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| David Piachaud
Voy a intentar describir algunas de las transformaciones que se han dado en las economías y sociedades de Europa y ver cuáles son los principales retos que hay en exclusión social, cuáles son los desafíos que presentan la exclusión social y cómo pueden los Estados de bienestar actuar para promover la inclusión social. Los Estados de bienestar han sido el resultado de cambios históricos, políticos y económicos. La extensión de la democracia incluyendo, quizá como concesión final, el voto de la mujer, ha llevado al reconocimiento de las necesidades de toda la población, no sólo de una élite en el poder, ha habido preocupación política de promocionar la identidad nacional, la solidaridad social y de legitimizar el gobierno. Ha existido la preocupación de mejorar la competitividad internacional mejorando la calidad de la mano de obra a través de la educación. Ha habido la preocupación de hacer que los trabajadores volvieran al trabajo si estaban enfermos, a través de servicios para la salud, y ha existido la preocupación de dar pensiones para los que se consideraban demasiado ancianos, o de dar subsidios para aquellos que lo necesitaban. Cualquiera que sea la ruta que lleva al Estado de bienestar y cualquiera su naturaleza (el profesor Esping-Andersen realizó una valiosa distinción entre los regímenes democráticos sociales de los países nórdicos, los regímenes conservadores de Europa continental y los regímenes nacionales de los países anglosajones, que son liberales, aunque hoy, precisamente, no me parecen liberales estos regímenes anglosajones) todos los miembros de la Unión Europea han desarrollado Estados de bienestar. En Gran Bretaña resulta tentador remontar los orígenes del Estado de bienestar al periodo inmediato de posguerra. Y es cierto que se hicieron grandes cambios entonces. Incorporando las ideas del gran William Beveridge, él decía que el gobierno debería enfrentarse a la pobreza, a la ignorancia, a la enfermedad, la miseria y el desempleo a través de políticas para la seguridad social, la educación, la sanidad, la vivienda y el empleo total. Estas políticas, en general, en conjunto recibieron el nombre del Estado de bienestar. Beveridge decía que la producción dependería de una economía que pudiera facilitar el empleo total para los hombres y decía que la reproducción de la mano de obra dependería del cuidado de los niños, que vendría dado sobretodo por las madres. Sin embargo, todas estas políticas de Beveridge pueden remontarse en sus orígenes a cambios económicos y sociales anteriores. La política social siempre ha estado en estado de cambio y siempre lo estará. Igual que las políticas sociales nunca se han estancado, las sociedades y las economías tampoco se han estancado nunca, siempre han estado en estado de cambio. Todas las personas tienen, como decía Shakespeare, sus mutis y sus entradas y todas las personas, a su vez, desempeñan diferentes papeles. Las personas se combinan en comunidades y en naciones y siempre han demostrado tener una naturaleza dinámica, inquieta. Sin embargo, los cambios de los últimos 50 años probablemente hayan sido los más drásticos que se han dado en cualquier periodo de la Historia. Un cambio profundo de Europa es que las naciones, en estos 50 años, no han estado en guerra unas con otras dentro de Europa. ¿Podríamos encontrar otro periodo de 50 años en el que no haya habido una gran guerra? Es importante recordar que en términos de creación de pobreza y de exclusión social no hay nada comparable con la devastación de la guerra. El segundo gran cambio de los últimos 50 años ha sido el cambio en estándares de vida. Automóviles, ropa moderna, instrumentos electrónicos, viviendas, han transformado la vida de la gente. Si echamos un vistazo a las fotos que se tomaron hace 50 años, vemos los cambios. Ahora la gente en Europa tiene muchos más recursos materiales que no tenían hace 50 años. En general, esto podría parecer bueno, aunque nos damos cuenta también de los problemas de la afluencia de la riqueza. Cuando hay más coches quiere decir que hay más congestión; cuando hay más televisión quiere decir que hay menos conversación. Esping-Andersen nos dice de los niños pequeños, que pasan horas y horas sentados delante de la televisión. Una mayor afluencia material no significa necesariamente una mayor felicidad. Suben las expectativas. Por ejemplo, yo sufro una presión intensa por parte de mi niña de 12 años para que le compre un teléfono móvil, mientras que cuando tenía 12 años los aparatitos así sólo existían en cómics de ciencia-ficción.
