![]() |
|
| |
|
Partido Socialdemócrata de
Alemania A comienzos de siglo, Europa se halla ante una encrucijada histórica. Los grandes retos de nuestra época son la ampliación de la Unión Europea, el fortalecimiento de la Unión Económica y Monetaria, y el desarrollo de la integración europea. La integración europea constituye el proyecto político más importante y que ha alcanzado el mayor éxito en la historia de Europa. La integración europea es la base para la paz, la seguridad y la estabilidad entre los participantes y es fuente de bienestar, crecimiento y empleo para Alemania y la Unión Europea. Por tanto, el Partido Socialdemócrata de Alemania hará todo lo posible para llevar adelante este proceso y seguir desarrollándolo también en el siglo XXI. No existe ninguna alternativa a la integración y el desarrollo de Europa. La viabilidad futura de la política de Alemania se decidirá también junto con estas cuestiones. Por tanto, el SPD apoya la política europea que con tanto éxito está poniendo en práctica el Canciller Gerhard Schröder y el Gobierno que preside, y que está destinada a defender los intereses de nuestro país. La mejor manera de garantizar el bienestar de nuestra nación de forma duradera es pertenecer a una Europa unida. Para nosotros Europa es un modelo social que se basa en los ideales de la Ilustración y del humanismo. El modelo europeo de la socialdemocracia contiene, en nuestra opinión, el nexo entre la libertad y la solidaridad, el individuo y la sociedad, el rendimiento y la responsabilidad. Los socialdemócratas quieren garantizar el bienestar y aumentar el nivel de empleo; fomentar la innovación y la formación para modernizar el modelo social europeo; hacer avanzar la protección del medio ambiente y los consumidores; garantizar la seguridad interior; reforzar los derechos de los ciudadanos; consolidar la política exterior y de seguridad; actuar de acuerdo con la responsabilidad global de Europa; unir Europa; repartir claramente las tareas; estructurar democráticamente el futuro de Europa. Con ello queremos contribuir, en una época de la globalización, a agrupar fuerzas y distribuir mejor las tareas; a consolidar y desarrollar los éxitos conseguidos por la Unión Europea; a reformar y ampliar la Unión Europea; a ganar de forma duradera para la causa europea la razón y el sentimiento de Alemania.
Garantizar el bienestar y aumentar el nivel de empleo Las economías de los países de la Unión Europea vuelven encontrarse en una fase de crecimiento. El desempleo prosigue su descenso. Todo ello es resultado de un cambio político, operado también a escala europea, que emprendieron los gobiernos presididos por socialdemócratas en la Unión Europea. Hemos implantado, junto con nuestros socios, una política económica equilibrada gracias a la cual la política de empleo ha podido adquirir a su vez el valor y el lugar que le corresponde a escala europea. Mediante una mejor coordinación en Europa hemos conseguido crear una cierta armonía entre las políticas económica, financiera y laboral que ahora da sus frutos. De esta forma hemos mejorado considerablemente las condiciones marco de las políticas económica y financiera que requiere la Unión Económica y Monetaria para triunfar y lograr que Europa se convierta en un espacio económico dinámico y competitivo.
Introducir el euro con éxito En la actualidad, se encuentra a punto de ver la luz la Unión Monetaria europea: a partir del 1 de enero del 2002, los ciudadanos tendrán en sus manos el euro como forma de pago. Sabemos que muchos ciudadanos contemplan todavía con una cierta inquietud el cambio de moneda. Estamos convencidos, no obstante, de que esta inquietud se transformará en amplio consenso tan pronto como estos ciudadanos hayan realizado sus experiencias positivas con el euro en la vida diaria. El éxito del euro se convertirá en símbolo de pertenencia a Europa y significará un nuevo impulso para la integración. El euro ha superado la primera prueba de fuego en los mercados financieros internacionales. Los ciudadanos pueden confiar plenamente en la futura estabilidad del euro. La estabilidad del euro no está garantizada únicamente por el Banco Central Europeo, sino asimismo por la obligación contraída por todos los países de la zona del euro de aplicar una política financiera y económica orientada hacia la estabilidad. Nuestra contribución a la estabilidad del euro consiste en realizar la indispensable consolidación del presupuesto nacional añadiendo una dimensión social y estableciendo prioridades claras en lo que se refiere a las inversiones públicas. El euro es el motor de la competencia en la Unión Europea. Por este motivo, seguiremos siendo fieles a nuestra idea de realizar reformas estructurales y continuaremos modernizando la economía y la sociedad en Alemania. Nos estamos refiriendo a condiciones indispensables para el crecimiento y el empleo en la Unión Monetaria.
