Reyes, payasos, flamencos y diablos en la ciudad crisol

 

Carles Navales Turmos

 

"La mayoría de la nueva población de Cornellà, procede de la emigración. Insistimos en la acogida que a estas personas debe dispensarse y en la integración, que a pesar de los años transcurridos no se ha realizado. Pensamos que en una postura joven que valora lo que cada comunidad social tiene de propio no pueden existir separaciones. Llamamos igualmente la atención sobre los centralismos oficiales que dificultan la integración de las nuevas gentes en la cultura catalana."

El texto que antecede forma parte del "Manifiesto de la juventud de Cornellà", hecho público en una asamblea celebrada el día 9 de noviembre de 1969. Ya han pasado treinta años.

 

Un siglo de inmigración

La inmigración ha sido el principal factor de crecimiento económico en Catalunya. La población catalana se ha triplicado desde el año 1900 a causa de los flujos migratorios, que, según el apartado sobre tendencias migratorias del estudio Catalunya en el horizonte del 2010, pueden dividirse en dos grandes períodos: desde el año 1900 hasta el año 1950 y desde el año 1950 hasta el año 1975.

En el período 1900-1950 pueden señalarse las siguientes etapas: emigración a América hasta 1914; intensa inmigración de las regiones colindantes y del levante español hasta 1929; ligera migración de retorno durante la crisis económica; acogida de refugiados de otras regiones españolas (Aragón, Asturias) durante la guerra civil; exilio a Méjico y Francia terminada la guerra; retorno de exiliados e inmigración limitada por las restricciones de la dictadura hasta 1950.

En el período 1950-1975 el principal factor de crecimiento fue la inmigración llegada del resto de España, particularmente de Andalucía, que puede evaluarse en un millón y medio de personas. En conjunto, el número total de inmigrantes a Catalunya durante este siglo asciende a tres millones de personas aproximadamente.

No es previsible que en un futuro próximo se produzca una inmigración importante procedente de otras regiones de España, pues las condiciones de vida y de oportunidades en las regiones con tradición migratoria han mejorado notablemente desde la recuperación de la democracia. Además, se prevé que el mercado de trabajo catalán esté durante bastante tiempo bajo los efectos combinados de la reconversión necesaria de su aparato productivo y de la presión de la propia población activa catalana. La única escasez laboral se dará en los segmentos menos buscados del mercado de trabajo, los que hemos dado en llamar huecos del mercado de trabajo, como el trabajo agrícola temporero, el servicio doméstico o los trabajos insalubres o peligrosos. Trabajos, en definitiva, poco cualificados y mal pagados. Actualmente ya puede afirmarse que son este tipo de trabajos los que está ocupando la inmigración extracomunitaria en vez de los trabajadores autóctonos o procedentes de otras regiones españolas.

La fuerza de la diversidad

Cornellà de Llobregat, como todas las ciudades del área metropolitana de Barcelona, es una amalgama de orígenes. Según la estadística -en concreto, la de 1 de agosto de 1997- la composición de la población es la siguiente: el 24'68% nació en Andalucía, el 6'25% en Extremadura, el 4'03% en Castilla-La Mancha, el 3'07% en Castilla-León, el 2'06% en Aragón, el 1'79% en Galicia... En resumen, 43.000 ciudadanos y ciudadanas de Cornellà han nacido fuera de Catalunya y 39.000 dentro. De estos últimos, 18.000 nacieron en el Baix Llobregat o en Cornellà.

Es una realidad que tiene sus consecuencias culturales, pues el factor identidad también se forja en lo que los padres transmiten a sus hijos, que en muchos casos son vivencias y tradiciones de otros lugares. De ser únicamente así, la identidad sería un ente abstracto para los cornellanenses hijos de inmigrantes. En tales casos, la identidad se forja únicamente a partir de la ciudad. Cuando uno se considera cornellanense, significa que está integrado en la comunidad y, por extensión, en Catalunya, que no es otra cosa que un conjunto de ciudades y pueblos. Y en ese proceso, las manifestaciones culturales tienen una gran importancia convirtiéndose en elementos de primer orden en la formación de la identidad de nuestras ciudades y de sus ciudadanos.

En Cornellà la integración cultural siempre ha sido un ejercicio recíproco, tanto para quienes han llegado de otros lugares como para quienes han nacido en ella. O, dicho de otra manera, la integración ha consistido en crear nuevos espacios comunes. Quién llega a Cornellà acepta lo que hay, y el que ha nacido en Cornellà, acepta lo que llega. Esa reciprocidad crea un espacio común que es nuevo para los unos y para los otros, pero que es de todos. Es el espacio común de la diversidad entendida como un mosaico cultural. Y también de la interculturalidad, donde diferentes hechos culturales se interpenetran para dar a paso factores culturales comunes a todos.

