
Declaración de Malmö
Partido de los Socialistas Europeos
Nuestros partidos juegan un papel importante en la mayoría de los Gobiernos de los países de la Unión. Esto da unas responsabilidades especiales a los socialistas europeos. A nosotros, los socialistas y socialdemócratas, se nos ha confiado la oportunidad y la tarea de conducir este continente al nuevo siglo.
Después de un ciclo marcado por la ola cultural neoliberal, parece abrirse una nueva perspectiva, que nos ofrece la oportunidad de vivir con mejores ambiciones los plazos y desafíos que tenemos ante nosotros.
Queremos ofrecer a las nuevas generaciones una Europa de los ciudadanos, una Europa cultural y de nuevas tecnologías, una Europa más segura, más próspera, más optimista y más justa. La Europa que merecen las europeas y los europeos.
La integración europea está atravesando una fase importante. Dentro de unas semanas habrá concluido la Conferencia Intergubernamental. En 1998 se tomarán las decisiones finales sobre el inicio de la moneda única, el Euro.
La ampliación de la Unión Europea será uno de los temas principales cuando den comienzo las negociaciones con los países candidatos a la adhesión de Europa central y oriental y del Mediterráneo, que comenzarán seis meses después de las conclusiones de la CIG.
Los socialistas europeos reafirman con vigor el valor fundamental de la CIG y la necesidad de que ésta concluya con mejoras coherentes y eficaces del Tratado.
Una significativa reforma política e institucional de la Unión -adecuada a apoyar la coordinación de las políticas económica y social, y el progreso en la construcción de una Europa mejor- es realmente necesaria para acompañar y garantizar los efectos de la Unión Monetaria en términos de cooperación y de desarrollo. Los socialistas ven en estos resultados una etapa fundamental para reforzar la identidad política de la Unión Europea; refuerzo que es indispensable con relación al proceso de ampliación de la Unión, así como a todos los otros desafíos en general.
Nuestros objetivos siguen siendo los mismos: solidaridad, prosperidad, paz, democracia, apoyo y apertura al mundo que nos rodea.
En un período de creciente debate en cuanto a la dirección que debería tomar la cooperación europea, y en un momento en que los ciudadanos están más preocupados por las cuestiones de identidad nacional, nosotros, socialistas y socialdemócratas, queremos indicar claramente el cómo y el por qué queremos reformar y fortalecer Europa.
Estamos convencidos de que refugiarse tras las fronteras nacionales no creará empleo, no resolverá nuestros problemas relativos a nuestro entorno natural. Para estas cuestiones no existen fronteras. Las fuerzas económicas y la competencia son internacionales. Tenemos que tener en cuenta la mundialización de la economía. Por eso, es preciso instaurar una cooperación internacional, empezando a nivel europeo, si queremos que nuestras políticas nacionales tengan éxito. La solidaridad es una importante cuestión internacional.
Hacer una Europa eficaz significa conseguir el progreso para los ciudadanos europeos en aquellas áreas en que la cooperación mejorará las condiciones de vida y de trabajo. Atendemos a sus preocupaciones: más empleo, mejores políticas sociales, mejores condiciones ambientales y mayor seguridad.
Europa es una comunidad. Comparte valores e historia. Tiene su propio lugar en el mundo. Posee una identidad. Pero esta identidad es también la suma de las identidades nacionales que merecen ser mantenidas y desarrolladas. Deberíamos convertir la diversidad cultural europea en un capital activo. Sólo cuando las personas se sientan seguras en su entorno inmediato podrán sentirse seguras en Europa.
Europa es una realidad moral, o al menos, debería serlo. Sostiene valores de libertad, tolerancia y solidaridad que deberían traducirse en sociedades multiculturales abiertas.
Europa ha construido su propio modelo socioeconómico. Es una economía mixta en la que el Estado y el mercado se equilibran, en la que los valores sociales y las consideraciones de carácter ecológico se toman tan en serio como las consideraciones fundamentales que han inspirado el modelo europeo. Por ello, esperamos reforzar nuestra cooperación para poner en práctica en Europa y en nuestros respectivos países un desarrollo sostenible, respetuoso de la naturaleza, solidario con todos y que ofrezca a cada uno un empleo, un sitio en la sociedad.
Europa es una fuerza de paz. Esta es su característica. A menudo se olvida en el interior de las fronteras seguras de un territorio que antes fue un gran campo de batalla. Queremos una Europa que pueda actuar para prevenir los conflictos.
Europa es un actor internacional. En tanto que continente relativamente rico debe asumir responsabilidades globales en los ámbitos del desarrollo sostenido, la seguridad y la democracia. Europa no es una fortaleza ni una isla.