El crecimiento y el empleo El euro convierte Europa en un escenario más atractivo para las inversiones en el marco de una economía globalizada. El euro fortalece a Europa en la competencia mundial y contribuye a una mayor estabilidad en los sistemas financieros mundiales de la que todas las economías nacionales podrán beneficiarse. Europa pretende aprovechar todas las ventajas de la moneda única en favor del crecimiento y el empleo. Se requiere para ello un mercado interior que funcione plenamente, de la misma forma que el mercado interior requiere para su éxito un euro estable. Debemos proseguir con la construcción sistemática del mercado interior europeo. Para ello es necesario también que todos los Estados miembros cumplan con las obligaciones de abrir sus mercados de la electricidad, el gas o los servicios postales, con el fin de evitar las distorsiones en la competencia. Asimismo hemos de procurar que todas las adaptaciones indispensables se realicen de forma compatible con las necesidades sociales. El mercado interior y la moneda única exigen también una fuerte armonización de la política fiscal, sobre todo en lo que se refiere a los impuestos sobre las empresas, sobre las ganancias de capital, la fiscalidad del sector energético y la estructura del impuesto sobre el valor añadido y el impuesto sobre el volumen de negocios, así como la creación de un mercado único de capitales. Manifestamos nuestro apoyo a las decisiones que los Jefes de Estado y de Gobierno adoptaron en Lisboa con el objetivo de crear las condiciones necesarias para el pleno empleo en la Unión Europea. La puesta en práctica de estas decisiones requiere reformas valientes en el nivel nacional, así como voluntad de colaboración. No se debe olvidar tampoco la política salarial, que, en un mercado interior y un espacio con una moneda única, no puede orientarse únicamente según medidas económicas nacionales. Por tanto, los interlocutores sociales deben reforzar, dentro del espacio europeo, su diálogo acerca de la política salarial. Queremos seguir desarrollando nuestra política en favor de un mayor crecimiento en Europa mediante una cooperación más estrecha con nuestros interlocutores en todos los ámbitos económicos pertinentes. Esto es válido tanto para la política de investigación como para la política educativa y social.
Modernizar el modelo social europeo La globalización y la transformación de la sociedad industrial en una sociedad del conocimiento y la formación plantean grandes retos políticos, económicos y sociales. La respuesta europea queda reflejada en un programa general de reformas con el cual Europa pretende convertirse en los próximos diez años en un espacio económico dinámico de alcance mundial, en un espacio económico con puestos de trabajo garantizados en el futuro y capaz de cohesión social. Nos declaramos partidarios de modernizar el modelo económico y social europeo. En esta tarea figura, en particular, lograr que el sistema de seguridad social sea viable en el futuro. Desde la cumbre Lisboa, vuelve a estar en el orden del día europeo el objetivo de crear las condiciones necesarias para el pleno empleo. Sabemos que no es tarea fácil, pero hemos orientado de forma coherente nuestra política tanto a escala europea como nacional para conseguir este objetivo. Los primeros éxitos empiezan a hacerse patentes. Así, nos hemos acercado un poco más al objetivo acordado en su día con nuestros interlocutores de incrementar en un 70% la tasa de empleo hasta el año 2010. En diez años, Europa deberá situarse en el primer puesto mundial en el sector de la investigación y desarrollo. Por tanto, la estructura de gastos de la UE deberá ser en mayor medida compatible con los requisitos de innovación y modernización. Debemos desarrollar el espacio europeo de investigación en la forma conveniente y ofrecer a los investigadores de alto nivel y a las empresas mayores incentivos para trabajar en Europa o para colaborar con organismos europeos de investigación. Hay que mejorar las oportunidades profesionales y las expectativas de carrera de los nuevos científicos. Además, debemos seguir armonizando las condiciones marco en el ámbito jurídico dentro del espacio europeo de investigación y facilitar la movilidad de los investigadores. Con el fin de lograr estos ambiciosos objetivos, es necesario que se realicen en Europa inversiones considerables en educación y formación profesional. Necesitamos mayor movilidad y apertura en todos los ámbitos de la formación estatal y profesional, así como mejores condiciones marco para la movilidad durante la formación. Una burocracia excesiva sigue entorpeciendo el reconocimiento mutuo de las cualificaciones en los sectores universitario y de formación profesional. Además, necesitamos un mayor desarrollo de las redes europeas de universidades con el fin de que Europa pueda mejorar su situación dentro de una competencia creciente en el sector educativo. Nuestra alianza en favor del empleo nos ha llevado a adoptar una serie de medidas concretas destinadas al fomento de la educación y la formación profesional. Hemos incrementado considerablemente los fondos destinados a la ciencia y la investigación con el fin de alentar las innovaciones. Nuestra reforma del sistema de becas (Bafög) contribuye a crear una situación más equitativa en cuanto a las oportunidades en el sistema educativo. Al mismo tiempo, la reforma sirve para facilitar a los estudiantes alemanes la movilidad dentro de la UE. El camino hacia la sociedad del conocimiento y la información requiere de los ciudadanos un alto grado de flexibilidad. La eficiencia económica y la integración social deben situarse en un equilibrio adecuado. Las contradicciones sociales no deben agudizarse según avanzamos hacia la sociedad del conocimiento. El acceso a la sociedad del conocimiento debe estar abierto a todos los ciudadanos. Todas las instituciones públicas relacionadas con la formación y la cualificación, así como las instituciones que se encargan de la formación directamente relacionadas con la industria revisten una gran importancia. Todas estas instituciones habrán de hacerse eco de las nuevas ideas existentes sobre la formación continuada y utilizarlas concretamente en sus cometidos.
