe-musulmana que estimulaba mucho el trabajo colectivo en los pueblos, así como las obras de beneficencia o el mecenazgo. Así sucedió hasta los años noventa, limitándose al financiamiento y la gestión de las mezquitas, los orfanatos y las escuelas de enseñanza religiosa. Desde entonces, su campo de acción se ha ido ampliando progresivamente a otros sectores; También es una herencia de luchas políticas que han visto como se constituían asociaciones vinculadas a los partidos políticos de la oposición que continuaban de grado o por fuerza de otra forma: defensa de los derechos humanos, particularmente, pero también organización de manifestaciones culturales tales que obras de teatro, música, conferencias comprometidas... En su evolución reciente, la sociedad civil marroquí empieza a captar el verdadero sentido del trabajo asociativo y de su importancia para el desarrollo del país, con una independencia a veces total de la esfera política, o en todo caso, de los partidos políticos. El respaldo de las ONG extranjeras, especialmente europeas, le aporta un apoyo notable. Las dificultades que sufre Marruecos y que representan también las preocupaciones de los países europeos son aquellas inherentes a su estado de subdesarrollo. Pondremos de relieve los vínculos de este estado con las tres preocupaciones que nos parecen importantes para nuestros interlocutores europeos. En efecto, en este estado caracterizado por un crecimiento demográfico bastante importante (entre 2,6 y 3,5% por año) se encuentra especialmente el origen del integrismo, de los flujos migratorios preocupantes y del problema de la cultura del kif al norte del país desde los años setenta. El integrismo Nos parece que este problema ha sido exagerado por algunos de nuestros interlocutores europeos cuya visión a veces está absolutamente enturbiada, hasta tal punto que confunden Islam e integrismo. Así pues, ¿cuál es la realidad del problema? ¿Y qué podemos hacer para no agravarla? El islamismo, o el Islam político, es básicamente de dos clases. El moderado, que defiende la necesidad de que el Estado haga respetar los principios del Islam con medios específicos y legales puesto que la propia Constitución de Marruecos estipula que la religión del Estado es el Islam. Esta tendencia se ve básicamente representada por el Partido de la Justicia y del Desarrollo, e insiste especialmente en el hecho de que Marruecos no debiera haber solicitado su adhesión a la Unión Europea y que debe prohibir todo lo que es contrario a los preceptos religiosos tales como el consumo de alcohol, los juegos de azar, etc. que obstaculizan el desarrollo del país y que son sobre todo un privilegio de las categorías sociales acomodadas, producto de la injusticia social que aún prevalece.El radical e integrista, que defiende una vuelta a los comportamientos "idealistas" de la época del Profeta y de los cuatro primeros Califas y reclama un cambio radical de régimen político al mismo tiempo que el de la vida económica, social y cultural. Esta tendencia, dispuesta a desafiar las leyes en vigor, esta representada por Al Adl wal Ihssan (justicia y mecenazgo -o beneficiencia-). El radical e integrista, que defiende una vuelta a los comportamientos "idealistas" de la época del Profeta y de los cuatro primeros Califas y reclama un cambio radical de régimen político al mismo tiempo que el de la vida económica, social y cultural. Esta tendencia, dispuesta a desafiar las leyes en vigor, esta representada por Al Adl wal Ihssan (justicia y mecenazgo -o beneficiencia-). La proporción del conjunto de los movimientos islamistas se ha estimado en un 25% aproximado del electorado marroquí. Lo que conviene observar sobre el terreno es su debilitamiento en las universidades en los tres últimos años. Las violencias que algunos de ellos han perpetrado y la experiencia argelina han contribuido sin duda alguna a este relativo debilitamiento. Se trata de no agravar el problema, puesto que nada garantiza que su retorno no vaya a tener lugar de aquí a las elecciones de 2002 si las condiciones económicas y sociales no mejoran sensiblemente. Para situarnos en el marco de los principios de la Declaración de Barcelona relativos al respeto por las particularidades sociales y culturales, primero hace falta evitar lo que se podría considerar como provocaciones o atentados flagrantes