
Kosovo: Albania, la miseria desolada de los refugiados
Josep Maria Violant i Nicolau
Desde hace semanas la televisión y las portadas de los periódicos, nos
bombardean con imágenes impactantes de lo que está
pasando en Kosovo, pero encontrarse de cara a cara con los rostros de miles de refugiados,
con la mirada fija que te pregunta qué estáis haciendo, te produce un impacto difícil
de olvidar.
Supongo que es una sensación que tuvimos todos los integrantes de la delegación catalana que visitó Albania el pasado 20 de abril. La finalidad del viaje fue la de conocer sobre el terreno, como estaba la situación y como se distribuía la ayuda que el pueblo catalán está haciendo llegar a los refugiados kosovares mediante la campaña "Catalunya X Kosovo", promovida por las ONG's catalanas, los ayuntamientos, las diputaciones, los centros cívicos, los particulares..., coordinados por la Generalitat de Catalunya.
Los integrantes de la delegación catalana éramos: el Honorable Sr. Antoni Comas, Conseller de Benestar Social, el Sr. Joaquim Llimona, Director General de Relacions Exteriors, el Sr. Jordi Turull, Gerente del Instituto Catalán del Voluntariado (INCAVOL), el Sr. Ramón Pujol, Jefe de Relaciones Institucionales, y yo mismo, Josep Mª Violant.
El viaje hacia Albania, empezó el lunes 19 de abril, cuando a primera hora salimos del aeropuerto de Barcelona, y nos trasladamos en avión hasta Milán. De Milán cogimos otro vuelo hasta Taranto, desde donde hicimos el viaje en coche hasta el puerto de Brindisi, donde era necesario coger un ferri.
Brindisi, un puerto del Mediterráneo
Brindisi, ciudad de la Pulla, de la que todos recordamos las imágenes de
los refugiados albaneses intentando llegar al paraíso europeo, que cada noche, antes de
acostarse podían soñar, a través de la cadena italiana de Berlusconi, para dejar atrás
la precariedad económica de su país. Es una ciudad portuaria, dura, que vive
básicamente abocada al puerto y al tráfico marítimo, y que ha experimentado una gran
transformación desde los primeros conflictos armados de la zona de
los Balcanes. Una ciudad que históricamente ha sufrido las vicisitudes de las guerras.
Una de las cosas que más nos sorprende es la mezcla étnica: gente de todas las razas,
refugiados, militares, todo forma una mezcla extraña, y todos parecen estar pendientes
del horizonte, por donde llega o se va un nuevo barco. Es también, una ciudad
mediterránea, que bebe de la antigua tradición clásica, y que combina una arquitectura
clásica con nuevas construcciones, hechas para atender las demandas del tráfico
portuario.
La delegación catalana, cena en Brindisi, ya que justo después tenemos que coger el ferri que nos llevará a tierras albanesas. En la ciudad nos encontramos con la logista del CIEMEN, Judit Aixalà, que ya ha estado la semana anterior en Albania, y nos avisa que llegaremos a un país, donde todo nos arrastra hacia atrás en el tiempo. Ella, sin dejar de fumar durante todo el viaje, y que conoció el conflicto de Bosnia, no deja de repetir que "la situación es aun peor, todo es aun más difícil", y nos avisa que en Albania, incluso con la miseria de la población, las familias albanesas están acogiendo refugiados de una manera, que seguramente, no haríamos en la Europa moderna y solidaria.
El viaje en ferri dura toda la noche, y allí vemos un poco del
sorprendente mundo que gira alrededor del conflicto armado y
humanitario como el que está viviendo Albania. Nos encontramos con periodistas, miembros
de organizaciones, albaneses, kosovares, incluso familias con niños que se desplazan a
Albania y que "seguramente deben de ir de vacaciones". No nos lo podemos acabar
de creer, pero lo cierto es que tienen todo el aspecto de empezar las vacaciones en una
tranquila playa del mediterráneo. Nos explican que el país tiene unas buenas playas,
evidentemente sin los servicios a los que nosotros estamos acostumbrados, pero totalmente
vírgenes y tranquilas.