La protección del medio ambiente y los consumidores Somos partidarios de una nueva política agrícola en la Unión Europea que conceda la máxima prioridad a la protección de los consumidores y la calidad de nuestros alimentos, y que se oriente con arreglo al modelo sostenible. La crisis de la EEB es también una crisis de la Política Agrícola Común (PAC) en la Unión Europea. Únicamente un cambio profundo puede devolverle a la PAC su credibilidad. Para ello debe aprovecharse la oportunidad que brinda el próximo examen de la política agraria de la UE. Somos partidarios de redefinir el sistema de objetivos de la PAC. Necesitamos una amplia protección de los consumidores, un nivel elevado en la producción y la transparencia que comprenda la elaboración de productos alimenticios, la comercialización y llegue hasta los consumidores. En el futuro, el Derecho alimentario deberá contener disposiciones claras para el etiquetado relativo a la calidad y la procedencia. Únicamente mediante un etiquetado y un control sin omisiones se podrá proteger al consumidor, se logrará recuperar su confianza y se posibilitar una compra razonable de productos. Queremos que la cría de animales se realice en formas adaptada a las especies y que la agricultura convencional lleve a cabo su producción de forma compatible con el medio ambiente y la naturaleza. Debe consolidarse la agricultura ecológica y ampliarse su potencial comercial. La elaboración de productos alimenticios sanos ha de hallar una recompensa económica y han de ofrecerse a los agricultores perspectivas y condiciones equitativas de competencia. El espacio rural sea de conservar y desarrollar como lugar de trabajo, vida, ocio y descanso. Hay que poner fin a la asignación de fondos procedentes de los ingresos fiscales a la política agraria errónea que se aplica en la UE. El apoyo financiero a la agricultura debe vincularse más bien al cumplimiento de criterios relacionados con la protección del consumidor, el medio ambiente y los animales. En general, conviene redistribuir en mayor medida las ayudas destinadas a la agricultura y destinarlas a un desarrollo sostenible del espacio rural. En el futuro, la cofinanciación habrá de convertirse en principio de la PAC. Debe desarrollarse asimismo la realización de servicios ecológicos y la creación de fuentes alternativas de ingresos, por ejemplo, en la producción de materias primas renovables y de plantas con potencial de aprovechamiento energético, en la utilización de energías renovables y en un turismo más próximo a la naturaleza.
La protección del medio ambiente y el clima La protección del medio ambiente y el clima constituyen tareas centrales para el futuro a las que sólo podemos hacer frente mediante una amplia cooperación con nuestros socios en la Unión Europea y en el mundo. La Unión Europea ha de desempeñar un papel clave en todo el mundo en lo que se refiere a las tecnologías medioambientales, las normas ambientales y los productos y procesos de producción ecológicos. Una política ambiental europea coherente fortalecerá la competitividad mundial de las empresas europeas, y se convertirá así en un factor de empleo todavía más importante. Los componentes ecológicos de la política fiscal deben ampliarse de forma considerable en la Unión Europea. Aquí se ha de incluir sobre todo una armonización de la fiscalidad sobre la energía. El SPD es favorable a un cambio de dirección en la política energética que conceda la mayor prioridad a las energías renovables. Este cambio es indispensable para evitar una catástrofe climática. El Gobierno federal quiere cumplir plenamente las obligaciones derivadas del Protocolo de Kioto mediante un programa nacional de protección del clima. El SPD es partidario de que también los Estados Unidos cumpla plenamente las obligaciones de Kioto. La Unión Europea puede alentar a otros países a cumplir sus obligaciones demostrando que toma iniciativas al respecto y despertar así la confianza de los países en desarrollo con objeto de que todos participen también activamente con sus propios esfuerzos en la protección del clima. En el futuro, continuaremos haciendo todo lo posible para convertir la protección del clima en un cometido obligatorio para todos los Estados adheridos al convenio que conduzca a reducciones, a escala mundial, de las emisiones de gases que causan el efecto invernadero.
Garantizar la seguridad interior Para el SPD, garantizar la seguridad interior constituye un desafío fundamental en el proceso de unificación europea. Nosotros pensamos que es preferible garantizar la seguridad de forma conjunta en una Unión ampliada que de forma individual. El objetivo de la política europea socialdemócrata es conservar y desarrollar la Unión Europea como espacio de libertad, de seguridad y de Derecho. Para el SPD, las fronteras abiertas en la Unión Europea deben beneficiar a los ciudadanos y no a la delincuencia organizada. La colaboración policial hará posible una mayor seguridad jurídica. Las posibilidades de cooperación en los ámbitos de la policía y la justicia mejorarán considerablemente, sobre todo en lo que respecta a Alemania, con la participación de los países candidatos en la lucha, a escala comunitaria, contra la delincuencia organizada y transfronteriza. De esta forma, puede realizarse una persecución penal transfronteriza más rápida, eficaz y con costes más reducidos. Con este fin, se habrán de fortalecer los instrumentos existentes como, por ejemplo, la autoridad policial europea, EUROPOL, y se habrán de crear nuevas formas de cooperación. El SPD se declara partidario de que se dote a EUROPOL, con el fin de conseguir una policía operativa europea, de poderes ejecutivos con arreglo al ejemplo de la policía penal federal; se cree una fiscalía europea que apoye la cooperación entre las autoridades penales nacionales y la actividad de EUROPOL; se establezca una policía fronteriza europea encargada de velar, en las futuras fronteras exteriores de la Unión Europea, por una protección eficaz de las fronteras contra la delincuencia organizada y la inmigración ilegal; no se eliminen los controles fronterizos en los futuros Estados miembros de la UE hasta que el nivel de protección corresponda al estándar de la Unión Europea; se amplíe la cooperación judicial en el ámbito penal, incluyendo la armonización de las penas para los delitos internacionales transfronterizos; cada ciudadano tenga derecho a que el Tribunal de Justicia Europeo examine las decisiones que pueda adoptar EUROPOL; se garantice, para estos ámbitos tan relacionados con los derechos fundamentales, un control parlamentario exhaustivo realizado por el Parlamento Europeo.