a los claros preceptos del Islam moderado, que Marruecos siempre ha declarado seguir, así como promover un desarrollo real, equilibrado (equilibrios regionales y sociales) y duradero (respetuoso ante el frágil entorno del país). Las migraciones La emigración de marroquíes, especialmente la emigración clandestina (la siniestramente célebre de las pateras) parece ser una preocupación importante en Europa. También debería serlo y sin duda lo es para el gobierno marroquí, puesto que constituye una pérdida importante de recursos humanos. A pesar de que ello depende de las representaciones que cada uno tiene de la vida que tiene intención de llevar en una época en la cual se produce una rápida emergencia del individuo y del individualismo, en el sentido que las causas de la emigración pueden ser verdaderas o falsamente económicas, políticas, culturales, etc., nos parece que básicamente existen tres clases de emigración: la de los pobres a la búsqueda de medios de vida dignos, la de las personas acomodadas que se sienten limitadas en un país que les ofrece un espectáculo y un entorno que ya no les conviene y, finalmente, la que se conoce como "fuga de cerebros". Ésta última, por sí misma, arroja la pérdida anual de algunos miles de millones de dólares si se tiene en cuenta el hecho de que Marruecos es un país árabe importante en cuanto a población y número de ejecutivos que se marchan cada año o que no vuelven después de haber acabado sus estudios superiores en el extranjero, y que la pérdida anual de los estados miembros de la Liga Árabe en este ámbito equivale a doscientos mil millones de dólares. El tránsito de súbditos de otros países africanos por Marruecos hacia la Europa de los Quince, cada año más importante, le cuesta también dinero en términos de medidas administrativas y judiciales que se ve obligado a tomar para hacer frente a los problemas que tal tránsito ocasiona. Los estupefacientes Marruecos aparece como el país que casi siempre se designa como culpable, ya que el cultivo del kif se practica en el Norte, principalmente con destino a Europa. Si se examina con un cierto detenimiento, se verá que hay que apuntar dos problemas importantes para el propio país. Según los especialistas, el kif es una droga blanda comparada con la cocaína, la heroína, etc. Sin embargo, parece que las medidas que tienden a la substitución de la cultura del kif después del acuerdo con la UE, como contrapartida a una ayuda financiera, han favorecido la conquista del mercado marroquí incluso por las drogas duras. Estas medidas de saneamiento han favorecido, además, la emigración. Como sea que la ayuda financiera europea y los proyectos de substitución tardaban en llegar, se ha producido la huida de los capitales marroquíes directamente o indirectamente vinculados a la red de tráfico del kif y su blanqueo hacia el exterior, especialmente a Europa, lo cual, junto con medidas fiscales y otras, ha provocado una crisis sin precedentes en el sector inmobiliario y una disminución de la actividad económica general. Los principios de la Declaración de Barcelona y sus compromisos y elementos adyacentes constituyen en principio una base sólida para el tratamiento de todos estos problemas, una base que ofrece soluciones adecuadas a las preocupaciones de Europa y Marruecos; así pues, ¿qué está sucediendo realmente? La cooperación con Europa Sin negar ni minimizar la contribución tan importante de la cooperación entre Marruecos y sus socios mediterráneos, sobre todo los de la Unión Europea, resulta sin embargo útil recordar los problemas -completamente ocultos en la práctica- de esta cooperación y el tratamiento no equitativo del expediente de pesca que ha constituido la discordia más evidente en las relaciones entre los dos socios en estos últimos años. Los problemas ocultos y que aplazan de hecho la aplicación de algunos principios de la Declaración de Barcelona (respeto por la integridad territorial de los socios, equilibrio de fuerzas, resolución pacífica de las discrepancias, desarrollo duradero y equilibrado, etc.) "al día del juicio final" en las relaciones de la UE, y en particular de España con Marruecos, se refieren básicamente a la cuestión de los enclaves coloniales y a la naturaleza de la asistencia técnica y financiera. Los enclaves coloniales La cuestión de los enclaves coloniales de