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Carles Navales “Los payasos funcionan como las aspirinas, pero son el doble de rápidos”. Lo dijo Groucho Marx. Un médico de veras, el americano Frank Farrelli, fundador de la denominada Nueva Escuela de Psiquiatría, disertó en la Universidad Católica de Milán sobre los fundamentos de la “terapia del humorismo” y afirmó, entre otras cosas, que “para facilitar la digestión y evitar la úlcera de turno son necesarias, al menos, dos buenas carcajadas al día antes de empezar a comer”. Y, en la cima del pensamiento, Aristóteles, quien ya nos decía que el recién nacido únicamente adquiere la condición de “persona” cuando empieza a sonreír. Pues sí, esta vez la revista “La factoría” está dedicada a los artesanos de la felicidad, a los payasos. Con el nombre “El payaso, creador de sonrisas” se celebró el III Simposio Internacional sobre el Payaso, organizado por el Festival Internacional de Payasos de Cornellà de Llobregat -Memorial Charlie Rivel-, y que tuvo por marco el Ateneo Barcelonés los días 20, 21 y 22 de noviembre de 2006. Las ponencias que se presentaron son la base de la parte monográfica de este número. En 1997 la Academia Sueca concedía el Premio Nobel de Literatura a un gran payaso, y aún más grande maestro de la literatura, llamado Dario Fo. Pocos meses después, en mayo de 1998, actuaba como primer firmante del manifiesto “Viva los payasos” en el que se reivindicaba un mayor reconocimiento para este género artístico y donde se concretaba una petición a la Unión Europea: su impulso al Festival Internacional de Payasos de Cornellà de Llobregat -ciudad cercana a Barcelona- por tratarse del más importante de la Europa cuna del payaso. Antes que Darío Fo fue Jack Lang en su condición de ministro de cultura de François Mitterrand. Corría el año 1990 cuando le hizo llegar una carta a José Montilla, entonces alcalde de la ciudad y hoy presidente de la Generalitat de Catalunya, en la que le expresaba su apoyo moral y felicitaba porque Cornellá hubiera creado y mantuviera tan importante certamen. Y, cómo no, el mejor apoyo ha sido el de los más de 300 grupos de payasos que han pasado por el Festival en estos sus primeros veinticuatro años de existencia. Ahí está Roberto Benigni, entonces un desconocido que llegaba a Cornellà y que poco después subía al altar de la gloria con “La vida es bella”: tres Oscares y más de cuarenta premios internacionales; Carlo y Alberto Colombaioni y los Rastelli, protagonistas de la película “Clowns” de Federico Fellini; también Dimitri, gran discípulo de Grock, del que Charles Chaplin dijo : “El más famoso soy yo, pero el mejor es usted”; el ruso Slava Polunin, que se convirtió en gran estrella del Cirque de Soleil; o Bello Nock, hoy primera figura del circo norteamericano Ringling Bros. and Barnum & Bailey, el mismo que inmortalizó Cecil Blount De Mille en su película “El mayor espectáculo del mundo”; los payasos de la música Les Luthiers y Le Quator; o Pieric, devoto de Buster Keaton; y Pipo, quizá el más distinguido carablanca actual. También los payasos de aquí alientan y hacen suyo el festival. Nuestros Boni i Caroli, Marcel Gros, Leandre, Marceline i Sylvestre, Monti & Cia, Pepe Rubianes, Jordi Rocosa, o los veteranos Germans Totó, por citar sólo a unos pocos. Dario Fo, Jack Lang, Pierre Etaix, Gila, por siempre entrañable, y tantos y tantos más apoyando la causa de la alegría; la causa de la sonrisa amable. Cierto, la distancia más corta entre dos personas es la sonrisa. Así es desde que el hombre averiguó que era un animal con sentimientos y quizá fue su primera sonrisa el motivo de tan gran descubrimiento. No en vano Aristóteles defendía que el recién nacido únicamente adquiere la condición de “persona” cuando empieza a sonreír. Dicen que el buen payaso es el que domina a la perfección el manejo de estas cuatro herramientas: mutismo, mímica, música y acrobacia. Con ellas ha de provocar en el espectador una amplia gama de tonalidades en ese sentimiento tan grato y tan vivo llamado alegría. Pueden ser millones de matices los que observe la escala del registro, aunque imposible contar cuantos forman ese arco iris tan bello que se inicia con una sonrisa contenida y concluye con la más desbordante de las carcajadas. Si esta es la definición del buen payaso, Charlie Rivel está entre los que se llevan la palma. Por eso la ciudad de Cornellà decidió fundar su Festival como memorial del gran payaso español y catalán, que entonces acababa de morir. Era el agosto de 1983 y Laureà Palmer, en aquel tiempo concejal de juventud, dio el paso que debía darse solicitando a la viuda del maestro autorización para celebrar el festival y darle el nombre de su marido. Pero, ¿por qué Cornellà? La respuesta es sencilla. Nuestras