Reforzar los derechos de los ciudadanos La política europea debe ser una política con y para los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea. Ellos y sus derechos deben ocupar el centro de atención de todos los esfuerzos en materia de política de integración. Por este motivo, el SPD se congratula de forma explícita de que el Gobierno federal haya contribuido al éxito de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. En el contexto de concepciones nacionales diversas en materia de normas constitucionales y derechos fundamentales, la Carta de los Derechos Fundamentales es una contribución importante al establecimiento de la identidad de los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea. La socialdemocracia europea ha logrado que, además de las libertades públicas y los derechos de los ciudadanos, también los derechos fundamentales de índole económica y social tengan cabida en la Carta básicamente en un plano de igualdad. Para el SPD reviste importancia que Europa, como comunidad de valores, no sólo garantice las libertades públicas y los derechos de los ciudadanos así como los derechos de igualdad, sino que procure también que las personas en situación difícil puedan ser parte activa de la sociedad civil europea en función de sus capacidades; esto entraña también la materialización de la participación política y social y la creación de las condiciones económicas necesarias para llevar una vida digna; que la Carta de los Derechos Fundamentales se integre en los Tratados y adquiera así un carácter jurídicamente vinculante; no cabe conformarse con una proclamación solemne; que, tras la integración de la Carta en los Tratados, los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea tengan la posibilidad de presentar un recurso o una reclamación ante el Tribunal de Justicia europeo cuando consideren sus derechos amenazados por alguna institución u órgano comunitario; los ciudadanos y ciudadanas deben poder percibir la naturaleza indivisible y recíprocamente condicionada de todos los derechos fundamentales que establece la Carta; que, mediante la Carta, se define el fundamento de valores de la Unión Europea y se hace más perceptible la importancia sobresaliente que los derechos fundamentales y los derechos humanos tienen para las personas en el seno de la Unión Europea; sobre la base de la Carta deben garantizarse una protección amplia de las minorías así como la protección frente a la discriminación, en especial la debida al color de la piel, el origen étnico, la religión o las concepciones filosóficas, la discapacidad, la edad o la orientación sexual; que en la Unión Europea también se deben garantizar los derechos fundamentales de los nacionales de terceros países; que, con vistas a la instauración progresiva de un espacio de libertad, de seguridad y de justicia en Europa, deben crearse las condiciones necesarias para garantizar la libre circulación de personas, contar con una política común de asilo e inmigración y proteger los derechos de los nacionales de terceros países; que la elaboración de la Carta de los Derechos Fundamentales constituye el inicio de un debate acerca de una constitución europea; la Carta de los Derechos Fundamentales debería encabezar la futura constitución, para que resulten claros los valores de referencia de la Unión Europea.