Las necesidades se han transformado Las expectativas son importantes para la pobreza porque los estándares de lo que es socialmente necesario los establece la sociedad y la pobreza tiene que ser definida relativamente. Muchos estudios muestran que lo que se considera un estándar mínimo va subiendo a medida que los estándares de vida suben en términos generales. La gente se siente socialmente excluida si no disfruta de algo que se disfruta normalmente en la sociedad, aunque tengan mucho más de lo que se tenía hace 50 años. No debemos ser demasiado negativos, los coches, a lo mejor, conducen a una población más dispersa y amenazan el contacto cara a cara en la comunidad, pero por otra parte los teléfonos permiten que la gente se mantenga en contacto. Los supermercados quizá supongan la desaparición de las pequeñas tiendas locales y los mercados, pero las comidas preparadas ayudan a las familias donde los dos trabajan. Los viajes aéreos más baratos suponen que las playas españolas estén llenas de ingleses, que se ponen de color rosa y espero, además, que la gente que decía que el viaje supone unos horizontes mentales más estrechos, se equivoque. Al igual que los estándares materiales y las expectativas se han transformado, también se han transformado los servicios humanos. La tecnología médica ha avanzado drásticamente y, con ella, los gastos en sanidad. Los fármacos para tratar depresión y hiperactividad en los niños se han desarrollado y también tratan problemas físicos. Sabemos que los factores que más han contribuido a aumentar la esperanza de vida son una mejoría en las viviendas, mejor alimentación y menos fumar, no una mejora en los servicios que tratan la enfermedad. Pero las expectativas de los servicios de sanidad suben y hay una crisis en la financiación de los servicios sanitarios. La educación está cambiando también, las escuelas son claramente diferentes a las escuelas de hace 50 años. Hay dos cambios que son particularmente claves. Primero, el crecimiento de la educación postobligatoria, sobretodo la educación secundaria, y, segundo, la explosión de ordenadores y el acceso a Internet. Por ejemplo, mi hija piensa que buscar cosas en los libros es totalmente anticuado y eso que el último trabajo que hizo en el colegio trataba sobre la madera. La tercera transformación se ha dado en la mano de obra. De un mundo en que la mano de obra era sobretodo a tiempo total, sobretodo para hombres, y solía durar gran parte de la vida adulta, hemos pasado a un mundo muy diferente. Se empieza a trabajar más tarde y se termina antes. Ha habido un enorme crecimiento de la mano de obra femenina, una caída en el empleo en el mundo agrícola y un aumento en el de los servicios. Y se está volviendo en muchos países a altas tasa de desempleo y, sobre todo, desempleo de larga duración. Entre las personas que trabajan, en muchos países se da una gran desigualdad en ingresos, causada, en parte, por la globalización y competición y competencia de las tareas no especializadas con mano de obra mucho más barata de Tailandia o China.
