![]() |
|
| |
| Vicenç Navarro
La integración de la mujer al mercado de trabajo puede hacerse de dos maneras. Una, la tradicionalmente identificada con la socialdemocracia, es la que garantiza la igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, y ello pasa por la plena integración de la mujer al mercado de trabajo. Plena, quiere decir, con los mismos derechos y por lo tanto con un trabajo a pleno empleo, permitiendo compaginar proyectos profesionales con responsabilidades familiares. Esta estrategia requiere unos cambios profundos que pasan por el desarrollo de una red de servicios de apoyo a la familia (desde escuelas de infancia a servicios domiciliarios de alta intensidad, de hasta 12 horas semanales, hasta ayuda a las personas con discapacidades, con el desarrollo de servicios domiciliarios a las personas mayores y con discapacidades) todos ellos servicios universales disponibles a toda la ciudadanía de un país. Estas políticas van acompañadas con otras que estimulan al varón a compartir las tareas familiares mediante cambios culturales y legislativos. Aquí en España estamos en pañales en este tipo de políticas y ello cómo consecuencia de la excesiva estancia de los jóvenes en las casas de sus padres, que dificultan los cambios culturales. Otra manera de facilitar la integración de la mujer al mercado de trabajo es la de potenciar el tiempo parcial, que es lo que ha ocurrido en Holanda. El 80% del crecimiento de empleo ha sido en tiempo parcial y la mayoría lo ha ocupado las mujeres. Este crecimiento de empleo femenino se ha centrado en los servicios siendo muy limitado en otros sectores cómo la manufactura. En 1998 el 68% de todas las mujeres trabajaban a tiempo parcial. El que su incorporación haya ocurrido a través del tiempo parcial en lugar de tiempo completo se debe en gran parte a la carencia de servicios de ayuda a la familia. De ahí que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo no haya sido total, puesto que a la mujer se le continúa considerando cómo responsable principal del cuidado de la familia que continúa percibiéndose por grandes sectores de la sociedad cómo su función más importante. Únicamente las mujeres con educación y con mayores ingresos trabajan a tiempo completo y ello no se debe a su mayor deseo de optimizar sus ingresos y elevada educación, sino a tener los medios con los que pagarse los servicios de ayuda a la familia de carácter privado. Es cierto que los avances culturales y tecnológicos explican el descenso en Holanda de las horas semanales en trabajo familiar (de 70 horas en 1950 a 30 horas en el año 2002). Ahora bien las responsabilidades familiares continúan absorbiendo a la mujer de manera que sólo un 18% de mujeres trabaja a tiempo completo, uno de los porcentajes más bajos de la UE. En cambio, es el país que tiene un mayor porcentaje de mujeres trabajando a tiempo parcial. En los países de tradición socialdemócrata (Suecia y Finlandia) el porcentaje de mujeres a tiempo completo es de 45%. Ni que decir tiene, que la muy necesaria incorporación de la mujer en el mercado de trabajo exige cambios en muchos sentidos, facilitando también la contratación a tiempo parcial con mismos derechos que el tiempo completo. Ahora bien, es importante no basar una estrategia de incorporación de la mujer en la estrategia de tiempo parcial. No es bueno ni suficiente.
Vicenç Navarro. |
|