La política exterior y de seguridad Una política exterior y de seguridad común de la UE fomenta la integración europea y refuerza la capacidad de actuación de la Unión. Responde a las necesidades existentes en la nueva Europa y las condiciones de la globalización, en las que Europa puede lograr una mayor eficacia como potencia políticamente unida. Y constituye un requisito previo para una asociación transatlántica sólida a largo plazo en pie de igualdad, una más estrecha colaboración de Europa con Rusia y una presencia más consensuada de la UE en las organizaciones internacionales como la OSCE y las Naciones Unidas. Un mayor papel de los europeos en la Alianza y un papel más reforzado de la UE en materia de política de seguridad fortalecerá la OTAN. La asociación transatlántica sigue constituyendo la base de la seguridad en Europa. La OTAN sigue constituyendo el marco político e institucional decisivo para la comunidad euroatlántica de Estados democráticos. La integración de Rusia en las estructuras europeas de seguridad es una condición necesaria para lograr la estabilidad y la seguridad en la región euroatlántica. La UE ha tomado -en gran medida, a raíz de la experiencia adquirida en los Balcanes- las decisiones necesarias para convertir a Europa en un actor de peso en materia de política exterior y de seguridad. La UE debe tener capacidad de actuación para poder asumir responsabilidades en cuanto a la estabilidad y la seguridad en la región euroatlántica y más allá de sus confines. El desarrollo ulterior de la PESC debe plantearse como tema de la próxima Conferencia Intergubernamental, con el objetivo de lograr a medio plazo una comunitarización de este ámbito político. El SPD aboga por que, con la PESC, la Unión Europea desarrolle una concepción global en materia de seguridad que abarque elementos políticos, militares, económicos, sociales y ecológicos, que interrelacione la política exterior, de seguridad y de defensa europea y la política de desarrollo y que refuerce la capacidad de prevención de conflictos. En el desempeño político y estratégico de las tareas de gestión de crisis definidas en el Tratado UE debe utilizarse toda la gama de actividades diplomáticas, ayuda humanitaria y medidas económicas, pasando por las intervencionales policiales de índole no militar y llegando hasta las operaciones militares de mantenimiento e imposición de la paz. En el futuro, la UE también podrá intervenir militarmente de forma autónoma en el ámbito de la gestión de crisis cuando no haya una intervención de la OTAN en su conjunto. Debe desarrollarse una política comunitaria de prevención de conflictos que tenga en cuenta toda la gama de requisitos necesarios para el éxito de la prevención y la gestión civil y militar de crisis. Sobre la base de la experiencia adquirida con la participación de la UE en el Pacto de Estabilidad para el Sudeste de Europa, dicha política debe ser multilateral y a largo plazo y tener por objeto la promoción de la democracia, la sociedad civil y el Estado de derecho, la economía de mercado y la seguridad social así como el desarme y el fomento de la confianza en (potenciales) regiones de crisis. A este respecto constituye un ejemplo a seguir la cooperación asociativa de la UE en la región mediterránea. La participación de la UE en el Pacto de Estabilidad para el Sudeste de Europa debe proseguir en este marco a un nivel elevado. La ayuda proporcionada a través del Pacto de Estabilidad no puede ser sino una ayuda a la autoayuda. La pacificación duradera y el desarrollo de la Europa suroriental requiere, junto con la ayuda exterior, notables esfuerzos propios y la disposición a solucionar conflictos de forma pacífica. Sólo así podrá alcanzarse el objetivo de integrar gradualmente a todos los países de la Europa suroriental en las estructuras europeas. Junto con la instauración de las estructuras de decisión políticas y militares de carácter permanente de la UE, deben elaborarse procedimientos de gestión de crisis y ampliarse como estaba previsto las capacidades operativas de la Unión en los ámbitos militar (fuerzas de intervención rápida, capacidades centrales para tareas de gestión de crisis) y civil (policía, administración civil, protección frente a catástrofes, fortalecimiento del Estado de derecho). El ejército federal alemán ya está muy integrado en las estructuras europeas y realiza un trabajo excelente de gestión de crisis con sus intervenciones en los Balcanes. La aplicación de la reforma del ejército federal alemán adaptará aún más la estructura de las fuerzas armadas a las nuevas necesidades. De este modo, el ejército federal alemán adquirirá mayores capacidades y perspectivas de futuro al servicio de la salvaguarda de la paz.
La responsabilidad global de Europa Como consecuencia de la acelerada globalización de la economía mundial, muchos problemas sólo pueden resolverse de manera común e internacional. Por ello, el Gobierno de la República Federal de Alemania, dirigido por el SPD, impulsa una política global a favor de un marco internacional vinculante para el comercio internacional, la concurrencia internacional, el sistema financiero internacional y la protección global del medio ambiente y de los recursos naturales. Nuestro objetivo, consistente en hacer posible para todo el mundo una vida digna y una participación en las oportunidades de la globalización, no es sólo una exigencia de la solidaridad sino también nuestro interés primigenio como parte de la sociedad mundial. Con su iniciativa sobre la condonación de la deuda, decidida en Colonia durante el verano de 1999, el Gobierno de la República Federal de Alemania, dirigido por el SPD, ha sentado las bases para unas mejores condiciones de vida en los países en desarrollo. La condonación de la deuda se aplicará cuando se elaboren estrategias nacionales de lucha contra la pobreza con participación de la población. Con ello quedará garantizado que el desendeudamiento beneficie a las capas más pobres de la población. Los Jefes de Estado y de Gobierno se han fijado como objetivo, durante la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, reducir a la mitad, de aquí a 2015, el número de personas que viven en condiciones de extrema pobreza. El Gobierno de la República Federal de Alemania apoya este ambicioso objetivo mediante un plan de acción nacional. La Comisión y los Estados miembros también deberán hacer un gran esfuerzo. Ya en la actualidad, más del 55% de los fondos públicos disponibles a escala mundial para la ayuda al desarrollo proceden de la UE y de sus Estados miembros. Se trata de una realización admirable, pero es necesario un mayor esfuerzo. Los países meridionales y orientales necesitan una integración justa en el comercio internacional. Sus intereses comerciales internacionales deben tenerse en cuenta de manera más intensa mediante la mejora de su participación en las estructuras de la Organización Mundial del Comercio. La Unión Europea es, para muchos de estos países, el principal socio comercial. La UE debe asegurar un libre acceso a sus mercados para los países en desarrollo más pobres. La apertura de mercados, decidida por la UE, para los 48 países en desarrollo más pobres constituye un primer paso en la buena dirección, pero prevé periodos transitorios demasiado largos, hasta la plena apertura de mercados, para determinados productos tales como el azúcar, el arroz o los plátanos. En el marco de la OMC deben reducirse los derechos de aduana y las barreras comerciales para productos manufacturados y, al mismo tiempo, establecerse unos criterios sociales y ecológicos mínimos más estrictos en el comercio internacional. Es de gran importancia lograr una integración justa de los países meridionales y orientales en las estructuras globales de toma de decisiones políticas. La vigorización de la capacidad negociadora de los países en desarrollo y de los países con industrias transformadoras, mediante la toma en consideración a escala mundial de sus legítimos intereses, constituye además una contribución esencial para la paz.