Otra división de la edad Estos cambios han llevado a una división de edad mucho más clara en las sociedades. La preparación para la entrada al mercado de mano obra se retrasa porque hay que adquirir más habilidades y hay mayor educación universitaria. Luego, la jubilación anticipada y el aumento de la esperanza de vida aumentan el número de pensionistas sanos que tienen que mantener un alto nivel de vida. Esto significa que hay una mayor dependencia en los trabajadores, ya que hay más gente de más edad, más frágil, que necesita más atenciones. Es decir, una mayor carga para los servicios sociales. A medida que las divisiones de edad se han ido acentuando, se han ido aligerando las divisiones por género. Muchas mujeres están ahora trabajando con empleo remunerado, realizando una triple función: el trabajo remunerado, se encargan de los niños y se encargan también del trabajo doméstico. Aunque lentamente los hombres están empezando a ser más activos en el cuidado de los niños y en el cuidado de la casa, eso sí, siempre que no juegue el Barça. Están cambiando también las estructuras familiares, las tasas de natalidad están cayendo drásticamente, en Europa de forma diferente. Hay muchas más familias monoparentales en Europa, aunque las cifra también varían. Este crecimiento se debe sobretodo a que hay más madres solteras, pero también a que hay más divorcios y separaciones. Muchos niños en las familias de dos padres están en familias que llamamos reconstituidas. Todos estos cambios tienen efectos profundos sobre la experiencia de la infancia y en las oportunidades vitales de estos niños. Una última transformación que se ha debatido en la última ponencia ha sido el crecimiento de la diversidad étnica resultado de la inmigración de todo el mundo. Los emigrantes solían ocupar los peores trabajos y las peores casas. Las economías y sociedades europeas, en general, casi siempre han ganado con esta inmigración. Y la mayoría de los países de origen, posiblemente, hayan perdido. Aunque hay comunidades en muchos países que se están enfrentando a numerosos problemas. Por ejemplo, hay un colegio de educación secundaria en Londres con alumnos que hablan 40 lenguas diferentes en sus casas. En algunas zonas, las desigualdades, el resentimiento y la discriminación conducen a la tensión política y al apoyo a los partidos políticos racistas y a la violencia interracial.
El espacio social europeo En términos políticos, se está dando una transformación. En las últimas elecciones, en Gran Bretaña, los asuntos clave eran la calidad de los servicios sanitarios y la educación. No era una división clara de partidos de izquierda y de derecha, de cuánto habría que gastarse, con qué nivel de fiscalidad. Por primera vez, los tres grandes partidos estaban de acuerdo sobre la necesidad de mejorar los servicios públicos, pero no estaban de acuerdo en cómo lograrlo. El gasto público en servicios sociales ha crecido en toda Europa. Los gastos sociales superan considerablemente los gastos más tradicionales de gastos públicos como la defensa. La política social se ha transformado. Antes formaba parte del coro y ahora está en pleno papel de protagonista en la política europea. También se ha dado otra transformación con el crecimiento de la Unión Europea en los últimos años. Y ha aparecido la preocupación de que el espacio social debe tener igual importancia que los temas económicos. La ampliación prevista va a asumir nuevos países europeos que traerán también más transformaciones. Otro gran cambio, transformación, ha sido el aumento de preocupación por la globalización. Antes los problemas se consideraban de manera local o nacional, ahora se considera cómo encajan dentro de un mundo globalizado. ¿Nuestro sistema de educación resulta adecuado para mantenernos al día con la competencia global? ¿Si la protección social se amplía, va a dañar esto a nuestro nivel de competitividad? ¿Deberíamos, quizá, seguir el denominado consenso de Washington y limitar los servicios públicos y privatizarlos dando así mayor prioridad a los resultados económicos sobre los temas sociales? ¿O deberíamos ignorar a los neoliberales que quieren eliminar el estado y decantarnos más por la solidaridad social? La mayoría de los servicios humanos: enseñar al niño a leer, cuidar a los ancianos, ayudar a los adolescentes con problemas... no se pueden globalizar porque dependen del contacto cara a cara, del contacto personal. Con todo, la revolución en la velocidad de coste de las comunicaciones va a modificar las relaciones sociales e internacionales. De momento, hasta ahora parece que ha reforzado más que invertido las tendencias hacia la concentración de población en conurbaciones como Barcelona y Londres. Los Estados de bienestar nunca se han visto como una herramienta para la inclusión social. De hecho, este concepto es muy reciente, pero sí se veía como una forma de solucionar los problemas sociales más graves. Nada ha provocado más dudas que el hecho de que, a pesar de grandes aumentos en gastos sociales, muchos problemas sociales han empeorado. Por ejemplo, Charles Murray, en EE.UU., en su libro “Loosing Ground” (“Perdiendo Terreno”), indicaba el mayor gasto para asuntos de pobreza como algo que acompaña un aumento en la pobreza y establecía una relación de causalidad. Y se saltan muchas otras influencias que han sido totalmente destruidas por los científicos sociales americanos, pero, claramente, hay preocupaciones genuinas sobre el nivel de pobreza y exclusión social, que existe a pesar del aumento en gasto social.
