Cooperación al desarrollo e internacionalización de los servicios sociales básicos

 

Teo Sánchez y Olga del Río

 

"La tierra brinda lo suficiente para satisfacer las
necesidades de tod@s, pero no la codicia de tod@s"

Mahatma Gandhi

 

 El propio concepto de desarrollo, y las políticas de cooperación al desarrollo evolucionan históricamente vinculadas al contexto en que se dan y a los intereses que defienden.

Así, "en un momento de interdependencia –según Ignacio Ramonet- cada vez más estrecha de las economías de todos los países, de la libertad absoluta en la circulación de capitales, de la supresión de barreras aduaneras y reglamentaciones y de la intensificación del comercio y del librecambio animados por el Banco Mundial, el FMI, la OMC y la OCDE, ejecutores de políticas neoliberales que se traducen en una reducción significativa del papel de los agentes públicos, en un saqueo ecológico, en una explosión de las desigualdades y en el retorno masivo de la pobreza y el paro", nos encontramos con una cooperación al desarrollo acorde y que se concreta en los programas de ajuste estructural.

Hay tres aspectos importantes a considerar en cuanto a lo que entendemos por "desarrollo": en primer lugar la equivalencia implícita en muchos discursos entre desarrollo y capacidad de consumo. En segundo lugar la existencia de límites al "crecimiento" es decir, la imposibilidad de extender a escala planetaria los niveles de derroche y consumo irresponsable de los países industrializados. Y, en tercer lugar, la falta de reconocimiento del "norte" de que esto es así.

Según el Informe del PNUD sobre Desarrollo Humano de 1998 centrado en el consumo, el 20% de los habitantes de los países de mayor ingreso hacen el 86% del total de los gastos en consumo privado, y el 20% más pobre, un minúsculo 1,3%. Este hecho afecta también a los países industrializados: el nuevo índice de la pobreza humana (IPH-2) revela que entre el 7% y el 17% de la población de estos países es pobre.

Sin embargo después de "superar" formalmente que desarrollo es igual a crecimiento económico, las políticas neoliberales imperantes continúan dogmáticamente ancladas en dicha equivalencia. Y, para constatarlo, no hace falta más que comprobar que, según Rondinelli, "las políticas actuales de cooperación para el desarrollo se basan en los programas de ajuste estructural para: a) resituar las economías en el mercado mundial; b) promover la empresa privada; y c) promover el comercio mundial y la inversión".

No es suficiente con afirmar que todo programa que favorezca el desarrollo económico de un país del Sur, contribuye a erradicar la pobreza. Así, siguiendo la máxima de que si los hechos no coinciden con la teoría peor para los hechos, y ante la recurrente comprobación de que los programas de ajuste estructural no sólo no siempre inciden positivamente en el desarrollo de los países en los que se aplican sino de que, en numerosas ocasiones, actúan en sentido contrario -tal y como ha sido denunciado por numerosos estadistas de los países receptores o como han señalado numerosos analistas- los planes de ajuste estructural siguen siendo en eje principal de la AOD y en numerosas ocasiones ofrecidos como la única posibilidad a los países en desarrollo.

En este sentido, el propio Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reconoce en sus documentos que la distribución del ingreso se ha vuelto más desigual, ha aumentado el desempleo y los niveles de pobreza son superiores a los de 1980. Se ha conseguido un cierto crecimiento a costa de la equidad y del incremento de la pobreza.

 

La AOD y el gasto social

La cuestión principal que se plantea al hablar de la AOD realizada por el CAD suele ser la de eficacia, es decir, la capacidad de influir en la reducción de la pobreza (objetivo prioritario según las declaraciones formales).

Sin embargo, según estimaciones del PNUD, solo el 16% de la AOD bilateral del CAD se destina a sectores sociales (el 20% de la UE), es decir a educación, sanidad, seguridad social, agua, vivienda, etc. Además sólo el 7% de esta AOD (el 9% de la UE) se dirige a las áreas de prioridad humana. La AOD multilateral tampoco va mucho más allá, pues dedica el 16% a áreas de prioridad humana.

En la casi totalidad de los discursos y documentos se incluye la erradicación de la pobreza como prioridad. Sin embargo en las políticas aplicadas y centradas mayoritariamente en los programas de ajuste estructural, dicha prioridad no constituye realmente el centro de la mayoría de los programas de ayuda, tampoco en el caso español.