La Unión Europea no ha alcanzado aún sus límites geográficos. Queremos la ampliación para fomentar la democracia y la estabilidad en Europa.
Pero lo más importante es que Europa es un instrumento que permite conseguir lo que los Estados-naciones ya no pueden lograr. Esta es la razón por la que tenemos que hacerla eficaz.
La Europa de los ciudadanos
Estamos a favor del mercado interior y reconocemos que la moneda única es un paso importante en el desarrollo de la Unión Europea. Apoyamos la introducción del Euro en 1999 según los criterios contemplados en el art. 104 del Tratado de Maastricht. Queremos que el mayor número posible de Estados miembros cumplan los criterios para evitar una división de la Unión en diferentes áreas monetarias. Pero nuestra Europa tiene mayor alcance. La estabilidad monetaria debe servir para el desarrollo y el empleo. La coordinación económica y social en Europa servirá para alcanzar este objetivo. Habrá que garantizar que la legislación referente al mercado interior se aplique correctamente en el ámbito nacional.
Europa necesita hacer un mayor esfuerzo para combatir el desempleo. El nuevo Tratado de la Unión Europea debería contener un capítulo sobre el empleo en el que se indique cómo la Unión puede contribuir a la creación de empleo. También queremos mejorar la calidad del trabajo, incrementando las inversiones en investigación y educación, utilizando nuevas tecnologías para crear nuevos sectores de actividad económica, flexibilizando el horario laboral y reorganizando la jornada de trabajo, de conformidad con los interlocutores sociales, es decir, invirtiendo más en recursos humanos.
Queremos una Europa social en la que los derechos de los trabajadores estén protegidos por normas mínimas y en la que las políticas sociales eficaces contrarresten el dumping social. Apoyamos el principio del salario mínimo adaptado al ámbito nacional. En Europa necesitamos desarrollar políticas sociales basadas en el principio progresista. Acogemos muy favorablemente la decisión del nuevo gobierno británico de acabar con el "opt-out" de la Carta Social.
Más de 50 millones de los ciudadanos europeos viven por debajo del umbral de la pobreza, cifra que está creciendo en un millón cada año. La lucha contra la pobreza debe ser uno de nuestros principales principios.
Queremos que los Estados miembros utilicen su sistema fiscal con el fin de proteger su base financiera. Apoyamos un sistema fiscal que fomente el trabajo y penalice la contaminación medioambiental y el uso excesivo de energía y materias primas (la consideración del aspecto ecológico en nuestros sistemas fiscales), que favorecerán el empleo. Queremos que los Estados miembros y la Unión Europea promocionen estas políticas.
Queremos fomentar un nuevo modelo económico y social que incorpore estos elementos y sea lo bastante flexible como para fortalecer la posición de Europa en el mundo, pero sin menoscabar nuestros niveles básicos sociales y ecológicos; un modelo que haga que nuestra actividad económica sea sostenible. Europa deberá hacer de la protección del ambiente una prioridad en el marco de todas sus acciones. Europa debe contribuir a los objetivos de la Conferencia de Río, introduciendo medidas para combatir el cambio climático y el agotamiento de las fuentes de energía escasas.
La mundialización de la economía no debe considerarse como la victoria final del neoliberalismo para la cual la única respuesta es la re-nacionalización de la economía. Queremos que Europa contribuya a fortalecer la reglamentación económica global basada en los principios de la economía de mercado social y sostenible. En el marco del G-7, la OSCE y la OMC, la Unión Europea debería promocionar la creación de condiciones básicas para la competencia leal, lo cual implica la defensa de los derechos sociales fundamentales.
La unión de los ciudadanos
Europa es una entidad en la que viven personas, lo que se ignora muy a menudo en los debates sobre el futuro de las instituciones. Europa debería centrarse más en las preocupaciones reales de sus ciudadanos. Europa debe actuar contra la exclusión social. Debería contener el deterioro de los servicios públicos y proteger los intereses de los consumidores.
Europa necesita conseguir más éxitos en la solución de los problemas relacionados con la delincuencia o la migración ilegal, pero en un contexto jurídico claramente definido que garantice los derechos de sus ciudadanos. Debemos resolver juntos el problema de la inmigración clandestina. Integrar Europa significa también desechar las disposiciones nacionales innecesarias que paralizan el desarrollo de una ciudadanía europea real. La Unión deberá trabajar de manera menos burocrática a fin de conseguir un mayor grado de confianza.