De América a la guerra
Otro grupo sorprendente que encontramos en el barco son unos chicos
jóvenes, en principio creemos que son miembros de alguna organización humanitaria, se
sientan en la mesa de al lado y hablan en el más puro estilo americano. Uno de los
jóvenes se dirige a nosotros y nos pregunta de dónde somos, nos explican que ellos no
son de ninguna ONG, que "vamos a luchar, somos soldados kosovares". Son
jóvenes, nacidos en Estados Unidos, hijos de kosovares, y que lo han dejado todo -uno nos
explica que tiene familia, otro que estudia derecho, muchos tienen trabajo- para ir a
luchar por su tierra. Cuesta de creer, pero nos comentan que, para ellos, es un deber
defender la tierra de sus antepasados, y que, ni que ahora vivan en el país más poderoso
del mundo, su lugar, ahora está en Kosovo. Repiten diversas veces que "o ahora o
nunca", que "no conseguiremos deshacernos de las cadenas si no nos unimos todos
los kosovares del mundo, para luchar por la libertad de nuestra tierra, que es nuestra
libertad". En esta época tan absolutamente faltada de ideales no dejaba de impactar
el brillo de los ojos de aquellos jóvenes que lo habían dejado todo para luchar por su
nación.
Desde aquí se nos ha vendido la imagen, a través de los medios de
comunicación, que la guerrilla kosovar es un ejercito desmembrado, con falta de medios y
con hombres poco preparados. La realidad parece que es otra, porque está resistiendo los
embates del poderoso ejército serbio, y esta consiguiendo ser la fuerza terrestre
imprescindible, para que los ataques de la OTAN sean realmente efectivos. Están bastante
más bien preparados y bien armados de lo que parece, y a medida que
pasa el tiempo se están reforzando, mientras que las fuerzas serbias están recibiendo
fuertes ataques en puntos estratégicos.
Treinta kilómetros en dos horas y media
El martes a primera hora llegamos al puerto albanés de Dures, donde tal
como nos habían dicho, el tiempo ha hecho marcha a atrás, y tenemos la sensación de
haber aterrizado en una película de la posguerra. Estamos aun en el ferri y sube la
policía albanesa dando grandes gritos para revisar los pasaportes. Por el hecho de ser
una delegación oficial no tenemos ningún problema, pero nos comentan que hay que pagar
una cantidad de dinero para conseguir un visado que permita entrar en el país, y pagar de
nuevo para salir. Las personas con aspecto de refugiados ven como les revisan una y otra
vez la documentación.
En el mismo puerto vemos ya cinco barcos totalmente destruidos por un incendio.
"Seguramente fue provocado, y debió de ser algún enfrentamiento entre la policía y
la mafia", nos comenta uno de los choferes.
Gente de todo tipo
Sólo poner los pies en tierra, nos topamos con la miseria albanesa. Gente refugiada por cualquier rincón donde se pueda resguardar, niños pidiendo limosna, grupos arrastrando paquetes de cualquier manera. Sin olvidar los vehículos de la ONU, del ACNUR, de la OTAN y militares de muchos países, principalmente italianos, franceses y americanos.
Ante todo esto, el ejercito albanés, que se caracteriza por la variedad de su uniforme: se les reconoce perfectamente pero todos van con botas diferentes, con cascos que no acaban de combinar con la ropa, con armas de diferentes tipos. También nos encontramos con la policía albanesa, que lleva un uniforme que enseguida nos recuerda al de un conserje. Ellos son los responsables de garantizar el orden en las ciudades y de controlar el tráfico.