En el "Informe sobre la realidad de la Ayuda" de 1997, se señala el hecho de que únicamente el 11% de la AOD española bilateral se dedica a Servicios Sociales Básicos (SSB). Los instrumentos utilizados para la gestión de dichos fondos son básicamente las ONG’s y la cooperación descentralizada que gestionan un 73,1% de los mismos.

 

¿Un nuevo paradigma del desarrollo?

En el Informe sobre Desarrollo Humano 1994 del PNUD, se manifiesta la necesidad de "...un nuevo paradigma del desarrollo que coloque al ser humano en el centro del desarrollo, considere el crecimiento económico como un medio y no como un fin, proteja las oportunidades de vida de las futuras generaciones al igual que las de las generaciones actuales y respete los sistemas naturales de los que dependen todos los seres vivos".

El desarrollo humano sostenible asigna la máxima prioridad a reducir la pobreza y promover el empleo productivo, la integración social y la regeneración del medio ambiente. Igualmente coloca en un lugar central a las mujeres y fomenta la autonomía de las personas posibilitando que diseñen los procesos y acontecimientos que conforman sus vidas y participen en ellos.

Hay que destacar que este nuevo concepto de desarrollo ha sido ampliamente asumido por los países donantes en sus declaraciones y compromisos internacionales como los surgidos de la Cumbre Social de Copenhague. Falta sin embargo concretarlos en la ejecución de políticas de cooperación acordes a los mismos.

Tal y como podemos observar, el concepto de prioridad humana contiene numerosos aspectos que podemos incluir dentro del genérico servicios sociales y que de hecho, constituyen el campo de actuación de estos en los países industrializados, normalmente con alcance universal en los respectivos territorios.

De hecho, tanto en España como en la Unión Europea existen mecanismos de promoción económica y redistribución de la renta, fondos de cohesión territorial y servicios sociales amplios (incluyendo el salario social) que no se entienden como excluyentes.

Si se considera necesaria la existencia de dichos servicios sociales en sociedades como la europea –paradigma del desarrollo--, parece lógico comprender la necesidad de los mismos en sociedades con desigualdades extremas en la distribución de la renta y con la mayoría de la población sumida en la pobreza o en la extrema pobreza.

Igualmente, si es cierto que nos encontramos en un proceso de globalización que afecta a todo el planeta y que configura un espacio único e interdependiente. ¿Qué impide asumir la "globalización" del modelo de desarrollo de los países donantes que incluye sus mecanismos de desarrollo y sus Servicios Sociales?

 

Nuevo internacionalismo y políticas de cooperación

La mundialización económica -cuyo principal motor es la optimización a escala planetaria del capital financiero-, ignora y rebaja a las naciones y a sus estados en tanto que espacios constituidos para el ejercicio de la democracia y como garantes del bien común. Según señala Ignacio Ramonet: "La mundialización financiera ha creado de esta forma su propio Estado. Un estado supranacional, que dispone de sus propios aparatos (FMI, BM, OMC y OCDE). Este Estado mundial es un poder sin sociedad ya que este rol es ejercido por los mercados financieros y las grandes empresas" y, por lo tanto, sin los aparatos de que dicha sociedad se ha dotado históricamente para organizarse. Asistimos a escala mundial a un gobierno económico de la política, en expresión de Díaz Salazar, en vez de a un gobierno político de la economía que permita una estrategia mundial de resolución de los problemas de la pobreza y la miseria extremas.

El impulso a una nueva política de Cooperación y Ayuda Oficial al Desarrollo, constituye hoy en día, una forma concreta de construir un nuevo modelo de relaciones internacionales. Se trata pues de proponer nuevas políticas de cooperación y de AOD, no de rechazar estas en sí mismas.

Por ejemplo, para impedir el bloqueo del desarrollo humano y social básico de los países empobrecidos -además de resolver el problema de la deuda- es necesario revisar las políticas de ajuste estructural impuestas por el FMI y avanzar hacia un "ajuste con rostro humano". Difícilmente podrá acometerse esta tarea sin una reforma profunda y sustancial del FMI y el BM.

Estos cambios deberían insertarse dentro de una gran reforma de la ONU, encaminada a reforzar su papel con el objetivo del establecimiento de políticas de gobernación mundial y justicia internacional que garanticen "un gobierno político de la economía".