Estamos en el año europeo de la lucha contra la discriminación y el racismo. La Unión Europea debe introducir en el Tratado una cláusula especial contra la discriminación, como parte de un esfuerzo más amplio para incluir en el Tratado de la Unión Europea un capítulo más coherente sobre los derechos de los ciudadanos, incluyendo el evento de la igualdad de derechos entre las mujeres y hombres. Queremos que Europa sea una sociedad tolerante y abierta.
Los partidos socialistas y socialdemócratas europeos consideran que, en la revisión del Tratado de Maastricht, debe precisarse la necesidad de una Europa del conocimiento, factor estratégico de la construcción de identidad europea común, respetuosa con las especificidades nacionales y regionales.
Una unión más amplia, más segura
Queremos conseguir que Europa sea un lugar seguro. Queremos una PESC más eficaz. Esto significa usar todos los instrumentos de que dispone la Unión Europea para fomentar la seguridad en el ámbito regional a escala más amplia. Se debería dar prioridad a la prevención de conflictos. La Unión Europea debería crear instrumentos adicionales en el Tratado para poder decidir operaciones de mantenimiento de la paz, la inclusión de las misiones de Petersberg y trabajar conjuntamente con la OTAN y la UEO, como ya es el caso para Bosnia. Europa debería aprender a hablar con una sola voz en el marco de la PESC, teniendo en cuenta la integridad de la Unión y la solidaridad de sus Estados miembros.
Pedimos la puesta en práctica de una política transparente y restrictiva en cuanto a la venta de armas a través de la elaboración de una directiva sobre el control de exportación de armas. Apoyamos las iniciativas a través de las cuales se quiere prohibir las minas antipersonales.
Queremos reforzar el papel de la Unión en el Mediterráneo, lo que significa más cooperación en los ámbitos del desarrollo, de la democracia y de la seguridad.
Apoyamos la intensificación de la cooperación en la región del mar Báltico. Esta cooperación contribuye a la estabilidad, favorece los contactos entre los Estados de esta región y fomenta el crecimiento económico de forma socialmente equitable y sostenible desde el punto de vista ambiental. Este proceso, que debe incluir a Rusia, ha tenido éxito en gran parte por el apoyo activo de la Unión Europea. Es crucial que la Unión continúe participando en esta cooperación.
Queremos que la Unión desarrolle una política global en los Balcanes y que ayude a establecer una base mejor para la estabilidad, la democracia y el desarrollo.
Muchos nuevos Estados aspiran a convertirse en miembros de la Unión Europea. La Unión se está preparando para llevar a cabo una nueva ronda de negociaciones sobre la ampliación con países de la Europa central, del este y del Mediterráneo. Esto ofrece una oportunidad histórica para acabar definitivamente con la división de Europa, pero también para trabajar por una Unión diferente. Tenemos que conseguir resultados si queremos ayudar a los países antes comunistas. A nosotros nos corresponde el fomento de la estabilidad y la democracia.
Las negociaciones con todos los países candidatos deberían comenzar simultáneamente, aunque algunos puedan convertirse en miembros de la Unión Europea antes que otros. La ampliación es un proceso dinámico que también requiere preparación por parte de la Unión Europea. Se requiere igualdad de trato pero también todos los países tendrán que aceptar el acervo comunitario. Estamos de acuerdo en la necesidad de que la reforma se haga con una cierta flexibilidad. Toda modalidad de cooperación deberá contemplarse desde ahora en la perspectiva de la adhesión. La Unión Europea debería dar un apoyo adicional a los países que estén más retrasados para la adhesión. Deseamos que los nuevos Estados miembros puedan participar en una Unión que sea algo más que un mercado con una moneda común. No sólo estamos ampliando la Unión actual, sino también la Unión que queremos lograr para el próximo siglo.
Una unión reformada
La Unión Europea tiene que poner orden en su propia casa. La ampliación debería ir acompañada de un desarrollo futuro de la Unión. También tenemos que reformar el presupuesto de la Unión Europea y la PAC para poder combinar la solidaridad (la cohesión en el seno de la Unión) con el coste necesario de la ampliación. Esta reforma debe ser igualmente más transparente con el fin de combatir el fraude.
Es necesario que Europa funcione de forma más eficaz y transparente. Para que Europa goce de mayor legitimidad es necesario reducir el déficit democrático. Los ciudadanos han de comprender sus razones y sus procedimientos y confiar en el proceso democrático. Para que la Unión sea más transparente el Tratado ha de simplificarse. Debería reducirse sustancialmente el número de procedimientos de decisión y el principio de subsidiariedad debe aplicarse de forma clara. Ha de ampliarse substancialmente la votación por mayoría en el primer pilar a fin de aumentar la eficacia de la Unión. El primer pilar incluye políticas sociales y medidas de protección del medio ambiente.