La expresión local de la cultura global: diables y castellers...

Un ejemplo, son los cuatrocientos castellers de Cornellà de Llobregat, que proceden de los diferentes barrios de la ciudad. Alrededor de la mitad, son hijos de inmigrantes llegados de distintas regiones españolas. Todo un ejemplo de diálogo entre gente de distintas procedencias, que tiene como resultado la cohesión de una sociedad local que multiplicó su población con la inmigración de los años sesenta y que tiene en el pluralismo su principal distintivo cultural. Si añadimos que el mejor anxaneta es el niño gitano que trepa como nadie hasta convertirse en el giraldillo del castillo, convendremos que la guinda es la prueba del nueve de este ejercicio intercultural .

El fuego de els diables; la emoción de els castells y otras manifestaciones más dinámicas que los ortodoxos y tópicos clichés de siempre, están transformando la cultura tradicional catalana en una cultura activa. Todo va normalizándose.

Coincido con Alain Touraine en que la cara positiva de la interculturalidad sólo aflora cuando es posible conjugar la unidad de una sociedad con el diálogo entre sus diversas culturas. Es entonces cuando resulta cierta la formulación de Lévi-Strauss, según la cual toda cultura debe ser abierta y cerrada a la vez.

Otro ejemplo es la Nit de Reis de Cornellà, que tiene una personalidad muy propia. Parte de un personaje laico: el Mag Maginet, abierto a todo tipo de creencias. Los Reyes, también son laicos, por eso reparten en la puerta del ayuntamiento el tortell a todos los niños -más allá del color de su piel o sus creencias- y no solamente al Niño Jesús, aunque para los creyentes y en una interpretación correcta de la teología, al entregarlo a todos los niños se está ofreciendo al Niño Jesús.

Efectivamente, es una Noche de Reyes envuelta por una simbología tan laica como la ciudad de Cornellà: el Mago Maginet y su poblado tienen por misión compartirlo todo; en vez de la estrella, la llegada y el camino de los Reyes la anuncia y lo guía el Mago Maginet con la participación de todos los niños y niñas; el Alcalde, es el primero en recibir a los Reyes en representación de toda la ciudad; la primera entrada a una casa con la tradicional escalera de madera es al Ayuntamiento, la casa de todos.

El final de la parte central de la cabalgata es el ya referido reparto del tortell, subrayado por el repicar de las campanas de la Iglesia de Santa María, que de esta manera participa de una fiesta popular y laica que también es su fiesta, pues la laicidad admite a todas las creencias.

... payasos...

Y otro exponente intercultural. Cada dos años llegan los payasos a Cornellà. Teatros, carpas de circo, calles, bares musicales, mercados y plazas se llenan de payasos en las primeras semanas de la primavera. El Festival Internacional de Payasos -Memorial Charlie Rivel- comienza otra vez.

Hoy, el certamen de Cornellà está reconocido como el principal de Europa en este género, tanto por su alto nivel artístico como por el gran número de participantes. Hemos podido comprobarlo una vez más, el pasado mes de mayo.

El Festival Internacional de Payasos ha vivido ya ocho ediciones. Han transcurrido casi quince años desde aquél mes de marzo de 1984 en que Cornellà vio nacer un Festival en homenaje al más grande de los payasos: Charlie Rivel.

Los esfuerzos dedicados durante este tiempo a proyectar el Festival han dado sus frutos y reflejan los objetivos fijados a lo largo de su evolución. De un lado, el Festival es cota importante para los mejores payasos del mundo y se ha convertido en cita puntual y esperada dentro del calendario profesional, dado su papel de vehículo de proyección de compañías que participaron en ediciones anteriores. A muchas de ellas se les ha abierto las puertas del mercado nacional y para otras supone obtener el pasaporte para abrir una brecha en los circuitos internacionales y consolidarse. Valgan como ejemplo los Xapertons, Marceline y Sylvestre, Yllana, Gloxards, Jango Edwards, Leo Bassi y muchos otros, todos auténticos desconocidos antes de pasar por Cornellà.

De otro lado, el Festival mantiene su labor de popularizar el arte del payaso -inmerso en un lento proceso de recuperación escénica- mostrándolo al publico y a otros sectores de la profesión. El vehículo o el camino elegido para ofrecer este producto es la ciudad de Cornellà. Poco a poco, en esta ciudad, a través de sus ciudadanos y su propia infraestructura -toda una ciudad convertida en carpa-, se desarrolla un proceso de difusión del arte del payaso y de la sonrisa: programación para las escuelas, propuestas dirigidas a los profesionales del sector, espectáculos para todo tipo de públicos, sean niños, jóvenes, adultos o mayores.