Manifestaciones de la exclusión No me centraré en la definición de exclusión social, estos debates absorben a muchos académicos y parece que no logran gran cosa, pero sí es cierto que hay muchas manifestaciones de exclusión social que quedan perfectamente visibles en la mayor parte de Europa. Primero, está que la pobreza continuada se mantiene en comparación con los estándares de vida prevalecientes. Hay gran número de niños que viven en niveles de pobreza, es decir, por debajo del 60% de los ingresos equivalentes medios. Esto varía del 3% de Dinamarca, el 25% de España y el 39% en Gran Bretaña. Segundo, está el desempleo, sobre todo el desempleo de larga duración, la incapacidad de encontrar trabajo, pérdida de ingresos, la falta de estructura que el trabajo remunerado da a muchas vidas y la sensación de fracaso, sobre todo si el desempleo pasa de semanas, a meses, a años. Todo esto puede provocar una sensación gravísima de exclusión social. Hasta mediados de los 70, pocas naciones europeas tenían altas tasas de desempleo y las enormes tasas de desempleo de la década de los 20 y los 30 parecía que habían desaparecido para siempre. Ahora, con niveles de desempleo récord en la Europa de posguerra en Alemania y niveles de desempleo de larga duración de más del 5% en España e Italia, la preocupación por el desempleo ha vuelto. Una tercera preocupación es la continuación de la desigualdad de género y el fracaso en el intento de conseguir igualdad de oportunidades para todos, un objetivo de muchos Estados de bienestar. La importancia de la división de género en el trabajo no remunerado ha quedado bien clara y la mayoría de los Estados de bienestar sólo la han modificado muy ligeramente. También la desigualdad racial supone un problema en vivienda, educación y empleo. Las minorías étnicas son las más discriminadas en muchos países, incluso en los casos en que la discriminación directa es ilegal y limitada, las prácticas que resultan en una discriminación indirecta abundan. Otras formas de desigualdad también resultan de preocupación social ya que derivan, de hecho, en exclusión social. Las personas con discapacidad siguen estando en peor posición, en términos de mano de obra, como resultado de desventajas en educación, en movilidad, debido a problemas de acceso al transporte y, en la vida cotidiana, debido a los problemas de acceso a edificios. Sobre todo, los más ancianos y frágiles se ven excluidos de muchas actividades y esta exclusión puede que no esté aumentando, pero sí que está resultando más aparente y más inaceptable. Las preocupaciones sobre la vivienda continúan, a pesar de unas mejoras considerables en general. Están las personas que viven de una manera temporal o durante largos periodos de tiempo en las calles, los sin hogar, los sin techo, que representan la forma más extrema de exclusión social. No sólo no tienen una vivienda decente, sino que tampoco suelen tener acceso a servicios de sanidad o de empleo y tienden más a problemas de adicción a alcohol y drogas y suelen ser, además, víctimas de crímenes violentos. Otro gran problema de vivienda en toda Europa es la creación de guetos, barrios marginales, con una alta concentración de pobreza, desempleo, problemas familiares, violencia racial y otros crímenes. Estos barrios carecen de capital social y estructura comunitaria hasta tal punto que muchos jóvenes sólo están socializados en un ciclo de caída en un agujero sin fondo. A medida que los crímenes violentos aumentan en muchos países,
esto lleva a una forma de exclusión social basada en el miedo.