ciudades periféricas necesitan señas de identidad que unan a todos los que viven en ellas. Cornellà de Llobregat no es la excepción. Como todas las ciudades del área metropolitana de Barcelona, es una amalgama de orígenes. Según la estadística, la composición de la población es ésta: el 24'68% nació en Andalucía, el 6'25% en Extremadura, el 4'03% en Castilla-La Mancha, el 3'07% en Castilla-León, el 2'06% en Aragón, el 1'79% en Galicia... En resumen, 43.000 ciudadanos y ciudadanas de Cornellà han nacido fuera de Catalunya y 39.000 dentro. De estos últimos, 18.000 nacieron en el Baix Llobregat o en Cornellà. Añadamos a los nuevos inmigrantes, que ya alcanzan el 10% en algunas zonas de la ciudad. Es una realidad que tiene sus consecuencias, pues la identidad puede quebrarse. En tales situaciones, convienen elementos de identidad con raíz en la propia ciudad y, en ese proceso, las manifestaciones culturales tienen una gran importancia. La integración cultural siempre ha sido un ejercicio recíproco, tanto para los que llegan ahora como para los que llegaron antes o los que ya estaban. Consiste en crear nuevos espacios comunes con la aportación y la aceptación de todos: surgen cosas nuevas, otras desaparecen y otras se adaptan a la nueva realidad social. Es la diversidad entendida como un mosaico entero. Coincido con Alain Touraine en que la cara positiva de la interculturalidad sólo aflora cuando es posible conjugar la unidad de una sociedad con el diálogo entre sus diversas culturas, y en Cornellà hay ejemplos. Uno es los cuatrocientos “castellers” y sus grupos de Diables, que proceden de los diferentes barrios de la ciudad. Alrededor de la mitad, son hijos de inmigrantes llegados de distintas regiones españolas. Si añadimos que el mejor "anxaneta" es el niño magrebí que trepa como nadie hasta convertirse en el giraldillo del castillo, convendremos que la guinda es la prueba del nueve de este ejercicio intercultural. Otro ejemplo es la Nit de Reis de Cornellà, que tiene una personalidad muy propia. Parte de un personaje laico creado por la ciudad, el Mag Maginet, que durante los días previos a la llegada de los Reyes se instala en su poblado oriental, un espacio abierto a todo tipo de creencias y hoy igual de concurrido por los niños cornellanenses de siempre como por los hijos de los nuevos inmigrantes. Allí intercambian experiencias y participan de los mismos juegos y canciones. Igual sucede con el Festival de Arte Flamenco de Catalunya. La impronta local se encuentra en el impulso dado para inscribirlo en la modernidad y para que sea un escaparate de la creación genuinamente catalana. A él mucho le debe la novísima generación de Ginesa Ortega, Mayte Martín, Miguel Poveda, Antonio Martínez y Juan Manuel Cañizares, D’Anea y tantos más. Añadamos el festival de payasos. Los cinco ejemplos, son manifestaciones
impregnadas de ciudad. Aunque la raíz esté universalizada,
el contenido y el envoltorio son genuinamente cornellanenses; ítems
culturales de cosecha propia. Son la concreción de la cultura
global en una ciudad concreta, la cual aporta una creatividad a la que
no escapa la amalgama de orígenes, creencias y saberes. El director del festival es Genís Matabosch i Eiximenis, nacido en Figueres en 1977. Es autor de numerosas exposiciones, conferencias, artículos y publicaciones sobre el circo. Llevó el "management" de espectáculos en España como el Circo Raluy, el Circo de Moscú sobre hielo y el Circo nacional de Cuba, y actualmente, el del Circo Medrano de París. Siempre ha dirigido y presentado “Euroclowns”, la guinda del festival; posee el mayor archivo circense de España y visita, alrededor del mundo, un centenar de circos anualmente. A modo de prefacio, abre el monográfico Eugène Chaplin, hijo de Charles Chaplin, con “Señoras, señoritas y señores... Grandes y niños...”, afirmando que el imaginario del mundo del payaso no tiene más fronteras que las lágrimas de nuestras emociones. Sigue Pierre Etaix, álter ego de Jacques Tati (la célebre caricatura del maestro con su pipa es suya), que en “El oficio de payaso” parte de que no existen, o muy poco, documentos, a excepción de la iconografía, sobre quiénes fueron los cómicos ilustres cuyos nombres aún hoy hacen soñar. Su compañera, Odile Crépin-Etaix, ensaya sobre “La prolongación de los lenguajes del payaso en el cine”, género que también le es propio al payaso porque se escapa ineluctablemente y afortunadamente a las características genéricas de la propia noción del lenguaje, como a todo tipo de clasificación verdadera. Dominique Mauclair, una de las grandes autoridades internacionales, en “Mis 19 payasos”. expone la selección hecha por una persona que asistió por vez primera a un espectáculo de circo el domingo 8 de diciembre de 1933, a la