Política de paz y prevención de crisis La política de desarrollo es una política de paz con carácter preventivo. Las experiencias realizadas en la cooperación al desarrollo han mostrado que es necesario apoyar a las personas en sus esfuerzos para hallar soluciones autónomas y pacíficas a los conflictos, así como para identificar lo antes posible las situaciones que encierren un potencial de crisis. La cooperación al desarrollo en los sectores técnico, económico y de personal debe contribuir a eliminar las estructuras y condiciones que alientan y agudizan los conflictos. El SPD se felicita de que la prevención de las crisis se haya convertido en parte integrante de todos los programas de cooperación al desarrollo. Es necesario consolidar el nuevo instrumento del servicio civil para la paz. Las fuerzas especializadas en tareas de paz contribuyen de forma decisiva, con su labor de consolidación de la confianza, arbitraje de conflictos, trabajo de reconciliación y reconstrucción, al mantenimiento de la paz. La UE, a raíz de su decisión de crear fuerzas civiles destinadas a la prevención de conflictos, ha dado un paso importante para seguir impulsando la cooperación europea al desarrollo.
La sostenibilidad como responsabilidad común Incumbe a Europa la responsabilidad común de contribuir a garantizar de forma duradera las condiciones de vida de las próximas generaciones. En la actualidad, las repercusiones catastróficas del cambio climático a escala mundial afectan sobre todo a los países del sur. En el futuro, se dejarán sentir también en los países industrializados las consecuencias de este cambio. Europa debe estar a la altura de su responsabilidad ambiental global y asumir un papel rector, entre otras cosas, a la hora de reducir las emisiones de CO2, fomentar las energías renovables tanto en el norte como en el sur. La cooperación al desarrollo que practican la UE ha de ser más eficiente y eficaz. La Presidencia alemana del Consejo adoptó importantes decisiones a este respecto. El Gobierno federal impulsó el desarrollo de un concepto general de política de desarrollo comunitaria y ha colaborado oportunamente a la hora de ponerlo en práctica. No obstante, siguen existiendo tareas importantes: la Comisión debe procurar que los créditos asignados se movilicen rápidamente y que se garantice una elevada calidad. Han de ser criterios clave la coherencia, la simplificación de los procedimientos y la garantía de la calidad. En el proceso de globalización, Europa necesita muchos interlocutores, gobiernos como agentes de la sociedad civil, ya que los retos internacionales sólo pueden solucionarse de forma conjunta. Las organizaciones no gubernamentales contribuyen de forma substancial. Sus capacidades y conocimientos han de aprovecharse con la misma intensidad con que se aprovecha el potencial económico, técnico y organizativo de las empresas. La sostenibilidad no es sólo un reto para la política ambiental y de desarrollo. Con el fin de garantizar una supervivencia humanamente digna para las generaciones futuras, la política nacional e internacional debe empezar a orientarse a la el objetivo de lucha contra la pobreza y en favor de la sostenibilidad.