Muchos, sobre todo las mujeres, los ancianos y las minorías
étnicas, tienen miedo de salir a la calle cuando está
oscuro o cuando se ha puesto el sol, y las calles se convierten en
zonas “no go”, en zonas a las que no va nadie. La protección,
la seguridad que da lo que Jane Jacobs llama “los ojos de la
calle”, desaparece. Así que se establece, continúa,
un ciclo de inseguridad: queda más gente excluida y más
gente se siente excluida de la libertad básica de sentirse
seguros ante un ataque.
Ideas para la inclusión social Vemos así que estos problemas suponen un gran desafío para la política social. ¿Cómo podría, entonces, lograrse la inclusión social? En el Consejo Europeo de Niza de diciembre del 2000, los estados miembros de la UE se comprometieron a desarrollar sus prioridades de política para combatir la pobreza y la exclusión social, basándose en cuatro objetivos en los que se pusieron de acuerdo. Primero, facilitar la participación en el mercado laboral y acceso al mercado laboral para todos, con sus recursos, derechos, bienes y servicios; segundo, prevenir los riesgos de la exclusión, y se subrayó la importancia de la igualdad de oportunidades y derechos entre hombres y mujeres; el tercer punto sería ayuda a los más vulnerables y el cuarto movilizar los cuerpos relevantes. Esto ya es un progreso porque con la señora Thatcher de esto ni siquiera se hablaba. Estos objetivos son importantes, pero dejan muchas decisiones difíciles para facilitar la participación en el mercado de la mano de obra. ¿Qué significa esto para la atención de los niños, acceso de los derechos, bienes y servicios? Maravillosa ambición, pero no todos pueden disfrutar de los cinco palacios que tiene la Reina de Gran Bretaña. A la hora de prevenir los riesgos de la exclusión, ¿hasta qué punto pueden intervenir los gobiernos en decisiones personales, decisiones privadas, que a veces resultan en exclusión social y pobreza? Por ejemplo, la política sobre embarazos adolescentes, o niños que cuidan a unos padres ya ancianos, pueden afectar la exclusión social, pero hay límites para el nivel hasta el cual la legislación puede ayudar a fomentar ciertos comportamientos. La ayuda a los más débiles es claramente deseable, pero si esta ayuda se dirige sólo a los más vulnerables, puede evitar que aquellos que sean un poco más hábiles pasen a ser más vulnerables. Al solicitar la movilización de todos los cuerpos relevantes sólo existe la implicación de estos cuerpos u organismos, organismos que trabajan con grupos vulnerables y servicios sociales. Sin embargo, una actuación puede depender de la industria de la venta y la calidad y disponibilidad de alimentos en las tiendas. En Gran Bretaña, hay miles de tiendas rurales que cierran todos los años por culpa de los supermercados y la inclusión de las personas con discapacidades puede depender de la arquitectura. En Barcelona me he quedado sorprendido por la fantástica visión de Gaudí, pero me parece que no cumpliría con la normativa actual de acceso para personas con discapacidades. Así, en cierto sentido, todos los organismos son relevantes y responsables a la hora de hablar de inclusión social. El estudio de la Comisión Europea de Planes de acción nacional contra la pobreza y la exclusión social, identificó 10 factores de riesgo clave: dependencia a largo plazo de unos ingresos bajos o no adecuados; desempleo de larga duración; empleo de baja calidad; bajo nivel de educación; crecer en una familia vulnerable; discapacidad; mala salud; vivir en una zona de desventajas múltiples; condiciones de vivienda precarias o estar sin techo; y, por último inmigración, etnicidad, racismo y discriminación. El informe conjunto sobre inclusión social declara que las causas y consecuencias de la pobreza suelen estar entretejidas. Así, varios estados miembros subrayan el desafío de romper el ciclo de la pobreza o pobreza intergeneracional si no queremos que algunas personas y grupos de personas se marginalicen aún más y queden más alienados del resto de la sociedad. Analizan 8 desafíos esenciales: el desarrollo de un mercado laboral inclusivo, garantizar ingresos adecuados: abordar el problema de las desventajas educacionales; preservar la solidaridad familiar; garantizar una vivienda adecuada; garantizar los accesos igualitarios a los servicios de calidad; mejorar la entrega de los servicios y la regeneración de las zonas con grandes problemas. Estos desafíos son esenciales y están bien estudiados.