Melilla, Ceuta y las islas Chafarinas reviste aspectos políticos y económicos. Entre Marruecos y España existe una discrepancia seria y antigua respecto a la soberanía en lo que se refiere a los enclaves coloniales, es decir, a la cuestión de la integridad territorial de una de las dos partes implicadas en la discrepancia. Los principios de la Declaración de Barcelona relativos a la integridad territorial, el equilibrio de fuerzas, la resolución pacífica de las discrepancias, etc., deberían llevar a los dos países amigos, vecinos y socios a solucionar este litigio lo más rápidamente posible. Marruecos ha pedido varias veces a España que apruebe la creación de una comisión mixta especialmente dedicada a encontrar soluciones pacíficas y adecuadas a este litigio. Esta reivindicación es tanto más legítima porque se inscribe en el marco de la Declaración de Barcelona y porque existe una identidad entre la situación de los enclaves coloniales y el peñón de Gibraltar, este último desde hace tiempo bajo la autoridad inglesa y reivindicado por España. De hecho, si España reafirma sin ambages su soberanía respecto a los enclaves coloniales, ignorando absolutamente las reivindicaciones marroquíes, es precisamente porque el principio del equilibrio de fuerzas afirmado en la Declaración de Barcelona, en el sentido más amplio, no tiene ninguna significación, ningún contacto con la realidad, y que aquel de la resolución pacífica de los conflictos no encuentra a menudo la posibilidad de ser aplicado a menos que este equilibrio exista realmente. La persistencia del régimen de los enclaves coloniales constituye también una dificultad seria para el desarrollo de muchas actividades industriales, agroalimentarias e incluso turísticas, en Marruecos puesto que el contrabando de los productos que transitan por estos enclaves coloniales, en donde se benefician de toda una panoplia de ventajas, hace que los productos similares que se podrían fabricar en Marruecos sean más caros y desalienta de este modo cualquier inversión en este campo. En este caso, el principio de un desarrollo equilibrado incorporado a la Declaración de Barcelona queda, pues, como papel mojado. En espera de que la cuestión de la soberanía se solucione de forma pacífica tal como lo sugiere Marruecos, una alternativa intermedia sería que en las provincias del Norte marroquí y en los enclaves coloniales, aprovechando el hecho de que los productos españoles que pasan por Marruecos de contrabando son conocidos, se establezcan colaboraciones industriales entre marroquíes, españoles y franceses, etc. en el marco de triángulos de crecimiento parecidos a los ya experimentados con éxito en Asia del Sudeste. La cooperación financiera y técnica ¿Dónde van los recursos? La cooperación en materia financiera y técnica es conocida desde hace tiempo por sus mecanismos pesados, lentos y que sobre todo aprovechan a los países llamados "donadores", en particular por el hecho de que la componente asistencia técnica es muy importante y los expertos de estos países, omnipresentes. A veces, los recursos se pierden por el camino y no llegan a los verdaderos destinatarios en los países "beneficiarios". ¿Qué se tendría que hacer? Lo más importante en una cooperación (co-operación, en el sentido de operar conjuntamente) es asegurar que estos recursos sirvan a su verdadero objetivo de desarrollo, es decir, que estén bien empleados, allí donde sean necesarios, y que ofrezcan resultados satisfactorios, tangibles y relativamente rápidos aún cuando las acciones llevadas a cabo no lo sean por expertos de los países llamados "donadores". El elevado grado de competencia a veces no es adecuado y puede resultar totalmente improductivo puesto que no está al alcance de los "destinatarios" y "beneficiarios", impidiendo, por lo menos, la perpetuación de los resultados positivos sin la perpetuación de la propia asistencia técnica. También hace falta que la cooperación se aplique a fondo de forma real y sin tardanza, es decir, a un ritmo mucho más rápido que el que se verifica actualmente en las regiones prioritarias, a saber, el medio rural en general y las provincias del Norte en particular. Un estudio reciente ha concluido que si únicamente el sector del turismo, y del turismo ecológico en particular, se desarrollase como es debido en Marruecos, el país pasaría