La figura del genial payaso Charlie Rivel, inspiró la creación del Festival, de ahí que tenga por sobrenombre Memorial Charlie Rivel. Por este motivo el recuerdo y la presencia del universal y inimitable clown, nacido en Cubelles (Barcelona), está presente en todo el Festival junto a su popular frase: la sonrisa es el único lenguaje con el que se comunican y son felices todos los pueblos del mundo, que se convierte, edición tras edición, en lema del certamen.

La experiencia de las ocho ediciones celebradas ha permitido acumular una programación artística de alto nivel. Por el Festival han desfilado grandes payasos como Colombaioni, Dimitri, Jango Edwards, Les Luthiers, Blandini, John Melville, Avner the eccentric, Les Bubb, Paul Morocco, Buffo, Michel Courtemanche, John Lee, Pavlov, Slava Polunin, Gardi Hutter, Leo Bassi, Doctor Soler, Nickelodeon. Y, también, compañías que han iniciado nuevos caminos en el lenguaje del mimo, el clown y el humor, como Laura Herst, Olli Hauenstein, Les Noveaux Nez, The Crazy Mimes, Les Macloma, Yllana, Xapertons, Marcelyne y Sylvestre, Jacques Templero, Dr. Hot & Neon, Le Quator, Clown Kompanie o Gran Pavese Varietà. Y, en esta última edición, Bonbon & Tiina, la orquesta de Carmino d'Angelo, Francesco, Gams on the Lam, Hacki, Jonhny Melville, Les Frères Taquin, Lluis Raluy y Miquelet, Paul Wildbaum, Philippe Sosman Pipo, Pieric, Trio Shepperd, Yves Lebreton y cuarenta payasos más llegaron a Cornellà, junto al Circo-Museo Raluy, para convertir la ciudad en el gran chapiteau de la cultura europea.

Valga con decir que en cada una de las ultimas ediciones han desfilado por las carpas y escenarios del Memorial más de 80 payasos y compañías de clowns de unos 20 países.

Me he referido a castellers y diables como expresiones de la cultura tradicional de Catalunya. A la Nit de Reis, tradicional en medio mundo. Y al Festival Internacional de Payasos, como muestra de un lenguaje universal y de apertura hacia el entorno, tanto el inmediato como el europeo. Los tres casos, son manifestaciones impregnadas de ciudad. Aunque la raíz esté universalizada, el contenido y el envoltorio son genuinamente cornellanenses; elementos culturales de nuestra ciudad. Son la concreción de la cultura global en una ciudad concreta, que aporta su creatividad, a la que no escapa la amalgama de orígenes y creencias.

... y las aportaciones del Festival de Arte Flamenco

Igual sucede con el Festival de Arte Flamenco de Catalunya -que nació y tiene a Cornellà por espacio principal- y que en este 1998 celebra su quinzava edición.

Aunque el Festival se inicia en 1983, el flamenco en Cornellà viene de mucho antes. La historia flamenca local es pareja a la del flamenco catalán. Pero nuestra impronta local se encuentra en el impulso que le hemos dado para inscribirlo en la modernidad y para que sea un escaparate de la creación genuinamente catalana.

Hagamos un poco de memoria. Hablar del flamenco catalán -como ya referí en el programa del Festival de Arte Flamenco de Catalunya de 1996- es tener por referente su historia centenaria; los cantaores aficionaos, que circulan por las casi doscientas peñas flamencas y entidades; el Festival de Arte Flamenco de Cornellà de Llobregat, el Taller de Músics de Barcelona y, en especial, la nueva generación de artistas flamencos nacidos en la Barcelona metropolitana de los sesenta.

Tras la guerra civil existió un gran vacío que llenó el nacional-flamenquismo. Eran espectáculos de variedades que se representaban en cines y teatros de barriada para consumo de una afición sentimental y costumbrista. Después, con la inmigración de los sesenta, aparecieron las peñas flamencas, auténticos referentes sociales para una inmigración sin raíces urbanas. En las peñas confluía la nostalgia rememorada con el cante de aficionaos y la rifa de los domingos para ayudar al socio enfermo, convirtiéndose más en asociaciones de solidaridad que en círculo cultural para la producción y difusión del flamenco. Con Romero y su tocadiscos flamenco se complementa un periplo donde lo principal es el consumo de lo andaluz entre los andaluces y que tiene en la Feria de Abril catalana su culminación conceptual.

Paralelamente aparece la nueva generación flamenca formada por artistas nacidos aquí en los años sesenta, criados en el ambiente de las peñas, pero que busca escenarios culturales más allá del ruralismo premoderno de la generación anterior, y apuestan por la heterogeneidad cultural de la modernidad urbana. Saltan de la periferia cultural al centro cultural.