Las reuniones del Consejo de carácter legislativo deben ser públicas. El Parlamento Europeo debe tener poder de codecisión siempre que el Consejo decida por mayoría. El Parlamento Europeo debe desempeñar una función más eficaz en el ámbito de la política exterior, de justicia y de asuntos de interior. Debe reforzarse el papel de los parlamentarios nacionales. Los Estados miembros han de tener la misma posibilidad de participar en el desarrollo de la Unión.
Todas estas reformas podrían hacer innecesaria la introducción del principio de flexibilidad (cooperación solamente entre un determinado número de Estados miembros). Si, no obstante, la flexibilidad resulta inevitable como último recurso, debe estar basada en los principios siguientes: aplicarse en el marco institucional de la Unión Europea; no queremos que Europa se limite a unos cuantos Estados miembros; ha de estar abierta a todos los Estados miembros capaces de participar y que tengan la voluntad de hacerlo; tendría que haber suficiente control democrático; debería contribuir a los fines de la Unión; este tipo de cooperación debería estar limitada en el tiempo.
Nuestras políticas y nuestros políticos tienen que gozar de credibilidad y ser un ejemplo. No podemos aceptar abusos en la financiación ni la financiación ilegal de partidos. Pedimos transparencia y responsabilidad. Queremos que exista un debate abierto y constante en el seno del Partido de los Socialistas Europeos.
Tenemos que reforzar la imagen, la reputación del Parlamento Europeo. Al mismo tiempo deseamos que aumenten sus poderes. Queremos un Parlamento Europeo más transparente y que el Consejo introduzca un estatuto común para todos los diputados del Parlamento Europeo.
Partido de los Socialistas Europeos
Esta declaración debe leerse a la luz de los acuerdos concluidos en el Consejo Europeo de Edimburgo en diciembre de 1992 que permitieron a Dinamarca no estar ligada a determinadas áreas contempladas en el Tratado de la Unión Europea.
Partido de los Socialistas Europeos
Partidos miembros:
Alemania: Sozialdemokratische Partie Deutschlands (SPD)
Austria: Sozialdemokratische Partei Österreichs (SPÖ)
Bélgica: Parti Socialiste (PS) y Socialistische Partij (SP)
Chipre: Ethniki Demokratiki Enosi Kyprou (EDEK)
Dinamarca: Socialdemokratiet
España: Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
Finlandia: Soumen Sosialidemokraatinen Puolue (SPD)
Francia: Parti Socialiste (PS)
Gran Bretaña: The Labour Party (LP)
Grecia: Panellinio Sosialistiko Kinima (PASOK)
Irlanda: The Labour Party (LP)
Irlanda del Norte: Social Democratic and Labour Party (SDLP)
Italia: Partito Democratico Della Sinistra (PDS), Socialisti Italiani (SI) y Partito
Socialista Democratico Italiano (PSDI)
Luxemburgo: Parti Ouvrier Socialiste Luxembourgeois (LSAP/POSL)
Noruega: Det Norske Arbeiderparti (DNA)
Países Bajos: Partij Van De Arbeid (PVDA)
Portugal: Partido Socialista (PS)
Suecia: Sveriges Socialdemokratiska Arbetareparti (SAP)
Partidos asociados:
Islandia: Althyduflokkur Islands
Suiza: Sozialdemokratische Partei Der Schweiz (SP/PS)
Partidos observadores:
República Checa: Ceská Strana Sociálne Demokratická (CSSD)
República Eslovaca: Strana Demokratickej Lavice (SDL) y Socialnodemokraticka Strana na
Slovensku (SDSS)
Eslovenia: Zdruzena Lista Socialnih Demokratov (ZL)
Hungría: Magyar Szocialista Párt (MSzP)
Israel: Israel Labour Party y MERETZ
Malta: Partit Laburista
Polonia: Socjademokracji Rzeczypospotitej Polskiej (SdRP) y Unia Pracy (UP)
San Marino: Partito Socialista Sammarinese (PSS)
Turquía: Cumhuriyet Halk Partisi (CHP)
Dirección:
Presidente: Rudolf Scharping
Vicepresidentes: Robin Cook, Heinz Fischer, Pierre Guidoni, Lena Hjelm-Wallén, Raimon
Obiols, Achille Occhetto, Akis Tsochatzopoulos, Jan-Marinus Wiersma
Secretario General: Jean François Vallin.