Teoría y realidad Todos los estados miembros han dado sus primeros pasos al respecto, sin embargo, resulta dudoso si estos primeros pasos bastan; al igual que la inclusión social resulta esencial para el futuro de la sociedad, toda la sociedad y la economía son esenciales para la exclusión social. En muchos países se están dando elementos que empiezan a abordar los problemas de exclusión social. Ahora, ¿se solucionan los desafíos esenciales? Esto queda por ver. Permítanme unos ejemplos de la Gran Bretaña. Se ha trabajado mucho para desarrollar un mercado laboral inclusivo con nuevos acuerdos con los desempleados y más condicionalidad, imponiendo requisitos al trabajo-formación, pero el antiguo objetivo del empleo total ha sido substituido por un concepto vago de oportunidades de empleo total para todos. Mientras la economía estaba creciendo y el desempleo estaba
cayendo, esto no era problema, pero si los más vulnerables
van a estar mejor colocados para enfrentarse a una recesión
económica, esto queda por ver. Además, muchos de los
que están ahora empleados siguen estando en situación
marginal, con empleos de baja remuneración que no van a ninguna
parte o fluctuando entre el empleo y el desempleo. Tony Blair ha establecido
el objetivo ambicioso de abolir la pobreza infantil en una generación.
Esto se va a lograr con tres tipos de medidas. Primero, abordando
las grandes causas a largo plazo de la pobreza, como el fracaso educativo,
el embarazo de las adolescentes y la mala gestión de los padres;
segundo, a través de los nuevos acuerdos, buscando o promoviendo
el empleo; tercero, la redistribución, a familias con niños,
sobretodo a las familias más pobres, trabajadoras, mediante
unos nuevos planes de créditos administrados por las autoridades
fiscales, bajo control del Ministerio de Educación. En el tema de la salud, se ha querido mejorar la provisión de servicios para aquellos que están enfermos. Medidas preventivas que podrían ser más eficaces para mejorar la situación han tenido menos prioridad. En lo que se refiere a las comunidades y el entorno social, las prioridades del gobierno británico han sido mejorar la situación de las peores viviendas al introducir nuevas medidas medioambientales. Sin embargo, las condiciones sociales tienen que ver con la composición de los residentes. En otras palabras, las zonas peores, donde faltan tiendas, faltan servicios, etc., siguen siendo para las mismas personas. Y aquellos que pueden huir de ello lo hacen y aquellos que llegan de nuevo son los que acaban en estas zonas. Por lo tanto, es muy difícil que haya un desplazamiento de una comunidad disfuncional a una zona de una comunidad que funciona, que sea dinámica y que pueda apoyar a sus habitantes. La extensión de la UE y la entrada de doce nuevos miembros en los próximos años es un paso hacia esta inclusión social. La UE se incrementará con unos 100 millones de personas, es decir, una cuarta parte de su población, y esto podría aportar nuevas ventajas. Pero hay muchos temas en lo que se refiere a la pobreza y a la exclusión social que hay que examinar. La UE actual de quince naciones tiene niveles de ingresos que están dentro del 25% de la media de la UE. El país nuevo más grande, que tiene una población del 10% de la Unión actual, tiene un PIB de menos de la mitad de la media de la UE. Bulgaria, Letonia, Lituania y Rumania tienen aproximadamente una cuarta parte del producto interior bruto de los que están al frente de la UE. Si definimos la pobreza en términos nacionales, entonces la mayoría de los países nuevos tendrán altos niveles de pobreza, pero ¿debemos definir la pobreza basándonos en estándares nacionales? Si la Unión