La unificación de Europa Hace ya más de treinta años, Willy Brandt sentó las bases para superar la división de nuestro continente mediante su política de apertura al Este (Ostpolitik). En el momento actual, el SPD se enfrenta a la tarea de completar dicha apertura histórica por medio de la integración de los países de la Europa central y oriental en la Unión Europea. La ampliación de la Unión Europea hacia el Este será, política y económicamente, beneficiosa tanto para los países candidatos como para los actuales Estados miembros de la Unión Europea. La Unión Europea y los países candidatos comparten el reconocimiento de los valores y objetivos de la democracia, el Estado de Derecho y la protección de los derechos humanos. Las guerras y conflictos en los Balcanes demuestran la importancia fundamental del proceso de integración europea para la paz, la seguridad y la estabilidad en todo el continente europeo. La ampliación de la UE también aportará ventajas notables en relación a la lucha contra la delincuencia internacional organizada y la protección contra la inmigración ilegal. Tras la ampliación, la Unión Europea se convertirá en el mercado interior mayor del mundo. Su competitividad global se verá reforzada, dado que los países que se incorporen a ella constituyen mercados en desarrollo. En Alemania, que es uno de los socios económicos más importantes de los países candidatos de la Europa central y oriental, su comercio con éstos asegura ya numerosos puestos de trabajo. La UE ya está preparada para la ampliación: bajo Presidencia alemana, el Consejo Europeo de Berlín acordó en marzo de 1999 el marco financiero para la ampliación hacia el Este, y el Tratado de Niza de diciembre de 2000 asegura que la Unión Europea mantendrá su capacidad de negociación y toma de decisiones tras su ampliación. Nuevas reformas serán necesarias. Ahora atañe a los países candidatos seguir efectuando sus preparativos para la adhesión de manera que se aproveche la oportunidad que se presenta. Hasta el momento, estos países han mostrado una considerable capacidad para cumplir las severas condiciones impuestas para la adhesión y, en conjunto, están en el buen camino. Mantienen un decidido ritmo de adaptación y soportan las duras cargas de ésta. En determinados sectores difíciles como, por ejemplo, la agricultura, los transportes y el medio ambiente, serán inevitables periodos transitorios hasta la aplicación completa del Derecho comunitario. También pueden surgir dificultades especiales a causa de las grandes diferencias de niveles de bienestar y de renta existentes entre los viejos y nuevos Estados miembros. Por ello serán necesarios, como en el caso de ampliaciones precedentes de la UE, periodos transitorios en el ámbito de la libre circulación de los trabajadores y en ámbitos especialmente sensibles de la libre prestación de servicios. Precisamente las regiones fronterizas se enfrentan a retos especiales, con los cambios estructurales necesarios. La ampliación de la Unión Europea no debe conducir a nuevas divisiones en Europa. Es fundamental para la estabilidad política de nuestro continente mantener una estrecha relación de cooperación con países y regiones limítrofes tales como Rusia, Ucrania y los Balcanes. La ampliación de la Unión deberá, por ello, ser también provechosa para los nuevos vecinos de la UE. En consecuencia, el SPD aboga en especial por avanzar rápida y concienzudamente en las negociaciones para la ampliación de manera que los países que más hayan avanzado al respecto puedan participar en las próximas elecciones al Parlamento Europeo de 2004; acordar unos periodos transitorios de 7 años para determinados ámbitos sensibles tales como la libre circulación de los trabajadores y la libre prestación de servicios, periodos que ofrecen por un lado un alto nivel de protección contra distorsiones en el mercado de trabajo, y que permiten, por otro lado, reaccionar con rapidez ante las nuevas condiciones mediante una aplicación flexible de las normas; encontrar con la antelación necesaria soluciones adecuadas para los problemas específicos de las regiones fronterizas, de modo que pueda reforzarse su competitividad y su importancia como centros de desarrollo; implicar a las ciudadanas y ciudadanos, mediante una política informativa completa, en el debate sobre los retos y oportunidades de la ampliación; asegurar para la UE una función directriz en cuanto a la estabilización política y económica de los Estados de la Europa suroriental; desarrollar sobre bases de buena vecindad sus relaciones con otros países europeos, como Rusia y Ucrania, de manera que toda Europa se convierta en un marco común de prosperidad y de estabilidad política. La delimitación de responsabilidades entre la Unión Europea y sus Estados miembros que se ha ido desarrollando a lo largo de la historia ya no corresponde a los retos del siglo XXI. Los Estados miembros -y, en Alemania, también los Länder y los municipios- han perdido, en el curso de este proceso histórico, capacidad de decisión política, aunque en muchos ámbitos puede ser mejor tomar decisiones concretas a su nivel. Por otro lado, la Unión Europea todavía no dispone hoy en día de las competencias necesarias para defender sus intereses a escala internacional o para asegurar su seguridad interior. El modelo actual de delimitación de responsabilidades carece de la transparencia y claridad necesarias. Por ello, a menudo no es posible saber qué instancia política es responsable respecto de decisiones que influyen directamente en la vida cotidiana de los ciudadanos. Como consecuencia de ello, queda en entredicho la legitimidad de la acción política a escala europea. Por ello, el SPD se congratula de que el Gobierno de la República Federal de Alemania haya podido convencer a sus socios, en Niza, de la necesidad de efectuar, en una futura conferencia de la UE en 2004, una delimitación más precisa de las competencias atribuidas a la UE y a los Estados miembros que corresponda al principio de subsidiariedad. Debe quedar claro para los ciudadanos quién es responsable de cada acción política. Además, es necesario establecer una delimitación de las competencias entre la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo más clara y transparente, que sea comprensible para los ciudadanos. Así, el SPD pide, en el respeto de los principios fundamentales de proximidad de los ciudadanos y de solidaridad entre los Estados miembros, que se delimiten las responsabilidades políticas de la UE y de los Estados miembros mediante un claro reparto de competencias que sea comprensible. El derecho de transferir nuevas competencias a la UE debe permanecer en el seno de los Estados miembros. El reparto de competencias entre el Estado federal, los Estados federados y los municipios es y debe seguir siendo asunto de política interior; se tomen medidas para evitar toda transferencia subrepticia de competencias a la UE. Las competencias transversales, tales como las relativas al mercado interior o a la política de competencia, no deben vaciar de contenido las competencias de los Estados miembros; determinadas tareas, que pueden realizarse de mejor modo a nivel de los Estados miembros de acuerdo con el principio de subsidiariedad, se devuelvan al nivel nacional cuando ello no suponga ningún peligro para el mercado interior. Esto es especialmente válido para las competencias de la UE en los ámbitos de la política agrícola y estructural de manera que se amplíe el margen de maniobra de los Estados miembros para establecer una política regional y estructural propia; se siga garantizando la posibilidad, para los Estados miembros, de estructurar su propio modelo público de seguridad social; se refuerce, mediante una mayor "comunitarización", la capacidad de acción de la UE en los ámbitos de la política exterior y de seguridad, seguridad interior e inmigración, dado que los Estados miembros, por separado, tienen cada vez menor capacidad de hacer valer sus intereses en la esfera internacional; se refuerce la transparencia en la toma de decisiones a nivel europeo por medio de la transformación de la Comisión en un fuerte poder ejecutivo europeo, de un reforzamiento de las competencias del Parlamento Europeo mediante la extensión del procedimiento de codecisión y una competencia presupuestaria plena, y de la transformación del Consejo en una Cámara de los Estados europea.