Este es un tema peculiar, porque la circulación funciona bastante "a la italiana", pero aun peor. Para entender la situación, es necesario precisar que, hace 15 años, casi nadie tenia coche, la mayoría eran coches oficiales. Si que existían unos pequeños vehículos chinos, que permitían llevar dos acompañantes, pero lo que prolifera más en la mayoría de las ciudades son las bicicletas. Ahora, en pocos años, han llegado una gran cantidad de coches, pero ni las calles -la mayoría sin asfaltar- ni las carreteras, en pésimas condiciones, están preparadas para la circulación que soportan. Se ven vehículos lujosos, precedentes mayoritariamente de robos en Alemania o Francia, pero acostumbran a pertenecer a miembros de grupos mafiosos poderosos. Hay semáforos, pero nadie hace caso, y la policía sólo aparece cuando la situación es muy complicada. De todas formas, apreciamos algunos choques, pero los conductores se saludaban con mucha tranquilidad y no se enfadaban demasiado.
Desde la ciudad portuaria de Durres, emprendemos camino hacia Tirana, la capital del país. Hay treinta kilómetros, que se convierten en dos horas y media de viaje. Hay una sola vía de comunicación para llegar a la capital, y todo el tránsito se concentra en esta carretera, con muchos tramos sin asfaltar.
Durante el trayecto nos explican que esta carretera tendría que haber sido una autopista, pero sólo se hizo la mitad. El dinero para la otra mitad fue a para a manos de no se sabe quién. Nos damos cuenta que las comunicaciones terrestres dificultan toda la planificación de la ayuda humanitaria.
Una vez en Tirana hacemos una breve estancia en el hotel, y empezamos una jornada maratoniana para conocer de primera mano la situación y poder planificar adecuadamente la ayuda humanitaria que se organiza desde Catalunya.
Una jornada maratoniana
El primer encuentro es con Llir Meta, viceprimer ministro del gobierno
albanés. Nos explica la gran cantidad de dificultades que tiene el país, especialmente
en temas de sanidad e infraestructuras, y como resulta de dificultoso atender mínimamente
las necesidades de las oleadas de refugiados kosovares que están llegando. Nos resalta
que esta es una guerra europea, a dos pasos de nosotros, que sólo se puede encontrar un
camino de salida si trabajamos conjuntamente, y que las Naciones Unidas colaboren de forma
activa. El Conseller Antoni Comas, le expresa la firme voluntad del pueblo catalán de
ayudar a paliar
los efectos de este desastre humanitario, y le explicamos que estamos trabajando en el
envío de convoyes humanitarios que ya se están distribuyendo.
Tenemos una nueva reunión, esta vez con Kastriot Islani, presidente de la
comisión de Emergencia, en la sede de la Presidencia del Gobierno. La gravedad de la
situación ha obligado a nombrar un nuevo ministro, que es el responsable de gestionar los
aspectos relativos a los refugiados, su atención y la coordinación con las
organizaciones internacionales que trabajan en Albania. Nos explica como se coordina, y
como la masiva llegada de refugiados dificulta mucho su control y
seguimiento. Los representantes de la delegación catalana le explicamos como se ha
organizado en nuestro país la campaña Catalunya per Kosovo, que se trata de una campaña
cívica y que disponemos de puntos de recogida en todo el país. Le comentamos que la
población está respondiendo de forma masiva, y los logistas de CIEMEN confirman que
en sus almacenes de diversos puntos de Catalunya, se trabaja intensamente para revisar y
empaquetar todo el material que va llegando a Albania.
Ante la pregunta de qué puede hacer más el pueblo catalán para los refugiados, el representante del gobierno albanés propone que se construyan campos de refugiados.
Los ayuntamientos tienen un papel clave en el control y la gestión de los
refugiados, por este motivo mantenemos una reunión con Arben Demeti, que es el Ministro
de las Administraciones Locales. Nos comenta que los campos de distribución dependen de
los municipios, y que este paso es básico para que los campos funcionen con las mínimas
condiciones. En estos campos, la gente pasa tres o cuatro días, como máximo, y después
se les traslada a zonas más seguras, sobretodo en
Tirana, Laja o Durres. El ministro nos destaca el trabajo que desarrollan los voluntarios
albaneses que trabajan en los campos, y también la ayuda de las familias albanesas que en
pisos de no más de 40 metros cuadrados, acogen a cinco o seis personas más que no
conocen de nada. Y estamos hablando de pisos que sólo tienen una cocina, una sala, un
dormitorio y un baño. También nos dicen que el sueldo mensual medio es de 10.000
pesetas, pero un café en un bar cuesta 100 pesetas, mas o menos lo que cuesta aquí.