de Europa tiene la aspiración de ser un espacio social único, entonces, ¿puede tener sentido tener esos estándares de pobreza que se reflejan en el nivel de vida en cada uno de los estados? Si se utiliza un estándar de riqueza común, esto transforma el mapa de la pobreza y de la exclusión social. La gran mayoría de aquellos que van a entrar en la UE con esta ampliación están por debajo de la mitad de la media de la UE en su nivel de consumo por cápita. De hecho, la ampliación de la UE permitirá la entrada a sociedades que son, según los estándares de la UE actual, pobres. ¿Cómo pueden, entonces, promocionar mejor estos Estados de bienestar la inclusión social? Los Estados de bienestar que han sido fundados con vínculos al empleo y sobre las divisiones de sexo y las divisiones de la edad y una separación de las políticas sociales de las políticas económicas, no han sido un buen ejemplo para adaptarse a la transformación social y económica que he descrito. El reto, por lo tanto, es encontrar maneras para cambiar esto y promocionar la inclusión social y hacer que la UE sea un espacio social con oportunidades genuinas para todo el mundo.
Pensar más allá de la prevención ¿Cómo podría hacerse? Quisiera sugerir algunas direcciones hacia este cambio, sin pensar, sin suponer, que tenga la respuesta completa. Anthony Giddens, el director de la London School of Economics, donde trabajo, ve el Estado de bienestar como habiéndose preocupado demasiado en la respuesta a los problemas y demasiado poco preocupado por evitarlos. Él escribió: “en lugar del Estado de bienestar, deberíamos tener el estado de la inversión social, que funcione en el contexto de una sociedad de bienestar positivo”. Las políticas activas parecen ser más atractivas que las políticas pasivas. Es mejor ayudar a pescar que regalar un pez. Pero, como escribió Gösta Esping-Andersen, la activación parece ser una alternativa mejor que un apoyo de ingresos pasivos, pero ¿puede sustituir adecuadamente las garantías básicas de bienestar? Creo que no. John Hills, director del Centro de Análisis de la Exclusión Social, dónde trabajo, ha propuesto en un libro reciente que él ha escrito “Understanding social exclusion” (Cómo comprender la exclusión social), que debemos pensar más allá de la prevención. Él propuso cuatro palabras que empiezan en inglés por “P”: en primer lugar, la prevención de un evento o la reducción de riesgo de entrar en un estado no deseado, por ejemplo, a través de la educación o la formación para mejorar la retención de empleo; en segundo lugar, la promoción de la salida o el escaparse, por ejemplo, en el caso de políticas de bienestar para trabajar; en tercer lugar, la protección en contra del impacto de un evento, por ejemplo, el pagar beneficios a aquellos que se han quedado en desempleo; y el cuarto punto, la cuarta “P”, es la propulsión alejándose de las circunstancias adversas reenfatizando los beneficios de la salida, por ejemplo, los beneficios del trabajo en sus ingresos para aquellos que dejan de recibir del desempleo o políticas que aseguran que la siguiente carrera sea en una dirección ascendente. Es decir, que las personas busquen la mejora y puedan tener un acceso a esa mejora de sus condiciones. No todos los eventos adversos se pueden evitar y, en ese caso, las políticas activas pueden hacer poco y, por lo tanto, debe existir una protección pasiva. No es suficiente, a veces, promocionar o fomentar un cierto comportamiento, sino que debe haber un refuerzo de los beneficios de los cambios de comportamiento a través de esta propulsión. En general, es importante enfatizar la dinámica de la inclusión social en vez de la exclusión social.