a ser importador de mano de obra. Esto recuerda en particular la experiencia española, en donde este sector ha sido un verdadero motor de desarrollo. Las otras prioridades parecen ser actualmente el desarrollo rural y la creación de pequeñas y medianas empresas en prácticamente todos los sectores. La pesca Si existe un sector que ha planteado más problemas y ha encendido más pasiones en las relaciones entre la Unión Europea y Marruecos, y sobre todo entre España y Marruecos en estos últimos años, se trata sin duda de la pesca en aguas marroquíes. Hay que comprender que este problema no se puede abordar sin que los socios europeos de Marruecos tengan en cuenta dos cosas importantes incluidas en la Declaración de Barcelona. Los principios de equidad y desarrollo solidario son principios de la Declaración de Barcelona y han sido una constante en las reivindicaciones de Marruecos en el momento de las negociaciones con la Comisión Europea. Se basan en dos hechos relativamente fáciles de comprender, pero aparentemente suficientemente ignorados por los negociadores europeos, lo cual lleva a plantear cuestiones sobre la aplicación de los principios antes mencionados. El desarrollo del consumo interior es el primero de estos dos hechos. Este desarrollo es, paradójicamente, una consecuencia de la mejora del nivel de vida y de la transformación de las costumbres de consumo de una parte de la población, que consume menos carne por razones dietéticas y de diversificación, y del empobrecimiento de una parte de la población para la cual ciertos pescados son relativamente baratos y substituyen así a la carne, que es más cara. La protección del empleo en el sector pesquero es el segundo hecho importante a destacar en este tema. En efecto, la pesca da trabajo a cerca de trescientas mil personas, en su gran mayoría en embarcaciones tradicionales, y el retroceso substancial de las presas amenazaba con poner a una buena parte de estos pescadores y de aquellos cuyo oficio está vinculado a la pesca en situación de paro laboral. La protección del medio ambiente y de los recursos naturales también se halla incluida en la Declaración de Barcelona. Sin embargo, en el caso de Marruecos, los estudios llevados a cabo han demostrado suficientemente que ha existido una sobrexplotación y, consecuentemente, un agotamiento relativamente importante de los recursos haliéuticos. De ahí la urgencia de medidas de protección que van desde un reposo biológico bastante prolongado hasta la eventualidad de la no renovación del acuerdo de pesca. Sin embargo, hemos percibido claramente que, por parte europea, y sobre todo por parte de los profesionales y de ciertos responsable españoles, los argumentos de los intereses económicos y financieros inmediatos, de un lado, y de la relación de fuerzas aparentemente desfavorable a Marruecos, del otro, son los que se ponían de relieve en el momento de las negociaciones. Porque si no, ¿a qué vienen las amenazas proferidas contra Marruecos y las acciones llevadas a cabo contra los camiones que transportan frutas y verduras marroquíes a Europa vía España o contra los trabajadores marroquíes? Sólo más tarde se mostró una cierta moderación al respecto. A pesar de que el proceso de Barcelona para una colaboración euromediterránea ya está bien encarrilado, queda mucho por hacer para el arraigamiento de una verdadera cultura de la colaboración basada en los valores y principios de la justicia, la equidad y la solidaridad entre los países de las dos riberas. La sociedad civil tendrá en particular un papel precursor en el llamamiento y la promoción de estos valores humanos, tanto ante los gobiernos como ante los actores económicos, en nuestra opinión hasta ahora aún demasiado impregnados de los principios tradicionales de las relaciones internacionales, tales como la correlación de fuerzas, el poder, etc. Las asociaciones europeas, con medios mucho más importantes que los que están a disposición de sus homólogos del sur del Mediterráneo, en particular de Marruecos, y que funcionan sobre la base de principios y valores sanos que promueven un desarrollo equilibrado y duradero poniendo al hombre en el punto de mira de sus preocupaciones, están destinadas a tener éxito en este papel en interés de la paz y el bienestar de los pueblos. El Arbi Mrabet. Traducción: Beatriz Krayenbühl Gusi. |