función matinal del Cirque d’Hivern de París, hace más de 70 años, y fue para aplaudir, nada más y nada menos, que a los Fratellini. Genís Matabosch, Gérard Vicaire y Philippe Sosman "Pipo junior" escriben colegiadamente “Vicaire, los vestidos de Carablanca”. Durante décadas, las lentejuelas, el strass, las perlas, los tubos de vidrio cosidos por las bordadoras de la “maison” vestían a las estrellas de los escenarios y de las carpas. Madame Vicaire, y después de ella sus hijos, se convirtieron en los sastres de confianza de los circos Medrano, Bouglione, Jean Richard, Gruss, Pinder (Francia), Nacional Knie (Suiza), Togni, Cassartelli (Italia), Roncalli, Krone (Alemania), Ringling Bros and Barnum & Bailey (EEUU), pero igualmente de las producciones de Folies-Bergère, Lido, el legendario Moulin Rouge, Casino de Paris, Mogador, Holiday on Ice, o casinos de Las Vegas. Celebridades del mundo de la pista y del music-hall pasaron por el número 1 de la rue Richier: Line Renaud, Joséphine Baker, Maurice Chevalier, y más tarde Liza Minelli, Annie Cordy, Sylvie Vartan, Jean-Paul Belmondo, Jacqueline Mallan, Dalida… A Dominique Denis le corresponde indagar sobre “Los excéntricos musicales en el circo” recorriendo un itinerario, que termina en nuestros días y comienza con los excéntricos musicales más antiguos de los que tenemos conocimiento de que actuaran en un circo. Se trata de los hermanos Daniels, que presentaban, sobre la pista del Royal Alhambra Palace de Londres en 1858, un número suyo titulado “Los violines del diablo”. Por su parte, Dirck Kuik, nos habla de “Los payasos en Alemania”, tanto en el circo, como el cabaré o el music-hall. Curiosamente Alemania, con una gran afición al payaso, no ha dado grandes clowns. Lo contrario sucede en Italia, que ha visto nacer geniales payasos reconocidos en todas partes menos en su país, como nos explica Dario Duranti en su artículo “Narices tricolores”. Christian Hamel desarrolla un auténtico trabajo de arqueología cultural en “Jean Baptiste Auriol: las paradojas de la modernidad”. En su indagación sobre Auriol, al que considera el primer payaso moderno, reúne elementos susceptibles de dar a conocer al personaje partiendo de su carrera y evocando los testimonios escritos de su impacto sobre el público. Los dos últimos escritos de la parte monográfica de este número corresponden a los españoles Rafael Pla, el cual en “El payaso, oficio y artificio”, arranca diciendo que un payaso se mueve entre tres parámetros: la olla, la libertad y el oficio, y a Francisco Javier Rodríguez con “La dignificación de la palabra ‘payaso’ ”, donde reivindica públicamente la dignificación de la palabra payaso, tan manipulada, desnaturalizada, adulterada y desvirtuada en los tiempos que corren, como otras de similar calado emocional: solidaridad, amor, amistad, generosidad, paz, altruismo, lealtad... Finalizada esta parte monográfica, tres entrevistas: a Amartya Sen sobre “Desarrollo económico y libertad”; Alain Touraine con el título “Crear ciudadanos” y Gore Vidal entrevistado “Desde Cuba”. Siguen otros artículos de Jacques Delors argumentando las bases “Por una nueva Europa social”. José Montilla Aguilera, hoy presidente de la Generalitat de Catalunya, con el titulado " ¿Por qué es la hora de los catalanes?", escrito y publicado antes de su elección, en el que expone lo esencial del por qué de su prioridad social. Francesc Bonamusa, sobre “Lluís Companys i Jover”, el presidente mártir de Catalunya, en el que el autor evoca como fue el último presidente progresista fusilado tras la Guerra Civil. De José Luis Rodríguez Zapatero transcribimos su discurso “La reivindicación de la política”. Isidor Boix aporta su experiencia de diez días por el Gran Imperio en “China, hoy: una experiencia sindical”. Y, cerrando el apartado, el presidente Jordi Pujol, que en “Rectificación no sólo política”, expresa su preocupación ante la superficialidad de determinadas expresiones estéticas, como la del anagrama del “burro catalán”, hoy convertido en icono nacional para muchos. Sostiene el presidente que la estética es importante, pero no suficiente, sin una carga muy fuerte de ética. Nos acercamos al final de este número publicando el documento “Manifiesto de los imanes catalanes”, aprobado en el el 2º Congreso de imanes y responsables de mezquitas de Catalunya. Como cierre de honor, el postrero que escribió la periodista rusa Anna Politkóvskaya para 'Nóvaya Gazeta', titulado “Torturas en la comisaría del distrito de Groznenski”. Siempre estará viva en nuestra memoria. Y, también, “in memoriam”, la interesante entrevista a John Kenneth Galbraith sobre los “Desafíos que plantea el nuevo milenio”. Esperamos que cuanto lean sea de su interés.
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