El escenario premoderno, en que se movió la generación de la posguerra y el desarrollismo, carecía y carece de investigación y producción; tiene el teatrillo por espacio escénico; su raíz en el costumbrismo y sus principales vehículos de difusión son el programa de radio para andaluces junto al cassette de carretera.

La modernidad del flamenco catalán

El escenario cultural moderno, que está construyendo la nueva generación, es todo lo contrario: va unido a la producción y la investigación artística; tiene un espacio escénico diversificado; la fusión cre-ativa es una de sus raíces principales y la difusión se establece en circuitos universalizados donde el público receptor considera al flamenco un género artístico más en vez de una particularidad territorial.

Es el caso de Ginesa Ortega, que se fusiona con la Fura dels Baus o con la Orquestra del Teatre Lliure; Mayte Martín, que tiene entre sus referentes a Billie Holiday y seguimiento entre el público escandinavo del jazz; Miguel Poveda, que encuentra en el cine de Bigas Luna uno de sus espacios escénicos; Antonio Martínez y Juan Manuel Cañizares, que además de ser guitarristas acompañantes de cantaores encaran la composición de bandas sonoras para Ventura Pons o las grandes formas de la música clásica junto a Paco de Lucía; el Taller de Músics de Barcelona, auténtico centro de investigación creativa.

La modernidad del flamenco catalán -el madrileño merece un análisis exclusivo- lo convierte, paradójicamente, en el principal laboratorio y escenario urbano de todo el flamenco, pues en Andalucía prevalece la concepción premoderna. Es una nueva realidad con la que debe contarse.

Y esta parte final ha sido su principal distintivo. El Festival Flamenco de Cornellà es elemento de centralidad cultural en la ciudad y en Catalunya por varios motivos: ha mantenido al público nostálgico, ha añadido al público interesado por el flamenco como expresión musical innovadora y, a la vez, ha sabido transformar escenarios e incorporar nuevos artistas con valores propios del área metropolitana de Barcelona, que han tenido en nuestro Festival un acicate en cuanto a formación, creación, promoción y producción. La nueva generación flamenca catalana no puede entenderse sin nuestro Festival y sin el Taller de Músics de Barcelona.

El Festival de Arte Flamenco y las demás manifestaciones culturales de Cornellà nos confieren el distintivo de ciudad abierta. Cornellà es una ciudad abierta a las culturas que se cruzan en ella. Abierta a los inmigrantes de antes -catalanes de ahora- y a los inmigrantes que hoy nos llegan de África para ser los cornellanenses del mañana. Abierta a Barcelona y Catalunya. Abierta a las nuevas realidades y a los nuevos retos. Abierta a Europa y al mundo.

Las ciudades del mañana serán crisoles culturales

Siempre se ha dicho que la gracia de las civilizaciones y de sus culturas es que sean abiertas y cerradas a la vez. Abiertas para recibir y mediar la pluralidad y, a la vez cerradas, para definir una personalidad original, que las distinga de las demás. Las ciudades también son comu-nidades humanas, y saber hacer de la apertura una original distinción sobre la que cerrar la identidad de la ciudad es todo un reto, que sólo pueden encarar las ciudades vivas, las que aún se están haciendo.

Las ciudades del mañana, sean viejas o jóvenes, serán ciudades interculturales, como la mayor parte de las ciudades de nuestro entorno. Uno piensa que, en nuestro caso, el futuro que nos espera tiene muchos referentes en lo que ha sido nuestro pasado, y quizá por eso estamos situados en inmejorables condiciones para afrontarlo.

Quizá el conflicto y la segregación de los años sesenta -que los ayuntamientos democráticos y toda la sociedad han encauzado hacia conceptos de igualdad, tolerancia y solidaridad- sean ahora un patrimonio de valor incalculable, un gran contrapunto para conseguir un futuro de convivencia en el que ya somos viejos expertos. Y, además, nos gusta, pues cuando la apertura es el principal elemento de consciencia ciudadana, lo que sería conflicto se convierte en diálogo, y el diálogo es el signo más importante de eso que llamamos civilización.

Puede que, sin darnos cuenta, en lugares como el Baix Llobregat, el Barcelonès o los dos valleses, hayamos iniciado un modelo de ciudad-crisol en el que se mirarán otras muchas ciudades en el futuro. La interculturalidad, que en otros lugares ha sido, es y será conflicto, para nosotros ha sido, es y será diálogo y convivencia.

 

Carles Navales
Director de la revista La Factoría y columnista de El Periódico de Catalunya y Diari de Girona.