Albert Fina: Al servicio de una causa

Miquel Roca i Junyent

Haré un poco la trampa, como lo hubiera hecho Albert, es decir, aprovecho que hablo del abogado para hablar de muchas cosas. No habría ido nunca a un juicio del TOP si sólo hubiera hablado de lo que convenía. Él hablaba de lo que tocaba y de lo que tenía que decir, y hoy también lo haré yo. Lo haré porque es inseparable hablar de Albert Fina y de su compromiso social, o sea, distinguir entre Albert Fina como abogado, y su compromiso social es imposible. Es decir, para él el ejercicio de la profesión, como decía Isidre, era un ejercicio riguroso, hecho desde la conciencia de la persona que decía que "para defender la causa en la que yo creo, lo tengo que hacer con el trabajo del derecho, pero servida con rigor, con eficacia, con conocimiento, con competencia" y para él, evidentemente, su ejercicio profesional como abogado era utilizar, en el mejor de los sentidos, la herramienta del derecho para ponerla al servicio de una causa, un compromiso social y político. Y en este sentido, hoy pienso que que nuestra obligación es incluso trascender la persona de Albert, para decir que este es un homenaje a muchas personas que Albert, en cierta manera, identifica como este tipo de personas que, desde su profesión durante los largos días de la Dictadura -esto ahora ya no se dice, ahora se dice "el régimen anterior"- hicieron posible que en este país hubiera esperanza. Es decir, gracias a Albert Fina, a Montserrat Avilés y a muchos otros, en este país durante muchos años, que eran de un panorama muy gris y muy oscuro, había la esperanza quienes encontraban en los pequeños intersticios en los que podían operar motivo de ir introduciendo cuñas a partir de las que iban moviendo el bloque monolítico de lo que representaba el régimen totalitario.

Albert fue una herramienta fundamental en esta línea, a la que yo me incorporé, al Colegio de Abogados, en el año 61 y, para entendernos, no sé qué día ni a cuantas horas después le conocí, pero al cabo de poco era imposible estar en el Colegio intentando hacer una vida de oposición a todo lo que representaba en aquel momento la situación anterior, no lo podíamos hacer sin estar, evidentemente, inmersos y tocando muy de cerca lo que representaba Albert Fina. En aquel momento la conspiración era perseguida, pero también había un cierto gusto por la conspiración, y Albert era un hombre de conspiración a su manera. Una conspiración de Albert que tenía mucha gracia, y era que él siempre sonreía. Para decir las cosas más "gordas" las decía, normalmente, sonriendo, cosa que ponía terriblemente nerviosos a sus adversarios, porque te gustaba mucho que tu adversario, cuando dijera algo, la dijese muy enfadado... Montserrat en este sentido lo hacía peor. Pero Albert era la imagen amable y sonriente de la pareja en las cosas más fuertes y dolorosas, y en este sentido tenía mucha eficacia. Yo recuerdo visiblemente, algunos juicios del TOP en que las intervenciones de Albert ponían muy nerviosos a los Magistrados. Ahora tampoco se puede decir, pero sí, les ponía muy nerviosos porque, no solo decía las cosas bien, y decía lo que tenía que decir sino que le intentaba convencerles de que no hacer lo que él les decía era una canallada. Y hacían la canallada. Porque, evidentemente, ellos también servían al Derecho desde un mismo compromiso, exactamente el contrario, es decir, hacer que la Dictadura perdurase. Y, por tanto, esta era la confrontación que existía. Albert tuvo, en su actuación, unos cuantos activos que tenemos que reconocerle a él y a tanta gente que con él colaboraron y formaron, y que tanta tradición y significación tuvieron en lo que representa este país. Es decir, sería, a mi entender, difícil que pudiésemos estudiar la conformación del sindicalismo en nuestro país sin personas como las que representaron aquel tipo de abogados como Albert Fina. Sería muy difícil de comprender. Y sería muy difícil comprender lo que representó toda esta función del laboralismo en una cosa muy importante. Es decir, los méritos de la transición política son muchos los que se los pueden apuntar.