El cometido principal de este nuevo marco de gobernación mundial sería el de asegurar un desarrollo humano sostenible que universalice los servicios sociales y la redistribución de la riqueza

Para ello es imprescindible, en la línea defendida por el PNUD, crear una Carta Social Mundial realmente vinculante, una Hacienda Mundial y una Seguridad Social Mundial.

El objetivo de la Carta sería el reconocimiento efectivo de los derechos sociales de todos los países, la formulación de los mismos y los medios de realizarlos. El segundo gran instrumento para la gobernación mundial sería un Sistema de Seguridad Social Mundial destinado a garantizar y reforzar la seguridad humana, a prestar servicios sociales básicos y a cooperar en la introducción o mejora de sistemas nacionales de Seguridad Social en los países empobrecidos.

El PNUD ha propuesto seis indicadores que deberían guiar la política de prevención para garantizar la paz con justicia y seguridad. Estos indicadores son los siguientes) inseguridad alimentaria; b) inseguridad en el empleo; c) violaciones de derechos humanos; d) conflictos étnicos y religiosos; e) grandes desigualdades entre grupos de población; f) elevado gasto militar y bajo gasto social.

El tercer gran instrumento sería una Hacienda Mundial, imprescindible para poder realizar las políticas propuestas, además de la garantía de disponer de los mecanismos de recaudación de impuestos mundiales, de redistribución de recursos y de financiación de programas. "No hay posibilidad de gobernación mundial sin Hacienda mundial, pero esta no se legitima ni se ejecuta sin un gobierno que la dirija". (Diaz-Salazar,1996).

Es importante constatar que lentamente se van dando pasos hacia un proceso de gobernación mundial y justicia internacional (que nos permitiría hablar realmente de globalización). En este sentido cabe señalar la creación en julio pasado del Tribunal Penal Internacional, que de estar ya en funcionamiento, hubiera podido resolver el problema sobre la competencia de la justicia española para investigar y juzgar los crímenes de las dictaduras militares argentina y chilena.

"Los problemas de l@s trabajador@s del Sur constituyen uno de los principales imperativos para acelerar la creación de un nuevo marco de gobernación mundial al estar desprotegidos frente a Estados y empresas multinacionales que violan los derechos sociales básicos reconocidos por la OIT". (Diaz-Salazar,1996). Cabe recordar que las luchas de los trabajador@s y de sus organizaciones, fueron determinantes para la construcción de un modelo de Estado Social y de Derecho y para la consecución de la implantación universal de los servicios sociales en sus territorios de actuación.

En este nuevo contexto, con una OMC con voluntad de ser la única voz en la organización del trabajo, la promoción de unas condiciones de trabajo dignas y unos servicios sociales básicos sería uno de los temas prioritarios de un programa de gobernación mundial.

Por lo que respecta a lo que podríamos llamar la "internacional sindical", tiene una generación de retraso sobre la del capital. "Todavía es incapaz de elaborar y de dirigir, como hace el adversario, estrategias mundiales, adaptadas en particular a las nuevas formas de organización productiva, como el teletrabajo: han necesitado veinte años de lucha para que sean legalizados, a escala de la Unión Europea, comités de grupo en el seno de las firmas transnacionales". (De Brie,1998).

Es comúnmente aceptado que las desigualdades norte-sur son estructurales y, que los cambios estructurales se dan a largo plazo. También esta extendida la opinión de que la dimensión del problema de la extrema pobreza y del "subdesarrollo" es tal que no es factible en un plazo aceptable de tiempo acabar con esta. Igualmente es habitual enfrentarse a cierto escepticismo frente a propuestas como las formuladas en esta ponencia.

Según el Informe de Desarrollo Humano 1997 del PNUD: "Por supuesto que nos podemos permitir erradicar la pobreza en un plazo relativamente corto". ¿Con qué medios?, únicamente la aplicación de la Tasa Tobin permitiría recaudar anualmente unos 166 mil millones de dólares, dos veces más que la suma anual necesaria para erradicar la pobreza extremada de aquí al comienzo del próximo siglo.

Desde una organización como Paz y Solidaridad, a la que pertenezco, consideramos que la cooperación al desarrollo y la universalización de los servicios sociales básicos son herramientas imprescindibles para la construcción de un mundo donde quepan todos los mundos.

 

Teo Sánchez y Olga del Río

Fundació Pau i Solidaritat (CCOO de Catalunya).