Como son los campos de refugiados
La jornada maratoniana continúa con la visita a dos campos de refugiados, donde podemos ver bien cerca como viven el exilio los expulsados de su tierra.
Primero vamos a Kavalla, donde los refugiados viven en unas naves, que eran gallineros, no disponen de ningún tipo de servicio: ni agua, ni electricidad, ni camas. Son miles de personas, que han de dormir en el suelo, y refugiarse del frío y de la lluvia con plásticos porque el techo está en mal estado. Se vive bajo la permanente amenaza de infecciones, porque los niños entran y salen de las naves, y hay un flujo constante de refugiados que llegan y marchan de las instalaciones.
La segunda etapa de este viaje a la desolación es al polideportivo de Tirana. Allí las condiciones son un poco mejores, todo y la precariedad en que se vive. La gente puede dormir en unos colchones colocados sobre las pistas, hay mesas donde se les ofrece bocadillos, pero hay días que pueden llegar a ser 5000 persones, y entonces tienen que dormir sentados en las gradas del estadio. Habitualmente, la gente se está unos días, y después se busca un espacio donde ubicarse. Como en el otro campo, los niños corren e intentan encontrar un espacio para jugar dentro de la incerteza de la situación que les toca vivir.
La dispersión de las familias es uno de los problemas con los que la organización de los campos tiene que luchar. Como la salida de las ciudades, presionados por los serbios, fue tan precipitada, muchos refugiados han perdido parte de la familia o no saben dónde encontrarlos. Por este motivo, hay un sistema de listados o de avisos que se cuelgan para poder encontrar a la gente. Los casos más dolorosos son los de las madres que han extraviado a sus hijos pequeños y van en su búsqueda de un campo a otro.
En el caso de los campos, hay que decir que las organizaciones italianas, por razones de
proximidad y porque ya sufrieron una primera oleada de inmigrantes albaneses son las más
bien organizadas. Hay que precisar que las organizaciones trabajan escoltadas por
tanquetas del ejército italiano.
Nos encontramos con el equipo de Televisión de Catalunya, que informa de nuestra visita a
Albania, vemos también muchos periodistas de todos los países: americanos, argentinos,
franceses, japoneses, italianos... todos a la caza de la noticia, cargando cámaras y
equipos, aunque algunos se mueven poco del hotel donde la mayoría se aloja. Muchos se
implican en su trabajo, algunos incluso reconocen que tienen que irse unos días, ya que
ante tanta penuria, acabas olvidando el trabajo y te pones a trabajar en un campo de
refugiados. Pero los hay, como una estrella de la BBC, que no olvida el maquillador aunque
los tiros suenan cerca.
No dejan de pasar camiones, furgonetas, tanquetas militares, camiones pequeños, todos con la bandera que identifica su procedencia. Los refugiados, per también los militares, están pendientes de la llegada de nuevos convoyes humanitarios. Su distribución es el punto final de un largo camino que seguro que empezó en cualquier pueblo de Catalunya, que se puso a trabajar ante esta guerra.
Evidentemente, nadie cuestiona la intervención de la OTAN, vemos en la plaza de Tirana un gran cartel con "NATO to KOSOVO", pero se temen las represalias de las tropas serbias contra la población civil, la misma que ahora se ve obligada a moverse sin un destino concreto por Albania y Macedonia.
En un día, que resultó absolutamente lleno, acabamos la jornada con el recuerdo de hombres, mujeres, niños, gente mayor y enfermos que nos han mirado con ojos de desolación absoluta.
Josep Maria Violant i Nicolau
Generalitat de Catalunya.