En nuestro país tuvimos una transición social que jugó un papel eficacísimo, porque teníamos situaciones que podían haber permitido condiciones objetivas, que diríamos que hubieran podido permitir explosiones difíciles de controlar. En aquel momento hubo personas que supieron, desde las vías de la reivindicación y de la defensa de la clase trabajadora de este país, conducirlos hacia lo que debería de ser la explotación de sus sentimientos en una línea constructiva de acción sindical, de acción política, de acción de país. Es decir, eso que siempre hemos dicho, esta visión global de Catalunya. No deberíamos olvidar que si, históricamente, antes de la Guerra Civil también tuvo sus puntos fundamentales en lo que representó el sindicalismo de clase en Catalunya, es evidente que también en la etapa de la Transición lo que representaron estos laboralistas, y lo que representó su aportación al sindicalismo jugó una carta decisiva. Y dentro de esta carta decisiva, Albert Fina fue un testigo excepcional, un punto de referencia muy importante. Lo hizo en tres campos, como se ha dicho aquí: primero desde la perspectiva de abogado laboralista en la que, lo que ha dicho Isidre y creo que también Francesc Casares en su artículo, yo estoy de acuerdo, es decir, fueron ellos aquellos que supieron fundamentar con rigor, con severidad, lo que tenía que ser la aplicación de un derecho al servicio de aquellos que necesitaban de la protección de alguien que se la pudiese dar. Hubo también su actuación en el caso de los TOP's y de los Consejos de Guerra. Yo tengo una imagen, Montserrat, puede que nunca te lo haya explicado, una imagen vuestra, de Albert y tuya, cuando éramos compañeros, juntamente con otros, en las noches de navidad. Ahora que, se intenta olvidar la memoria porque hay quien dice que esto no está bien, la perversidad del Sistema consistía en que, normalmente, afectados por el clima navideño, el Tribunal de Orden Público daba las libertades la Noche de Navidad, pero lo hacían normalmente a las ocho de la tarde para que, de esta manera, la libertad llegase hacia las diez de la noche en el juzgado de guardia, y entonces tuvieses que constituir la fianza, la cual tenías que constituir en efectivo, porque ya se había cerrado la delegación de Hacienda, y entonces había juez que la aceptaba y juez que no la aceptaba. Y entonces, finalmente, conseguías llevarla a la prisión donde, finalmente, cerca de la madrugada, salían, pobres, con una gran ilusión y entonces, dentro de las funciones importantes de los abogados de aquella época, los acompañábamos a casa. Porque este era el servicio jurídico más importante que podíamos hacer en aquel momento.

Bien, pues esto Albert lo hacía, y tú Montserrat, no te lo puedo decir de ti misma porque me parece demasiada proximidad para decirlo sin que nos ruboricemos, pero quiero decir que, sonriendo, ¿qué se puede hacer la noche de Navidad?, pues estar allí, era normal, era obvio, él siempre cumplía con esta obligación desde la máxima naturalidad, no estaba haciendo nada excepcional, estaba haciendo lo que le tocaba hacer, de acuerdo con su compromiso. En este sentido fue una persona muy excepcional, un maestro de todos nosotros. Un maestro de todos nosotros como lo fueron, en este aspecto, por ejemplo, desde el punto de vista del TOP, lo que representó Soler Barberá.

El amigo Soler Barberá fue, en este sentido, un maestro de todos. Nosotros, al menos yo, en mi juventud me enfadaba a menudo, y él decía: "Bueno, ya se sabe, ¿qué quieres que hagan ellos? Nos tienen que hacer jugadas así" y él mantenía, entre los que éramos más jóvenes eso de "después de este fracaso vendrá otro, y otro, y después otro fracaso..., es igual, pero nosotros tenemos que hacerlo".

Y, por último, la actuación colegial. El Colegio de Abogados de Barcelona, si ha representado alguna cosa en la historia de la Transición y en los movimientos de este tipo, se lo debe a muchos y muchos abogados como Albert Fina. Y Albert, que nunca estuvo en la junta, nunca -te enviaba a ti, o a mí, que te sustituí- pero él aunque no estaba, absolutamente siempre estaba, y era una persona que decía: "Bueno, pero tendríamos que plantear tal cosa, tendríamos que hacer este escrito, tendríamos que...", y entonces, a la pereza, que es lógica, y al estancamiento tecnológico de una corporación profesional, habían unas cuantas personas que actuaban sobre su conciencia de manera constante, y consiguieron que el Colegio de Abogados tuviera un protagonismo importante en una etapa, que hoy llorarían de rabia y de disgusto de no haberla podido protagonizar. El Colegio de Abogados, siguiendo la línea y la trayectoria que siempre se ha querido proclamar, tenía que jugar el papel que jugó, pero lo hizo gracias a personas como Albert Fina: Por tanto, yo creo que, en estos momentos, Montserrat, puedes estar satisfecha, porque cuatro años después de la muerte de Albert Fina, un conjunto de amigos estamos aquí para, de hecho, homenajearlo a él, pero recordarnos a todos nosotros que aquellos que hiciomos con diferentes actitudes, orientaciones... valía la pena. Y hoy Albert puede tener la satisfacción de que su nombre se asocia con un proceso de cambio que valía la pena. Y esto, pienso que, Montserrat, en tu disgusto personal, en tu añoranza, en tus recuerdos, también hay una satisfacción que no tienes derecho a negarte, te prohibimos que te la niegues, que es la de decir, "pues mira, todo ese conjunto de sacrificios, todas aquellas cosas que hemos sufrido, todo valía la pena". Y, por tanto, como valía la pena, nos quedamos con aquella sonrisa que el propio Albert nos haría.

 

Miquel Roca i Junyent.
Abogado.

Discurso pronunciado el 28 de mayo de 2001 en el Palacio de la Generalitat de Catalunya con motivo del acto de homenaje a Albert Fina.