Inclusión social y empleo Hay preocupación de que la inclusión social se considere únicamente a nivel del empleo; otros aspectos, como la participación política o como la inclusión de los ancianos, también son importantes. A pesar de ello, el empleo es un aspecto crítico. ¿Qué podemos hacer para mejorar la inclusión social en lo que se refiere al empleo? Los colegios suelen estar separados del mundo laboral y esto hace poco para mejorar las perspectivas de empleo de los jóvenes. El primer paso sería eliminar esa separación que existe entre la educación, la enseñanza y el trabajo. Para los padres, poder recibir ayuda para el cuidado de los niños es crítico para su empleo. En Gran Bretaña los horarios de los colegios, las fiestas, están basados más en el pasado, en las conveniencias de los profesores, que en las necesidades de familias donde tanto padre como madre trabajan. Y eso no tiene sentido. La formación tiende a ser una situación de una única vez, que empieza al principio de la vida laboral. Para rescatar aquellos que están en trabajos de salarios bajos debe ofrecerse una formación continuada. La protección social suele limitarse únicamente a los que trabajan a tiempo pleno. Para muchas mujeres, y otros que solamente pueden trabajar a tiempo parcial, esta protección tiene que basarse sobre su ciudadanía más que sobre el hecho de trabajar a tiempo completo. La división entre hombre y mujer sigue estando relacionada con una división social de la responsabilidad sobre los hijos. Y esto es algo que tiene que cambiarse, aunque esto en sí no sea suficiente. La preparación para ser padres se basa en la suerte, porque realmente no hay una preparación concertada para preparar a los padres y cada vez cobra mayor importancia. Las edades de jubilación, de retiro, siguen siendo un aspecto de segregación y también de exclusión de las personas ancianas. Es importante que haya un apoyo de aquellos que son activamente productivos entre los jóvenes, por ejemplo, los nietos que cuidan de sus abuelos. Actualmente, hay la necesidad de promocionar un mayor sentido de propiedad y responsabilidad de todos los servicios sociales. Si no, si las personas desean utilizar los servicios sociales pero no están dispuestas a pagar los impuestos y defender estos servicios, estos se deteriorarán y los que puedan pagárselo buscarán unos servicios privados y, una vez más, llevará a una polarización y a una exclusión social de los pobres. Por lo tanto, la promoción de mayor involucración en un sistema de justicia y el poder tener una mayor participación con la comunidad si vamos a abordar los problemas de las pandillas, de las drogas, y a hacer que las ciudades y las calles sean lugares seguros. El trabajar conjuntamente con los grupos comunitarios en las zonas más deprimidas es esencial si estas áreas quieren gozar de las prestaciones y del nivel que tienen las zonas de clase media. Para que la inclusión social tenga mayor prioridad es importante que haya un conocimiento en todo el espectro político de los costes de la exclusión social. Por lo tanto, tiene que haber una responsabilidad moral. La exclusión social es creada por un sistema económico y social que trabaja a favor de la mayoría. Por lo tanto, los que salen ganando tienen la responsabilidad moral de ayudar a los perdedores en estos aspectos. La inclusión social es fundamental para el futuro de nuestra sociedad. Sin ello, tenemos grandes niveles de polarización y de desigualdad y una existencia más atomística que tiene que ver con altos niveles de control social, delincuencia, tensión y, cada vez, más exclusión social. El precio, si no respondemos con estas transformaciones a nuestras sociedades y si no abordamos el problema de la exclusión social, será un precio muy alto. Nosotros, en Europa, en mi opinión, nos enfrentamos a una elección muy clara: promocionar la inclusión social o bien enfrentarnos a la exclusión social y a sus consecuencias. Y esta elección también tendrá que afrontarse a nivel global: o bien estamos todos unidos, o caeremos por separado. David Piachaud. Este artículo es la transcripción de la ponencia desarrollada
por el autor en el encuentro “La participación de la
sociedad en el Estado de bienestar del siglo XXI”, organizado
por el “Forum Europa” los días 19, 20 y 21 de marzo
del 2003 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona
(CCCB) y patrocinado por la Diputación de Barcelona.
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