Construir democráticamente el futuro Nadie hubiese podido imaginar, hace diez años, el aspecto actual de Europa. Nadie puede saber ahora cómo será Europa dentro de diez años. Pero tanto antes como ahora, lo cierto es que el futuro de Europa está en manos de sus ciudadanas y ciudadanos. Por ello queremos luchar decididamente por un buen futuro para Europa. En Europa, juntos, podemos lograr nuestros objetivos políticos mejor que cada Estado por separado, y a menudo lo hacemos ya por medio de la colaboración transfronteriza y la cooperación entre países vecinos. Pero debemos reflexionar más intensamente sobre las estructuras y concepciones para hacer frente a nuestros cometidos futuros. A este respecto, no se trata de cuestiones técnicas, sino de democracia y participación. Precisamente Europa necesita urgentemente la participación, la crítica, la aprobación y el debate de sus ciudadanas y ciudadanos. El Partido Socialdemócrata de Alemania aboga por el mantenimiento en Alemania y en Europa de un debate público sobre los objetivos políticos de la Unión Europea. El Partido Socialdemócrata de Alemania aboga por el mantenimiento en Alemania y en Europa de un debate público sobre los mecanismos relativos a la estructura y al proceso de toma de decisiones de la Unión Europea. En este debate público deben participar todos: los ciudadanos y los gobiernos, el Estado y la sociedad, el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales, la Comisión y el Consejo Europeo, los partidos y las asociaciones, así como los municipios, grandes o pequeños. Queremos que, mediante la consolidación y el debate sobre los principios constitucionales, los parlamentos nacionales y el Parlamento Europeo participen en la reflexión de la manera más amplia en el sentido de un verdadero parlamentarismo, así como integrar la Carta de los Derechos Fundamentales en los tratados y dar, con ello, un paso más en dirección de una Constitución europea; crear un sistema europeo de división de poderes entre el PE, el Consejo y la Comisión que corresponda a los principios de legitimidad democrática, eficacia y transparencia; simplificar los tratados y el proceso de toma de decisiones y basarlos en la democracia; delimitar de manera más clara las responsabilidades de la Unión Europea, los Estados miembros, los entes regionales y los municipales; sentar las bases para una eficiente política exterior de la Unión Europea. Este debate, que deberá desembocar en una Conferencia intergubernamental en 2004, no constituye ninguna condición previa para la ampliación de la UE. Los Estados y las sociedades de los países candidatos están expresamente llamados a participar en este debate que sigue al Consejo Europeo de Niza. Estamos convencidos, por lo que respecta al futuro de Europa, de que dentro de diez años viviremos en una Europa más grande y más estrechamente entramada que la actual; dentro de diez años viviremos en una Europa que tendrá una Constitución; dentro de diez años viviremos en una Europa que contará con una moneda única; dentro de diez años viviremos en una Europa con unos valores comunes y numerosas y diferentes lenguas y culturas. Nos esforzaremos por todo ello junto con nuestros partidos europeos hermanos. El SPD contribuirá asimismo en el futuro a la consecución de un Partido Socialdemócrata Europeo fuerte y eficaz. Cuanta mayor importancia adquiera la Unión Europea, mayor será también el significado del desarrollo del PSE. El principio de que la democracia necesita partidos políticos no es sólo válido para cada país miembro. También es válido para la profundización de la integración europea. Por ello redoblará el SPD sus esfuerzos por avanzar en el proceso de entendimiento de la socialdemocracia europea sobre valores fundamentales, objetivos, proyectos estratégicos clave y temas políticos actuales. Sólo una socialdemocracia europea sólida tendrá realmente la fuerza de crear y conservar una Europa de paz, libertad, bienestar y justicia social.
Partido Socialdemócrata de Alemania. Documento para el Congreso en Nuremburgo, del 19 al 23 de noviembre de 2001. 19-23/11/2001. Versión: 30.04.2001. Este artículo nos ha sido enviado por "Magazine on-line Catalunya-Europa" http://www.catalunyaeuropa.org
|